¿Tú cuantos Puntales has hecho hoy?

Ya pondremos los detalles, pero así, que recuerde hoy estábamos unos cuantos:
– Jorge El de Antes: 1 (Bajando por los Gongoras)
– Alonso: 1 (y luego para pidras blancas y no se qué más. Todo el día solo!. Lo vimos bajando el Puntal cuando nosotros subíamos a por el tercero)
– Beatle y Juan?: 1 y a deshoras. Muy mal!
– Nico: 1 y medio y también a deshoras… Solo!
– Bichito y Congrio (Jincapuntales!): 3 uno de ellos bajando por los Gongoras
– Y bueno, un montonazo de gente que había por ahí en bici :)

CRÓNICA, por elbichito.

Son las seis y media de la tarde. Estoy en el polideportivo de Benahadux, mientras que la música está a “todo trapo” y las muchachas se preparan para bailar yo estoy dado la vuelta al escenario mirando un espectáculo grandioso en el que nadie se fija. El sol de poniente da de lleno en Sierra Alhamilla y el puntal está ahí, rojo brillante, esplendoroso y retador. Se ven las minas, los pinos, la cantera, los baños más abajo, y se adivina hasta el camino donde esta mañana se ha librado una batalla épica, primero contra el físico, después contra la mente y más tarde contra la voluntad.
Y así de magnífica apareció la mañana, era temprano y los más irreductibles estábamos en el minihollywood para hacer no se sabe muy bien qué. El Comandante, seguramente, para ser testigo de la hazaña, el Alonso para vencer ajustar alguna cuenta personal pendiente, y el Congrio y yo… para apuntarnos a la leyenda de los Jincapuntales.
Afrontamos la primera subida con alegría, jugueteando con el abuelico, tensándolo en las cuestas y luego dejándonos coger para volver a tensarlo, tenía su gracia, el Alonso atajando para adelantarlo sin que se diera cuenta, tenía su gracia. Y así fuertes, decididos, casi diría que sobrados, fuimos haciendo la primera subida. Llegamos a las antenas sin enterarnos, dejamos la abuelico que se realizara y que llegara antes, total luego le tendríamos que esperar bajando. Al Alonso ya no lo veríamos hasta mucho tiempo después. Bajamos por Los Góngora, el terreno estaba fácil, húmedo y el ánimo en lo más alto. En la subidilla de la cadena nos encontramos con Dani, nos da alegría verlo pero tenemos prisa y casi no paramos. Cumplimos la primera vuelta el Comandante nos abandona por la cuenta que le trae y el Congrio y yo seguimos con paso firme, “demasiado bien” pienso yo.

Sigo en Benahadux, ya son las siete y media y el Puntal sigue ahí, ahora más gris que antes pero con el contraste de los salientes cobrizos y la antena todavía reluciendo, se distingue muy bien el Alfaro y la línea que marca la subida justo el límite entre el bien y el mal.
Y es que la segunda subida comienza bien, pero ya los repechos hacen daño. Me entra la duda y cuando paso la primera mitad de la subida entro en una crisis mental profunda: “¡No voy a poder!”. Menos mal que el Congrio pincha y me deja casi media hora sólo a mi suerte, y esto mejora mi ritmo. Nos cruzamos con el Niko que baja sólo, esto es la hostia. Los últimos cuatro kilómetros se me hacen muy largos y voy llegando pensando en que ya no voy a volver más allí. Por supuesto que de bajar por Los Góngora, ni hablar ya no podía haber más esfuerzos extras. Se baja por la misma carretera y en mitad de la bajada… el Vitel que iba con un amigo a las tantas para arriba, derrapo delante de ellos porque ocupaban todo el camino con sus orondas figuras y sigo para abajo, no tengo tiempo que perder. El Niko sube sólo, esto es la hostia.
Ya se ha hecho de noche, bailan los últimos grupos, no me tengo en pie pero sigo mirando al Puntal, pensando en todo lo que ocurrió esta mañana. Ya está todo negro, solo se ve el perfil de la montaña en cielo y una gran bola naranja saliendo por el costado.
Comemos bien, saco cerveza para mí y acuarius para el Congrio. Hay que hacer el tercer intento aún en contra de lo que me dice la razón. El Jincapuntales decía que esta es la de verdad. No sé cómo voy a llegar, pero misteriosamente empiezo bien… el primer kilómetro y casi el segundo, a partir de ahí a resistir según Confucio me tocaba otra vez más ser yunque. Gracias a Dios, el Congrio vuelve a pinchar y se repite lo de la subida anterior, me dosifico, no para subir mejor sino para no perder la vida, es decir que pongo el platillo de supervivencia. El Niko vuelve a bajar sólo, esto es… Hasta la mitad de la subida bien, pero la segunda mitad…
Ya se ha acabado el baile y ahora me transportan la feria, me duele hasta el dolor… pero no tiene piedad, las niñas se van montando en todos y cada uno de los cacharricos que hay, y yo impasible de pie, apuntalado.
Ya voy transido y nos cruzamos con el Vitel y su amigo bajando, quiere que le hable. Yo ya no estoy pa ná. No pasan lo kilómetros, ni los metros de cien en cien, coño, que no pasan ni de diez en diez. Llegamos al cruce de los mil metros le digo al Congrio que me bajo (para probarlo mentalmente) se da cuenta de la estratagema el muy mamón. Un poco más adelante le digo que quiero llorar y me suelta que ya queda poco, como si yo no supiera lo que me quedaba, estamos muy cerca pero es que no llego… y por fin llegamos, experimento una gran emoción y siento cómo esa gota de adrenalina que me entra en la sangre me va a hacer bajar hasta el coche.
Ya es el último cacharrico de la feria, el mono loco, las niñas quieren que me suba, les digo que no, que total no me iba a enterar. No hay un sitio donde sentarse, me voy a morir. A estas alturas de la noche sufro alucinaciones, el mono loco se para y se me queda mirando de frente, es gigante y blande en la mano izquierda un gran plátano, por un momento se me apareció el Congrio avituallándose y queriéndome meter el plátano por el culo. Me despiertan, estoy montado en el coche de bomberos y dice el tío que es el tercer viaje que doy. ¡Vámonos ya!
De vuelta a casa miro por el retrovisor y veo atrás la silueta del Puntal, pienso en la posibilidad de hacer cuatro. Un gran escalofrío me recorre de abajo a arriba.