EL PREDESAFÍO DE LA VIDA

6 de la mañana, del domingo 6 de octubre, ¡vaya!, parece que falta otro 6 para tener un día endiabladamente maravilloso.

Todo empezaba bien, el pescao yacía a mi lado y dormía esta vez, mientras yo escapaba de puntillas cual Cenicienta antes de acabar el hechizo. Este era escaparme unas horitas mientras mi príncipe cuidaba de mi madre. Objetivo: tenemos que hacer la ruta de la carrera para decidir si nos gusta o no la larga o la corta, de ruta, digo.

Salgo de El Ejido y Angi me recoge, al final vamos solas, 3 hombretones se han retirado: Gastón, dice que es inviable ese madrugón y me propone otro alternativa; Carlos Ramos, que está de cubatillas; y uno de la Chanata Bike que se jiña cuando se ve solo ante las damas y promete ir pero con otro grupo, de Martín Oliver.
-¿Vamos nosotras solas?,- sí, tenemos el gps, no necesitamos más. Al final viene un amigo de un amigo de Angi que ni nos conocía.

Tardamos 2 h desde Retamar a Níjar. En medio, una avalancha de ciclistas y detrás mucho polvo, tosemos, saludan. Saludo al desertor, otro me pregunta por el Congrio, y luego que quería comprar mi Santa Cruz, jajaja. Es increíble, pero lo de preguntarme por el Congrio y lo de que querían comprar esa Santa Cruz me lo han dicho en 6 ocasiones, en distintas carreras y rutas.

Paradita en Níjar para meter y sacar líquidos en/de nuestro organismo y algo de picar.
-¡Vaaaamos para arriba, Angi!, con dos…¿cojones?, no, no, ovarios, nosotras tenemos de eso.
-Sube, sube, sube. -¡Qué cuestecillas más bonicas tiene Huebro.
Seguimos subiendo, siguiendo la ruta definida por Congrio. Como la vuelta es por zona privada, la idea era volver por donde habíamos venido al llegar a los 1.034 m y 36 km.

Una vez arriba, veo 3 ciclistas que parecen querer bajar por el sitio de la carrera, les pregunto: ¿Sabéis por dónde?, -casi seguro que sí, contestan. A mí, los casi seguro no me dan buena espina, pero mis compis y los ciclistas me convencen: -es más corto. Pero, ¿y si nos perdemos?, tengo alguna experiencia en eso ya y me esperan para almorzar.

Bajamos por la finca privada donde pasa la carrera, nos perdemos, a trocho monte, rambla arriba, abajo, por aquí, por allá…¡Diooooos!, lo sabía, vemos señales de la carrera y la decidimos subir a la inversa hasta llegar arriba, hasta el camino por donde vinimos. Sube, sube, DOS MEDIOS COLATIVÍS, desfallecemos, son ya 53 km y casi todo subiendo. Nuestro amigo nos dice que somos más duras que la “roilla” de una cabra, que no nos quejamos ni nos bajamos, jajaja, poco nos faltó.

Por fin estamos arriba, ya solo dejarse caer. Sí, sí, dejarse “CAER”, en el sentido literal porque en una curva, Angi salta por los aires al chocarse con una minifurgoneta, el conductor se había cerrado mucho y al no tener espacio se choca con el lateral saliendo despedida hacia detrás del vehículo. Sangre escandalosa y tiramos para el hospital de Níjar, solo un corte en la ceja y hematomas varios. Las pruebas salen que no tiene nada y hacemos un parte, nos volvemos a Retamar.

Menudo día el PREDESAFÍO este que te pone la vida, ya sabía yo que nos faltaba un 6 para el destino fatal, íbamos 6 ciclistas.

Dedicado a Angi, para que se mejore.

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