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II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 10 Midelt

01/02/2011 7 comentarios

Amanece en Midelt, y los primeros rayos de sol comienzan a iluminar la coqueta “casita de la piscina” que había sido nuestra morada por esta noche.

Lo que resulta curioso es que nuestro despertador acuático (el que responde al nombre de Congrio) no ha sonado esta mañana, y aún así son las 7h00 de la mañana y ya estamos todos con los ojos como brotolas.

Poco a poco y sin aglomeraciones, todos vamos desfilando por el cuarto de baño dentro del cual, en la puerta Nº1 encontramos el “vanguardista” WC europeo y tras la puerta Nº2 el clásico, a la par que recurrido “agujero del suelo”. Yo, ante la duda de cuál elegir, mis pocas ganas de atorar agujeros de ese día me hicieron decantarme por la puerta número 1.

Otro detalle fue, que tanto elegir una puerta como otra del aseo, antes había que cruzar por el salon-terraza-comedor en el que se serviría el desayuno para todo el hotel pocos minutos después.

¡EL DESAYUNO!

Tantas mañanas universitarias sin ir a la facultad no podían haber sido desperdiciadas. Y es que en esos días cuando desayunaba a las once de la mañana viendo al Sr. Torreiglesias en mi piso de estudiante presentando el programa “Saber Vivir” me habían inculcado esa gran ley de que el desayuno es la comida más importante del día. Yo como buen telespectador hice caso, al igual que todos mis compañeros, y es que señoras y señores… el dasayuno era un BUFFET LIBRE.

Antes de comenzar, los servicios sanitarios marroquíes ya estaban avisados y la ambulancia arrancada en la puerta por si acaso. Y es que el buffet era más propio de un jeque morube que de un hotel de Midelt. Dulces, pasteles, café, zumos, leche, más galletas y pastelitos… todo lo que se puede imaginar y un poco más. Los platos iban y venían y poco a poco el personal del hotel se iba percatando que algo grace estaba pasando en la mesa del fondo, donde curiosamente estamos sentados nosotros. De pronto un ingenuo camarero, se acerccó a nuestra mesa para recoger un poco, cogió un vaso… cogió un papel… y cuando levantó la mirada… vió un espectáculo dantesco: kilos y kilos de envoltorios y restos de comida. En los ojos del camarero se pudo dislumbrar el terror envuelto en un halo de incredulidad. Así que se fue presto y puso de sobreaviso a todo el personal del hotel. Desde ese momento eremos el centro de atención, pero aún así seguiamos engullendo. Minutos después, ante la impotencia del hotel y viendo la que se le venía encima, la gerencia del hotel adoptó la medida de no reponer más comida en el buffet. Nosotros por nuestra parte, dimos de mano cuando empezamos a notar los primeros síntomas de asfíxia y decidimos volver a la casa de la piscina. En el camino de regreso, nos esperaban los camareros para comprobar si seguíamos vivos. Los comentarios que nos hicieron no tenían desperdicio, pero yo solamente escribiré el que má me gustó: “esto…¿ustedes mañana también vendrán a desayunar?” A lo que nosotros contestamos que creíamos que no. Y justo después se escucharon algunos suspiros por parte de algunos camareros.

Terminado el espectáculo del desayuno llegamos a la casita de la piscina. Ahora teníamos que recoger nuestras pertenencias porque tal y como nos prometieron en el hotel hoy ya tendríamos nuestras propias habitaciones.

Después de tantos días de aventura sobre ruedas decidimos tomarnos el día libre para pasear por la ciudad. El hotel se encontraba a las afueras de la ciudad de Midelt, a unos 2 km, que hicimos andando. Una vez en la ciudad empezaos a pasear y no hay que esperar mucho para que los primeros vendemantas covenzan al tesorero, Diego y al pastelero para meterlos en su casa y venderles lo que pudiera. Mientras tanto, Congrio, David y el que escribe, tras la experiencia de Tinerhir decidimos esperar en la puertade atrás.

Terminados las transacciones comerciales seguimos con la visita por Midelt, una ciudad poco encantadora para mi gusto, sin mucho que ver. Gente y poco más.

Sin casi darnos cuenta había pasado más de media hora desde que terminamos de desayunar y decidimos tomarnos un “tesecico” (ya que por lo visto en Marruecos los hacen bastante bien) Una mujer, por llamarle de alguna manera empieza a darle a la húmeda y nos intenta convencer para que nos quedaramos en el bar a comer. Su españos era bueno pero su táctica comercial no tanto y la frase: “ para que os engañen por ahí, mejor os quedáis aquí” hizo que siguieramos rumbo downtown.

Tras dar una vuelta nos paramos a descansar enfrente de la estación de autobuses de Midelt. Aunque aquello parecía más un cementerio de autobuses zombies, porque madre mía que autobuses!

Son ya las 13h00, y empezamos a hacer esfuerzo para retenernos. Pero no hay forma, es la hora de comer, por lo que buscamos desesperadamente una pollería que habíamos visto anteriormente, y ante el asombro del señor pollero, nos pedimos dos pollos asados completos con guarnición.

Ya con el buche relleno otra vez, y sin encontrar un baño árabe en condiciones para relajarnos nos ponemos rumbo de vuelta al hotel. El cansancio del viaje ya es notable incluso en un día de descanso como hoy y la vuelta a casa se hace dura, pero como somos masocas y mastrinkais, decidimos ignorar los comentarios de nuestro pastelero más dicharachero que nos recomienda coger un taxi para ir al hotel. Pues eso, que como somos así volvemos andando y el camino es una recta infernal donde hasta la sombra se había derretido del calo que hacía.

Ya en el hotel, cada uno se marcha a su habitación para asiestarse. Yo comparto habitación con Diego, el cual habilmente sintoniza un canar en el que estaban retransmitiendo un reportaje sobre Almería. Esto nos hace recordar que nuestra aventura esta practicamente acabada y al menos a mí, me hace echar ya de menos el viaje que todavía no había terminado.

Esto… pero si ya es casi de noche! Habíamos dormido más de 3 horas de siesta. Así que, como no podía ser de otra forma, bajamos rápido para cenar. Hoy no había tantas risas durante la cena ,y el cansancio se notaba. Además a mi me había vuelto el sentimiento de nostalgia de cuando estaba viendo el reportaje de Almería, algo que yo creo les pasaba también a mis compañeros de viaje.

Así que sin más, cada uno se va a su cama tras cenar, ya que mañana toca la aventura final: un paseo en furgoneta de más de 500km,. Pero bueno, eso será mañana.

Aún queda algo más!! Llevamos unas dos hroas acostados y supuestamente duriendo cuando le digo a Diego “¿no tienes sueño?” Y el me contesta “No, tu tampoco” jajajajaja y es que esaas 3 horas de siesta …

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II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 9 Tagoudite – Midelt

11/01/2011 10 comentarios

Nos levantamos temprano como siempre, con una sensación agridulce, ya que si todo iba bien, esta sería nuestra última etapa de bici, y el viaje ya estaba llegando a su fin, pero todavía había que llegar.
El desayuno fue bueno, tortas con mermelada y mantequilla, nos lo sirvió el conocido hermano, con una cara en la que se le notaba que había disfrutado de la boda de la noche anterior bastante más que nosotros.

El día comienza bajando, y con algo de frío, hay que recordar que Tagoudite está a unos 2.000 mt de altitud, y rodeado por montañas con nieve, que parecían bastante altas, de tres mil para arriba. La bajada dura unos 15 km de asfalto y es suave, siguiendo un valle, y nos sirve (por lo menos a mí) para disfrutar de verdad del viaje, siendo consciente de lo que llevamos recorrido, en la carretera y en las experiencias vividas, tanto con la cultura bereber, como con los compañeros de viaje, a los cuales tengo que darles las gracias porque son inmejorables.

Llegando al final de esta bajada nos adelantan unos camiones – autobús, (se pueden ver en el vídeo) cargados de paisanos que se dirigen a sus trabajos, y me da que ninguno trabaja en una oficina sentado, tiene que ser dura la vida aquí, el caso es que seguro que para ellos somos la atracción del día, ya que no verán a muchos en bici por allí.

Dejamos el asfalto, y el paisaje por aquí es muy curioso si nos fijamos en la vegetación, ya que estamos en una zona bastante seca pero todo está salpicado de enebros de porte arbóreo, no se que especie serán, pero seguro que muy interesante.
Tras una pequeña subida seguimos bajando hacia una llanura extensa, en la que solo se ve un pequeño pueblo a las orillas del río (Ali Ben Izguem), en el cual intentamos buscar algo de pan, ya que en Tagoudit el hermano solo nos vendió 3 panes, y con lo que traga esta gente no teníamos ni para empezar, pero ni rastro de sitio donde compralo, por lo que continuamos el viaje, y ya empezando a subir hacia una montaña muy imponente, la cual vamos a ir rodeando hasta llegar al Circo de Jaffar.

La siguiente parte de la etapa entra en una zona de sube y bajas donde nos internamos en un bosque de cedros bastante chulo, algunos ejemplares eran grandísimos y según he leído pueden llegar casi a los 700 años, seguro que alguno los tenía.
Por fin llegamos al Circo de Jaffar, la última dificultad del día, la vista es impresionante un valle donde confluyen dos barrancos que bajan de la montaña imponente, la cual mantenía bastante nieve en las partes altas, con picos de hasta 3.700 mt., forman en su confluencia una especie de valle amplio y redondeado.

Pero no todo es bonito en el Circo de Jaffar, ya que la ruta baja hasta el fondo del valle y vuelve a subir por la ladera de enfrente, con una pendiente considerable y las fuerzas no sobraban precisamente, era ya la última subida importante del viaje, asi que nos lanzamos a por ella, bajando primero al fondo del valle.
Como suponía la subida se me hace dura pero larga, por lo menos a mí, y cuando llego arriba ya están allí todos los miembros de la expedición, y se puede ver la panorámica del Circo desde el lado opuesto.

Llegados a este punto era como el fín del viaje casi, quedaban unos 30 km, pero tirando para abajo todos hasta Midelt, nos pusimos a comer, y con la euforia tuvimos hasta conferencia con el creador del viaje, “el Guille”, a quien le contamos que íbamos a llegar y todos enteros. La sorpresa fue encontrarnos a dos españoles en bici, que iban en sentido contrario, me dio por pensar que estaban empezando nuestro mismo viaje, pero al revés, en ese momento ni se me pasó por la cabeza (por razones obvias), pero ahora si que pienso que hubiera estado bien dar la vuelta y empezar otra vez el viaje.

El principio de la bajada había varios cedros muertos, los que nos indicaba el final del bosque de cedros. Tenía algunas trampas, en forma de subidillas que hacían pupa, y finalmente unas rectas kilométricas en las que nos lanzamos a 50 o 60 km/h, a algunos no había quien los pillara, parecía que tenían ganas de llegar. En esta última parte el paisaje me recordaba al monte mediterráneo de Sierra Morena, de encinares, incluso, esto ya no se puede ver en Sierra Morena, vimos en unos prados verdes un rebaño de dromedarios, había por la zona Jaimas a modo de campamentos, que serían de pastores.

Ya entrando en las calles de Midelt, al amigo Eu no se lo ocurre otra cosa que pasar por encima de un tornillo que se le clava en la rueda, no quedaban ni tres km para llegar. El cambio de la cámara también tuvo sus risas, entre cámaras que sacaba Eu de su mochila envueltas en un polvo blanco sospechoso, el caso es que tuvo que poner una cámara de Carlos Cano para poder llegar.

Por fin encontramos el hotel, Kashba Asmaa, que estaba a las afueras de la ciudad. La llegada fue un día antes del previsto, (coño, como Willy Fog en Viaje al mundo en 80 días), por lo que el hotel estaba lleno de turistas franceses, y no quedaba ninguna habitación, pero nos dejaban dormir en un salón que tenían, era como de celebraciones, y para la ducha, no dejaron una habitación para que nos duchásemos antes de que llegaran los turistas, pero lo mejor de todo es que para llegar a la habitación había que subir a la azotea y estaba como en un torreón, sin duda estábamos en Marruecos.
El salón no estaba del todo mal, es más, era todo un lujo comparado con los sitios donde habíamos dormido.
Para terminar el día nos fuimos a Midelt, a un kilómetro, andando para hacer turismo y confraternizar con los paisanos.



II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 8 Imilchil – Tagoudite

07/10/2010 4 comentarios

Crónica de Carlos Cano
Han pasado cuatro meses y el cronista se pone a pensar sobre el octavo día de la ruta de aquel extraordinario viaje que nos llevó a territorio bereber en corazón de Marruecos.

Cerrando lo ojos se transporta en tiempo y espacio escudriñando recuerdos que permanecen en los rincones de su mente. Lo primero que aflora es un colage gigante donde están los planos y mapas del Atlas, casas de adobe, tierra roja, marrón y amarilla, comida, roca, agua y vegetación, bicicletas, vehículos humildes, niños, muchos niños, pobreza, hospitalidad, puestas de sol, más comida… en fin muchos alicientes para que un grupo de amigos tuvieran una experiencia única y una convivencia magnífica.

Octava etapa: Bueeeeeeeeeeeeenos días Imilchil!!!

Temprano como siempre nuestro despertar es plácido, bueno todos menos uno que se despierta como si fuera el Nen en pleno éxtasis un sábado por la noche en Amnesia. Azuzados por nuestro pastor nos aseamos, recogemos y nos vamos prestos con paso fuerte a la zona noble del hotel.

El comedor es el santuario donde se encuentran los alimentos café, leche, zumo, galletas, pan y otras delicias, que esperan la llegada de los Tragaldabakais. Entre risas comenzamos el desayuno, hacemos acopio de numerosos víveres por si se terminan y comenzamos un día más el festival de comida y bebida.

Atención!!! Fiiiiiiirmes!!! Todos los caballeros que levanten su sable para homenajear a la Doctora Amor y su irrupción en el comedor con algo de ropa, muy poca ropa, casi nada de ropa, en una mañana fría que se tornó cálida.

La comida se nos quedó unos segundos obstruyendo nuestro gaznate y el silencio se rompió con las risas que desprendían las mentes calenturientas. Ella seguía su exhibición ante el personal de un lado a otro del comedor. No quiero imaginar lo que hará cuando pase consulta en el hospital.

Después del episodio eroticofestivo, al más puro estilo Noche de Fiesta del grandioso José Luis Moreno, comenzamos prestos la marcha hacia Tagoudite. El comienzo de la etapa se desarrolló por una pista muy bien acondicionada en la que estaban trabajando supuestamente para asfaltarla.

Los paisajes contrastan las grandes extensiones llanas con rebaños pastando en el verde de la falda con las montañas a modo de sierra sin vegetación. El camino de un pequeño río fruto del deshielo es el causante de este verde vivo e imponente que contrasta con el azul del cielo limpio, puro e intenso, es una estampa preciosa que está dividida por el marrón de las montañas señoriales que custodian el entorno.

Según avanzamos pasamos por zonas montañosas áridas con enormes árboles secos donde únicamente quedan los troncos. Las clases que me dieron David y Dani se debieron quedar en el Atlas ya que no recuerdo ni el tipo de árbol ni la razón del singular estado ni la edad de los mismos. En el siguiente viaje no faltará mi cuaderno de notas para no olivar los detalles.

El camino termina en un río y este nos anuncia que nos adentraremos en una zona incomunicada por las lluvias torrenciales de meses atrás. En Imichil un guía simpático ya nos avisó que sería una zona difícil y que deberíamos ir por otro camino apto para el transito, pero claro siendo Mastrinkais sobra decir por donde fuimos.

Siempre igual. Cuando uno sale de ruta y se tropieza con un río la primera vez intenta sortearlo a pie sin mojarse, incluso se quita las botas y calcetines para evitar seguir la ruta con el calzado húmedo. Pero lo que está claro es que a partir del segundo cruce ya no lo aplicamos y se puede mojar la cadena, los pies, y hasta el culotte.

Perdí la cuenta del número de veces que pasamos por el río, escalando con las bicis y alforjas por los caminos rotos y desaparecidos por la erosión del agua. El paisaje era totalmente diferente a lo que habíamos estado recorriendo hasta hoy.

Tras dejar el margen del río la pista mejora y enfilamos la llegada a Tagoudite un pueblo que no nos decía nada. La gente a nuestro paso con la bici parecía poco sociable, interpretamos que sus miradas no eran amigables y realmente el tiempo nos dejaría en mal lugar.

La llegada a la Gite fue algo acelerada la intención era seguir para buscar otra con mejor pinta o que estuviera en mejor sitio alejado de este pueblo que tan malas vibraciones nos dio. Al final Eu sacó sus herramientas de negociación y comenzó a conversar con un chaval que hacía las veces de cabeza de familia por la ausencia de su padre que estaba de viaje.

La negociación fue rápida y limpia. El sitio por dentro no estaba mal y el precio de maravilla así que fue imposible rechazar la oferta. Sin duda esta estancia sería a la postre la más bonita y original de todas.

Mientras nos aseábamos como podíamos por problemas con el agua caliente, y es que estos termos de madera no están afinados del todo, Diego hizo un amigo especial con el que jugó un partido de futbol con la Play Station Uno en un mini taburete dando una estampa genial e inmortalizada por el Congrio.

Paco, cámara en mano realizó videos y fotos de las jóvenes de la casa bailando, soltándose el pelo y bailando de felicidad por el día tan importante que era. Y es que al final de la tarde había una boda en el pueblo y aprovecharon que el padre estaba fuera de casa y el cabeza de familia andaba algo liadillo con nosotros.

Nos prepararon una comida exquisita de la que no dejamos ni rastro. Signo de su grañidísima hospitalidad es que nos ofrecieron su propia comida para intentar saciarnos, pero creo que podríamos comernos la comida del pueblo entero y seguiríamos con hambre.

Antes de retirarnos a dormir y por la falta de aliciente del día Diego y David decidieron comunicarse con el chaval en francés sin intérprete. Los dos querían que tanto él como su hermana se fueran a la boda a pasárselo bien y no se preocuparan de nosotros, pero entendieron que queríamos que se fuera él y nos dejara a su hermana para pasar la noche.

Tras la cara de enfado del chaval y la de circunstancia de nosotros, no quiso dejarnos solos y nos invitó a la boda. En un minuto estábamos con todo el pueblo en nuestra primera boda beberer. Un corro enorme de mujeres y hombres cantaba y cantaba mientras algunos tocaban la percusión, los niños corrían de un lado a otro persiguiéndose y un grupo de mujeres mayores estaba viendo todo desde un pequeño repecho sentadas tomando té preparado en un fuego con varias teteras.

Después de un rato viendo el rito de los familiares e invitados y teniendo en cuenta que los novios no aparecerían hasta las tres de la mañana decidimos irnos a descansar y rechazar la oferta que nos hizo uno de los cabecillas del corro cantor a que nos integráramos con ellos en tal festín.

De este día la lección más importante fue que no podemos juzgar por la primera impresión y de la supuesta frialdad que reinaba a nuestra llegada todo se tornó distinto en nuestra estancia con una grandísima hospitalidad.



II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 3 Tizi-n-Tighist (dormir al raso) – Tabant

20/05/2010 4 comentarios

Esa mañana nos despertó el amanecer, a 2500 mt de altitud, es una sensación extraña, no se ni la hora que sería, allí cuando amanecía empezábamos a pedalear, cuando anochecía nos acostábamos y cuando teníamos hambre nos poníamos a comer, vamos lo normal para un Mastrinkais.

El desayuno fue rápido, pero dio tiempo a que pasaran por allí algunos lugareños, en mulo, que al vernos se cruzaron al otro lado del riachuelo, me gustaría saber que pensaban de nosotros.
Comenzamos bajando, para ese día el perfil nos decía que íbamos a tener sobre todo bajada, solo un puerto y no iban a ser muchos Km en total, pero con la experiencia del día anterior, que terminamos reventados con 54 Km, no nos fiábamos mucho, y de todas formas nos vendría bien para descansar que al día siguiente teníamos que subir a 3 picos de 3000 mt y eso sí que iba a ser duro.
En la bajada comenzamos a explorar otro valle, el paisaje, aunque parecido al del día anterior, muy rojizo, seguía dejándonos la boca abierta, y ahora que era cuesta abajo, como que se disfrutaba más. Llegamos a Abachkou, pueblo un poco más grande que los anteriores y en el que queríamos comprar agua y pan, pero con forme íbamos pasando por él, empezábamos a dudar de si encontraríamos algo. Nos paramos en algo que parecía una escuela, pero allí no había nadie, claro caímos en la cuenta de que era domingo (hasta ese momento ni lo sabíamos, yo por lo menos), por lo que íbamos a seguir cuando de una casa de al lado, sale un hombre, rápidamente Eu se acercó para preguntarle por una tienda para comprar pan, y nos dice que a 3 km más abajo, y se me ocurre la idea de preguntarle por agua, el tío me dice que lo siga, y nos quedamos mirándonos, bueno pues vamos, y da la vuelta a la casa y abre una puerta y cual es nuestra sorpresa que es una tienda, con un montón de bollitos embasados, precio a 1 dh cada uno (0,1 €), empezamos a coger un puñado para cada uno y un par de zumos, no tenía ni pan ni agua, pero nos pegamos un desayuno como Alá manda.

Efectivamente a 3 km compramos agua y pan justo en otro pueblo donde la pista empezaba a estar asfaltada, la tienda la llevaba un niño que no tendría más de 10 años, pero que nos quería clavar con el agua, al final le rebajamos un poco el precio. Pan decía que no tenía, y mientras llenábamos los camelback, llega el niño con una cesta de pan y nos dice que ya si que tiene, que cuantos queremos, eso sí que es buscarse la vida.

Continuamos bajando, ahora ya por asfalto, por un valle muy chulo, con muchos nogales, y justo debajo de uno que estaba al lado de la carretera, comimos.
El puerto que subimos a continuación no fue largo, y además era todo asfalto, pero no se si fue por estar recién comidos, por el calor, que apretó de lo lindo ese día, o por el cansancio del día anterior y no dormir bien, el caso es que a mí se me atragantó un poquito, bueno, a Eu un poco más que a mí, los demás parecía que el aire de Marruecos les había sentado bien.

Desde ahí ya fue un llaneo hasta Tabant, el famoso pueblo de las mulas, donde tras atravesar el mercadillo de los domingos marroquí (os lo podéis imaginar), por dos veces, por si la gente no nos había visto bien en la primera, debido a que el GPS o el Congrio no se muy bien cual de ellos, no se aclaraban.

Finalmente por un sendero pudimos pasar a otro barrio que estaba al otro lado del río, y que se suponía que era donde estaba la gite (o albergue) que nos alquilaría las mulas.
Finalmente la encontramos, y la verdad es que al principio desde lejos teníamos nuestras dudas, pero cuando entramos y la vimos por dentro estaba bastante bien, mientras negociábamos el precio (salió por 120 dh unos 12 €/persona dormir cenar y desayunar, y 100 dh, 10 € por mula) apareció un amigo de los dueños que hablaba español, nos sorprendió, pero facilitó las cosas, le pedimos para cenar un tallín y cuscus, había que probar la comida de la zona, el caso es que no se como lo entendieron (y eso que estaba el amigo que hablaba español) que el tallín nos lo pusieron para merendar, a eso de las 18h, nos miramos y pensamos, esto no puede ser la cena, le habíamos dicho de cenar a las 20:30h, nada que todos pensamos lo mismo, nosotros a comer y ya veremos lo que ponen luego, y así lo hicimos.

Habíamos llegado temprano, sobre las 16 o 17h, nos venía muy bien para poder ducharnos y lavar la ropa de los 2 primeros días, el caso es que David y el Congrio se metieron a ducharse los primeros, y el agua no salía caliente, nos habían dicho que tenían agua caliente, por lo que voy a llamar al hombre y cual es mi sorpresa que en una especie de caldera bastante grande, se pone el hombre a meter matas secas y tronquillos, la caldera iba con leña, así que voy y les digo a los que estaban pasando un poco de frío que la cosa iba a tardar, me hubiera gustado ver sus caras, je je je, los demás ya no tuvimos problemas y el agua salía muy calentita.

Y después vino la parte de lavar la ropa, el amigo Eu con lo que le gustaban los niños, ya lo habéis visto en algún video, llena su alforja de agua y se va a la calle, pues cuando salí a Eu no se le veía con todos los niños que tenía a su alrededor, vamos que parecía que estaba haciendo un casting para contratar a uno para que le lavara la ropa, terminaron echándole unas cuantas manos. Los niños eran muy graciosos y muy curiosos también, el caso es que al final Eu se terminó echando un amigo, el nombre no me acuerdo, y eso que nos lo repitió unas cuantas veces, fue buenísimo la cara que puso cuando Eu le puso sus gafas de ver, yo creo que estuvo a punto de caerse al suelo del mareo (sale en una foto). Incluso nos dio tiempo de darnos un paseo por el pueblo, el amigo de Eu se vino con nosotros, y a ratos le daba la mano, estaba claro que se había echado un amigo.

Desde un punto del pueblo pudimos ver el camino que teníamos que subir al día siguiente, y nos dio bastante respeto, un zigzag que subía a todo lo alto de la cadena montañosa que había junto al pueblo, pero eso es historia para otro día.

Al final también nos pusieron de cenar, una sopa primero y un pedazo de fuente de cuscus que no fuimos capaces de terminarla, y eso que hay alguno que come como las limas. Junto con nosotros para la cena se sentó un muchacho, de nuestra misma edad, al principio pensábamos que era de la casa, pero resultó ser un profesor que estaba de paso y dormía allí para al día siguiente, en mula, cruzar también por el puerto de Tizi Ait Imi, como nosotros, ya que iba a Mrabitine. El muchacho se veía muy educado y hablaba francés perfectamente, el caso es que empezó a preguntarnos que de dónde éramos, por el viaje que estábamos haciendo, y no se como salió el tema de que si estábamos casados, todos dijeron que solo yo, y David intentó explicarle que él vivía junto con su pareja, que era más o menos lo mismo, pero como que no terminaba de entenderlo, y entonces sacó su vena de profesor y nos dio un buen discurso sobre la finalidad de la vida, que él tenía como objetivo el casarse y tener hijos, y que eso era lo normal.

Para terminar la cena nos tomamos una infusión de hierba luisa, que nos dijeron que para dormir venía muy bien, y a dormir pensando en la etapa que teníamos al día siguiente.

Para mí Tabant fue un sitio muy chulo, se estaba muy a gusto a la sombra de las nogueras, muy tranquilo y se durmió y comió bastante bien, y la gente de allí se portó bastante amable con nosotros, iba a ser difícil de superar en las siguientes etapas.


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II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 2 Imi-n-lfri (Demnate) – Tizi-n-Tighist

19/05/2010 9 comentarios

La salida de Marrakech fue puntual, a las 5, nuestro conductor Yousef, pudo esquivar todas la motos y carromatos que se cruzaron en su camino, porque el tráfico en Marruecos merece un capítulo aparte, allí si escuchas un timbre o pito de moto, mejor que te apartes, porque no van a parar ni para pedir perdón si te atropellan.

Las bicis iban cargadas en la furgoneta, todo iba bien, el camino hasta Demnate, se hizo corto, sobre todo para algunos que fueron medio durmiendo.
La verdad es que ya teníamos ganas de empezar a pedalear por aquellas montañas, en las que poco a poco nos fuimos adentrando hasta llegar al pueblo, la zona era bastante húmeda, verde de vegetación, y con bosques de pinos. En Demnate compramos pan y agua para el día, y continuamos hasta el Puente natural de Imi-n-lfri, donde nos dejó la furgoneta con nuestras bicis desmontadas. La mañana estaba húmeda, incluso había bastante niebla, lo del Puente natural, es una especie de cueva por donde cruza el agua, y han aprovechado para pasar la carretera por encima, la verdad es que no pudimos ver bien la cueva debido a la niebla.

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1ª Expedición Mastrinkais a Marruecos, Los de Antes

08/04/2010 14 comentarios

Crónica de Jorge el de Antes

Capítulo 1 (Almería-Imilchil)
Me costó trabajo decidirme, le tenía respeto a esta aventura (la comida, la higiene, el viaje tan largo, mi edad……) pero mi amigo Chema, sin coaccionar pero con una leve presión y sus comentarios de viajes anteriores, terminó animándome, se lo agradeceré siempre.
Después de intercambiar varios mailes y conversaciones también se apuntan Jose (Beatel), Pili y “AntoñitoBike” quedamos en Marrakech el sábado 27 de marzo.

Antonio, Jose y yo viajamos en coche vía Algeciras-Tánger y Pili y Chema lo hacen en avión desde Madrid.
El viaje en coche, aunque largo, merece la pena porque sirvió para ir estrechando los lazos mínimos que se necesitan para convivir 7 días y algunos de nosotros no nos conocíamos, además estábamos predispuestos a pasarlo bien por lo que durante el trayecto fue fácil hacer chistes y reírnos con frecuencia.

Jose se había encargado, con una terrible eficacia de los billetes de barco y de la reserva de hotel en Tánger, allí llegamos con ganas de cenar y meternos en la cama ya que el día siguiente deberíamos de bajar a Marrakech (casi 700 km), así que tras pasar la frontera Marroquí con la habilidad de Jose para “negociar” los trámites aduaneros (nos reímos durante y después de ellos) nos dirigimos al hotel y a un pequeño restaurante satisfaciendo así nuestras dos necesidades importantes del momento.
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