II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 10 Midelt

Amanece en Midelt, y los primeros rayos de sol comienzan a iluminar la coqueta “casita de la piscina” que había sido nuestra morada por esta noche.

Lo que resulta curioso es que nuestro despertador acuático (el que responde al nombre de Congrio) no ha sonado esta mañana, y aún así son las 7h00 de la mañana y ya estamos todos con los ojos como brotolas.

Poco a poco y sin aglomeraciones, todos vamos desfilando por el cuarto de baño dentro del cual, en la puerta Nº1 encontramos el “vanguardista” WC europeo y tras la puerta Nº2 el clásico, a la par que recurrido “agujero del suelo”. Yo, ante la duda de cuál elegir, mis pocas ganas de atorar agujeros de ese día me hicieron decantarme por la puerta número 1.

Otro detalle fue, que tanto elegir una puerta como otra del aseo, antes había que cruzar por el salon-terraza-comedor en el que se serviría el desayuno para todo el hotel pocos minutos después.

¡EL DESAYUNO!

Tantas mañanas universitarias sin ir a la facultad no podían haber sido desperdiciadas. Y es que en esos días cuando desayunaba a las once de la mañana viendo al Sr. Torreiglesias en mi piso de estudiante presentando el programa “Saber Vivir” me habían inculcado esa gran ley de que el desayuno es la comida más importante del día. Yo como buen telespectador hice caso, al igual que todos mis compañeros, y es que señoras y señores… el dasayuno era un BUFFET LIBRE.

Antes de comenzar, los servicios sanitarios marroquíes ya estaban avisados y la ambulancia arrancada en la puerta por si acaso. Y es que el buffet era más propio de un jeque morube que de un hotel de Midelt. Dulces, pasteles, café, zumos, leche, más galletas y pastelitos… todo lo que se puede imaginar y un poco más. Los platos iban y venían y poco a poco el personal del hotel se iba percatando que algo grace estaba pasando en la mesa del fondo, donde curiosamente estamos sentados nosotros. De pronto un ingenuo camarero, se acerccó a nuestra mesa para recoger un poco, cogió un vaso… cogió un papel… y cuando levantó la mirada… vió un espectáculo dantesco: kilos y kilos de envoltorios y restos de comida. En los ojos del camarero se pudo dislumbrar el terror envuelto en un halo de incredulidad. Así que se fue presto y puso de sobreaviso a todo el personal del hotel. Desde ese momento eremos el centro de atención, pero aún así seguiamos engullendo. Minutos después, ante la impotencia del hotel y viendo la que se le venía encima, la gerencia del hotel adoptó la medida de no reponer más comida en el buffet. Nosotros por nuestra parte, dimos de mano cuando empezamos a notar los primeros síntomas de asfíxia y decidimos volver a la casa de la piscina. En el camino de regreso, nos esperaban los camareros para comprobar si seguíamos vivos. Los comentarios que nos hicieron no tenían desperdicio, pero yo solamente escribiré el que má me gustó: “esto…¿ustedes mañana también vendrán a desayunar?” A lo que nosotros contestamos que creíamos que no. Y justo después se escucharon algunos suspiros por parte de algunos camareros.

Terminado el espectáculo del desayuno llegamos a la casita de la piscina. Ahora teníamos que recoger nuestras pertenencias porque tal y como nos prometieron en el hotel hoy ya tendríamos nuestras propias habitaciones.

Después de tantos días de aventura sobre ruedas decidimos tomarnos el día libre para pasear por la ciudad. El hotel se encontraba a las afueras de la ciudad de Midelt, a unos 2 km, que hicimos andando. Una vez en la ciudad empezaos a pasear y no hay que esperar mucho para que los primeros vendemantas covenzan al tesorero, Diego y al pastelero para meterlos en su casa y venderles lo que pudiera. Mientras tanto, Congrio, David y el que escribe, tras la experiencia de Tinerhir decidimos esperar en la puertade atrás.

Terminados las transacciones comerciales seguimos con la visita por Midelt, una ciudad poco encantadora para mi gusto, sin mucho que ver. Gente y poco más.

Sin casi darnos cuenta había pasado más de media hora desde que terminamos de desayunar y decidimos tomarnos un “tesecico” (ya que por lo visto en Marruecos los hacen bastante bien) Una mujer, por llamarle de alguna manera empieza a darle a la húmeda y nos intenta convencer para que nos quedaramos en el bar a comer. Su españos era bueno pero su táctica comercial no tanto y la frase: “ para que os engañen por ahí, mejor os quedáis aquí” hizo que siguieramos rumbo downtown.

Tras dar una vuelta nos paramos a descansar enfrente de la estación de autobuses de Midelt. Aunque aquello parecía más un cementerio de autobuses zombies, porque madre mía que autobuses!

Son ya las 13h00, y empezamos a hacer esfuerzo para retenernos. Pero no hay forma, es la hora de comer, por lo que buscamos desesperadamente una pollería que habíamos visto anteriormente, y ante el asombro del señor pollero, nos pedimos dos pollos asados completos con guarnición.

Ya con el buche relleno otra vez, y sin encontrar un baño árabe en condiciones para relajarnos nos ponemos rumbo de vuelta al hotel. El cansancio del viaje ya es notable incluso en un día de descanso como hoy y la vuelta a casa se hace dura, pero como somos masocas y mastrinkais, decidimos ignorar los comentarios de nuestro pastelero más dicharachero que nos recomienda coger un taxi para ir al hotel. Pues eso, que como somos así volvemos andando y el camino es una recta infernal donde hasta la sombra se había derretido del calo que hacía.

Ya en el hotel, cada uno se marcha a su habitación para asiestarse. Yo comparto habitación con Diego, el cual habilmente sintoniza un canar en el que estaban retransmitiendo un reportaje sobre Almería. Esto nos hace recordar que nuestra aventura esta practicamente acabada y al menos a mí, me hace echar ya de menos el viaje que todavía no había terminado.

Esto… pero si ya es casi de noche! Habíamos dormido más de 3 horas de siesta. Así que, como no podía ser de otra forma, bajamos rápido para cenar. Hoy no había tantas risas durante la cena ,y el cansancio se notaba. Además a mi me había vuelto el sentimiento de nostalgia de cuando estaba viendo el reportaje de Almería, algo que yo creo les pasaba también a mis compañeros de viaje.

Así que sin más, cada uno se va a su cama tras cenar, ya que mañana toca la aventura final: un paseo en furgoneta de más de 500km,. Pero bueno, eso será mañana.

Aún queda algo más!! Llevamos unas dos hroas acostados y supuestamente duriendo cuando le digo a Diego “¿no tienes sueño?” Y el me contesta “No, tu tampoco” jajajajaja y es que esaas 3 horas de siesta …