Vuelta al Altiplano 2013

Ruta del Altiplano 2013 from Los Mastrinkais on Vimeo.

Altipano 2013 tercer tiempo from Los Mastrinkais on Vimeo.

VIERNES, el día antes
Después de comer comienzo una sesión intensiva de cocina que acaba con una maxi-tortilla de patatas con verdura y un tarro de guacamole casero.
Tras las explicaciones de Alejandro para llegar a su casa-cueva, subo en el coche junto con la bici y la cena y emprendo el rumbo a Castilléjar con la intención de no llegar muy tarde.
A las 21:15 más o menos me encuentro la cueva con todo el parque móvil en la puerta. Las explicaciones de Alejandro no podían ser más precisas: hay que ser tonto para perderse, así que… ¡prueba superada!
La cena acababa de empezar y el comité de bienvenida era extenso: Alejandro, Jorge, Montse, Jordiman, Reyes, Jordiboy, Gastón e Isa; minutos después llegaron Jaime y Cristina; un poco más tarde Paco el Drogas y Angie.
¿Qué más se podía pedir? ¡Ah, sí! L@s Congrio@s, que llegarían tarde y pidieron que les respetásemos una parte de la cena.
Como buenos amigos teníamos intención de dejarles una barra de pan para rebañar los platos vacíos, pero se presentaron antes de tiempo y acabaron comiendo… más de la cuenta.
Acabada la cena tocaba paseo hasta el río para bajar la cena; alguno tuvo la tentación de bañarse (o de bañar al que estaba al lado) y Gastón acabó susurrando caballos con nocturnidad y alevosía.
A la vuelta nos fuimos retirando cada mochuelo a su olivo, pues la hora de salida eran las 8:30.

SÁBADO: el día de la verdad
A las 7:30 ya estaba dando vueltas el Comandante y no le hice caso, pero un misterioso teléfono en una mochila negra me echó de la cama… a mí sí pero a su dueño, no. Al poco fueron apareciendo los demás: desayuno a base de tortas caseras, bizcochos, tostadas etc etc etc…. ¡qué homenaje, esto no podía acabar bien!
Nos preparamos para salir y me encuentro al Congrio con una tonelada y media de comida en las manos: me metió el miedo en el cuerpo y acabé cogiendo comida yo también, por si las moscas.
Gastón dejó un “reclamo” en forma de cervezas en la nevera para tener un objetivo final que lo ayudase en los momentos difíciles. Mmmmmmm….. Estrella Galicia, el objetivo era común: robarle las cervezas a Gastón.
El track tenía forma de chupa-chups, y al acabarse el palo y llegar al caramelo el grupo de cabeza (Comandante que vigilaba a las niñas) se desvía a la izquierda. ¡Error!
Había que coger el caramelo hacia la derecha, así que la reorganización nos lleva a encabezar la excursión el anterior grupo de cola: cuevas por doquier, árboles, agua (y eso que la temporada de calor ya ha empezado), ligeros subeybaja, así llegamos todos “junticos” hasta Galera donde paramos para ver la torre del homenaje… para homenaje el que nos esperaba en el frigorífico.
Me lo tomo con calma, el médico dice que no debería montar en bici hasta Julio así que me decido a no hacer ningún esfuerzo más de lo justo por si acaso.
Al salir de galera el grupo se estira ligeramente y nos desviamos a la derecha para afrontar el primer río y la primera subida (ligera) y un poco suelta. Hay una caída (no doy nombres) pero la sangre no llega al río (y eso que era cuesta abajo).
Los primeros marcajes comienzan: Isa y Cristina se vigilan mutuamente y no se separan una de la otra. Ana no le quita el ojo a Angie. Paco el Drogas tiene a Jaime controlado, el Congrio se controla a sí mismo porque le duele el pescuezo, Gastón controla la flora y, sobre todo, la fauna, Jordiman fuera de control y el Comandante nos controla a todos porque no sabemos comportarnos.
Bajamos y volvemos a vadear el río. No, no se bañó nadie, estaría gracioso que alguien acabara revolcándose en el agua pero no.
Volvemos a la Carretera de Galera y pensamos en la “división” de la Ruta. Llevamos unos 38kms, sumados a la vuelta dan más de 60kms que para una “ruta corta” no están mal.
Decidimos dividir las rutas, pero una infiltrada andaba “dándose palos” con el grupo de cabeza más adelante: Angie. Así que no le quedaba otro remedio que hacer la ruta larga.
Ponemos rumbo a coger al tren de cabeza, Gastón y yo cirulamos juntos, de repente se le ponen los pelos de punta: un pájaro amarillo poco común. Esta fué la conversación:
(Gastón) ¿Has visto ese pájaro? cuerpo amarillo y alas oscuras ¿sabes lo que es?
(Respuesta de un analfabeto ornitológico (yo, por supuesto)) ¿Un canario?
No, una Oropéndola (¿lo he dicho bien. Gastón?)
Pensaréis que dije una burrada, pero podría haber sido peor; pensándolo bien un Canario sería hasta factible, peor hubiese sido confundirlo con un Pato del mercadillo, que son amarillos también.

Con la Oropéndola iniciamos la primera subida “seria” y nos reagrupamos arriba para comer algo (el congrio sus 1500 kilos de comida y los demás lo que tenían). El Congrio está mal, muy mal. Una contractura bestial en la espalda/cuello le está amargando el día (posturas extrañas por la noche… que cada uno saque sus conclusiones).
A diferencia de lo que se afirma en el Bici-Gay los tocamientos más íntimos se produjeron en la “sobremesa” de este almuerzo; eso sí, el protagonista de la polémica volvió a ser el Comandante. Tras los tocamientos el Congrio estaba un pelín mejor, pero la alegría le duró poco.
Bajada, subida, bajada y subida de nuevo hasta la Ermita. Repostamos agua de una fuente que baja de la montaña fresca, limpia y un caño que parece mentira: impagable. Así iniciamos una de las subidas “medio largas” (porque subidas largas no hubo). Alejandro había olvidado la cámara en la parada así que tiene que bajar y peregrinar de nuevo para recogerla. Lo espero al final de la subida, bajamos juntos e iniciamos a siguiente subida también solos, de esas que no me gustan: el corazón quiere salirse por la garganta, pero paso el exámen con un “suficiente raspón” pero Alejandro roza el Notable, y nos lanzamos para abajo. En el posterior llaneo cazamos a una parte del grupo, pero por delante los “galácticos” andan escapados.

Nos acercamos a la última subida “de verdad”, y al comenzar me escapo un poco. Comienza la subida y el sol me achicharra: quiero acabarla pronto, así que tiro un poquito más. Por delante me imagino que van el Congrio, Jaime y Paco el Drogas.
En un tramo-pedregal escucho un tren acercarse por detrás: Jaime como un tren-bala japonés y Paco el Drogas agonizando como un Talgo en la vía del AVE; “mala rueda te has buscado, Paquito”.
Al llegar arriba me esperan en una sombra: se habían perdido justo antes de subir. Poco después aparece el Congrio, con el pescuezo bastante fastidiado (INCISO: aquí se ve a quién le gusta la bici con locura: no dijo en ningún momento nada de darse la vuelta, lo que explica el sobrenombre de “Yonki de la bici”), y a continuación el resto, con Angie dejando el listón por las nubes.
A continuación, en la bajada más larga (y la más rápida) el viento nos da un aviso: “aquí estoy”.
Una última subida corta y llaneo hasta la Cueva, que nunca llega: el viento es psicológicamente un mazo. Jaime empieza a pensar que algún mamón está moviendo la Cueva y se la está llevando cada vez más lejos.
Por fin llegamos al río, hartos de sol, y nos plantamos en el repecho final: Sprint final: Gastón se acuerda de las cervezas y se tira cuesta arriba como un poseso: detrás Jaime y Congrio se disputan el maillot de la regularidad y yo, como el resto de la ruta, no hago ningún esfuerzo “extra” por si acaso. 92Kms, no está mal para tener que estar “en el sofá” por prescripción médica (qué aguafiestas son algunos).

Oye Beatle, ahora viene lo bueno, así que si no quieres seguir leyendo lo comprenderé: el tercer tiempo. Las cervezas frías empiezan a volar por encima de la mesa, los restos de la cena desaparecen del mapa, las patatas pierden su cáscara y se caen en una sartén misteriosamente colocada encima de unos troncos de encina ardiendo: patatas fritas al fuego de leña, no sé a quién se le ocurre semejante cosa (¿tú sabes algo, Alejandro?).
Sobre las ascuas resultantes cae una parrilla cargada de cordero segureño, luego otra, y otra, etc etc etc… el Beatle está presente en boca de más de uno (en la parte que no estaba llena de cordero).
Al final una Comida-Merienda-Cena que para mí también se convirtió en Desayuno del Domingo.
En los últimos compases del Tercer Tiempo desaparecen Paco el Drogas y Gastón, para aparecer poco después con más cerveza y tres misteriosas botellas: una de ginebra y dos de tónica. Joder, Beatle, que se te echó de menos en serio.
Lo demás lo podéis imaginar: más de uno acabó en la cama temprano. Y más de dos acabamos suaves… suavísimos.

DOMINGO
Al día siguiente, el que fué capaz desayunó. Yo aún estaba digiriendo el banquete (se me está haciendo la boca agua otra vez, ¡jodío cordero!).
Se decide quedarnos y rematar lo que quedaba, así que para hacer hambre nos marcamos una ruta de senderismo-paseo-tertulias varias.
Destacar a Frank de la Sagra (copyright Eugenio Marruecos) con los prismáticos en el pescuezo: lo mismo te cuenta la historia de un pájaro cabrón llamado Cuco (este nombre tiene una buena explicación y el Comandante sabe muy bien la historia) que te caza una serpiente para que la veamos de cerca (ver fotos). Cursillos de botánica, marketing de la madera, etc etc etc…. Genial mañana, y eso que fué sin bici.
A la vuelta tuvimos que rematar los excedentes del Sábado (con todo nuestro pesar) y recoger el chiringuito.
A media tarde comenzamos a desaparecer poco a poco, y me fui con mi pena a casa para enfrentarme al Lunes. ¡¡Quiero que sea otra vez Viernes 24!!

P.D.: Beatle, la próxima vez, si hay que confirmar algo, que sea tu asistencia. Y lo mismo para los demás que faltaron.