SÁBADO 16 DE OCTUBRE DE 2010 RAMBLAS Y SIERRA

Crónica Bichito de la Luz
Viendo los últimos derroteros que habían tomado nuestras salidas era momento de recuperar la esencia de los mastrinakais. Se despista uno dos semanas y se convierte el esto en un club de gallinas trialeras. ¿Acaso es que somos virtuosos de la bici de montaña?
Así que puse a trabajar el lápiz y salió una rutilla apañada, de 127 kilómetros, circular y saliendo de Almería ¡que ya está bien de coger el coche!
Madrugamos, y a las 8 de la mañana en Villa Inés noble aparecemos ocho gladiadores del mtb; el comandante, el vitel y el bichito representando al sector de antes, Diego, David y Champo, y dos valientes y duros invitados, Alonso y mi tocayo Pepe Ruano.
Pero había ausencias, algunas esperadas y otras… Qué fue de Alejandro MachuPichu, qué fue del Gran Canuto, ¿y del Jincapuntales? Pero la ausencia más comentada fue la de nuestro gurú, el titán de la mountain bike, la fusta infatigable de los casados ¡Pero donde coño está el Congrio!

Diversas conjeturas al respecto, que si está amancebado, que si se está vaciando a chorros, que si ha visitado el oscuro mundo de los comebragas… como no nos ponemos de acuerdo iniciamos la ruta con un protocolario ¡KE LE DEN!
Y así comenzamos a pedalear, tranquilos, con los chistecillos del principio, y calentando vamos pasando Viator, Pechina, Rioja, Paulenca (aquí alguien comenta que el Ambus se daría la vuelta) y llegamos a Santa Fé para iniciar las primeras rampas, aquí se nota los que no tiene intención de acabar la ruta como desgastan sin miedo. Los demás conteniendo la respiración para no gastar nada. El Ricaveral hay que subirlo entero y es la parte de la ruta que más miedo me da, porque según como salgas de aquí así se acabará el día. Nos pasan diversos grupos unos con bicis de carretera, otros con mtb y nosotros al ralentí intentando no desgastar. Cuando abandonamos el asfalto cogiendo un desvío a la izquierda llevamos 37 kilómetros que se consideran de calentamiento y transitamos por caminos que surcan los cerros, cuesta arriba, cuesta abajo hasta llegar a Alboloduy. Alonso que es conocedor del terreno propone varias alternativas (seguro que “mejores”), al principio porfía, luego se da cuenta que con el lápiz no se discute. La ruta va por donde va.
Llevamos 48 kilómetros y es el punto de no retorno para los que tienen alguna prisa, Diego y David marchan hacia Almería, cuesta abajo, tan a gusto los demás miramos hacia la Rambla de Los Yesos, sabemos lo que nos espera y ante la partida de nuestros colegas alguno llora por dentro. La primera rampa de hormigón me pega como Bruce Lee con los lunchacos, el grupo se estira y también se retuerce, no hay otra manera de subir esta cuesta hace calor y gracias a que llegamos a una suave rambla serpenteante que nos lleva a Rágol.
En Rágol vamos buscando agua para repostar y comer algo, Champo encuentra la fuente del pueblo, pero los de antes encontramos antes el bar, y debajo de un limonero reponemos. Tengo que hacer notar, como curiosidad, que no entiendo bien, como personas que están acostumbradas al líquido amarillo de los Dioses, en estos avituallamientos, piden una bebida extranjera de color parduzco oscuro de la que nadie sabe su fórmula ni los efectos que causa en el organismo. Pero en fin allá ellos.
Salimos del bar, invitan los invitados y empieza el tomate. La primera rampa ¡Sendero sorpresa! Molinillo desde el principio y como algunos tienen la fea costumbre de reírse ante estos esfuerzos pues a punto estuve de caer. Pero eso no era lo peor porque por el sendero se iba bien, lo malo llegó al llegar a la pista que Alonso dice que se llama Cuesta de la Fragua. Uno, dos, tres hasta 7 kilómetros ¡SIEMPRE AL 11%! Yo elijo el molinillo, otros como el Comandante y el Vitel el plato (tienen cojones). Nos reagrupamos pensando que ya queda poco para La Chanata, ¡Una mierda! Otros 8,5 kilómetros ya más suaves entre el 8 y el 10% Cuesta dura, pero dura. A esto el Champo ha subido y bajado como trece o catorce veces. Mi tocayo va mal, todos vamos mal.
En La Chanata se oyen improperios de todo calibre. Yo creo que no voy a ser capaz de seguir la ruta, me queda que subir… los molinos de viento, luego las cuestecillas de después de Enix, la cuesta final para subir a las piedras, el “Col” de Las Lomas. No llego, pienso.
A esto recibo un toque de atención de la parienta, tengo que llegar pronto y estoy en los molinos de viento, me bajo con el Vitel que se queda en Aguadulce (tiene boda) y no espero a los demás. Lo siento. Cojo agua en Enix y llego a las piedras bastante entero.
Pero, con las ruedas bastante infladas empiezo a bajar. En este estado enseguida se me colapsan las piernas por ir de pie, sentado no puedo porque tengo el culo como el hornillo de las monjas, se me contraen los músculos de cuello, las muñecas me duelen, pierdo sensibilidad en la mano izquierda y ahora me empieza a doler la espalda… pero que acabe este infierno. Me escucho susurrando ¡Señor llévame pronto!
Ya voy ciego, bajando el camino de Enix, no paro, veo a alguien arreglando un pinchazo, no paro, me llaman, freno y es Carlos El Conde me dice que qué hago por aquí que si no iba a hacer un ruta larga. Lo ignoro y sigo.
Subo el “Col” de Las Lomas con el mismo sufrimiento que subiría el Tourmalet. Me dejo caer a casa.
Llego como hacía tiempo que no llegaba, roto por fuera y por dentro. Llamo al Comandante y dice que han llegado bien, mamones.
128 kilómetros, 3.005 metros de desnivel concentrados en 88 kilómetros. El gps se apagó al empezar a subir los Molinos en el kilómetro 85 y sale hasta ¡190 de ibp!

Crónica Jorge el de Antes
Me puse el despertador para que me sobrara tiempo y ser puntual a nuestra cita, 8 de la mañana en Villa Inés, tanto me sobró, que decidí, cuando ya estaba totalmente preparado, echarme en la cama unos minutos más, esto acabó con un retraso de 5 minutos a nuestra cita.
¡Vamos que te estamos esperando!, oigo este grito de guerra y tras una rápida mirada a los allí congregados, replico:
De eso nada falta El Congrio
A lo que me responden:
El Congrio está arreglando el grifo de la manguera y no viene
Estos comentarios marcarían los primeros km de nuestra ruta a la par provocaba nuestras risas y chistes fáciles a propósito del conveniente y correcto uso de la manguera.
Sin darnos casi cuenta y con un ritmo tranquilo llegamos a Santa Fe, allí nos encontramos las primeras rampas (rampones) que son un pequeñísimo aperitivo de lo que nos esperaba.
Salimos de Santa Fe y una carretera, sin grandes pendientes pero con una continua subida, nos lleva al km 4 del Ricaveral, empezamos la subida y Bichito enseña sus cartas, no piensa forzar nada, va reservón, se queda continuamente hasta que lo hace definitivamente, cuenta con la compañía de Beatel y creo recordar que David, suben con inteligencia y reservando. Todos imaginábamos que la ruta podría ser dura, pero Bichito lo sabía y lo demostraba con sus sonrisas de conejo cuando hablábamos de lo que faltaba y por donde iba el dichoso lápiz.
Por cierto, el dichoso Lápiz lo es siempre, en todas las rutas, en los momentos duros, ahí lo maldecimos, odiamos a la retorcida mente que mueve esa mano y a veces hasta maldecimos al artista y siempre, absolutamente siempre que finalizan las rutas nos parece un Lápiz perfecto y un artista fantástico un diez “pal dibujante”.
Volvamos a la ruta, por delante Alonso, Pepe Ruano (el homónimo del bichito, ambos amigos de Diego que venían con nosotros por primera vez) y Diego que nos esperaban para un reagrupamiento y pequeño avituallamiento antes de bajas a Alboloduy, vamos llegando Champo, Bichito, David, Beatel y yo mismo.
La llegada de bajada por carretera hasta Alboloduy hace disfrutar a más de uno. En este punto David y Diego deciden volver a Almería y los demás nos metemos de lleno en los rampones acementados que nos hacen maldecir al Lápiz a pesar de que la rambla que discurre a nuestra izquierda es una maravilla visual, a esas horas el sol calentaba y ese tramo, por lo menos a mi se me hace duro a pesar de que me encuentro bien y hago el tramo con cierta dignidad, la misma que perdí unos cuantos km después, pero no adelantemos acontecimientos.
Creo recordar que eran las 12.30 o algo así cuando llegamos a Ragol, nos parapetamos en la terraza de un bar y engullimos nuestras viandas, cada uno las riega a su gusto menos Pepe Ruano (el nuestro) que la riega como siempre que puede: con medio litro de cerveza.
Sin demasiada dilación reemprendemos la marcha y como no, las sonrisas de conejo vuelven a aparecer e inmediatamente después unos benditos rampones, esta vez son más continuados y con peor terreno: ¡buen postre¡.
Empieza la fiesta, no se decir cuántos km hicimos seguidos sin bajar casi nunca del 10% de `pendiente pero seguro que mas de 7, después de lo que llevábamos en las piernas cuando íbamos por el km 4 o 5 de subida creo que todos excepto Bichito y Champo (que dejé de verlos en el km 2 o así) perdimos la dignidad, pusimos mucha voluntad mucho pundonor y por supuesto hicimos la subida pero dignidad ciclista encima de la bici poca, muy poca, parecíamos fantasmas deseábamos que terminase ese tramo, sabíamos que todavía nos quedaban unos cuantos km de subida hasta llegar a la Chanata pero también sabíamos que ahí las pendientes son bastante mas suaves, nuevo reagrupamiento antes de empezar el segundo tramo hacia La Chanata y afrontamos la nueva y última subida aparentemente con la dignidad recobrada.
Enseguida Bichito y Champo se van por delante y ya no los veremos hasta llegar a La Chanata, los demás paseamos nuestra recobrada dignidad durante los km que podemos, Beatel y Pepe Ruano (homónimo) parece que sufren porque no los veo, pero Beatel es incombustible y consigue llegar al punto de encuentro sin demasiado retraso, Pepe sin embargo a su llegada nos comenta que incluso ha tenido que parar porque los calambres le atacaban sin piedad, Alonso y yo habíamos llegado un poco antes.
Beatel iba justo de tiempo, tenía una boda y un lio de coches “que pa que”, así que se despide e inicia un descenso que, aunque no lo vi, debió ser muy rápido porque luego hablamos por teléfono y me comentó que llegó a Aguadulce con tiempo suficiente para desliar lo de los coches, pero que no las tenía todas consigo hasta que no se vio en su casa.
Yo lo hice especialmente lento hasta llegar a Enix, allí confirmamos definitivamente que Bichito también llevaba prisa (justificadísima, como nos enteramos después) y decidió seguir la ruta solo.
Una dolorosísima bajada de las `piedras para mi, un último reagrupamiento en las puertas de Almería para despedirnos y hacernos la foto de rigor y un nuevo rutón que finaliza felizmente a pesar de que no hubo tercer tiempo.

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=1246592

Fotos Champo