EL CALAR ALTO POR LA RAMBLA ES POSIBLE.

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Almería – Calar por Rambla, Trailer from congrio on Vimeo.

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Después del ventoso fin de semana anterior, volvemos al mismo escenario. El reto aún mayor, a las cúpulas… pero por la Rambla y casi todo tierra. Sabía que el Congrio no se iba a amilanar ante esta ruta, era la culminación de esa descabellada idea que otros años se nos pasaba por la cabeza a la vuelta del Calar Alto, hacia Almería, nos preguntábamos; ¿Y por la rambla? Imposible, tiene que ser durísimo. Y es que algunos se atrevían a decir que llegar por la carretera al Calar no tenía mérito, que había que hacerlo por tierra.
Y allí estábamos doce intrépidos en la salida más Niko con su coche de apoyo. No todos salen con la intención de acabar, tienen diversas ocupaciones. Esperamos a indurain22man, viene disculpándose y ya se sabe excusa no pedida, acusación manifiesta. (Es que en latín no me acuerdo como es.) Guilleman, Daniman, Vitelman, Congrioman, Canoman y Bichitoman por los mastrinkais junto a Manolo el jaenero, Carlos el externo, Indurai22man, Alonso (que le está cogiendo el gusto a esto), Dani y Pérez (el que tiene un amigo mejor que él todavía).
Hay tranquilidad en el ambiente, pronto nos damos cuenta de que el día va a ser espléndido, y lo fue. El ritmo es “allegreto, ma non troppo” y la primera hora avanzamos 18 kilómetros justo al entrar en la rambla de Santa Fe, ya pisamos tierra y no la dejaremos hasta muchos kilómetros más adelante. Subimos con poca gana, hay que bajar por el otro lado de la vía del tren a la Rambla de Gérgal y subir “pá ná”.

Ya en la Rambla de Gérgal se ven las cúpulas a lo lejos, a lo lejísimos, es nuestra meta y no dejamos de pensar cuando llegaremos allí arriba. El Congrio y Manolo arrastran al grupo y por detrás nos quedamos Guille, Dani, Vitel y yo dando pedales pero sin que nos pesen las piernas, llegamos a pensar que vamos a hacer la ruta solos. Pasamos el derrumbe de la Rambla y nos juntamos, llamo al orden a los velocistas y los pongo en la calle dos (que era la manera que teníamos los atletas de establecer orden en los entrenamientos, al fin y al cabo aquí el único que tiene medallas, soy yo ¡Hombre!)
Vuelve la calma y vamos dejando atrás las cortijadas de la Rambla de Gergal, el cortijo del Estanco, las aguas de surgencias de Fuente Santa y en la Aldea de la Gebera salimos de la rambla para cruzar por el camino de las Alcubillas y volver a la Rambla por el Cortijo Alto, nos ladran los perros ¡KE LES DEN! Y ya estamos debajo del Puente de Hierro para afrontar la primera subidilla seria del día, qué difícil se hace subir cuestas del 20% reservando “pa” luego hay que mantener ese inestable equilibrio entre la fuerza de desgaste y la fuerza de reserva, el ritmo del grupo y el tuyo propio. Casi sin morirnos estamos en el Polvorín y de seguida en Gérgal hacemos la primera parada importante en el lavadero de la Cimbra al “solecico” llevamos como dos horas y media y se acerca lo bueno. Pepe el Vitel tiene que ir a la plaza del pueblo a por agua, no tiene remedio, viene a una ruta de 130 kilómetros con un botellín de agua, en fin.
Los de antes elaboramos estrategias mentales y según nuestras cuentas nos quedan cuatro etapas, hasta Portocarrero, hasta El toril, hasta la carretera y hasta el Calar. La que más miedo me da es esta primera y no me equivoco. Algunos intentan hablarme, no les contesto, se acuerdan de que voy en penitencia, pero la verdad es que no me salía un hálito de vida, dentro de un rato iríamos ya todos en penitencia. La rambla hasta el Cortijo de la Junta me quita media vida, las piernas me pesan, no quiero gastar y no gasto porque ya me queda muy poco ¡Dios y todavía no hemos empezado a subir! Aunque estamos ya a 1.075 metros de altura.
En este punto Dani, Alonso y Pérez se vuelven, pero si ya llevamos 47 kilómetros. Los demás con las bicis al hombro subimos el cortijo para coger el sendero que nos lleva a la Rambla del Toril, al llegar arriba no puedo ni montar me da un bajonazo moral y los demás tiran por delante. Llego el último y con dificultades al riachuelo, pero es cruzarlo y me viene la frecuencia a las piernas, que no la fuerza y comienzo a subir bastante suelto. Claro que para sueltos, sueltos, Dani, al que vi como se alejaba y Manolo Y el Congrio que ni los vi. Vamos llegando en procesión a la carretera y dejamos a los fuertes que esperaran a los menos fuertes para reunirnos todos en la Fuente del Toril. En el cruce de la carretera con la pista del Chortal nos encontramos a Niko en el coche que nos trae agua, no te imaginas el bien que nos hizo ese trago.
Ya en la Fuente nos reagrupamos, comemos, bebemos y a por los últimos 13 kilómetros, nos queda poco pero ya puede más la voluntad que las fuerzas. Ritmo tranquilo hasta el cortijo de la Hoya (1600 metros), pasamos la barrera y ¡A SUBIR! Aquí ya no hay trampa ni cartón, cada uno con su suerte y con lo que le queda, es un tramo duro, sobre todo con 60 kilómetros subiendo. Empiezo la cuesta bien, pero de seguida ya voy mal. Las cortezas de los pinos frenan más que cualquier velcro. Guille va peor, pero delante de mí, bastante cerca a unos metros, se levanta, se casi para, se coloca el culote, se retuerce, (vaya día para estrenar sillín), no va bien pero no lo cojo. ¡Coño! Que además me saca terreno, como iré yo, pienso. De pronto se para está hasta los cojones “¡Vamos que queda ná!” le digo, “¡Y a mi qué!” dice él con la mirada. Ya estamos en la carretera a 1920 metros, llego vacío, me queda un gel de frutas que al tragármelo lo noto entrar en la sangre directamente. En esto que llega el vitel y sigue sin pararse a la más vieja usanza de los de antes “Tú párate que yo voy tirando”.
Última etapa solo quedan 4 kilómetros son duros y me toca sufrir tengo que pillar al Vitel, el mamón me ha pillado en un descuido, vamos que si me agacho me la mete. No le recorto va con Dani y tiran mucho, pero sigo hasta que en último kilómetro decido hacer una ataque de lejos, le paso por la derecha sigilosamente, no se lo espera y cuando se da cuenta suelta su característico ”Coño” con los ojos como huevos, me parto de risa y casi me caigo de la bici. Y todos vamos ganado a la montaña y llegando al cima con casi 70 kilómetros de subida en las piernas con el esfuerzo en las caras pero con la satisfacción de superar este reto. Saludamos a mi cuñao Antonio que está de guardia en las cúpulas y nos abrigamos.
Toca bajar plácidamente por la disfrutona pista del Icona hasta la Merendera y desde ahí de forma vertiginosa hasta el Montellano. Nos reagrupamos… en la barra y ya se sabe, rehidratación bastante, algo de comer, euforia contenida (lo que queda de ruta es un puro trámite), vivas a España, solicitudes de entrada en el club, conatos de cantos regionales, abrazos y rozamientos, cuatro yintonis y la cuenta. En esta etapa sí que se notan los mastrinkais.
Ahora queda la experiencia mística de los toboganes de la autovía a toda mecha, siento en el estómago lo mismo que en el DragónKan del Portaventura. Y desde el cruce de Tabernas contrareloj por equipos final con viento en contra y Cano tirando como una bestia, relevos hasta que pude aguantar y apretando el culo para llegar de día. En resumen 126 kilómetros en 10 horas y media. Teniendo en cuenta que paramos 2 horas y 30 minutos salen 8 horas de esfuerzo en la bici y una media de ¡15.68 km/h! Claro que a otros les saldrá todavía mejor media. ¿Estamos bien?