Gérgal – Los Santos – Mirador La Vibora – Portocarrero – Gérgal

La mañana no empezaba muy distinta a las antecesoras. Alarma a las 6:30 y como si fuese a ganarme el jornal, me levantaba con algo de desgana, hasta que me tropezaba con la mochila y la rueda en el pasillo.
Abro los ojos y digo: Ruta Mastrinkais! Me espabilo tanto, que llego el primero a Montellano, tanto, que me hace dudar de si era el lugar de encuentro.
Ya preparado, mientras visitaba a Roca, pensaba que de haberme equivocado de lugar de salida, subiría el Calar Alto solito. Compro agua y aquarius y el camarero me enseñó un bidón de Alberto Contador. Me comentaba que se alojaba en el Husa, el Q7 con el que se desplazaba, que llevaba toda la semana subiendo a Calar y que le acompañaban Jesús y Benjamin Noval. Si Contador tuviese la suerte de conocernos, se dejaría de series en rampas del 18 % y se vendría con nosotros..
Salgo del Bar, y ya está Dani, apenas 2 minutos después y en procesión, llegan el Comadante con Vitel al volante, El Nepalí con el Antipirómanos y por último el Bichito y Alonso en coches distintos. Esto me hace pensar que uno de ellos hará algo corto, y otro algo largo en el día de hoy y de los dos sé quien va al Soplao.

La salida neutralizada se hace a través de las calles de Gérgal, donde la gente se frota los ojos y ve a 4 jinetes de la Apocalipsis sobre sus monturas y trajes de colorines y a otros 4 jinetes de los de ahora escoltándoles.
Los primeros km discurren por asfalto, camino de Aulago y Dani pica al Bichito diciéndole… “si lo sé me traigo la flaca”, Bichito le mira, y le reta, “tráetela, estás a tiempo” y sonríe…
Pronto y sin quererlo, se hace un rosario. Bichito, Jorge y yo íbamos delante, los “de ahora” iban detrás hablando, Vitel estaba afinando piernas y Alonso. Para Alonso ya había llegado la penitencia de Semana Santa por adelantado e iba penando en las curvas.
Reagrupamiento en el cruce a izquierda para coger tierra y “sacada universal de pichas” para regar el campo. Pasamos cerca del Cortijo del Cura y más de lo mismo en las duras pendientes con “el uno al uno” metido. Pierdo fuelle, Vitel me adelanta, sólo tengo Alonso por detrás y el pelotón avanza hacia el interior de la sierra. La soledad a veces es buena me digo… ¡para que coño tengo que estrujarme e ir con esa panda de cabrones! ¿Quién lleva Walkie? Nadie.
Como si fuese un rebaño, ordenadamente los pierdo en el horizonte, sólo vislumbro la figura del Vitel y me relajo al saber lo que queda y que tengo una burbuja de aire al no ser el último.

Reagrupamiento de nuevo antes de otro cruce a izquierda, desde donde veíamos las Cúpulas a la derecha. Levantamos campamento, y el Bichito con frío y piel de gallina, nos dice que a partir de ahora viene lo “pseudodesconocido” para todos.
Con unos 26 km realizados, la chuleta de Alonso sería una excelente compañera de viaje.. que si bajamos 100 mts, que si subimos 200 en el km tal, que si lo gordo está en el 58, etc.. hasta que comenta que no sé sabe por donde bajaremos..
Empezamos a perder cota, voy delante y veo un cruce empinado a la izquierda, paso, giro la cabeza y sigo por la pista… y Bichito, sonríe, empieza a subirlo. Dani y yo nos quedamos los últimos, creemos que está de coña y que se pegaría el farol, hasta que vemos que no… todos en fila de uno. El corazón se vuelca y empieza a bombear de manera excesiva, y nos adentramos entre terrazas de pinos repoblados. Un buen puñado de kms arriba y otros cuantos abajo. Empiezo a mosquearme, un ruido metálico como si de algo flojo se tratase, empieza a sonar cuando bajo por rizados y baches. Me paro varias veces y Jorge, Alex y Dani me acompañan. Reviso los tornillos, desviador, patilla de cambio, etc.. Todo bien. Me hace pensar que el dial de la amortiguación va flojo y que el ruido viene de ella. No bajo agusto, no disfruto del todo por el miedo a rotura.

Paralelos a nosotros, pero a 50 mts a la derecha y entre los pinos, salen despavoridos unos cuantos ciervos al escuchar la frenada de la locomotora de Jorge. No serían los únicos animales con o sin cuernos que veríamos.
Empiezo a desorientarme, muchas curvas son las culpables, pero no me mareo. Al fondo se descubre el Valle del Almanzora con el parque eólico que anuncia a Serón y Tíjola.
Bajamos cruzando varios cortafuegos, nuevamente un deleite al ver Jabalies. Hoy el día va de fauna, perdices, ciervos, jabalíes y zorros. Nada de conejos ni congrios. Gusta cambiar unos animales por otros..

Alonso pincha y al poco…llegamos a Los Santos. Una barriada donde la gente anda haciendo labores propias en las huertas aledañas de sus casas rehabilitadas. Paramos en la plaza, la fuente despacha agua rica y fresca a la una del mediodía y hacemos la parada del hambre. Bocatas de jamón york y queso, de lomo embuchado, de atún..
Alonso apenas come y decide reanudar su marcha, le acompaño. Lo que llevemos adelantado nos vendrá bien de cara a la subida final. El jipiese nos chivata que íbamos mal cuando llevamos unos metros de más hacia arriba, bajamos y nos cruzamos con la trupe de la guadaña. Buscamos el camino correcto.

Bordeamos un valle, primero bajando por una ladera verde y hermosa, cruzamos un pequeño riachuelo y luego subimos por la ladera opuesta buscando el Mirador de las Víboras, donde esperaríamos a un Alex y Bichito algo descolgados.
Llevamos alrededor de unos 50 km y en un cruce, Alonso decide acortar hacia Las Casillas, mientras que los demás, decidimos bajar. ¡Y que bajada guapa te perdistes Alonso! Al llegar abajo, todos complacientes con el recorrido entre pinares ¡hasta el Bichito ha disfrutado bajando! Durante todo el recorrido varios fueron los comentarios acerca de lo “bonico de verdá” del terreno y de la ruta dibujada.
Por fin, descubro el ruidito de los cojones: Un portabidón rajado, que al rebotar, pues sonaba varilla con varilla… “ke le den”.
Ahora toca subidilla en dos tramos, el primero se hace llevadero. Me quedo, no me estreso, Alex me acompaña. No me estrujo sabiendo que son 13 kms de subida y regulo. Luego viene un rato de asfalto, me recupero y me esperan poco en el siguiente cruce. Ahora hay que apretar los machos. Buenos repechos que aprovecho para bajarme y estirar los gemelos y la espalda conforme la subo andando unos metros, los demás… todos sobre sus bicis apretando los dientes.
Noto que me queman los brazos y las piernas. ¡Qué calentito dormiré por la noche! Recuerdo que no me he echado crema solar, sólo en la cara antes de las 8 de la mañana. Sin embargo Jorge llevaba dos botes en la cara y ni le transpiraba.

Km 72. Sé que lo duro (de subida) ha acabado, toca bajada (también dura). Asfalto, pista, asfalto hacia Aulago, pista hacia el Chortal, rodadas de tractores petrificadas.
Nos metemos por una bajada técnica con matojos y esparto a mansalva. David y yo por delante. Tenemos hambre, por eso vamos abriendo y yo ya pienso en las cervezas del Montellano, motivación suficiente. Buscamos el camino desde el barranco en el que hemos desembocado y que llega a Portocarrero, en este caso, Vitel coge las riendas del grupo para guiarnos con el jipiese, ya que la batería de el Bichito había muerto. Bicicleta a la espalda si o si.
Atravesamos un casica, cada uno de nosotros, gente educada, le damos los buenos días a los cortijeros, pero sólo responden al Vitel que iba el último. No parece que le hiciese mucha gracia el bordear sus bancal recién regado. Lo que no saben es el hambre que David y yo teníamos, y que si se descuidan pierden un perro tonto de los que se nos cruzaban a nuestro paso. Caemos a la rambla que nos llevará hasta Gérgal, bajamos tranquilos y como en la salida, los exploradores de antes abriendo y los de ahora escoltando. Veo casas, población, es Gérgal. ¡Yupi! Esbozo una sonrisa en Jorge al escucharme.

Todos juntitos.. llegamos al Montellano y.. nos cambian las caras. Son las 17 y pico: Montellano cerrado. Vitel no se fía y se acerca por si puede ver vida en el interior..
Tardamos 5 min. en meter las bicis en los coches y coger rumbo a un bar algo escondido de Rioja.
En el coche recapitulo: Rutón, con calor pero con suave brisa que refrescaba por las pistas y veredas entre pinos. Ruta acabada, bonita, dura, fauna por doquier y al final 8 M3K los que acudimos a la ruta oficial…

Cuando llego al bar, los de antes llevan media jarra en sus tripas. Me animo y sigo sus pasos. Tan fría que me quema el paladar. Los de ahora van llegando, mostos, sin alcohol.. tubos, cañas. Nos encienden la plancha al vernos la cara de desnutridos y ante las exigencias de los de antes.
El rojo incandescente de mis muslos y brazos se hace patente, si el bar apaga las luces, irradio más energía que una central nuclear. Son las 19 pasadas, Dani tenía que estar en Padules hace una hora y yo en mi casa para una reunión para preparar un viaje próximo.
Nos despedimos los de ahora de los de antes, estos parecen pelícanos por la longitud de sus buches. Bichito comenta que anda sin dinero; seguramente tengan que quedarse a fregar porque las sillas parecen ancladas al suelo junto a sus pies…. y las manos a las jarras…. Un brindis por ellos! Un brindis por el sábado memorable de 9 horas de convivencia ciclista … mejor que la jornada laboral que me tocará el lunes cuando suene la alarma a la misma hora…. ¡palos con gusto no duelen! Aunque tendré que dormir con el bote de Aloe Vera en la mesita y bocarriba durante dos noches….



Fotos Alex: