CAZORLA. CON ALFORJAS Y A LO LOCO.

Lo primero está claro, iba a ser una ruta con alforjas. Lo de “A lo loco” es porque el GR-247 está pensado para hacerlo en 6 días (MTB) y nuestro propósito era “resumirlo” a 4 días a base de palizón diario.

DISCLAIMER:

Si no tienes una medio aceptable forma física, no te metas en este berenjenal. Si no tienes alforjas, tienda de campaña, saco de dormir, hornilla de gas, crema solar en abundancia y un par de puntos de locura por encima de la media, tampoco te lo plantees.

PRÓLOGO.

Como todas estas rutas, la historia comienza antes, bastante antes. Ya le tenía ganas a la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, y como en Mayo tenía vacaciones de esta no iba a pasar. En principio me planteaba un viaje sólo, ya que en estas fechas nadie suele tener vacaciones (siempre suelo ir al revés del mundo), y tras algunas averiguaciones acabé donde acabamos todos cuando nos planteamos alguna burrada: consultando a nuestro “loco de cabecera” CongrioMAN.

Un Zumo de Naranja en Doña Lola después, el daño estaba hecho. Reproduzco la conversación:

– (YO) Pues quiero dar toda la vuelta a Cazorla con las alforjas en Mayo, que estoy de vacaciones.

– (CONGRIO) Joder, yo también quiero.

– Es que no tengo otra fecha, ahora estoy de vacaciones.

– Mmmmmm… espera. Yo tengo que coger obligatoriamente una semana de vacaciones antes de Junio, ¿qué día piensas ir?

– Coge la semana de vacaciones y pon tú la fecha que yo estoy libre.

– Voy a pedir permiso (Congria sergeant) y te voy diciendo.

Dicho y hecho: la fecha de inicio sería el Martes 24 de Mayo si no lo evitaba una hecatombe.

DÍA 1: ¿¿DÓNDE ESTÁ WALLY??

El día de marras quedamos no muy temprano para salir tranquilamente (11 de la mañana en Pozo Alcón) porque en la primera etapa el plan era dormir en Pontones, no demasiados kilómetros. Aunque érmos conscientes de que hacer menos el primer día iba a suponer ir “a calzón quitado” el resto de días pero el Congrio insistió que merecía la pena dormir en el Albergue de Pontones. (BUEEEENO).

A las 11 menos cuarto llamo por teléfono al su majestad, resulta que ya estaba en Pozo Alcón, iba a comprar pan y se iba para el área recreativa junto al Embalse de la Bolera, prepararía todo y me esperaría junto a la carretera.

Bien, tiro directo y llego puntual… ¿dónde está el Sr. Congrio?

Camping a la izquierda, área recreativa a la derecha, no veo coche que me resulte familiar ni bici alguna. Sigo carretera adelante, embalse, área recreativa donde hay un restaurante… nada, y por supuesto cobertura móvil ni por asomo. Sigo más adelante, no encuentro nada, llego hasta el límite de la provincia de Granada. Doy la vuelta, vuelvo hacia el área recreativa junto al camping: nada. Resumiendo: casi una hora dando vueltas, entrando incluso en la pista que da acceso al GR-247 y ni rastro del Congrio.

Harto de dar vueltas decido salir de ese “agujero negro de la cobertura” y buscar a ver si puedo llamar, con la esperanza de que mi compañero haya tenido la misma genial idea: sí, la había tenido mucho antes.

Hablamos y resulta que había salido a buscarme cuando llegó, pero debimos cruzarnos mientras él estaba sacando las cosas del coche… coche que yo NO conocía (nuevo en la plaza).

En fin, saco los trastos, nos saludamos, monto todo, salto sobre el sillín y me despido de mi coche (espero que no lo den por abandonado y se lo lleve la grúa); vamos con una hora de retraso pero el día es largo y Pontones no está muy lejos (Congrio, más te vale que el albergue merezca la pena).

Las bicis cargadas hasta las trancas pesan: portabultos, alforjas, comida, camping gas, cartucho de repuesto, tienda de campaña, sacos de dormir, aislantes, camelback, ropa, zapatillas, herramientas, etc etc etc etc etc… Vamos preparados como para sobrevivir a un holocausto nuclear.

Lo que mola de todo esto es que es mucho más fácil hacer caballitos, que te puedes tirar a tumba abierta por pendientes muuuuy pronunciadas (llevas mucho peso atrás y no se levanta tan fácilmente) y en general va como un trasatlántico sin moverse del camino incluso sin manos.

Lo que no mola es tener que tirar de tanto peso cuesta arriba y que con tanto peso detrás la rueda delantera va muuuy ligera y a veces decide ir por su cuenta cuando quieres girar (hay que pensar un poco más y un poco antes), pero no se puede tener todo en esta vida….

La pista es tranquila, el comienzo del GR-247 por detrás del Embalse de la Bolera: muy bonito, con puentes sobre riachuelos, granjas con lechones ibéricos que son como perricos y no huyen, un par de senderos, las primeras subidas… Agua casi por todos sitios, el río Guadalentín que cruzamos varias veces, chorros de agua fresquita que salen de la montaña, árboles que dan sombra…. una maravilla.

Decidimos parar a comer junto al río usando este mismo como nevera, y mientras engullimos aparece un grupo de mallorquines que recorrían el sendero al revés (tenían pinta de venir muy ligeros de equipaje, sólo con transportines de tija). Resulta que están haciendo la ruta (me pareció entender) desde la zona de Siles hasta Pozo Alcón…. menos de la mitad de lo que nos esperaba a nosotros.

Terminados reemprendemos la marcha, y comienza a subir hacia los 1600 – 1800 metros, el resto del día sería un subeybaja por esas alturas, unas llanuras de alta montaña llenas de ovejas, cabras, vacas y caballos sueltos.

En una curva a derechas mi rueda delantera decide seguir recta, así que yo decido bajarme en marcha y dejar que la bici se caiga sola: un poco de comida espachurrada en la alforja derecha pero nada grave. Hoy cenamos papilla.

Mi rueda trasera decide dar por saco y comienza a perder aire cuando nos disponemos a bajar. No puede ser, el líquido sellante debe estar seco: gran fallo.

Dando aire consigo llegar a Pontones sin mayores problemas.

Antes del pueblo está el Nacimiento del Río Segura, sale el agua de una poza en el suelo, digno de ver.

Bajamos hasta la plaza, buscamos un Bar que pertenece a los dueños del mismo Albergue, nos dan las llaves, compramos algunas cosas en una tienda y subimos (está en la parte alta del pueblo).. ¿¡¿¡otra vez para arriba?!?! Sí merece la pena que esté en alto porque las vistas son impresionantes y el Albergue está REALMENTE MUY BIEN (te has salvado, Congrio).

Nos damos una ducha caliente, hacemos unos macarrones para cenar (chincha, Jaime) y mientras reparo la rueda trasera para que no dé por saco.

Como buenos niños, nos vamos a dormir pronto. Hay 4 literas (8 camas), así que nos ponemos uno en cada punta para no pelearnos.

Dormí muy poco, no sé si era la emoción…

DÍA 2: ¡¡¡MI REINO POR UN 34!!!

Nos levantamos pronto, las vistas del amanecer desde el albergue de día son aún más bonitas que las del atardecer.

Desayunamos como campeones, recogemos todo y para abajo a entregar las llaves y pagar. En la panadería tenemos obligación de comprar pan de Pontones, y un par de cañones de chocolate que había por allí también se vienen con nosotros.

Nada más salir del pueblo, la primera en la frente: en frío, plato pequeño, piñon grande y para arriba con la lengua fuera. Sería la primera vez que hablamos de desarrollos; el Congrio me veía un poco atascado y me pregunta qué cassette llevo. ¿Yo? 11-32. La bici venía originalmente con un 11-34 pero me sentía raro, lo cambié por un 11-32 y hasta la fecha. También en aquel momento yo aún era un jovenzuelo y no tenía planes de arrastrar varias decenas de kilos metidas en alforjas… y ahora ya no soy un jovenzuelo.

Abandonamos la carretera y nos metemos en veredas… reprimo mis deseos de pedir un 34, aprieto el culo y salvo el honor como puedo.

Los siguientes senderos son una maravilla, me recordaban un poco a la parte alta del Camarate: ligero subeybaja, luego para arriba, luego para abajo, estrechos pero cómodos y rápidos. Comenzamos a descender por una estrecha carreterilla y al llegar a una pequeña aldea (Poyotello), giro a la izquierda y sesión de “EXTREME DOWNHILL con Alforjas”.

El sendero que baja hasta el barranco del Segura me recuerda al pedregoso sendero que baja desde Fuente Alta hasta Celín, cerca de El Ejido… pero con más piedras aún.

Las alforjas saltan bailando la Yenka, de pedrusco en pedrusco… ¡¡Congrio, vamos a romper algo!! ¡¡STOP!! Llegamos a un sitio donde primero tenemos que tirar las bicis y luego saltar nosotros, pero… como comprobaría más adelante y en los días sucesivos: en Cazorla, todo berenjenal acaba mereciendo la pena. Esta vez en forma de “La cueva del agua”, una impresionante cueva desde la que mana el agua de una de las fuentes del Segura, corre a lo largo de la cueva y se filtra para caer más abajo al río. Un espectáculo.

Seguimos un poco más hasta un mirador, nos sentamos en unos bancos y damos cuenta de uno de los cañones de chocolate mientras observamos el cañón del río. Brutal.

Seguimos bajando, el sendero se hace ciclable, rápido y divertido hasta una pequeña aldea (Huelga Utrera), cruzamos el río por un estrecho puente sin barandillas ni nada (me viene a la mente el programa Humor Amarillo), el sendero continúa por la margen izquierda del Segura y llegamos hasta el cruce con el Río Madera.

Desde el puente miramos las enormes pozas de este río, tan transparente que se ve el fondo, y apretando ya el sol tenemos que reprimir el deseo de meternos (el agua está también fría de co___es).

Comenzamos la primera subida seria del día, por carretera. Primero junto al Río Madera y después junto al Arroyo de los Anchos. La carretera se convierte en pista y de repente se acaba la vegetación: un incendio había acabado recientemente con una buena parte del bosque en esta zona: andamos ya cerca de Castilla la Mancha (Albacete). Un rampón de tierra saca de mí el primer lamento: “¡¡¡Mi reino por un 34!!!” No funcionó, tuve que apañarme con el 32. Los buitres andaban revoloteando por nuestras cabezas, cerca del mediodía no vendría mal comer algo, así que al final de la subida y antes de emprender la bajada hacia Siles decidimos comer bajo unos árboles.

El Congrio llevaba un rato escuchando un ruido raro en las alforjas: al mirar nos encontramos con que el tirante central izquierdo se ha partido… no le ha gustado el Extreme Downhill con 30 kilos en las alforjas.

¿¿Ahora qué??

En principio improviso algo para llegar a Siles y buscar algún sitio donde nos lo puedan soldar: una brida que mantiene juntos los dos tirantes y otra en la parte achatada para que la primera no se escape. No parece una maravilla pero debería llegar.

Comiendo escucho como un ronroneo tipo maquinaria con falta de engrase (ron ron ñic ñic)… es el cerebro del Congrio buscando una solución a base de pulpos. Este hombre lo arregla todo con un cacho de goma… ¡¡¡si McGyver levantara la cabeza!!!

Coge uno de los pulpos, lo agarra al basculante, rodea la alforja izquierda y lo ata al soporte trasero del portabultos: eso no se mueve ni a patadas.

Aguanta la bajada rápida a Siles sin problemas así que decide que sigamos y no perdamos tiempo: eso tiene que aguantar hasta Pozo Alcón (más nos vale).

Los senderos camino de Segura de la Sierra son espectaculares: la alforja izquierda va rozando la maleza (pocas alforjas deben haber pasado por aquí) y la alforja derecha viaja sobre el VACÍO de un respetable barranco… mejor no tener vértigo por aquí.

Acierto a distinguir entre los árboles el Acebo, y no es que yo sea muy listo, es un asunto navideño que no viene al caso.

Vemos Orcera desde arriba y… y… ensimismado con el paisaje y el bonito sendero me doy de morros con la subida a Segura de la Sierra.

El paredón que tengo enfrente no es para un 34, es para algo aún más serio como un Telesilla. Después de ese paredón otro, luego otro, y otro, y otro más… ¿¿pero dónde han puesto este pueblo?? El sol también se apunta a la fiesta: aquí no hay bosque, sólo rampones y un sol que parte las pìedras.

Después de ver un par de veces la guadaña llego al pueblo. Nos vamos a la fuente y aparte de cargar agua como si la fueran a prohibir metemos bajo el agua TODO menos las alforjas; habríamos ganado tiempo metiéndonos enteros pero está feo.

Buscamos una tienda para comprar, desde Pontones es el primer (y único) pueblo que pasamos.

De paso merendamos en un banco: nos queda bajar hacia el Embalse del Tranco, rodearlo y subir al Camping.

Una vez abajo y cuando nos disponemos a subir… el Congrio echa en falta la mochila. ¡¡Se había quedado en el banco, ARRIBA DEL TODO!!

Media vuelta, tó p’arriba.

En el primer pueblo el Congrio me hace una transferencia de equipaje para ir ligero y subir más rápido, con lo que acabo quedándome con la custodia exclusiva de TODO EL EQUIPAJE. Podría haber montado un mercadillo y huír con los beneficios pero no me iba a dar para jubilarme así que decido seguir disimulando y aparentar que soy buena gente (lo tengo engañado desde hace un porrón de años… pobrecico, un día conocerás mi verdadero yo).

¡Y allí estaba la mochila! En el mismo banco, nadie la había tocado.

Regresa el Congrio después del recalentón, cargamos y camino del Embalse como cohetes: el tiempo pasa, la noche viene y el Camping está lejos…. pero no tenemos nervios, ya sabemos que no vamos a llegar y para eso está la tienda de campaña y la noche que confunde.

Llegando junto al embalse la noche empieza a asomarse, hay que buscar donde montar el campamento y al final encontramos una pequeña explanada que ni hecha a conciencia.

Plantamos la tienda, nos aseamos un poco (lavada gatuna, pero con toallitas) preparamos una sopa y cenamos.

Los mosquitos quieren unirse a la fiesta pero me traje repelente así que nos salvamos de ser devorados.

A dormir como los pollicos: cuando se va el sol.

En el grupo de Whatsapp hay cachondeo sobre el ambiente en la tienda, después de perseguir al Congrio un rato (es escurridizo como su propio nombre indica) me canso de dar vueltas a la tienda de una plaza y media.

Decido abrazar la funda de mi saco de dormir relleno de ropa (la almohada de los trotamundos) y a planchar la oreja.

DÍA 3: MI REINO POR UN 34, PARTE 2.

Despertamos junto al Embalse del Tranco (que no del Trancazo), salimos del nidito de amor, desayunamos como campeones y recogimos todo el campamento. Montamos todo y pusimos rumbo hacia el Camping que el día anterior se nos resistió, al fin y al cabo había que pasar por la puerta.

El tramo que discurre por la margen oeste del embalse va formando pequeños acantilados, me recuerdan algunas zonas de Cabo de Gata pero con vegetación; algunos riachuelos desembocan en forma de pequeñas cascadas.

Así tan felizmente entretenidos nos dimos de morros con la primera del día: la pestosa subida desde el embalse al camping: rampones para el 34, así que con el 32 y la lengua fuera. Para colmo mi rueda rasera vuelve a requerir mi atención…. ¿¿¡¡OTRA VEZ!!?? En fin… llegamos al camping, meto un poco de aire y seguimos: hay que subir un puerto, no es para llevar permanentemente el 34 pero no me habría venido mal en algunas rampas.

Harto de bombear aire decido reparar con una mecha y una aguja (el kit repara-Tubeless cutre), ante el teléfono del Congrio y el cachondeo del Whatsapp. Pero contra todo pronóstico (para ellos, que yo sabía que soy un McGyver) funciona. Nico, piensa en tu castigo. XD

Cuando más felices me las prometía llegó el momento del “Senderismo Extremo con lastre”. En una curva el track aparece pintado sobre un barranco de piedras cuesta arriba: miro y remiro el track, no puede ser; no hay postes ni camino, ni senda ni nada que se le parezca. No lo hay porque es un tramo de “hazlo por donde puedas”, pero el Congrio ya lo sabía. Al igual que sabía que se trata de un bucle que vuelve a la misma pista por la que veníamos.

Pero como suele suceder y dije antes, los berenjenales en Cazora SIEMPRE merecen la pena. Después de kilómetros empujando la bici entre pedruscos y bajo el sol, después de subir y bajar cerros donde no existía ni siquiera el sendero, pedregales en los que había que tirar la bici y luego tirarte tú, sin fuentes de agua…. después de todo eso, almorzar disfrutando las vistas que se pueden contemplar no tiene precio, puede parecer mentira pero compensa. Una vez más, saltarse tramos, por duros que sean, no merece la pena. Te perderás algo guapo, FIJO. Aunque toda la mañana para hacer escasos 20kms dan una idea del terreno.

Comenzamos a bajar por fin, pista “ciclable” donde mis alforjas deciden que jugar con los radios debe ser divertido pero a mí no me hace ni puñetera gracia, menos mal que los radios de las CrossMax son duros y no hubo mayores problemas, seguimos hasta toparnos con una fuente, atracón de agua y más senderos, esta vez ciclables casi siempre: para arriba, para abajo, hasta un merendero donde decidimos parar a comer, antes de afrontar LA SUBIDA del día.

Mediodía, sol de justicia, carretera siempre para arriba que hay que alcanzar cotas cercanas a los 1800mts (una vez más), rampones para llevar, no un 34, sino un 38!!

Después de ver cara a cara a la misma muerte subiendo a Segura de la Sierra, pensaba que ya lo había visto todo… pero no, los buitres dando vueltas (deberían habernos visto la cara) deberían estar esperando tener 70 kilos de chicha para la merienda con la que estaba cayendo. Ví la guadaña un par de veces pero no llegó la sangre al río.

Afortunadamente a partir de CIERTA ALTURA (bastante) comenzaron a aparecer frescas fuentes, la carretera se hizo un poco más llevadera y comenzamos un “subeybaja” entre los 1600 a 1800mts, la cosa se puso más cómoda y el paisaje cada vez más espectacular.

Merendamos, luego una bajada y otra vez para arriba, buscando cotas altas donde se encuentran los refugios.

Nuestra intención inicial, después de la paliza que llevábamos encima, era llegar al primer refugio, pero viendo que aún quedaban bastantes horas de luz, de alguna manera sabíamos que podíamos llegar hasta el último (La Zarza, justo encima de ArroyoFrío).

Al llegar al primer refugio comprobamos que aquello es más bien un área recreativa techada en toda regla: columpios, barbacoas, mesas de cemento… todo a cubierto y muy nuevo; detrás y separado con su entrada propia, el “refugio” en sí. Decidimos seguir, tenemos muchas horas de luz aún por delante, muchos kilómetros y todo lo que dejemos hoy se acumulará para el último día que, además, es terreno totalmente desconocido incluso para el Congrio.

El paisaje, como es costumbre a esas alturas es cada vez más bonito: prados de alta montaña sobre todo, senderos (algunos con bastante piedra) y unas vistas sólo al alcance de la reina; las cámaras no hacen justicia a la realidad.

Comenzamos a descender por un bosque, el refugio no debe andar lejos pero el sol cada vez está más desdibujado (vamos por la ladera este) y no aparece. Pero sí, al poco aparece y se nos muestra en un pequeño claro. Tiene una valla fuera y un recinto cerrado, será para que no entren los osos, si es que les da por venir a estas latitudes.

Nos preparamos otro cacerolón de macarrones e improviso una cuchara con la tapadera de la lata de atún; hay que agudizar el ingenio.

Tiramos los sacos y… ¡hala, a dormir!

DÍA 4: ¿QUÉ HABRÁ POR AHÍ ARRIBA?

Amanece en el refugio de la Zarza, el desayuno salado no termina de convencernos, se echa en falta algo dulce… en las despensas (las alforjas) no hay nada con azúcar, y unos churros con chocolate no estarían mal, así que decidimos que nuestro objetivo más inmediato, aparte de llenar la despensa, es darnos un homenaje digno del final de una noche de borrachera cualquiera.

Bajamos el puerto de las Palomas y nos acercamos a la civilización, en Cazorla encontramos una tienda, el panadero está a punto de venir con el pan de la mañana, y de paso se viene con nosotros una bandeja de bizcocho.

Una vez llena la despensa toca buscar una churrería: de Cazorla no nos vamos sin mojar el churro. Hay que hacer mención especial a la churrería, muy cerca de la Plaza Central (la más grande) del pueblo. Dos vasos de chocolate y una rueda de churros… ¡¡4 €uros!! Increíble, en cualquier sitio te habrían soplado como mínimo el doble. Así que doble placer, nos ponemos como el tío Kiko, cargamos agua “hasta el copetín” (por lo que pueda pasar) y empezamos a subir y bajar calles para no meternos por dirección prohibida delante de la Policía Local, qué mal tienen organizado el tráfico aquí.

Vamos buscando la salida del pueblo por la parte de arriba, obviamente eso no puede traer nada bueno, y efectivamente no lo trae: RAMPONES como para llevar 4 platos y un piñón de 66 dientes… JODERRR!!!

Ahí voy, abandonado a mi suerte con el 32 y viendo cómo se me escapa “Pantani” con su alegre cadencia del 34.

Agacho la cabeza para concentrarme pero es imposible: si miras hacia la derecha ves todo el Olivar de Jaén, es imposible concentrarse, mejor disfrutar y dejar que la respiración vaya por sí sola.

Tierra (¡¡por fin!!), bosques, senderos, fuente de agua, mirador, Buitres, Águilas,… esto está mejor.

Al llegar arriba decidimos darle un tiento a Bizcocho; se supone que el Track baja hacia Tiscar.

En el cruce donde hemos parado pone “Nacimiento del Guadalquivir” hacia arriba. Recordamos la crónica que leímos de esta etapa, y aparte de un ilustre restaurante (DE TACO), el paisaje no ofrece nada reseñable.

Decidimos que meternos hacia el Guadalquivir y subir hasta las cumbres más altas parece un plan mejor… al menos visualmente.

Después de dar cuenta de TODO el bizcocho decidimos seguir subiendo por nuestra nueva ruta, ajenos a lo que vamos a encontrar.

Y venga para arriba… al rato comienza la bajada hacia el Nacimiento, y una vez visto y catado (chapuzón del Congrio): TÓ P’ARRIBA otra vez más. Hemos perdido mucha altura y hay que recuperarla de nuevo…. bajo un sol abrasador (cómo no), pedaleando de sombra en sombra.

Rozando los 1900mts paramos a comer.

Con la tripa llena bajamos para encontrarnos de nuevo con el Track, a partir de ahí el terreno se pone indeciso: para arriba, para abajo, para arriba, para abajo.

La bajada hacia el embalse de la bolera no aparece nunca. Pero por fin el camino decide bajar… y no suavemente, hay dos o tres tramos que con nieve podrían pasar perfectamente por Pista Roja… pero con piedras, bastantes, muchas. Un poco de emoción. Una poca más, la verdad.

Terminamos la bajada, llaneamos un poco y ahí están esperando los coches.

FIN.

Moraleja 1: Hay que repetir esta ruta SÍ O SÍ, pero esta vez en 3 días.

Moraleja 2: Donde dije 3 días, quiero decir 6 días.