V Edición, Vuelta al Altiplano

Castillejar 2015 from Los Mastrinkais on Vimeo.

Asistentes: Congrio y Ana, Jorge y Montse, Vitel, Alejandro, Pepe Morales y Dorita Carasa, propietarios, estos últimos, de la cueva en el paraje de “La Balunca”.

Llegada de la expedición: Viernes noche.
Cena del viernes:
Viandas de todo tipo, con especial atención a la ensaladilla rusa de la familia Martinez. Cervezas a gogó, licores caseros también a gogó. Jorge muestra una energía desorbitada esta noche, no hay quien le pare a la hora de comer y beber. ¿Le pasará factura horas después?. El Vitel muestra siempre esa energía en la mesa, pero este hombre está hecho de kriptonita.

Mañana del sábado:
Dispuestos a salir de ruta. Jorge no muestra buena cara a madrugar, pero luego se le pasa, ¿o no?.
Salimos dirección a Fátima, pero en los primeros km nos encontramos un barrizal del que se pega bien a las ruedas. Cuando queremos esquivarlo, ya es tarde. Barro hasta las cejas. Jorge sube por el “balate” para esquivar parte. Los demás, tó tieso palante. Vitel no distingue el color de su bici. Se para a quitarle barro con un palo. La bici le pesa algunos kg de más. Ana pasa con elegancia, Congrio graba todo el proceso, y aprovecha, como los jabalíes, para pringarse un poco más de barro. Le gusta al muchacho, que le vamos a hacer…

Continuamos mientras va saltando a nuestro paso, el barro acumulado. Pasamos por una cortijada de Castril, llamada Los Cortijillos, y de aquí, en pocos km, llegamos en Fátima. Parada para comer algo. Seguimos dirección hacia el embalse San Clemente, atrevesando la Sierra de Fátima, por bellos parajes. Jorge va penando más que al inicio. El Vitel le da conversación y van tirandillo para arriba.

Vamos llegando al collado del puerto que nos guiará, cuesta abajo, hacia el embalse de S.Clemente. Esta bajada pedregosa y algo estrecha, es la que subimos, en la IV Edición, dos valerosos ciclistas, Victor y Alex, que siguieron la ruta marcada en el GPS, y terminaron de esta forma, la que quizás haya sido la edición más dura de todas; la que subía a los Campos de Hernán Perea, después de saltar una muralla de tres metros de alta, con la bici a cuestas, y con un calor sofocante. Detalles sin importancia. Estamos vivos para contarlo.
En dicha bajada, el Congrio disfruta como un chaval, hace fotos, videos, se conecta a Facebook y Twiter, lee la prensa, recoge bellotas, etc, etc…Los demás vamos bajando lentamente hasta llegar a él.

Hemos llegado a las cercanías del embalse y Jorge dice que no puede más. Está malico. Vitel le hace la reanimación boca a boca (esto último salió publicado en la revista “Hola”). Hacemos intentos por llamar a la rescatadora Montse, pero no hay cobertura. Después de un buen rato de reanimación a base de agua y alimentos, parece que continuamos la marcha dirección Huéscar.
Rodamos por el canal de S.Clemente, y extensos cultivos agrícolas, mientras seguimos intentando contactar con “la grua”. Al final se consigue, y quedamos en Huéscar. Montse viene acompañada por Dorita, que le sirve de guía, y Jorge, cuando ya parecía bastante recuperado para haber terminado la ruta, decide que “valen más unas cervezas en el bar que unos 20 km más”. Como él siempre ha dicho: “de las mejores cervezas que me he tomado en la vida”.

Los demás seguimos por la vega de Huéscar hasta Galera, atravesando paisajes repletos de flora y fauna (la fauna somos los que olemos a bicho). Bellas estampas de amapolas que hacen las delicias de los fotógrafos. En un pis-pás estamos en Galera. Nos queda poco para el almuerzo. Ya estará la lumbre ardiendo y las cervezas en el congelador. Nos dirigimos por la ladera del río Galera hasta el Cortijo del Cura, y desde aquí, atravesamos las áridas tierras repletas de espejuelos de yeso, hacia la cueva.

En un pequeño tramo de descenso, apenas a un par de km de la meta, tenemos un percance que nos asusta a todos. Caída inesperada de Ana, al pisar un charco de barro situado en una curva. Desliza la rueda delantera, y al suelo. Se retuerce de dolor porque se ha golpeado en un dedo de la mano, que ya tenía dañado de una vez anterior. La animamos entre todos, y puede seguir hasta el final.
Cruzamos las alamedas junto al rio Guardal, el de Castillejar, y último repecho hasta la cueva. El Vitel hace gala de su potencia final y esprinta para llegar primero a la línea de meta. ¿Será competitividad o ansiedad por sentarse a la mesa, cuanto antes?. Dictaminen ustedes.

Sobremesa y tarde-noche del sábado:
Este periodo abarca muchas horas, puesto que estamos degustando cantidades ingentes de cordero segureño, ausente de rejumbre, a la brasa. Se acompaña con sartén de papas fritas a la lumbre, varios cientos de litros de cerveza, y algunos vinos. Estamos de cháchara mientras el cuerpo aguante, ya no hay prisa. Sólo comer y beber hasta que nos entre sueño. Antes del sueño, imagino que tomaríamos algún otro brebaje preparado por el druida Pepe Morales.

Hasta aquí, un episodio más en el Altiplano, con lo de siempre: imprevistos varios, pero con sobre todo, buenas rutas y buenos alimentos.

Gracias a los asistentes y a los embajadores Pepe y Dorita.