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Subida al Puntal: Locura Mastrinkais

05/10/2009 4 comentarios

No hay mandamiento aún para definir otra característica que define a los Mastrinkais, la locura de sus rutas, las situaciones inesperadas que tienen que afrontar en el momento menos pensado.

Esto hace que nuestra astucia sea mucho mayor que la de cualquier otro biker. Cómo lo diría para no herir la sensibilidad de ningún lector que no entienda nuestra filosofía, somos la élite del ciclismo aficionado, las “fuerzas especiales” del MTB.

Bueno, ya que mi ego ha alcanzado la altura necesaria, voy a relataros como una rutilla sin pretensiones, unos pedales entre semana, se pueden convertir en una loca aventura.

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Los 10 mandamientos mastrinkais

01/10/2009 21 comentarios

Germán nos presenta los mandamientos mastrinkais:

1. Respeta a los de Antes. No hacerlo supone una herejía que se paga muy caro otro día cuando menos te lo esperes.
2. El dolor es tu amigo, te mantiene alerta y sabrás que estás vivo. Si una ruta no duele, no es una ruta mastrinkais.
3. Un mastrinkais es un hermano. Nunca se le dejará tirado, pero sí a cierta distancia para que se endurezca mentalmente y sepa que debe dar más.
4. Un mastrinkais no es el más rápido, ni el más técnico, ni el que llega primero a la meta, pero sí es el más duro, porque la meta no siempre está donde todos creen.
5. Mientras otros se dejan llevar por la euforia que posteriormente les llevará a sentir pánico y terror, un mastrinkais mantiene la cautela y se prepara para la batalla final.
6. Si a un mastrinkais le llueve, le nieva, le graniza, se ve enterrado en barro o le cae un rayo no se rendirá, a lo sumo se enquistará hasta que mejoren las condiciones.
7. Un mastrinkais no necesita descansar ni dormir, tampoco necesita la comida ni la bebida, sólo necesita una bicicleta que le ayudará a conquistar cualquier montaña.
8. Un mastrinkais no quiere elogios, cánticos ni gloria. Es austero, se conforma con la belleza de los paisajes que ha recorrido. Su recompensa es una ducha caliente, el calor de su mujer y una buena birra o refresco si es congrio.
9. Si un mastrinkais encuentra una cadena la salta, si es una valla demasiado alta, una de dos, o la derribará o la pasará por debajo cavando un túnel.
10. El mastrinkais cura sus heridas y lesiones entrenando más fuerte. Si siente desfallecimiento y lo considera necesario se comerá su propio cuerpo para poder seguir hacia delante.

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MARTES. NO ES MAL DÍA PARA PEDALEAR.

22/04/2009 14 comentarios

Somos gente afortunada. Unos más, otros algo menos, pero hacemos lo que nos gusta, pedalear, y si es junto a gente de antes, mejor. Si es junto a congrios, mejor. Si todo ello se hace en un escenario tan salvaje como las inmediaciones del Calar Alto, conseguimos elevar la ruta a un estado de satisfacción emocional tan grande, que no puedes evitar sentir una paz interior durante y después de esta tarde tan difícil de describir con simples palabras.

Quiero pensar que los integrantes de los mastrinkais tenemos una energía especial, un karma característico, ya que, difícilmente hacemos una ruta sin que pasen multitud de anécdotas, y hoy no iba a ser menos, por supuesto.

Tres guerreros del mountainbike, tres, cada uno de su padre y de su madre, tres mastrinkais quedan a las 4 y media. Inexplicablemente Germinator, un servidor, llega a su hora, pero con un pequeño pellizco en el estómago. Al meter la bici en el coche, noto como la rueda trasera va floja. Llego con el tiempo justo y pinchado “la que me va a caer de estos dos comeollas…” pienso. Pero no están. En ese momento recibo la llamada del congrio haciéndome creer que me están esperando. Me bajo rápido y comienzo a arreglar el pinchazo. Ellos llegan renegando como siempre. Me recuerdan a los muñecos de José Luis Moreno. No os recuerda el congrio a Monchito? Y el bichito, acaso no os recuerda a Rockefeller? Bueno, serán suposiciones mías. Quizás yo me parezca a Doña Rogelia.

El caso es que salimos a las 5 menos 10 aproximadamente. El bicho no se anda con tonterías. Las primeras pedaladas a saco, tipo carrera. Monchito, que diga, el congrio se queja mientras jadea. Vamos fríos y el bicho nos calienta a base de bien. Tenemos que tirar de testiculina y aplacar la ira del bicho, pero no es fácil.

El ritmo de subida es infernal, sin cabeza, sin pensar en qué vendrá después. Los kilómetros de subida van pasando y la media ronda los 15 km/h. y sin bajar ritmo. El congrio va sobrado que te cagas. Yo, en mi puntillo diésel, y el bicho nos sigue muy de cerca. Olula de Castro, y cogemos una carretera-sendero que nos lleva a Castro Filabres, un pueblo invisible. En dicha carretera el congrio casi se sube en el radiador de un todo terreno y se va a dar una vuelta por ahí. Nos da un buen susto, pero ya sabéis, los congrios se caracterizan por su gran agilidad, así que no hay mayores problemas.

Las ruedas giran por encima de piedras, por encima de asfalto, por encima de todo, y la belleza del paisaje va creciendo exponencialmente mientras avanzamos. Quizás la belleza del paisaje, quizás la pérdida de cobertura del GPS del bicho, o quizás un mapa almacenado en el GPS distinto al de la ruta prevista, hacen que nos adentremos en la sierra por el camino equivocado. Los tecnológicos se paran una y otra vez, tocan sus instrumentos, los giran, le dan vueltas, los agitan, pero no consiguen ver el camino. Yo mientras miro al cielo, tras la inmensidad de la roca, surgen nubes grises como el plomo. La montaña nos avisa que estamos en sus dominios. Durante el resto del camino mantenemos la cautela, siempre tranquilos ante la facilidad de escape.

Llega el momento en que decidimos dar la vuelta. Ya que habíamos bajado bastante, así que toca subir, especular en cada cruce de caminos y volver al camino seguro. Aquel camino conocido por el bichito de la luz. Más vale sabiduría popular que GPS de última generación.

Entramos en el camino que nos lleva al tallón alto, camino hacia el cielo. Avanzamos por un camino rodeado de grandes montañas, una belleza, que como he dicho, va creciendo a pasos agigantados. La poesía del momento se ve interrumpida por una llamada al bicho. Son buenas noticias. Ya lo sabíamos, pero era para ultimar los detalles de equipamiento de su tan esperada bicicleta. Esperada por él y esperada por el congrio. Con suerte la tendremos mañana entre nosotros, y pronto recibirá el bautizo para pasar a ser una mastrinbike.

Entramos en zona de pinos. Las recientes talas hacen que el suelo esté cubierto de restos de la misma. Las ruedas parecen pegarse al suelo, incluso en bajada. Durante este trayecto surgen pequeñas anécdotas que arrancan risas, que rompen la monotonía del “que guaaaapo!!!”, sobre todo la llegada de zonas “técnicas” de barro, o mejor dicho pequeños charcos que casi hacen que nos subamos unos encima de otros con las bicis. Vaya torpeza. Que tiemblen los participantes de las carreras a las que vayamos proximamente.

Finalmente, tras los retos del incombustible congrio, imposible de batir, llegamos a la carretera que da al Calar Alto. El día se acaba. Hablamos del frontal que llevo en la mochila. En este momento nos da risa, más tarde no dará tanta, bueno sí, definitivamente van a tener razón aquellos que piensan que estamos bastante locos.

Comienza la bajada hacia la rambla de Gérgal. Ha sido una bajada normal, porque si os digo que ha sido alucinante, que tenía unas curvas cerradas impresionantes, que te arrancaba una sonrisa mientras bajabas, vais a pensar “como siempre”, así que ha sido una bajada normal.

Pasando una zona técnica de las de verdad para el bicho y para mí, de las alucinantes para el congrio, noto sensaciones extrañas en la rueda delantera. Voy mosqueado, no voy a gusto. Efectivamente, he vuelto a pinchar. El terreno es demasiado “salvaje” y llevo en la cubierta una espina que hace que paremos cuando menos hacía falta. El Sol hace tiempo que se fue. En la profundidad de los valles reina las sombras y la oscuridad. Cambiamos el pinchazo todo lo rápido que podemos, mientras el bicho nos ilustra acerca de la historial del lugar, y finalmente terminamos desembocando en la rambla.

Conforme transcurre la rambla, pasamos de una visión tridimensional a otra bien distinta, sin relieve, donde se distinguen pequeñas manchas a gran velocidad. Vamos cogiendo todas las piedras, todas las ramas. Entre el silencio del anochecer se escuchan los perros, cercanos, las piedras golpeando los cuadros, los gritos del congrio arrancados por los latigazos que le propinan las ramas del suelo. El bichito entona su “soy minero”. Creo que jamás se hubiera imaginado ir de noche por la rambla de Gérgal, intuyendo más que viendo el camino.

Pienso en coger el frontal, pero la cercanía del pueblo de Gérgal es inminente, pero la luz cada vez es más escasa. Tanto, que llegando a Gérgal le digo al congrio “Dios, mira que pedazo de casa, de quién será?” Pues resulta que era el Castillo de Gérgal, así que fíjaros si iba fino.

Cogemos un desvío a la derecha que nos introduce en el pueblo. Me suena la subida, un repechón corto, pero de los buenos. El congrio va por delante, detrás el bicho, y yo cerrando. Me acerco al bicho, y cuando me pongo a su altura, cerca de él, realiza un giro repentino y sufro una cornada inesperada. El, por su complexión más delgada, sale disparado, poniendo pie a tierra en pleno repechón. Se mantiene en silencio, pero noto su ira como rayos fulminantes sobre mi. Aún así, y con la mala influencia del congrio, no puedo aguantar la risa. Mientras esto ocurre, vuelve a caer, esta vez al suelo. Nos miramos incrédulos. Los pedales parecen estar demasiado duros. Finalmente la ira se convierte en la amenaza de sufrir dos hostias suyas cuando pasa a mi lado. Se ve que aguantarse la risa no es bueno, porque siento un dolor en los abdominales insoportable. Intento terminar la ruta vivo, así que paso de hacer sangre del tema.

La carretera nos lleva a Montellano, de donde partimos hace 4 horas y media. Que gran tarde, inmejorable. Ciclismo del bueno, paisajes impresionantes, bichos y congrios, y encima aventura bestial. Qué más se puede pedir? Sí, se me ocurre algo, poder haber parado en el Montellano a ponernos ciegos de cerveza. Las obligaciones familiares, en este caso del bicho, han abortado la idea, con lo bien que olía. Seguro que otra vez será.

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Ruta en bici 159737 – powered by Bikemap 
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MARTES EOLICO

Martes por la mañana, mensaje del cuñao Dani “bici a las 4?”. “Hombre de pocas palabras” pienso yo. Llamada al ambus, llamada a Dani. La cita finalmente se concretaría a las 4 y media.

 

A todo esto, el cielo ruge mientras luce el Sol. Loca primavera. La mitad de Almería con el cielo despejado, la otra con nubarrones de la hostia. Comienza el granizo. “Viento, granizo, ummmm, buen día para la bici”. Paso anca Diego y pillo un par de cámaras y la bomba del amortiguador de prestao.

 

15:30, plato gurullos, tortilla, tapica queso y vaso vino. Creo que está bien pa echar unos pedales con los colegas. Arreglo el pinchazo, secuela de Fuente Victoria, le echo un chupitillo de aceite y para la calle.

 

Me esperan Dani y Ambus. Un viento BRUTAAAAL. Empezamos a rodar en fila india, y así vamos hasta pasado Rioja. Ahí nos relajamos un poquito. Vamos para el Ricaveral. Nos acercamos a Santa Fé y antes de entrar pillamos la rambla que hay a la derecha. La seguimos hasta la vía del tren.

 

Ahí hacemos una paradica. Dejo la bici para mear un ratillo y flipo en colores cuando veo que el viento arrastra mi bici en el suelo. María Santísima de Gracia que iba dando vueltas por Almería. Pero si vamos a ir para atrás.

 

Nos tiramos hacia la rambla de Gergal y volvemos hacia el camino que sube al Ricaveral. Nos hemos pegado una subidilla a ritmo, y cuando hemos llegado al Ricaveral, el Dani se ha parado a mear y yo creo que el meao ha llegado a la playa. La virgen!!!! Peaso de meá. Menos mal que me ha avisado y me he quitado del medio, si no me hace una lluvia dorada ahí como el que no quiere la cosa.

 

Decidimos echar una subidilla por el Ricaveral, pero cuando por poco nos tira el viento al suelo, nos damos la vuelta.

 

Empieza la bajada. Eso ha sido BESTIAL. A TODA HOSTIA!!! Parecía que íbamos en motos en vez de bicis. Por las rectas de Rioja a Pechina, le hago una señal a Dani porque la señal estaba limitada a 50. Pues el tío ha pegao un demarraje, que si nos pilla la Guardia Civil nos quita un chorro puntos a cada uno. Que animaaaal!!! Vamos, que la vuelta ha sido un visto y no visto.

 

Dejamos al Ambus camino de la Villa, y nosotros por el Sector 20, a ver al guía espiritual. Estaba en la sucursal del clus, sito en Geonatural, anca Diego. A dar la gamba.

 

El Vistor y el Congrio con Diego. El Vistor deja todos boquiabiertos cuando se saca de su KTM una bolsica con roscos de semana santa, pero es que la mama del Diego había hecho pestiños, así que nos hemos puesto las botas, sobre todo el Congrio. Es que está en edad de crecimiento.

 

Una tarde cualquiera de una semana cualquiera en el universo MASTRINKAIS.

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MIÉRCOLES. MÁS VICIO

MATRINKAIS RETURN

Estoy sentado frente al ordenador y todavía no me lo puedo creer. Se me agolpan en la cabeza cada una de las grandiosas sensaciones vividas esta tarde. El concepto “increíble” alcanza un valor especial al describir la ruta que hemos hecho esta tarde el GRAN BICHITO DE LA LUZ (porque ese es el grado que ha adquirido esta tarde) y yo. El se da un 10, yo creo que se ha quedado bastante corto. Es miércoles. No es lógico hacer este tipo de rutas un miércoles. Esta ruta es de sábado, y de los buenos, pues hace muchísimo tiempo que no hacía una ruta tan guapa.

Os parecerá una exageración lo leído hasta ahora. Y en principio estaba pensado que fuera así, una exageración, pero conforme transcurría la ruta, el bicho y yo habremos dicho “que guapo” como 238 veces cada uno. Para que os hagáis una idea, estábamos flipando con la ruta en el kilómetro 14. Ya nos parecía una ruta orgásmica. Imaginaros que aún quedaba lo mejor, durante 35 kilómetros más.

Como he puesto en el post anterior, me llama cerca del mediodía para preguntarme si salía con la bici. Mi respuesta es “sí tío, sí tío, sí tío”, así que a las 4 más o menos aparezco en la calle del bichito. El ya ha metido su bici, y rápidamente meto yo la mía. Emprendemos la marcha, bla bla bla, ji ji ji, y llegamos al Minihollywood. Montamos las bicis y comenzamos a subir.

Subida a ritmo.
La subida la hemos hecho a ritmo. Al principio calentando la máquina y cogiendo metros poco a poco. Hemos ido incrementando el ritmo, lo justo para no ir a cuchillo y poder ir hablando. La tarde estaba inmensa, nubes espectaculares hacían que se formaran imágenes pintorescas. Esto provoca que haga una parada para hacer un par de fotos. Bebo algo de agua, y pienso “ahora le pillo un poco más adelante”. Esa breve parada que calculo que no habrá llegado a los tres minutos le sirve al bichito para elaborar un ataque tremendo. Aumenta el ritmo. Parte desde los 800 metros de altitud, según me contaría más adelante. Se marca como objetivo llegar a los 1000 metros.

Yo, ajeno a la estrategia, comienzo a tirar fuerte para cazarlo en breve. Voy subiendo a un ritmo que parece falso llano. Al poco rato este esfuerzo empieza a pesar, sobre todo psicológicamente cuando no consigo contactar visualmente con el bichito. Me pongo serio y empiezo a subir fuerte, pero esta vez concentrado, sin tonterías, y regulando. Consigo verlo, no me cebo. Los esfuerzos anteriores pueden pesar más adelante. Establezco puntos de referencia para ver si me estoy acercando o tengo que incrementar el ritmo. Voy arañando segundos. él mira para atrás y aprieta. Yo sigo acercándome. La “zona técnica” le hace perder un tiempo precioso y ya estoy muy cerca. Prácticamente lo he alcanzado y se sube sobre la bicicleta para esprintar. Todavía no había llegado a los 1000 metros. Yo con ritmo firme y constante me acerco cada vez más. A pocos metros comienza a increparme y prácticamente a amenazarme que como lo coja me raja. Buena estrategia. Consigue sus mil metros y elogios por mi parte. Ha subido con un par.

A partir de ahí, tomo yo el relevo de la subida. Pongo un ritmo llevadero. Miro el reloj. El otro día le estimé que él era capaz de subir en 1 hora 30 minutos. Así que me pongo a trabajar como su gregario, poniéndole un ritmo de subida alto para así poder llegar en ese tiempo. él va bien, pero los dos somos conscientes que las últimas rampas se hacen pesadas como llegues muy pasado, así que seguimos regulando el ritmo. Ya en este punto los paisajes son totalmente irreales. Parece una subida de estas que ves con admiración en la tele. Parece una subida sacada, según el bichito, de una etapa del Giro de Italia. La lluvia, ligera, nos golpea en la cara, el suelo mojado, rodeados de un color verde intenso.

En una curva a izquierdas, dirigimos nuestras miradas al sur. Quedamos embobados al contemplar como el Sol brilla sobre Cabo de Gata. Como Almería disfruta de un Sol primaveral, y nosotros de unas nubes gris plomo que nos regala este baño de ilusiones y sueños ciclistas.

El reloj sigue corriendo impasible y llegan las últimas curvas, un par de minutos para el objetivo. Empiezo a gritarle, que lo meta todo, que ya no queda nada. Aprieta como un león, le hago una foto y lo dejo pasar. Voy detrás de él gritándole que esprinte. Sólo quedan segundos. Según su reloj llega en 1 hora 30 minutos 30 segundos. Según el mío en 1 hora 29 minutos 45 segundos. Objetivo conseguido.

El bichito te da sorpresas, sorpresas te da el bichito…
Desde aquí, la pregunta que lo cambia todo. El cambio de planes que determina el valor de una tarde. “que te parece, si en vez de bajar por los góngora, bajamos por otro camino que hay más adelante?”. Yo, dócil como un fiel animal de compañía le respondo “vale”.

Continuamos la marcha, hablando maravillas de la subida que acabamos de realizar. Ahora la vista se dirige al norte. Quedamos maravillados por la grandiosidad del paisaje. El agua corre por nuestras caras, que no dejan en ningún momento de esbozar una ligera sonrisa. Estamos disfrutando con la ilusión de un niño esta tarde llena de sorpresas agradables. El sitio, el ambiente y el contexto perfecto. Sólo se oye el ensordecedor silencio de la montaña, y de sus habitantes, que salen a nuestro camino, asombrados por esta visitan tan inesperada.

La bajada perfecta
Llegamos al lugar indicado para la bajada, unos metros después de los Góngora. Una valla nos impide el paso. El bichito utiliza su pase especial para acceder a este coto privado de caza.

El bichito ya había hablado de la bajado sobre mojado por los Góngora, diciendo que era una maravilla. Pues simplemente alucinante. Había llovido, el terreno ya no estaba suelto, así que bajada de ensueño para los que no dominamos el descenso. El bicho y yo nos mirábamos sin poder creerlo. Desde mi punto de vista mejor bajada que la de los Góngora.

Cuantas veces hemos mencionado en este punto al Congrio. Como hubiera disfrutado en esta bajada, sobre todo con el tramo que nos hemos ido encontrado más abajo, que era un poco más difícil. Lugar donde el bicho por un descuido, y en parado ha hincado la bici de delante y ha tenido un pequeño traspiés.

Exploración Mastrinkais.
A partir de la parte final de la bajada, han comenzado las divergencias en el GPS. Acostumbrados a que sea el Congrio el que nos guía con esa capacidad que tiene de ir vigilando las piedras del camino y las líneas de la pantalla, íbamos cogiendo caminos equivocados.

Los caminos buenos no lo parecían. íbamos por “no caminos”. Caminos, que estoy seguro, no han sido recorridos hace mucho tiempo, cubiertos totalmente por vegetación. Nos hemos llegado a ver pasando por tramos de vegetación que nos llegaba al pecho.

Seguíamos perdiendo cota, como le gusta sólo a un sector de la gente de antes, y las divergencias continuaban. Nos encontrábamos caminos rotos por la mano del hombre, que nos hacían bajarnos y continuar más adelante. Caminos que nos hacían dudar de su corrección. Hemos llegado a caminos enterrados por campos de cultivo, caminos alternativos a otros cubiertos por olivares. Finalmente nos hemos visto sin camino, con el Sol bajando lentamente hacia su letargo nocturno. Yo miraba el reloj y calculaba unos 45 minutos de luz. En este momento tenías la sensación que no había ruta de escape, ruta alternativa. Nos habíamos alejado mucho hacia el levante. Los molinos de Turrillas se veían demasiado cerca. Un cordón montañoso que había junto a nosotros seguía despertando la admiración en mí. A riesgo de quedar empalagoso, todo, todo lo que nos rodeaba era preciso, de ensueño, prados verdes, montañas curiosas, vamos, una maravilla.

Finalmente, ubicados en el “sin camino”, divisamos un camino al fondo. El bicho dice que no queda lejos en el GPS. Un error u otro “sin camino” en nuestro camino quizás mine nuestra moral, pero nuestro espíritu Mastrinkais, nos hace reír en vez de flaquear, así que nos dirigimos campo a través hacia el camino. Lo cogemos, no antes sin el bicho darle un cabezazo a un hierro que sobresalía de la pared de un cortijo. Gracias al casco.

Cogemos el camino y comenzamos otra zona alucinante, de toboganes, sube y baja a buen ritmo, y el Sol que sigue bajando. Nosotros apretamos y finalmente accedemos a la Rambla de Tabernas. Nos mosqueamos cuando la abandonamos, pero la volvemos a coger más adelante. Una cadena casi rompe de golpe las maravillas de esta ruta.

El final
Finalmente accedemos a la parte que menos gusta, pero que se pasa rápidamente gracias al buen sabor de boca que traemos, y a las miradas nostálgicas hacia el Puntal. Llegamos al Minihollywood, y tras frenar la bici, casi se me saltan las lágrimas cuando le digo al Bicho, “vaya pedazo de ruta que te has marcado, perfecta”. Son solo 50 kilómetros, pero intensos como nunca, completos como rutas de 100. Ha habido de todo, encima exploración y caminos nuevos.

Apuntes
Ruta: Mastrinkais total. Subida a buen ritmo, climatología con tintes televisivos, algo de frío, bajada alucinante, exploración inquietante pero genial, ruta PERFECTA.

El bichito de la luz: Se ha superado. Creía que lo llevaba preparado, pero su talante aventurero nos ha hecho disfrutar a los dos de una tarde de fábula. Su nota es superior a un diez, su lápiz, de oro de 24 kilates.

Un servidor: Todavía flipando. No miento si digo que hoy ha sido de esos días en los que te das cuenta de por qué te gusta tanto este deporte y por qué estás tan enganchado.

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Ruta en bici 141894 – powered by Bikemap 

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Hoy me he levantado, siendo el tercer día de la semana. No se como, pero hoy también tengo ganas de montar en bici. Me planteo hacer algo yo solo, pero de repente suena mi móvil. Es el bichito de la luz.

Me hace una propuesta irrechazable. Salida en vehículo hasta el Minihollywood, Subida al Puntal, bajada por los Góngora y rambleo por Tabernas para completar. Nos quitamos la hora y pico de llaneo para así hacer más intensa la ruta, vamos una gozada.

Yo he quedado con el bicho a las 4 de la tarde en Villa Inés.

Intesesados ponerlo aquí.

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MARTES. HOY SE SALE.

En nombre del Congrio, porque con la “primavera” se ve que está demasiado “ocupado”, os comunico que hoy se sale con la bici, MTB para los más audaces.

La idea inicial era subir al puntal y bajar por los baños, pero como he dicho, parece ser que el Congrio está demasiado “ocupado”. Que tendrá el congrio por ahí? Habrá que poner a trabajar al CSI Villa Inés.

Los rumores hablan de una ruta alternativa por las veredas de Alhama.

En fin, para los “ocupados” a partir de las 19:30 y para los desocupados, hora de quedada a las 16:00 – 16:10  horas en el semáforo de Villa Inés. La ruta ya se decidirá sobre la marcha.

Para los que tengan que trabajar, recordad el chascarrillo de los mastrinkais para las despedidas (desde el cariño).

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ATAQUE AL BICHO

Pues eso, para quien se quiera apuntar, hoy a las 16:15 saldré en dirección al camino de Enix. La intención por mi parte es volver tempranico, para las 6 o 6 y cuarto.

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