+200 km + 4.000 m. Primer intento fallido por culpa del viento

Este va a ser mi estreno “oficial” como Cronista (que no Tronista, ojo no confundir) de nuestras hazañas.
Sábado, 4:45AM. Me despierta el aullido del viento en la calle; llevo menos de 4 horas de sueño (cosas de los preparativos) y las ganas de pedalear me levantan de la cama antes de tiempo.
Desayuno, monto los bártulos que me quedan en el coche, y me dispongo a salir. El perro me mira con cara de extrañeza: está acostumbrado a verme salir a estas horas pero para trabajar, no con la “ropa de matar”.

Enfilo camino a Almería pensando en la suerte de tener un Congrio al que le sobran los amortiguadores.
A las 6:30 en Ballesol nos encontramos 6 “poco cuerdos”: Diego (el nuestro de siempre), Diego (Illar), Manolo, Palen, Congrio, y Yo, dispuestos a hacer algo “poco cuerdo”; cuando llega Jaime el nivel de cordura ya roza el mínimo admisible pero aún así decidimos iniciar la marcha.
Acechando entre las sombras aparece Cano para rematar el índice y así nos juntamos 8 individuos Peseta arriba, con muchas luces a pilas pero pocas luces bajo el casco.
La subida se las trae, la gente sale con mucha prisa y el ritmo es inusualmente alto para semejante kilometrada, pero la oscuridad nos oculta la realidad y nos envalentonamos; echo mano al botellero y no encuentro nada: el doping isotónico se ha quedado en la puerta del coche. Caen los kilómetros, llegamos al pedregal donde Diego J. toma la cabeza y endurece el ritmo, coronamos y nos tiramos hacia Enix.
La fuente y los “aguadores matutinos” son testigos de nuestro primer avituallamiento; siguiendo los consejos de alguien, cargo mi mochila de agua hasta las trancas y añado otros dos kilos de lastre.
Nos dirigimos a El Marchal, lugar de origen del “pintor” de la ruta, no sin antes hacer un “bancal a través” cortesía de Google Earth; la fuente del Marchal es testigo de nuestro apetito y me acuerdo de que he subido dos litros de agua tontamente desde Enix.
Aquí aprendemos que cada ciclista necesita una talla, aunque parezca mentira.
Bajamos al Marchal e iniciamos la subida por paredes a las que llaman calles; salimos del núcleo urbano escalando paredes y nos desviamos hacia un Portón que nos da su mensaje disuasorio: “STOP”.
Por exigencias del “pintor” (cito textualmente: “a estas horas todo el mundo está durmiendo”) saltamos al otro lado y practicamos el “furtivismo sobre ruedas”.
En un repecho la cadena del Cano decide meterse entre los radios y los piñones, me paro y le intento echar una mano. Con delicadeza intentamos sacarla pero no quiere, y en esto aparece el Doctor Congrio. Mientras se abalanza sobre la bici, Cano me pide el “papel de combate” y huye detrás de un matorral a demostrarnos que puede hacer dos cosas a la vez: poner una “Baliza” y escribirle un “Güasap” a Paco para que venga a buscarle.
Para su desgracia, el Doctor Congrio había nacido para traumatólogo y tal y como se coloca un hueso roto, comenzó a tirar de la cadena sin miramientos ni delicadeza hasta que la sacó de su escondite.
Terminada la faena, seguíamos todos adelante y Cano había “dejado constancia” de nuestro paso por aquel paraje… y volvíamos a labrar un bancal de olivos que nos lanzó directos a una pateada de senderismo trepando riscos.
Después de semejante carrera de obstáculos alcanzamos la pista que nos conduciría a la Chanata. Diego (Íllar) pincha y se queda en la cola, pero nos reagrupamos todos en la Balsa para dar cuenta del picnic.
Tenemos que quitarle al Congrio de la boca el segundo bocadillo para que pueda dosificar la comida y no pase hambruna más adelante, y a regañadientes enfilamos la pista hacia Nuevo Mundo.
A estas alturas el Viento ya nos ha dado la bienvenida, frío y fuerte, pero estamos envalentonados y aumentamos el ritmo. Diego (Íllar) razona y tras un mes sin tocar la bici decide que lo mejor es bajar hacia roquetas y volver. Sabia decisión.
Dejamos la subida tendida y enfilamos los 7 el tramo “duro de verdad”. En la primera rampa seria doy un tirón para coger un buen ritmo y mi contramuslo me responde con un pinchazo; lo ignoro pero no desaparece cuando intento tirar del pedal derecho, así que me lo tomo con calma y sólo “empujo” para avanzar. El dolor no desaparece, paro y bajo el sillín: me paso y se me fatigan las rodillas, vuelvo a parar y lo subo un poco: algo mejor pero el dolor no desaparece, así que paso de él y me concentro en mantenerme encima de la bici.
Las últimas rampas de Nuevo Mundo son testigo de maniobras equilibristas para no besar el suelo debido a las ráfagas que golpean de frente y de costado.
Sobre nuestras cabezas las nubes corren como si hubiesen pagado peaje y el ruido del viento al chocar con las antenas parece querer derribarlas. Impresiona.
Paramos justo antes de coronar, las nubes bajan por la ladera en forma de niebla y el frío nos hace ponernos toda la ropa extra, comemos lo que podemos y empiezan a caer copos de nieve. Las dudas sobre si seguir hacia los Llanos de Caparidán son evidentes, el viento nos obliga a pedalear para poder avanzar cuesta abajo y tras deliberar (y en contra de los deseos del Congrio, Cano y Jaime) decidimos bajar hacia Cacín.
Terminada la bajada nos resguardamos tras un talud para dar cuenta de lo último que nos queda del picnic. Aparece Eustaquio y nos cuenta algo de una nevera llena de Cervezas en su cortijo (que habíamos pasado de largo bajando) y nos describe toda clase de especialidades: negra, malta, 1925,… Cano comienza a aullar, más aún cuando nos propone ir a Almócita y perder el sentido en un bar, pero al final decidimos volver directamente a Almería, pues el viento cada vez es más fuerte y la tormenta que se acerca no tiene buen aspecto; Eustaquio se marcha entre los aullidos y lágrimas del Cano.
La vuelta es rápida, el viento empuja por la espalda y la lluvia nos pisa los talones todo el camino: Íillar, Instinción, Rágol, Gádor, Rioja, Viator y ataque al Coll de Torrecárdenas; el agua está decidida a mojarnos pero hemos sido más rápidos que las nubes.
El Tercer Tiempo corre a cuenta de la despensa de Paco el drogas. Nos apalancamos en las sillas de su terraza y empiezan a aparecer latas de cerveza, zumos, queso y la estrella del banquete: una fuente de macarrones. Mientras el Cano distrae a Paco con la “película” del día, cae la fuente de macarrones y la despensa sufre un ataque mortal.
Después de llenar la tripa abandonamos el improvisado “bar” y su servil camarero y nos despedimos.
Poco después veo salir Paco con su hijo Bruno en la furgoneta, probablemente a comprar para devolver la despensa a su estado original antes del expolio ¿a que sí, Paco?

No hemos completado el Track dibujado, algunos lo consideran un fracaso, pero conozco pocos Fiascos de 140kms y más de 3500mts de desnivel acumulado.
6º puesto en nuestro IBP, pero la espina está clavada y el ataque al nº1 se está cocinando.

Continuará…