Triatlón Canet

Creo que esta será la crónica más fácil de escribir a tenor de la dificultad de la prueba que voy a narrar.

A mucha gente le podrá parecer irracional seguir un plan de entrenamiento que, por las obligaciones laborales, no te permite trasnochar por despertarte a las 6 de la mañana y salir a correr, que te lleva a cambiar tu horario de comida a las cinco de la tarde para entrenar a mediodía alternando series en la piscina y salidas en bici a más de 40ºC. No es algo normal empezar a trabajar a las 8:30 y terminar a las 22:00 y desear calzarse las zapatillas para marcarte unas series o subirte al rodillo para machacarte hasta que el sudor te cale hasta los huesos. No es normal celebrar el cumpleaños esprintando montaña arriba con la felicidad invadiendo todos los poros de tu piel al ver tu ciudad a tus pies. No es normal ver tantos amaneceres con el sufrimiento de ser cada día más rápido. No es normal estar tanto tiempo solo.

Quizás la gente tengan razón y sea algo irracional, pero voy a explicar como todo toma sentido y hasta el último sacrificio ha merecido la pena.

Cuando Gelo me planteó que debería apuntarme a Ironmad que se celebra en Canet, no me lo pensé mucho y me apunté. Sobre el papel lo planteé como la mitad de mi objetivo, por lo que no debería ser tan dura. Un Ironman impone pero un medio Ironman no tiene tanta entidad.

Llegué a Canet el sábado a las 12:30, lo que supuso madrugón para terminar de prepararlo todo y un largo viaje en coche de más de 5 horas y media. Cuando llegué tenía tanta energía que me preparé y salí a estirar piernas con la bici y así ver las sensaciones. Sin mapas ni rutas terminé pedaleando por Sagunto subiendo unas estupendas cuestas del 17% por empedrados, terminando en las murallas de la ciudad. Muy bonito Sagunto.

Ya más relajado, pero con un grado de ansiedad elevado, nos fuimos a comer un tremendo arroz a banda (alioli incluido) Gelo, Laura y un servidor. Antes de los postres, el cielo se tornó negro en el horizonte regalándonos unos contrastes de azules y turquesas en el mar. La antesala a la tormenta estaba servida y no pasó ni un minuto cuando el cielo comenzó a descargar con rabia una gran cantidad de agua, acompañada de fuertes vientos, relámpagos y truenos, que destrozaron toldos y dejaron las calles inundadas.

Tras una siesta de pijama y orinal, Pepe me instó correr a trote cochinero y estirar. Con las pocas ganas que tenía después de una siesta copiosa, el largo viaje y un tiempo horrible, venido a mejor, me puse mis bártulos y a correr por le paseo marítimo de Canet. Esto de correr me activó y al despertarme del todo decidí terminar la jornada con unos largos en la piscina del hotel.

Ya en la cena, Gelo me presentó a tres triatletas de Almería, Alfonso, Rubén y Enrique que me explicaron como afrontar la prueba. Sus respuestas a las cuestiones que les planteaba me fueron metiendo el miedo en el cuerpo por primera vez desde que me inscribí al triatlón y no pegué ojo en toda la noche. Os aseguro que hasta la noche en Canet no me llegaron las dudas sobre si podría terminar la prueba.

Preguntas del tipo, cómo estará el mar después de la tormenta, qué tiempo hará mañana, 2km nadando con tanta gente y el mar mal, me marearé, 20km corriendo, nunca los he corrido y menos después de nadar e ir en bici 90km,… Toda la noche estas cosas venían y se iban de mi cabeza. Me desperté a las 12.30, a las 2.00, a las 4.00 y por fin sonó el despertador a las 5.30. Con todo preparado y los nervios a flor de piel, sorpresa la rueda trasera está pinchada así que toca cambiar la cámara antes de partir.

A las 6.30 llegué a los boxes para dejar el material preparado para las dos transiciones, me enfundé el neopreno y al agua. Iba caminando por la pasarela de tablones de madera sintiendo la humedad en mis pies y el miedo me recorría todo el cuerpo. No estaba seguro de saber donde estaba yendo y la razón de estar allí. Al ver el mar la cosa se tornó aun peor, cada ola que rompía me debilitaba más y más. Las boyas estaban lejos y por el movimiento del mar casi no se veían. Al entrar al agua para calentar noté que entre la resaca, las olas y la gente esto será más difícil todavía.

Casi sin tiempo para salir del agua ya estaban llamando al cajón de salida, una vez dentro me voy adelantando poco a poco poniéndome más a la derecha, por consejo de Rubén. Tras el disparo de salida salimos corriendo todos para ganarle la partida al mar y al crono. Ya estoy en el agua nadando y se me han ido todas las tonterías de la cabeza. Solo pienso en ir rápido y voy realmente acelerado, tras un par de sorbos a la mar salada decido aplicar las enseñanzas de Gelo y me concentro en nadar relajado, deslizándome por el agua, dejándome arrastrar, controlando la respiración armónica y ejecutado bien los movimientos.

La primera boya la ataco sin demasiado problema, debo ir mal alineado por los pocos palos que me dieron, pensé. El resto de la natación fue una lucha por orientarme y acertar el punto de llegada, con el mar así era difícil saber donde ir. La segunda vuelta la hice casi en solitario y creí que había salido fatal de la natación, ni miré para ver cuantos podría llevar detrás.

La transición es una pasada. Comienzas a correr con la falta de respiración por el esfuerzo, los brazos y espalada a punto de estallar y tienes que ir quitándote el neopreno, gorro, gafas y tapones. Cuando llegué a la bici me quedé un poco extrañado al ver tanta bici a mi alrededor. Casco, dorsal, gafas y a correr por el boxes hasta la linea en la que te permiten subirte a la bici.

Las primeras pedaladas las doy con rabia, por fin estoy en mi medio, tengo que poner un buen ritmo y poder mantenerlo durante los 96km. Por motivos de seguridad vial el circuito varió y en lugar de dos vueltas se dieron 4 a un recorrido más corto pero con tráfico cerrado. Esto provocó que el drafting fuera al principio un suplicio. Algunos te adelantaban y cuando estaban delante bajaban el ritmo fastidiando el tuyo. En dos ocasiones los jueces me llamaron la atención y en amabas les dije que era de vergüenza y que deberían sancionar al que estaba adelantando por paquete. Para que no me sancionasen, aprovechaba para pedalear de pie un rato.

Iba bien pero adelanté a menos de los que me adelantaron y eso me hizo pensar que no iba fino. Por los consejo y el respeto que tenía a la parte de carrera a pie decidí reservar algo de fuerzas y no darle mucha caña a la bici. Lo cierto es que tampoco me reserve gran cosa, pero no quemé todos los cartuchos disponibles. Le tomé la matricula al dorsal 2, me adelantaba y frenaba, luego se perdía luego aparecía, se puso a rueda de otros en varias ocasiones, en fin, que tenía ganas de adelantarlo pero en la ultima vuelta se me fue y no volví a dar con el hasta la ultima rotonda, donde se la pegó y le pasé mientras se incorporaba de una caída por suerte flojita y sin consecuencias.

La segunda transición fue más tranquila y a correr! Al principio uno va bien, soltando piernas para adaptarlas a la carrera por losas y poco a poco notaba como mejoraba mi ritmo. Durante las dos primeras vueltas, 10km, iba perfecto disfrutando y adelantado. A partir de la tercera vuelta la cosa se complica y tengo un tremendo dolor en los arcos de los pies por rozadoras. En ese momento me vienen a la mente los consejos de la gente, entrenador, revistas,… nunca estrenes ni hagas nada nuevo en carrera. Nunca había corrido con las Adidas voladoras sin calcetines, que gran error.

El dolor de los pies desaparece milagrosamente con la aparición de dolores en rodillas, gemelos, tobillos, síntomas de deshidratación, cansancio mental,… pero todo cambia cuando logro pasar al dorsal 2, el jodio me adelantó en la transición pero logré volver adelantarlo, eso que jugaba en casa y los voluntarios le daban agua en mitad de recorrido, le animaban y hasta tenía pancartas.

La última vuelta la hice roto por dentro pero las ganas de ser Finisher me hicieron terminar corriendo si o si. Cuando me preguntó una chica si ya tenía las tres pulseras y le dije que si, me dio el subidón brutal mientras me dirigía al arco de la meta.

Al llegar me quedé con ganas de comerme el mundo y gritar que había logrado terminar. Pero físicamente cuando paras de correr el cuerpo te pesa y los dolores se convierten el pequeñas molestias por todo el cuerpo. Dulces molestias de un guerrero tras la batalla. No sabía que hacer, así que regresé a bañarme en el mismo mar que esa mañana me vio partir para lograr mi hazaña personal. Quería mostrarle que el miedo que me infundió horas antes se había convertido en satisfacción.

De regreso iba feliz por lograr superar un nuevo reto, en este caso, el más duro de mi corta vida deportiva. La prueba estaba superada. Gelo me dijo antes de regresar que menudo carrerón lo tomé como un cumplido por terminar la prueba y por dar ánimos a su pupilo, pero cuando me dijo que había quedado el 36 me quedé a cuadros. Sin duda me supo a triunfo y es que cuando uno entrena duro sabe apreciar los resultados.

¿Recordáis la irracionalidad de mi entrenamiento? Pues la satisfacción personal es tan grande que doblaría el tiempo y la intensidad. El deporte es algo maravilloso que se ha cruzado en mi vida, algo tarde pero afortunadamente llegó a tiempo. La satisfacción es terminarlo lo demás es la guinda.

El próximo año quiero conseguir un sueño mayor, el 2012 es el año del Ironman.