MI DÍA CON LOS JORDIS Y FAMILIA FUERA DE PRISIÓN.

Corría la tarde de ayer y un regomello me recorría el cuerpo. Una vez solucionado en el cuarto de baño, me puse a decidir qué camino tomaba para pasar la mañana con mi querida nueva máquina de pedalear.

Cojo el móvil y la gente anda desperdigada, unos que si corriendo carreras, otros perdidos en la montaña y sin faltar, los devotos de la Santísima exaltación del Via Crucis y Subida al Puntal, vamos que las posibilidades eran variopintas.

Pero entre todas, destacaba una de ellas, una propuesta de Antes, realizada por uno de los de Antes, viejos tiempos, viejas visiones de años atrás, y muy, muy buenos recuerdos, así que decido aceptar la muy agradecida por mi parte invitación del patriarca de los Martínez, Jorge I, también conocido por Morritos Jagger.

Me levanto con sueño pero con ganas, me esperan Georgie Dann y Morritos Jagger, eso promete. Van a sacar a este “burto” por parajes con los que estoy deseando reencontrarme.

Como hay cosas que cambian y otras no, voy tarde, pero volando por no faltar mucho a mis anfitriones.

Por fin llego a Fuente Victoria, con mis líos, un guante de cada (menos mal que de manos distintas). Me salen al paso Jorge I y su hermano Andrés, el Hermanísimo, ese crack del deporte que jamás hizo deporte. Ellos hacen propia la tradición del voy tirandillo, así que yo me voy a recoger al segundo Jorge en orden, el pirómano de la barbacoa, el verdadero Rey de la piedra y las ascuas.

Nos hacemos polvo con nuestras nuevas máquinas. Nuestros ojos reflejan miradas lascivas que acarician cada una de las curvas de esas dos morenazas estilizadas. Las montamos y con un frío que corta iniciamos la ruta.

Ante el frío, lo mejor el calor, y para el calor, lo mejor subir las rampas del pueblo de Laujar. Yo le calculo a algunas el 25%. Vamos que sin desarrollo tenía que tirar de riñones, primero uno y luego el otro. Seguimos rodando y llegamos al río, por allí nos encontramos a Andrés y Jorge y nos agrupamos.

Es inevitable piropear una y otra vez los senderos que recorremos, que empiezan a picar hacía arriba, pero son de tal belleza que te hacen olvidar que no dejas de subir kilómetro tras kilómetro.

Pasamos por Monterrey y nos dirijimos al Refugio del Cerecillo. Jordiman y yo tiramos hacía delante arrastrados por el empuje de nuestras morenas. Empezamos a poner ritmo de “asma”, pero no se puede, lo obligo a parar para hacernos un selfie, Madre de Dios, qué nubes, qué luces, qué colores, qué… toma Selfie!!!

Se mete una brisilla de esas que cura jamones y Jordiman da la salida. Ahora aprieta la cosa, así que apretamos. Empiezo a poner ritmo cochinero y se me quitan las ganas de fotos, Jordiman se queda detrás guardando fuerzas. Qué mamonazo!!! Pensaba que quedaba menos hasta el Cerecillo, así que se hace duro mantener el ritmo, bajo ritmo y aprovecha para venir sigiloso y pegarme el zarpazo, así que llegamos junticos y respirando como el colega negro de Malcolm.

Nos hacemos una foticos, comemos algo y esperamos a los nacidos durante el Régimen. Al poco aparecen. Una vez allí, parados y recuperándonos del sofoco, me sorprendo con las Historias que cuentan esta gente, historias de culebras, de deportistas encubiertos, arreglamos geometrías incómodas mientras el sabio da una lección de geografía rural a un viandante cualquiera.

Seguimos con nuestra ruta y buscamos el cambio de ladera, apareciendo pequeñas manchas de nieve. Yo emulando a cierto personaje de nuestra pequeña Historia ciclista, juego a pasar los barrizales sin manchar mi bicicletica.

Casi sin darnos cuenta llegamos al final de la subida. Allí nos abrigamos y comenzamos un descenso, que no se si es por el tiempo que hace o por lo qué es, pero me obliga a hacer continuas paradas, como la del Cortijo del Quinto, para hacerle una foto a eso y otra foto a lo otro. Es cuando desisto ir con Jordiman. Se que él lleva sus intenciones. Lo llama el fuego, lo llaman las ascuas.

Yo me quedo con Jorge I para recorrer la última parte del descenso. Él como siempre ameniza el momento con historias de su dilatada experiencia. Básicamente hablamos de putas finlandesas y de rajas, pero bueno, para saber más haber venido.

Sinceramente, con mucha pena llegamos a Laujar y de ahí a Fuente Victoria. Llegamos y vemos a un Jordiman desatado, jugando entre la fumarra blanca, en su medio.

Botellín en mano, jamón al corte y las ascuas ardientes. Diferentes carnes empiezan a cocinarse al fuego de un Jordiman entregado. Un Finidi y un pescado vienen de correr con los galgos. Se unen a la fiesta, junto con la familia de los Jordis, que se van uniendo a la reunión. Corre la cerveza, el jamón, la carne y las ensaladas con su papel secundario, pero siempre necesario.

Las avispas pasan por un momento del humo y de las uvas. Les llama la atención los manjares que comen estos monos. Casi sin darnos cuenta y en un momento de ansia viva, escuchamos un alarido. Es nuestro querido Jorge, que al mirarlo vemos como se saca una avispa de la boca. El dolor se transmite a través de su gesto, pero aquí ni Dios deja de comer jamón, ni avispas ni…

Sabemos que está bien, no deja de beber y tragar. Lo que no se cure comiendo. Pero eso sí, qué morritos se le ha puesto a mi niña.

Finalmente todo lo bueno acaba y en un duro ejercicio de voluntad, me levanto y me dispongo a partir al Sur. Vuelvo con las ganas y con el deseo de volver a compartir estos tesoros naturales con esta gente a la que su generosidad y buena compañía se hace muy difícil agradecer. Gracias desde las 9 de la mañana, GRACIAS, DE CORAZÓN.