El regreso al Puntal del viejo Jincapuntales

Vuelta del Jincapuntales a su querido puntal from Los Mastrinkais on Vimeo.

Sin que sirva de precedente, voy a escribir “unas líneas” de lo que aconteció el sábado pasado.

Mis vacaciones veraniegas han motivado, por algún tipo de virus estival, que en mi cabeza ronde la idea de volver a coger la bici de montaña, y así, hace una semana me planteé volver a aquella montaña que tantas veces he subido, pero que llevaba dos años mirando de reojo desde el nivel del mar.

La idea era subirla sólo, pero al igual que antaño, congrio, el ángel de la guarda de los gordos y faltos de forma, estaba dispuesto a acompañarme, también Antoñillo, del Mazo, compañero de salidas resacosas este verano.

Preparo las cosas la noche antes. En mi casa no había frutos secos, ni plátanos, ni membrillo. Mi despensa no estaba acondicionada para ciclistas. Así que enganché lo que pillé por ahí, y agua para ahogar las penas.

Al final, entre una cosa y otra, nos juntamos en Villa Inés unos cuantos, de los de antes, y de los de ahora, de los nocturnos y de los diurnos, de los que comen jamon york y de los que comen panceta.

Empezamos a rodar, yo con algo de sueño. La noche antes me había costado dormir. Es curioso como después de tanto tiempo vuelves a sentir las mismas cosas que sentías al comienzo de todo; podré hacerlo? sabré bajar el cortafuegos? le gomitaré al congrio encima?

Vamos al tran tran, haciendo kilómetros y cascando. Se va haciendo llevadero. Llega la vía de servicio de la autovía y aparece el Vitel armando bulla por la autovía. Ese sí que sabe, se ha levantado una horica después y llega hecho un señor al principio de la subida.

Se empieza a ver un Drogas nervioso, con ganas, un Bichito siempre amenazante. Empiezan las primeras escaramuzas. Se forma un grupo claro con los del mazo y el grueso de los mastrinkais, y el Drogas dejando soltar su nervio escapándose del grupo. El Jaenero sin dar tregua comienza a tensar la cadena e impone un ritmo difícil de seguir, así que en poco rato me advierte el congrio que mire hacia arriba; con las antenas como testigo en lo más alto, se divisa al Drogas en una curva bastante alta, pero es que el Jaenero se veía como dos o tres curvas por arriba. Estos chavales están locos, y muy fuertes.

Detrás un pelotón con ritmo relajado pero constante, y cerrando la comitiva, el ángel de la guarda con sus dos penitentes, el canuto y yo, sufriendo algo más de lo normal.

Sólo había alguien peor que nosotros, el hermano del Congrio, que iba con su propia agonía.

Vamos subiendo y alguien parece advertir la presencia del Champ? (no se como estamos como este tema). Efectivamente, aparece lanzado a muerte para pillarnos, otro al que los madrugones le da picores. Se para con nosotros un rato y avanza a por el otro grupo.

Esperamos al canuto y ya perdemos de vista al grupo delantero. Vamos solicos, pero llevamos un congrio con nosotros por si se nos rompe algo, o por, aunque tenga poca chicha, si tenemos que comérnoslo para sobrevivir. Ya lo que aconteció más adelante, lo tendrán que contar otros.

Vamos subiendo unos kilómetros y el canuto parece resucitar. Ahora el que va enganchado soy yo. Que ironía, lo que antes era un puntalico, ahora es una cruz, un ir hacia delante sin pena ni gloria, me duele la espalda, el cuello, pero no todo es malo. Hacía mucho tiempo que no veía el desierto de Tabernas desde las alturas. Hacía mucho tiempo que no atravesaba la zona de pinos, y no recordaba lo bonito que era, así que, tanta agonía tenía algo de belleza.

Sin comentarlo hasta pasado un rato, en la parte final del puerto, me parece ver con claridad por dos veces al Jincapuntales correr entre los árboles, dando golpes con su marro. Yo se que no es cansancio, que no son alucinaciones. Él se deja ver, y más si es con gente de confianza. Si somos como familia.

Me sacan de mi estado un montón de ciclistas bajando. Vienen desde Tabernas, y al poco, aparecen Manolo y poco después el Champ?, así que nos van acompañando en la parte final de la subida. Para entretenernos intentamos picarlos para que se maten vivos, pero quizás el respeto, quizás el miedo hace que no suceda tal encuentro. Cómo ha cambiado el ciclismo, ya no es como el de antes. Si delante hubiera tenido al bichito, al comandante y al Vitel, aquel comentario nuestro hubiera provocado una carnicería. Lo de Puerto Urraco se hubiera quedado en un paint ball desafortunado.

Llegamos al cambio de vertiente y eso ya es otra cosa, que alegría más grande. Recorremos lo poco que nos queda y vemos allí sentado a todo el mundo ya hasta con la ducha y el masaje pegados, así que comemos algo rapidamente y, los de antes tiran por los Góngora y el resto nos vamos por los Baños.

Ya me lo esperaba, pero en la parte del cortafuegos hacía tiempo que no pasaba tanto jiñe. Me he vuelto “normal”, bajando con más miedo que vergüenza. En las zonas chungas me iba hablando a mí mismo; “controla, controla, controlando, veeenga, con dos cojones, veeeenga, vamos, que lo tienes, por la derecha, por ahí, por la izquierda, cambia de laiiico, muuuuy bieeeen, veeeenga fiiiirme”, y así hasta que llegué al final, ante la antenta mirada de un morboso grupo de personas viendo tan lamentable espectáculo.

Seguimos el descenso, ya más tranquilos, y a partir de aquí fue todo disfrute. Sólo eche en falta ver en sus dominios al Conejiciervo, pero bueno, no pasa nada, un motivo para volver allí en breve.

Antes de llegar abajo ya se me había olvidado la pena de la subida. Así es esto. Despues de andar dando saltitos, llegamos a la zona del llano. Salta nuevamente el Drogas y como simplemente un homenaje al pasado, pego un arreón para comandar el grupo que cazaría al Drogas. Como no, ellos se comandaban solos, así que arrearon hasta que lo cazaron.

Llegamos a Viator, Huércal, y ya se preparaba la última dificultad montañosa del día. Yo subo como buenamente puedo, y ya al final de la subida escucho la vocecilla del Morales admirando mi manera de cabecear. Menos mal que no pasaba ningún coche, si no lo tumbo de un tarrazo. Los gallos ya habían pasado hace rato por allí, que según contaron luego en el tercer tiempo, alguno que otro calló, pero esa es la salsa de la vida, la salsa de las salidas entre colegas, el valorar si el Col de Torrecárdenas es puntuable o no, o si metemos el llano, o si el Puntal no cuenta, pues eso, que con gente así, lo difícil es no reirse, no pasárselo bien, y hacen que se olviden los madrugones y las penas del cuerpo.

Después tercer tiempo en el chirivía, con un pensamiento en la cabeza; desde dentro no se valora lo suficiente, pero la gente está muy fuerte, y que eso de subir un puntalico no es moco de pavo, y el que muchos de estos lo suban con una sola pierna, no es normal. Para entender qué es esto, tienes que sufrirlo.

Lo que quedaba de día se iba a hacer bastante más largo que el puntal, pero esa es otra historia.