20 N. LOS MASTRINKAIS HACIA LA GLORIA.

La Rábita – Cerrajón Murtas – Turón – La Rábita from losmastrinkais on Vimeo.

Esta vez la crónica no pretende ser un alarde literario sino una descripción detallada de la ruta. Sabiendo que nuestras rutas se publican y luego hay gente que las hace por su cuenta, me veo con la responsabilidad moral de dar el siguiente aviso: “¡Pensadlo bien!”
Ponerle un calificativo de dureza a la ruta carece de sentido.
Diez valientes e inconscientes quedamos en La Rábita, esperamos a los “Jorges”, que llegan tarde, (se han comprado un coche y están aprendiendo a conducirlo.) Y todos tan contentos, ninguno barruntaba lo que se nos venía encima. ¿Ninguno? Alex que había propuesto la ruta y yo mismo pensábamos en que iba a ser… en fin.

Y salimos, y hacemos quinientos metros y… ¡A subir! Las primera cuestas son acogidas con alborozo generalizado, risas y gritos de ¡Otra, otra! Son del 14% al 20%. Alcanzamos el kilómetro y medio de ruta en casi 20 minutos y estamos en las Antenas del cerro Pingano. Como los mastrinkais somos de espíritu optimista pensamos que ya escampará, y lo hace, ahora recuperamos en los “llanos” del 12% de pendiente y luego apretamos en los del 18%. Pronto perdemos a Niko y a Eu, pero los demás vamos bastante agrupados y en general bien. Seguimos haciendo kilómetros, en minúscula, porque apenas se avanza sobre una cresta que no se acaba nunca, y dejamos atrás los invernaderos. Llegamos a unos cortijos rurales “Casa Fuerte” ya llevamos 7 kilómetros y hemos invertido ¡UNA HORA!

En la siguiente hora la cosa no cambia mucho tenemos dos descansillos, el primero de 500 metros y el segundo de casi un kilómetro pero las rampas eran todavía más duras que antes, serpenteando entre dos barrancos, uno a cada lado, así que nos plantamos en el Collado, 15 kilómetros en ¡DOS HORAS! Paramos, comemos y pensamos que alguna vez tenía que menguar la cuesta puesto que ya estábamos en la cota 1000 ¡qué ilusos! Nos esperan otros 7 kilómetros de carretera y a la mitad un kilometrillo de tregua bajando, podríamos decir que son “favorables”,  y justo al culminar la bajada el congrio se cree que ha perdido la cámara del club. Se da la vuelta, por la cuenta que le trae, a buscarla donde creía haberla perdido, sube en contradirección esprintando. Está mal de la cabeza. Los demás seguimos a pesar de que perdemos también a Jordiman momentáneamente, le duele la rodilla, ¡Vaya día para que te duela ná! Ya estamos en la Venta del Chaleco 22 kilómetros y ¡TRES HORAS! Aquí por muy favorable que sea el terreno no se avanza nada.
Afrontamos los últimos dos kilómetros de subida hasta el Cerrajón, rampas de hormigón llevaderas hasta que se acaban y se hacen de tierra por encima del 14%, se pueden subir con un esfuerzo titánico, vuelve a aparecer el hormigón en forma de pared del 29% se aprietan los riñones pero un fuerte golpe de viento nos hace poner pie a tierra, en realidad hubiera bastado un simple soplo asmático. Claro que a Manolo el jaenero y al congrio nos los tiró ni el viento.
Ya hemos alcanzado la cumbre a los 24 kilómetros y medio en ¡tres horas y 21 minutos! Volvemos a reponer fuerzas, no se habla mucho, hace frío, cruzamos las miradas pensando en los 44 kilómetros que faltan “Ya no pueden ser tan duros” dice alguien, llega Jordiman y sin dejarle que coja resuello nos vamos para abajo ¡Ya por fin viene el terreno favorable!
Bajamos plácidamente a Murtas y entre las calles del pueblo buscamos un sendero de bajada bastante intrincado, tanto que me llevo con el manillar medio matorral que cerraba el camino y en estas que llegamos a la rambla de Murtas y se acaba todo rastro de bajada, tres kilómetros de subida a Turón con sus cuestecilas del 20% como manda el reglamento mastrinkais.
En Turón una paisana nos da agua de su casa (muchas gracias), intentamos reagruparnos porque teníamos a dos perdidos por sabe Dios donde, una fruta y seguimos. Ya llevamos ¡5 horas! Y quedan 30 kilómetros. ¿Por dónde? Pues para arriba. Y aquí se puede decir que empieza la ruta de verdad, ya no hay fuerzas, no hay casi ni vida, y nada más salir para calentar rampas del 14% todo el rato con golpes del 19%,  así transitamos como unos tres kilómetros.

En algún cruce encontramos a Niko y a Eu, pero no puedo precisar dónde, recuerdo todo esto como en una nebulosa. Sé que el comandante se queda como buen samaritano con el niño, que le duele la rodilla, y es que las cuestas reblandecen los “corazones” de los más duros. También recuerdo una bajadilla de recuperación antes de mirar a la derecha y ver una rampa seguida de una queja de Eu: “Esto es dureza por dureza”, me rio por dentro porque por fuera no podía ni mover las pestañas. Ni que decir tiene que voy circulando con el molinillo permanentemente con lo que ante cada nueva dificultad solo me movía la fe, venga cuestas del 14% hasta alguna del 20%, un rampón de empujar la bici y así hasta llegar a una carretera.
Cuando te crees que ya has subido todo ahora quedan unos 3 kilómetros de carretera, más llevadera, pero el castigo ya es mucho.
Alguna vez tenía que empezar la bajada, veo a los delante salir de la carretera y girar a la izquierda. No me lo puedo creer, queda otra subida con sus correspondientes rampas del 15 % ya no sé ni cómo la subo, creo que con el alma (esa pieza que hay dentro del cuerpo y que se solicita antes de… la rendición.) Punto kilométrico 49, ¡6 HORAS Y MEDIA! Y todavía no ha llegado la bajada.
Nunca en mi vida he disfrutado tanto con una bajada, sobre todo, porque era la que más he esperado que llegara, entre la niebla, entre pinos al principio, encinas luego y almendros al final, cruzando numerosos cortijos, con infinidad de curvas y resaltes de esos en los que el Congrio pega saltitos (menos mal que no lo vi).  Y por fin en la rambla de Huarea a toda leche hasta llegar a la playa, y para remate de la ruta un último kilómetro con viento en contra para que hubiera de todo.
68 kilómetros con 2800 metros de desnivel, todos ellos en los primeros 49 kilómetros, y 227 de IBP. Veréis que esta vez no he hecho alusión ninguna a quién iba antes, quién subió más rápido y chorradas de esas. Solo decir que esta vez hubo bastante solidaridad y que la gloria queda para: Manolojaeneroman, Congrioman, Alonsoman, Guilleman, Alexman, Jorgedeantesman, Jordiman, Nikoman, Euman y Bichitoman, el que escribe.