Invernal 2015

Invernal Mastrinkais 2015

(Crónica de Miguel).

Antes de nada, voy a morderme la lengua y obviar los nombres que hay en la lista de los que merecen “susto” o directamente morir… Aunque todos ya sabemos los nombres de los traidores… ;-)

Como casi todas las crónicas, esta empieza un tiempo antes.

“Nos estamos viendo por encima de nuestras posibilidades” me dijo Diego cuando supo que iba a Calar Alto. “Nos estamos viendo por encima de nuestras posibilidades” me dijo el Congrio el Viernes al llegar a su casa, justo antes de salir hacia la primera etapa de la Invernal.

Por cierto Diego, déjate de rollos, que si forma física que si trabajo que si pitos que si flautas: que tú faltes a una Invernal es un delito Federal. Aplícate el cuento que la vamos a repetir antes de que el frío se vaya… y si es con mucha nieve, mejor.

La invernal estaba planificada en una fecha en la que yo supuestamente lo tendría más “a huevo”, se acerca la fecha y Carlos pide confirmaciones… pero es que yo no puedo saberlo casi hasta última hora.

Después de un cortejo por parte del Congrio en Facebook no me podía perder la Invernal, y más cuando la Congria había dado su consentimiento en forma de “Me gusta” a todos los mensajitos subidos de tono (y de carácter público) que nos intercambiamos (a estas alturas nuestro prestigio social no puede caer más bajo, me voy a quedar para vestir santos). Diego, tú no mires.

DÍA 1. LA NOCHE NOS CONFUNDE.

Aunque confirmo mi asistencia, la noche anterior casi le veo las orejas al lobo: una ausencia no prevista en el trabajo (otra más) me hace temer una “fatídica nota” para desbaratarme el fin de semana pero no, milagrosamente no. Termino el turno y me acuesto.

Me levanto sobre las 11:30 con pocas horas de sueño; la verdad es que llevo 6 noches en los últimos 7 días y poco sueño encima (no soy aficionado a dormir cuando ha salido el sol), pero las ganas de estrenar las alforjas no dejan que el cansancio aparezca.

Los dos “traidores” han salido hace rato… merecen morir…, porque dicen que no quieren que se les haga de noche (mariqüitas) y aunque les advertimos de que pueden conmutar la pena por “Susto” si llevan carne para la cena, parece que no están por la labor. Prefieren morir de pie.

Preparo los bártulos y salgo para Almería, en casa del Congrio me esperan Raúl, Finidi y el mismo anfitrión, desmonto la bici, engancho las alforjas, preparamos todo y en marcha.

Mi primera impresión es que con tanto peso detrás (comida, ropa, saco de dormir y bártulos en general) hacer caballitos es mucho más fácil… pero vamos a dejarnos de florituras que nos quedan 3 días por delante.

Salimos a ritmo alegre, Finidi nos va a acompañar hasta donde vaya dando la luz del sol y luego se vuelve (tiene comida de amigos de la infancia, se pensaba que iba a comer mejores manjares que en el Cortijo de Eustaquio… iluso), pasamos por Gádor y para arriba.

Finidi se vuelve y quedamos los tres a nuestra suerte.

Vamos alegres de ritmo más que nada porque el sol se va rápido y queremos salir de la carretera antes de que se haga de noche, así llegamos a Instinción y paramos para coger agua; el sol ya empieza a despedirse y nos queda mucho camino… uno de los traidores pide Ibuprofeno.

¿¿?? A buenas horas… ¿Dónde vamos a comprar eso? ¿En la pista del área del Cristal? ¿En la barriada de Alcora? ¿En el camino de Cacín?

La pista que nos llevaría hasta Alcora es testigo de la desaparición del Sol, ya no vemos ni a tres en un burro y decidimos encender los espantaliebres…. ¡La vin compae, parece que se ha hecho de día!

Al pasar Alcora la cuesta de tierra que nos lleva hasta el camino de Cacín se ceba con nosotros… de noche todos los gatos son pardos, y esta cuesta hasta con luces es complicada. Aún así la subimos como podemos tratando de mantener el equilibrio y seguimos a la búqueda del cruce que sube a Barjalí, una de las subidas más “pestosas”: dura, interminable, sin curvas…

Al llegar a un falso llano le digo al Congrio “esto me suena”, casi nos comemos el cruce al Cortijo de Eustaquio pero no nos pasamos de frenada.

Al llegar, los traidores andaban escondidos para tratar de asustarnos (a estas alturas ya no nos asusta ni Carmen de Mairena en taparrabos) y dicen que tienen el fuego encendido pero… perooo… ¿¿¡¡pero esto qué es!!??, en la chimenea hay una pequeña ascua que echa humo y no calienta. Tenemos que llegar los rezagados para darle alegría a esa chimenea,. Menos mal que Eustaquio dejó la nevera cargada de cervezas porque si de estos dos depende nos morimos de frío y sed. Ni carne ni fuego, os la estáis buscando vosotros dos.

La cena es un festival ibérico (herencia del fin de semana anterior en Grazalema): jamón de 5 jotas, embutido ibérico, gazpacho, queso de cabras “payoyas”….

Teminados, saca el Congrio la baraja de cartas; habéis conseguido conmigo lo que hace años nadie conseguía: hacerme jugar… en este caso a la Brisca. Vamos recordando como podemos las reglas, excepto uno que se empeña en repartir cartas y reincide en repartir 6 (y si no lo paran, 9).

Damos cuenta del Ron Miel de Eu, le metemos mano al mueble bar de Eustaquio, el Ron Miel está casi acabado y decido adulterarlo con anís… debería tener solera o igual era alcohol de quemar porque acabó por rematarme…. Kaputt!

A dormir como un lirón, y sin chorizo.

Por lo visto se volvieron a repartir 6 cartas en algunas otras rondas pero no fui testigo de semejantes hazañas.

DÍA 2. LA CÁMARA DE GAS.

El teléfono del Congrio empieza a rebuznar…, el anís me da los buenos días; bueno, los resacosos días.

Alguien en la habitación dice que se va a volver también, que “no está lesionado pero se va a lesionar, pero nosotros no lo vamos a entender”. En fin… tratamos de convencerlo pero no se deja.

Saltamos de los sacos de dormir, desayunamos como campeones, recogemos, cargamos y salimos hacia arriba, que hay que terminar de subir Sierra de Gádor… y de sudar el “Ron Miel” o lo que sea ese mejunje que acabamos bebiendo.

Hagamos un pequeño inciso para describir la deserción, y con objeto de no ofender, llamaremos al desertor “Celebridad” y al que quería grabar el momento “Paparazzi” porque parecía la persecución de la Pantoja. Los conocedores de la historia ya sabéis los nombres, no hace falta que el público general los sepa.

Al llegar al cruce que sube hacia Barjalí o baja hacia Cacín, la celebridad empieza a cantinflear para que el Paparazzi no lo grabe desertando: comienza a subir con Raúl y Yo, mira hacia atrás (el Paparazzi le espera en el cruce con el teleobjetivo apuntando), sigue hacia arriba, la Celebridad quiere que aumentemos el ritmo (el Paparazzi sigue esperando), la Celebridad se esconde en el bosque y el Paparazzi sube a buscarlo… pero el teleobjetivo es implacable y deja testimonio visual de la deserción, incluyendo una “pelea de lobos” en círculos.

Otra vez los tres solos, y así sería el resto de los días.

Subimos Barjalí e iniciamos la “bajada” hacia la fuente de la Parra (no sé qué bajada ni qué narices porque llaneamos y subimos más que bajar). Se me congelan los dedos de las manos y los pies.

La “bajada” se hace eterna, y es que en realidad hasta el mirador de Julio Verne no se baja realmente. Entre medias vamos hablando de migas y surge incluso la idea de comprar Sémola y hacer unas para cenar en el refugio.

Antes de llegar a los llanos de Caparidán cazamos a un grupo de “ciclistas saludables”… se les reconoce por tener un sólo abdominal bastante desarrollado (ahora los llaman “fofisanos”). Nos abrigamos y comenzamos a bajar, adelantamos nuevamente bajando a los ciclistas saludables y llegamos a Laujar de Andarax.

Cargamos agua, compramos pan y mantecados; el Congrio vigila las bicis mientras Raúl y yo entramos al supermercado de los PinyPon.

Se nos va la cabeza comprando carne lomos, salchichas, chorizos picantes…), pastelitos ricos en colesterol y “Cacacolas” para el jovencico (pero zero, que se le sube el azúcar a la cabeza y luego da resaca).

Cargamos las alforjas hasta las trancas y al salir de Laujar nos encontramos con el Comandante, Bichito, Alonso y Vítel (que no traía mazapanes). Nos reciben como héroes, nos dan la extrema unción y nos mandan hacia arriba.

Mi cubierta delantera está un poco floja pero paso de parar a meterle aire y como todo el peso está detrás (en las alforjas) tampoco hay demasiado problema.

La subida a Monterrey se pone durilla con los rampones de asfalto degradado y las alforjas con el peso extra; pero al terminar el asfalto se hace muuuuuy larga, larguísima. Se han llevado el refugio a donde Judas perdió la chancleta y no quiso volver a buscarla.

Pero por fin, a 2.200mts, al pie del Chullo, allí está el Refugio de las Minillas. Lo de refugio es una forma de hablar porque salvo algunos aspectos se asemeja más a una Casa Rural bien equipada: mesas, sillas, chimenea, estufa de leña, servicio, cocina….. ¡hasta un generador! Vamos, un chalet en la Sierra.

Decidimos renunciar a las comodidades (no es el fin de esta ruta), y usar nuestras velas, el fuego y hacer nuestras “cosas” en el campo (como los zorros).

Como hemos llegado de día aún tenemos margen, nos cambiamos la ropa, encendemos fuego y la ponemos a secar. Ya de paso sacamos la baraja y dicen que vamos a jugar “cada uno con su pellejo”, tras un momento de confusión en que mi mente calenturienta pensaba que nos íbamos a “sacudir la sardina” (cada uno la suya, ojo), me enteré de que eso es jugar individual en lugar de por parejas (menos mal, respiré tranquilo y me concentré en no repartir más de 3 cartas por cabeza).

Entre partida y partida tuvimos tiempo de hacer merienda/cena, cena y antes de meternos en los sacos una recena con chorizos picantes (esto son chorizos y no el Bárcenas ese). Historias para “no dormir” y a dormir.

La chimenea tenía algún fallo de diseño y cierta tendencia a tirar el humo hacia el sitio equivocado, pues salía más humo por el refugio que por la chimenea… parecía una cámara de gas (con permiso de las “armas químicas”).

A medianoche tuvimos que apagar el fuego para no morir “gaseados” (al menos no por mezcla de gases)…. y la verdad es que hacía frío, el Metano por sí sólo no calienta.

DÍA 3. ALFORJAS VOLADORAS.

Rebuzna nuevamente el teléfono del Congrio, ese sonido me lo conozco yo, nos levantamos y les cambiamos el agua a nuestros respectivos canarios… Le metemos mano a todo lo dulce y volvemos a comprobar que en las alforjas cabe más comida de la que pueden procesar nuestros estómagos… y mantecados, sobre todo mantecados caseros de Laujar.

Mi rueda delantera está más floja que ayer pero paso de meterle una cámara (es Tubeless), así que le meto aire y confío en que el líquido se descongele y selle el pinchazo.

Nos vestimos para la guerra, salimos y el frío nos recibe: todo está congelado, no hay nieve pero las plantas están heladas.

Cogemos el caminito que baja un poco y… LA PRIMERA EN LA FRENTE. Nada más salir estamos ya subiendo, vestidos con todo lo posible y con 200 metros de desnivel por delante… menudo recalentón.

Pero merece la pena, cuando encontramos la pista de la cuerda (que viene desde el Puerto de la Ragua y baja hacia Ohanes a unos 2.400mts de altura) comienzan a aparecer manchas de nieve y placas de hielo que, por supuesto, no desaprovechamos y vamos pisando.

Las vistas desde esta pista son sencillamente espectaculares porque se ve casi todo (con permiso de la niebla), casi toda la provincia a golpe de ojo.

Cuando paramos para iniciar la bajada y vestirnos adecuadamente (toda la ropa que tenemos, que la bajada es larga, rápida y con temperaturas muyy bajas) tengo que volver a meterle aire a la rueda.

En la bajada se te congelan los dedos de manos y pies y los ojos te lloran estalactitas.

Acabamos bajando un sendero que había pintado la “Celebridad” (y que luego nos dejó tirados a nuestra suerte) y a mitad de bajada la alforja izquierda del Congrio empieza a bailar la Yenka: algo se ha soltado; menos mal, porque mi cubierta está muy floja y me la estoy jugando.

El Congrio inmoviliza la alforja como puede con unas bridas, y visto lo visto (entre mi rueda y sus alforjas) decidimos no arriesgar más de la cuenta, bajar a la carretera de Tices y volver hacia Almería por el asfalto.

Al pasar por Instinción tenemos visita a un compañero de Raúl, a quien le robamos unas cuantas naranjas: unas a las alforjas y otras a la barriga…. y a falta de mazapanes, más mantecados. Y aire para mi rueda (otra vez).

Salimos de Instinción con Almería en la cabeza, viento en contra y tres testarudos en bici: a tren y haciéndonos relevos, como si tuviéramos prisa… Y deberíamos tenerla porque llegamos a Almería poco más tarde de las 2. ¿¿??

Despedidas, buenos deseos, cojo el coche y me vuelvo… a que mi madre me dé algo de comer.

¡¡Ya estoy empachado de mantecados y aún no ha empezado la navidad!!

Invernal 2015 from Los Mastrinkais on Vimeo.