Explorando por Senés

Senes from Los Mastrinkais on Vimeo.

CRÓNICA DE UNA RUTA EN SENÉS (Por Patricia Ibáñez)

Todo comenzó aquella tarde planificando los días de salida para esa semana, la conversación de whats app fue tal que así:
Patricia: Oye Ana, podríamos salir miércoles, jueves y sábado. ¿Qué te parece?
Ana: Muy bien, el sábado vamos con la gente del club que irá por ahí de ruta.
Patricia: Ok, me parece bien.
Hasta ahí todo fueron buenas noticias, pero llegó el viernes y el Congrio me escribió otro mensaje “mañana te recojo en tu puerta a las 7.50”, pero Dios mío, este tío no sabe que es sábado, podríamos quedar a las 9, pero bueno, como no quiero dar mucho tormento acepto.
Y allí estábamos, en la casa del Congrio esperando a Cano,… iniciamos rumbo hacia Senés, claro la ruta empieza a las 9, hora normal pero en Senés.
Bien, nos abrigamos bastante, y ya me dan la primera noticia, la ruta son 60 kilómetros y 2000 metros de desnivel, pero tranquila que es poco a poco. Yo tan tranquila comienzo a subir una cuesta (no sabía que la cuesta iba a durar hasta el kilómetro 50), iba muy contenta porque había entablado conversación con Jorge “El comandante” y habíamos caído en la cuenta de que conoce a mi padre, estaba entusiasmada charlando con él, así que no se me hizo muy duro el comienzo.
Cuando ya llevábamos un rato, en una de las paradas en las que esta gente, TAN BUENA, te espera me da por preguntar cuántos kilómetros llevamos y me dicen 12, ¡SÓLO 12!, digo yo e insisto “venga decidme la verdad”, bueno… son 11.8. No me lo podía creer, pero sí era cierto llevábamos 12 kilómetros y ya tenía un dolor de culo que no veas, la que me esperaba. No sé por qué pensé en voz alta y me advirtieron que debía de ponerme de pie algunas veces subiendo para descansar mi culo y mis piernas, pero claro yo no sabía, Diego que es un gran maestro me enseñó, sólo tuvo que decirme la siguiente frase, es que fue preciosa “tienes que bailar con la bicicleta”, dicho y hecho.

Tras el kilómetro 12 comenzamos a bajar un poco, empecé a pensar, ¡qué bien, voy a recuperarme un poquito!”, pero ya te digo yo que a los pocos minutos otra vez comenzó la cuesta “parriba”. Aquí aprendí otro concepto, lo que viene siendo el velcro en CALIDAD EXTREMA, yo no sabía lo que era, sólo notaba que mis ruedas se quedaban pegadas al suelo, si a esto le añades que tengo cero técnica y menos uno en equilibrio, se hace la combinación perfecta.
A partir de aquí sólo recuerdo una cuesta detrás de otra, y otra cuesta, y otra cuesta, y mis piernas entumecidas, no sabía si me dolían o era que iban a explotar, a todo esto seguí subiendo muchos kilómetros más, y llegó el mejor momento de la ruta, el bocadillo, ¡cómo puede saber tan rico un bocadillo cuando estás muerto de cansancio! Llegó el momento de volver a subirse en la bici y pregunté, “¿cuánto queda de subida?”, Bichito ya me había avisado que no preguntara que yo sólo pedaleara, uno de los buenos compañeros de la ruta me dijo que tan sólo 5 kilómetros, pero realmente eran ¡¡¡¡18!!!!, se oía “tranquila Patri que son livianos, sólo los últimos 500 metros”.
Yo continué a lo mío, mi objetivo en cualquier ruta es NO CAERME, yo tranquila y a mi ritmo seguí pedaleando, subiendo, pensando en ¡me cago Ana, pa qué mierda le hago yo caso y vengo aquí!, también se me pasaba por la cabeza ¡la próxima vez va a venir el congrio de tu prima porque yo no!, ¡además no pienso ir a la invernal!…
Ya tenía que quedar menos, por pantalones, y comenzamos a bajar una ramblilla, algunos se reían y decían “Patri tú tiembla, que siempre que hay bajada luego…” NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, otra vez, siiiiiii, a subir, ya no recuerdo si fue aquí o no, yo sólo sé que me dijeron, a partir de aquí sí que quedan 5 kilómetros de subida, estaban todos esperándome y ni si quiera paré por vergüenza, sí, llegó el momento en que iba a empezar a llorar, no sabía si pegarle una torta al Congrio, llorar, gritar, enfadarme con Raúl por no haber venido para darnos la vuelta…, así que no volví a quejarme, decidí dejar de hablar.
Y por fin, llegamos al punto más alto, estaban todos esperándome, bueno esperándonos, porque los buenos de Congrio, al que quería pegar antes, y Alonso se quedaron conmigo todo el tiempo para que no subiera sola. Vamos a bajar, me cambio rápido y empiezo a bajar, no sé si recordáis que uno de mis objetivos es no caerme, pues me meten por una bajada hiper-difícil, evidentemente en algunos tramos me bajé de la bicicleta.
Ahora sí que San Congrio, con lo que le gusta a él correr tuvo la santa paciencia de estar a mi lado, yo que soy un TOPO, literal, para bajar en bici, pero bueno. Realmente se me hizo eterna, ya no tenía fuerza en los brazos para sujetar el manillar, algunas veces creía que estaba mejor subiendo, sí lo prometo, lo pensé. Y llegamos, no me lo puedo creer pero sí, allí estábamos otra vez en Senés, y lo mejor de todo no me había caído, algo frecuente en mí, cuando yo ví los coches no me lo creía, le dí mi bici a Ana y Congrio para que la guardaran porque yo no podía más.
Tengo que decir que lo mejor de la ruta fue la compañía, pero que a parte del sufrimiento pude disfrutar de unos paisajes preciosos: almendros en flor, la tética de Bacares, Pinos, procesionaria, y ya no recuerdo nada más porque estaba TAN CANSADA que no pude memorizar.
Muchas gracias a tod@s por vuestra paciencia y por hacerme sentir tan bien en esos momentos tan malos.
P.D. Lo mejor de la ruta fue la compañía y las cervezas de después.

Senés