… Y ENCIMA ME TOCÓ UN CASCO …

I Caniles 911 M3K from Los Mastrinkais on Vimeo.

Dado que en este Club hay mucha gallinácea suelta, me toca escribir de nuevo: segunda crónica consecutiva.

Antes de comenzar esta crónica deberemos aclarar algunas cosas:
El Congrio conduce como el culo (ojo la vena del pescuezo, que se te está hinchando). El club le podría pagar unas clases por el bien del resto de socios.
Diego ronca como una locomotora. Eso dijo su compañero de zulo.
Gastón necesita un casco, hansi, baquet y unos arneses de competición para la furgona.
Carlos la tiene larga… o por lo menos hace las rutas largas… vamos, que es más macho de lo que se pensaban algunos. Y no le vendría mal un trailer de biodramina.
Eustaquio tiene salida y respuesta para todo. Y es un “tapado” del olimpo de los galácticos.
Yo soy un tocawebs profesional (¿a que sí, Paco?), pero Eustaquio me podría dar clases avanzadas… XD

Ya que hemos acabado con las chorradas, empecemos con la crónica en sí.
Se viene a fraguar una propuesta que se lanzó en la cueva de Alejandro (¿dónde te metiste, tío?), el Viernes salgo de trabajar a las 14:00, sin apenas dormir. El grupo de Whatsapp creado para la ocasión echa fuego, yo intento preparar las cosas pero no me dejan.
Hemos quedado en casa de Eustaquio, y cuando llego me encuentro a Gastón, Carlos y el anfitrión; posteriormente llegan Congrio y Diego; Diego nos “encasqueta” al Congrio que se agarra al volante de la “fregoneta” de Gastón y no hubo forma desengancharlo: ¡¡un pescado con tentáculos!!, el mal estaba hecho. Por cierto, la fregoneta es muy pequeña, no cabían el frigorífico combi y el chaisselonge (en españolo se lee “cheslon”) que queríamos llevar para la ocasión. Hubo que elegir y ganaron las bicis.
El viaje por esas carreteras, siguiendo el GPS del “Aifon” digno de recuerdo y algún que otro mareo. Las biodraminasssss…..

Por fin (milagrosamente) llegamos a Caniles, casi sanos y salvos a pesar del “piloto” y su “gepeese” infernal. Vamos a la piscina y montamos el Campamento, nos reciben DOS comites de bienvenida del Club Caniles 911, uno de ellos encabezado por el presidente, que se encargan de que no nos falte nada de nada.
Una vez levantado el barrio nos tiramos sobre una mesa de comida (mesa previamente apropiada) y una nevera llena de cervezas.
La empanada de ciervo del “brochetas”, el pan de Isa, la tortilla, la otra empanada, la ensalada de pasta, el jamón de la suegra de Eustaquio (prensado para que hiciese menos bulto), etc etc etc etc…. casi un buffet libre, con “fresquitos” de postre.
Para bajar la comida, un pequeña representación del Club disputa un partidillo de futbito con niños mientras otros se van a la cama. Terminado el partido, y aprovechando el sueño algunos graciosillos se dedican a esconder bicis en las duchas, otros roncan y otros asisten a la retransmisión de un eterno torneo de futbolín con premeditación, nocturnidad y alevosía (hasta pasadas las 4:00am).
A las 7 salimos de las tiendas sin dormir y empiezo a escuchar comentarios sobre vaselinas… que lo expliquen los autores que yo soy muy malpensado, han desaparecido dos bicis pero decidimos desayunar (¡¡¡Isa, nos vas a matar!!!) y buscarlas después. Estaban a remojo en la piscina de los niños…. menos mal que estaba vacía.
Mención especial al vaso de Cola Cao del Congrio: sin grumos…. y casi sin leche: una pasta negra como el tizón que tenía pinta de tener que cortarse con serrucho. Imposible mojar nada, si le metes un bizcocho acaba más reseco aún.
Menos mal que estaba el pan dulce de Isa y Gastón, si no es por eso habríamos tenido pescado seco para cenar.

¡¡Abajo!!, al parque, que ya salimos y nos esperan Bichito y Alonso calientes ya (físicamente). Comenzamos el recorrido neutralizado por las calles de Caniles, la colaboración del Club de Coches clásicos se hace evidente en la salida lanzada: cuatro JOYAS clásicas franquean el arco de salida y nos quedamos mirando embobados.
Nos lo tomamos con calma, por la parte trasera del pelotón y todos juntitos menos los galácticos: el Congrio, Carlos y Diego. A Diego lo neutralizamos pronto, pero a los demás no les vimos el pelo más.
En el primer avituallamiento Gastón y yo decidimos esperar y juntarnos con los que venían detrás.
Llega Eustaquio, come y esperamos un poco pero no viene nadie cerca; decidimos seguir para no llegar tarde a la “división” de rutas.
Llegamos al segundo avituallamiento con tiempo para decidir. Nos “dejamos” engañar por un miembro de Protección Civil que nos dice (literalmente) que había 5kms de subida y el resto para abajo… XD,, en 61 kms….
Al final, con la promesa de ir juntitos, Eustaquio se deja engañar y se viene a la larga. Se estuvo acordando del guía hasta la cena.
Menudo calvario, el sol comienza a apretar de verdad, las subidas se hacen interminables, un avituallamiento tras otro nos dicen que no hay cerveza, que estaba en el siguiente; empezamos a sentirnos como el burro que persigue la zanahoria, pero siguiendo un tercio fresquito.
Antes de la carretera de Abla un curioso “papa” nos bendice con un agua y una rama de romero: nos salva la vida. A esas alturas y con ese calor como si era un mocho y el cubo de fregar el water de una discoteca… ¡qué fresquita! (y olía bien, ya he dicho que era agua con romero).
Pero por fin, al finalizar la subida más larga y en el penúltimo avituallamiento nos dan ¡¡¡UNA ALHAMBRA 1925!!! ¡esto sí que es nivel, oigan! Nos dicen que no hemos sido muchos los locos que hemos optado al vía crucis de la larga, eso significa que la gente no está tan mal como cabía pensar en el mundo del MTB, pero siempre “habemos” excepciones.
Bajamos y comenzamos el subeybaja eterno bajo el sol que nos lleva al mareo y al último avituallamiento. Ya estaba todo hecho, ahora para abajo todo y…. ¡sorpresa! La meta subiendo para esprintar y coger unos segundos de bonificación (esprinta tú que a mí me da la risa).
NO FUIMOS LOS ÚLTIMOS, pero casi (ver clasificación).

De ahí a comer, qué paella…. un arroz que sabe a arroz de verdad, que tiene sabor y sustancia DE VERDAD, barra libre de bebida (hasta que se acabase), sandía… chapó. Y encima una invitación a cafelito en el chiringuito del parque.
Y entre cucharada y cucharada, nos llaman al escenario: PREMIO para el Club por tener un elevado número de participantes; recoge el premio Eustaquio, que se desvirgaba ese mismo día en las marchas organizadas y además “a lo grande”, sin duda el héroe del fin de semana que tendría que estar escribiendo esto pero seguramente lo estará leyendo: aprendes rápido, pequeño saltamontes (a escurrir el bulto XP).
Para rematar la faena, en el sorteo me toca un casco; paradójicamente la semana siguente iba a comprarme uno. También me leyeron el pensamiento.

UN 10 para el Club Caniles 911 por la organización y la atención, no parecía una primera edición. También por el trato que tuvieron con nosotros, digno de la mejor amistad.
Los paisajes IMPRESIONANTES aunque yo le hubiese buscando alguna bajada por sendero para quitarle velocidad y darle un poco de técnica (cuestión de gustos).

Tocaba recoger el “barrio Kais” del césped de la piscina, antes nos duchamos (¡¡había hasta agua caliente!!) y cuando acabamos de cargar justo comienzan a caer gotas: una tormenta venía amenazando pero nos libramos por los pelos (bueno, yo no, que de eso no me queda en la cabeza).

A la vuelta cambiamos al Congrio-piloto por Gastón, pero vuelve a aparecer el mareo por la parte de atrás. Debe ser problema del copiloto que no leía bien las notas: Eustaquio, vete mirando unas clases particulares con Luis Moya (y no me hagas rimas).
El viaje, como el de ida, para enmarcar: mucho cachondeo (incluyendo CALVOS por las ventanillas) y muy buen rollo.

Para repetir en todos los sentidos, el año que viene vuelvo como sea a Caniles.