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II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 8 Imilchil – Tagoudite
Crónica de Carlos Cano
Han pasado cuatro meses y el cronista se pone a pensar sobre el octavo día de la ruta de aquel extraordinario viaje que nos llevó a territorio bereber en corazón de Marruecos.
Cerrando lo ojos se transporta en tiempo y espacio escudriñando recuerdos que permanecen en los rincones de su mente. Lo primero que aflora es un colage gigante donde están los planos y mapas del Atlas, casas de adobe, tierra roja, marrón y amarilla, comida, roca, agua y vegetación, bicicletas, vehículos humildes, niños, muchos niños, pobreza, hospitalidad, puestas de sol, más comida… en fin muchos alicientes para que un grupo de amigos tuvieran una experiencia única y una convivencia magnífica.
Octava etapa: Bueeeeeeeeeeeeenos días Imilchil!!!
Temprano como siempre nuestro despertar es plácido, bueno todos menos uno que se despierta como si fuera el Nen en pleno éxtasis un sábado por la noche en Amnesia. Azuzados por nuestro pastor nos aseamos, recogemos y nos vamos prestos con paso fuerte a la zona noble del hotel.
El comedor es el santuario donde se encuentran los alimentos café, leche, zumo, galletas, pan y otras delicias, que esperan la llegada de los Tragaldabakais. Entre risas comenzamos el desayuno, hacemos acopio de numerosos víveres por si se terminan y comenzamos un día más el festival de comida y bebida.
Atención!!! Fiiiiiiirmes!!! Todos los caballeros que levanten su sable para homenajear a la Doctora Amor y su irrupción en el comedor con algo de ropa, muy poca ropa, casi nada de ropa, en una mañana fría que se tornó cálida.
La comida se nos quedó unos segundos obstruyendo nuestro gaznate y el silencio se rompió con las risas que desprendían las mentes calenturientas. Ella seguía su exhibición ante el personal de un lado a otro del comedor. No quiero imaginar lo que hará cuando pase consulta en el hospital.
Después del episodio eroticofestivo, al más puro estilo Noche de Fiesta del grandioso José Luis Moreno, comenzamos prestos la marcha hacia Tagoudite. El comienzo de la etapa se desarrolló por una pista muy bien acondicionada en la que estaban trabajando supuestamente para asfaltarla.
Los paisajes contrastan las grandes extensiones llanas con rebaños pastando en el verde de la falda con las montañas a modo de sierra sin vegetación. El camino de un pequeño río fruto del deshielo es el causante de este verde vivo e imponente que contrasta con el azul del cielo limpio, puro e intenso, es una estampa preciosa que está dividida por el marrón de las montañas señoriales que custodian el entorno.
Según avanzamos pasamos por zonas montañosas áridas con enormes árboles secos donde únicamente quedan los troncos. Las clases que me dieron David y Dani se debieron quedar en el Atlas ya que no recuerdo ni el tipo de árbol ni la razón del singular estado ni la edad de los mismos. En el siguiente viaje no faltará mi cuaderno de notas para no olivar los detalles.
El camino termina en un río y este nos anuncia que nos adentraremos en una zona incomunicada por las lluvias torrenciales de meses atrás. En Imichil un guía simpático ya nos avisó que sería una zona difícil y que deberíamos ir por otro camino apto para el transito, pero claro siendo Mastrinkais sobra decir por donde fuimos.
Siempre igual. Cuando uno sale de ruta y se tropieza con un río la primera vez intenta sortearlo a pie sin mojarse, incluso se quita las botas y calcetines para evitar seguir la ruta con el calzado húmedo. Pero lo que está claro es que a partir del segundo cruce ya no lo aplicamos y se puede mojar la cadena, los pies, y hasta el culotte.
Perdí la cuenta del número de veces que pasamos por el río, escalando con las bicis y alforjas por los caminos rotos y desaparecidos por la erosión del agua. El paisaje era totalmente diferente a lo que habíamos estado recorriendo hasta hoy.
Tras dejar el margen del río la pista mejora y enfilamos la llegada a Tagoudite un pueblo que no nos decía nada. La gente a nuestro paso con la bici parecía poco sociable, interpretamos que sus miradas no eran amigables y realmente el tiempo nos dejaría en mal lugar.
La llegada a la Gite fue algo acelerada la intención era seguir para buscar otra con mejor pinta o que estuviera en mejor sitio alejado de este pueblo que tan malas vibraciones nos dio. Al final Eu sacó sus herramientas de negociación y comenzó a conversar con un chaval que hacía las veces de cabeza de familia por la ausencia de su padre que estaba de viaje.
La negociación fue rápida y limpia. El sitio por dentro no estaba mal y el precio de maravilla así que fue imposible rechazar la oferta. Sin duda esta estancia sería a la postre la más bonita y original de todas.
Mientras nos aseábamos como podíamos por problemas con el agua caliente, y es que estos termos de madera no están afinados del todo, Diego hizo un amigo especial con el que jugó un partido de futbol con la Play Station Uno en un mini taburete dando una estampa genial e inmortalizada por el Congrio.
Paco, cámara en mano realizó videos y fotos de las jóvenes de la casa bailando, soltándose el pelo y bailando de felicidad por el día tan importante que era. Y es que al final de la tarde había una boda en el pueblo y aprovecharon que el padre estaba fuera de casa y el cabeza de familia andaba algo liadillo con nosotros.
Nos prepararon una comida exquisita de la que no dejamos ni rastro. Signo de su grañidísima hospitalidad es que nos ofrecieron su propia comida para intentar saciarnos, pero creo que podríamos comernos la comida del pueblo entero y seguiríamos con hambre.
Antes de retirarnos a dormir y por la falta de aliciente del día Diego y David decidieron comunicarse con el chaval en francés sin intérprete. Los dos querían que tanto él como su hermana se fueran a la boda a pasárselo bien y no se preocuparan de nosotros, pero entendieron que queríamos que se fuera él y nos dejara a su hermana para pasar la noche.
Tras la cara de enfado del chaval y la de circunstancia de nosotros, no quiso dejarnos solos y nos invitó a la boda. En un minuto estábamos con todo el pueblo en nuestra primera boda beberer. Un corro enorme de mujeres y hombres cantaba y cantaba mientras algunos tocaban la percusión, los niños corrían de un lado a otro persiguiéndose y un grupo de mujeres mayores estaba viendo todo desde un pequeño repecho sentadas tomando té preparado en un fuego con varias teteras.
Después de un rato viendo el rito de los familiares e invitados y teniendo en cuenta que los novios no aparecerían hasta las tres de la mañana decidimos irnos a descansar y rechazar la oferta que nos hizo uno de los cabecillas del corro cantor a que nos integráramos con ellos en tal festín.
De este día la lección más importante fue que no podemos juzgar por la primera impresión y de la supuesta frialdad que reinaba a nuestra llegada todo se tornó distinto en nuestra estancia con una grandísima hospitalidad.
II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 7 Tinerhir – Imilchil
Crónica de David
A pesar de que el hotel de tinerhir es una pasada y de que el colchón de la cama es un autenctico lujo, apenas he podido pegar ojo en toda la noche. Me he estado acordando de la sobredosis de te que nos metimos el día anterior en el Hotel y en la visita obligada a la tienda de alfombras de nuestro coleguilla que nos hizo de guía por el pueblo, y cada vez que durante la noche conseguía plegar el párpado a punto de entrar en el nirvana, me despertaban los rezos de los minaretes de las mezquitas compitiendo entre si por el espacio aéreo del pueblo. Es como si el camión del tapicero llegase a tu barrio de Almería varias veces cada noche machacándote las neuronas con su anuncio por el altavoz.
Por eso cuando esta mañana suena el despertador (ya sabéis quien es), me da la impresión de que acabo de acostarme tras una noche de marcha y tengo el cuerpo para pocas historias. Sin embargo, no se por que, hoy tengo la sensación de que la ruta debe ser más asequible, con mucho asfalto y escasos desniveles (que ingenuo…)
El dueño del hotel, todo un negociante bereber, nos buscó la noche anterior un vehículo que debía llevarnos de nuevo hasta Tamtatouch deshaciendo el camino por la garganta del Todra que habíamos descendido ayer, evitándonos así unos 30 km de dura subida, que con la carga de las bicis y el estado de fuerzas se nos hacía realmente duro.
Durante la conversación de ayer con el propietario del Hotel en francés, el tío nos dijo que el precio era de “senquensen” dirhan por barba que nuestro traductor oficial interpretó como 55 dirhan, sin embargo, este refinado idioma nos hizo una jugarreta porque 55 y 150 se dicen prácticamente igual, y por supuesto el colega se refería a la segunda cifra. Otra vez nos estaban cobrando como europeos, unos 90 euracos por un viaje de 30 km, por lo que se puso en marcha nuestro departamento de negociaciones macroeconómicas, que no es otro que Dani diciendo ¿¿¿que me comeeeentas???? El hombre nos dice que el no tiene nada que ver, que es el precio del conductor, pero a estas alturas ya nos conocemos la película, y sabemos que todo trato tiene su comisión (como en nuestras concejaliás de urbanismo). Tras varias llamadas por teléfono, que todos creemos fueron fingidas, nos dice que ha conseguido bajarlo hasta 110 dirhan, haciéndonos un favor y perdiendo dinero por el consumo de su móvil. No nos queda otra que aceptar y el lo sabe.
Cuando llega el vehículo, no es precisamente una amplia furgoneta como la de Hasam, sino un viejo pic up con tres plazas delante y la plataforma trasera, en el que no tenemos ni idea de cómo van a ir nuestras jacas y nosotros. Sin embargo, otra cosa que ya hemos aprendido es que en Marruecos los vehículos tienen tres veces más capacidad de carga que en Europa, y poco a poco vamos poniendo las bicis en vertical sobre la cabina del coche consiguiendo colocarnos nosotros detrás.
Es curioso, porque cuando vimos el coche, ninguno de nosotros quería ir dentro, seguro y sentado cómodamente sin pasar frío, lo que me da que pensar que tal vez no sería una tontería visitar algún psicólogo al volver a Almería. El único que se sienta dentro, por no dejar solo al conductor, es Diego, mientras que el resto de zagales vamos sobre la plataforma mezclados con el entramado de tubos de las bicis infringiendo todas las normas de seguridad vial que nos podamos imaginar, y con una cara de ilusión en nuestras miradas que ni los niños en la noche de Reyes.
Salimos de Tinerhir totalmente helados con el frío de la mañana que nos cala hasta los huesos pero descojonados de risa, saludando a toda la gente que vemos por las calles, como si fuésemos en el papamóvil, a pesar de que el conductor no tiene muy en cuenta las cinco criaturas que lleva encima y va a toda hostia como la furgoneta del Equipo A en una de sus persecuciones, tanto que hasta tenemos que agarrarnos a las barras para no caernos. Como medida de precaución decidimos ponernos los cascos, más que nada para que nuestras cabezas queden más o menos bien en caso de vuelco, y puedan reutilizarse de pisapapeles o de sillas de playa.
Las vistas de la garganta del Todra, con la luz de la mañana sobre los paredones de caliza, observadas desde lo alto de una pic up cochambrosa tomando curvas a 60 km/h por el medio de una carretera que aquí no llegaría a pista forestal, no creo que se nos olviden en nuestra vida. De hecho, creo que íbamos tan alucinados que no nos percatamos del riesgo real de tal paseito hasta que nos encontramos con un viejo camión Bedford que iba en nuestro mismo sentido con el que entablamos una carrera al mas puro estilo Mad Max. El tío, después de hacerle un adelantamiento de los que ponen los pelos de punta, se pica y se nos pega detrás haciendo gracietas, sin embargo, a nosotros se nos ponen los pelos de punta cada vez que se acerca, como en “el diablo sobre ruedas”.
Una vez en Tamtatouch, paramos en el cruce del día anterior junto al colegio y descargamos las bicis mientras se forma un corro de críos a nuestro alrededor que no paran de pedir bolis, balones, dirhan, las bicis,….uno de ellos va en bici y nos sigue un buen rato retándonos insistentemente a una carrera, pero no aceptamos y le decimos varias veces que se vuelva a la escuela pero nos dice que no va al colegio. Antes de salir del pueblo paramos en el albergue del chaval que el día anterior en español nos sugería alojarnos en su Gite d’etape, y le compramos agua. Es demasiado pronto para empezar con el té.
La etapa de hoy nos lleva dirección norte al pueblo de Imilchil, y empieza con una zona llana asfaltada entre suaves colinas sin apenas vegetación que conseguimos recorrer con relativa facilidad pasando por los pueblos de adobe de Ait Hani y Toumliline, hasta que llegamos al primer puertazo del día. Unas simpáticas rampitas del 12 % bajo el sol del medio día africano y las alforjas cargadas hasta los topes con la comida que habíamos comprado el día anterior en el mercadillo de Tinerhir. A mitad del puerto decidimos hacer una parada para reagruparnos (esperando a los que, sintiendo la llamada de la naturaleza, se habían tenido que parar a “hacer unas gestiones”) Aprovechamos para quitarnos lastre (alguno como ya he comentado, lo dejó inteligentemente al comienzo del puerto) y nos comemos la fruta que nos estorbaba en las alforjas. De la montaña vemos que bajan un padre y sus dos hijos que cuidan de un rebaño de ovejas y se sientan con nosotros. No tenemos ni idea de cómo comunicarnos con ellos, porque no hablan nada de francés, pero les ofrecemos parte de nuestra fruta, unas manzanas y unos melones. A pesar de que llevan navaja para pelar la fruta nos piden la nuestra y se la dejamos, pero curiosamente uno de los críos se la guarda y se va corriendo al encuentro con su ganado. Nos quedamos sorprendidos, es una situación muy extraña, porque después de haber compartido con ellos la poca fruta que tenemos, nos están intentando robar. Le pedimos con educación que nos la devuelva pero el padre se hace el sueco una y otra vez. Solo cuando finalmente nos ponemos en pie con los brazos en jarra y las cejas apuntando a la nariz, le da una voz al niño y nos devuelven la shirla. Se nos queda un mal cuerpo después de esto, una mezcla de sensaciones raras. Por un lado, te da rabia que alguien con el que has compartido tu papeo te intente robar, pero también da que pensar las necesidades que pasan para tener que recurrir a cosas así.
Después de esta esperpéntica situación continuamos nuestro penar por el puertazo hasta que conseguimos coronar el Col de Tizi Tirherouzine con más de 2660 m. El paisaje que contemplamos es muy peculiar porque en medio de los áridos montes de colores ocres, hay una zona que nos llama la atención con una colina de roca muy oscura que tiene pinta de ser volcánica (el que quiera verlo está en las coordenadas 31º51’10’’ y 5º29’5’’ en el google)
En esta zona nos encontramos con un grupo de moteros catalanes que le dan unos caramelillos al niño Diego, con los que conversamos un buen rato. Continuamos el recorrido unos buenos kilómetros rondando a 2600 m de cota, siempre dirección norte por este paisaje lunar, para luego ir descendiendo suavemente hasta alcanzar la vega del río que pasa por el pueblo de Agoudal a unos 2350 m de altitud. Una vez en el pueblo recordamos que los moteros nos habían comentado que debíamos coger una variante para evitar un tramo de pista destrozado, pero como Mastrinkais por supuesto no hacemos ni caso a sus advertencias y nos decidimos por el recorrido del río, pasando con el peso de nuestras monturas una zona de enormes lascas que me recordaba a la cara oeste del Mulhacen. Tras esto, nos encontramos con otros dos moteros, a los que sensatamente advertimos que ni se les ocurra hacer lo que nosotros. Esto es motivo suficiente para ingresarnos en algún sanatorio a la vuelta.
Al fin llega la hora del papeo y elegimos una alameda fresquita junto al río, que con el sueño que llevaba durante todo el día, me produce una torrija del quince. En ese momento tenía mis dudas de si podría acabar la etapa. Poco mas adelante, encontramos a un grupo de ciclistas españoles que van haciendo etapas con la ayuda de un coche guía.
El viento que durante todo el día nos ha ayudado, empieza a darnos de cara justo después de comer, cuando las fuerzas flaquean más, y nos machaca. El trayecto va junto al cauce del río encajonado en el fondo de un bonito cañón, cuyas paredes sin plantas dejan ver increíbles pliegues en los estratos de roca desnuda. (Menudo friki de la geología estoy hecho, cosas de estas que a mi me flipan, igual son de lo más peñazo, pero como el que escribe soy yo pues “ajo y agua”, je, je, ….) El viento sigue la misma dirección que nosotros y que el río, pero el muy cabrón ha decidido ir en sentido opuesto. Esto parece una etapa llana del Tour, a toda leche tratando de no perder el rebufo del tío que llevas delante e incluso formando abanicos, de forma que casi sin levantar la cabeza llegamos al pueblo de Imilchil. Justo antes vimos el desvío al lago Isla, pero exigía unos cuantos kilómetros más de subida y nuestro cansancio de cuerpo y alma nos pedía un merecido descanso, así que decidimos dejarlos para otra ocasión.
Ya en el pueblo buscamos el mismo Hotel donde se alojaron nuestros predecesores El Beatle y El Comandante, del que teníamos buenas referencias que no defraudaron lo mas mínimo. Tras darnos una merecida ducha y hacer la correspondiente colada, aprovechamos para reparar algunos achaques de las jacas. Ese día no éramos los únicos ciclistas en el hotel, puesto que llegó otro grupo de españoles que viajaban con el mismo guía de nuestro compañeros. Por la noche nos repusimos con un cuscus de cordero que estaba para ponerle un piso. De entre el grupo de españoles había una supuesta doctora que le gustaba mas refregarse con los tíos que una cabra en una verja, y se ofreció a ayudarnos con algunas de nuestras lesiones…. Ya estarán vuestras mentes enfermas calenturientas pensando lo peor, imaginando alguna escena de peliculillas de madrugada. Pues nada de eso, además la chavala estaba algo descentrada, lo cual demostró la mañana siguiente desayunando en pie casi en ropa interior, mientras el resto estaban sentados a la mesa y bien abrigados porque hacía una rasca importante.
Después de nuestro tradicional ataque de risa en el que Dani siempre está a punto de expulsar la cena nos fuimos a dormir como angelitos.
1ª Expedición Mastrinkais a Marruecos, Los de Antes
Crónica de Jorge el de Antes
Capítulo 1 (Almería-Imilchil)
Me costó trabajo decidirme, le tenía respeto a esta aventura (la comida, la higiene, el viaje tan largo, mi edad……) pero mi amigo Chema, sin coaccionar pero con una leve presión y sus comentarios de viajes anteriores, terminó animándome, se lo agradeceré siempre.
Después de intercambiar varios mailes y conversaciones también se apuntan Jose (Beatel), Pili y “AntoñitoBike” quedamos en Marrakech el sábado 27 de marzo.
Antonio, Jose y yo viajamos en coche vía Algeciras-Tánger y Pili y Chema lo hacen en avión desde Madrid.
El viaje en coche, aunque largo, merece la pena porque sirvió para ir estrechando los lazos mínimos que se necesitan para convivir 7 días y algunos de nosotros no nos conocíamos, además estábamos predispuestos a pasarlo bien por lo que durante el trayecto fue fácil hacer chistes y reírnos con frecuencia.
Jose se había encargado, con una terrible eficacia de los billetes de barco y de la reserva de hotel en Tánger, allí llegamos con ganas de cenar y meternos en la cama ya que el día siguiente deberíamos de bajar a Marrakech (casi 700 km), así que tras pasar la frontera Marroquí con la habilidad de Jose para “negociar” los trámites aduaneros (nos reímos durante y después de ellos) nos dirigimos al hotel y a un pequeño restaurante satisfaciendo así nuestras dos necesidades importantes del momento.
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