IX Ruta del Jamón 2010 (Sábado)

Pese a que la famosa Ruta del Jamón se desarrolla durante varios días, la crónica detalla lo acontecido en la etapa reina de la IX Ruta del Jamón.
Este año era inevitable no asistir a la invitación procedente desde Fuente Victoria. Una buena representación de los M3K acuden a la cita.
A las 8 y media atravieso la reja que da entrada al feudo de los Martínez. Hoy el aparcamiento tiene un aspecto distinto. Está repleto de coches rodeados de gente vestidos de ciclista.

Entre risas y saludos aparece el comandante con sus mejores galas, y nunca mejor dicho. Luce un elegante maillot que incita a pedirle una buena comida regada con un buen vino. Buen vino el de nuestro presidente cuando, con con una jugada maestra y un gesto inesperado, pone ante nuestros ojos un hermoso pellejo que contiene la sangre de Cristo. Apenas nos mojamos los labios para no dejarnos tentar por tan pecaminoso elixir.

Una serpiente multicolor recorre la carretera que llega a Laujar. Giro a la derecha buscando Nacimiento. El camino nos es conocido. Vamos calentando piernas y lengua. Antes de darnos cuenta estamos en esa asombrosa primera dificultad del día.

Las brutales lluvias de este invierno han hecho desaparecer el camino y, uno a uno vamos bordeando el río piedra a piedra. El cruce final del cauce se hace de todas las maneras posibles. El congrio abre camino con un pequeño tropezón al final, la potencia sin control… Otros cruzan tranquilamente sin dificultad aparente. Yo no me complico, y como un Dios paseo por encima de las aguas. Alguno llega a quitarse los calcetines, otros atraviesan troncos. Como he dicho, cada uno a su manera.

Comenzamos a subir con un calor de justicia, el grupo es alargado y cada uno sube a su ritmo. En un momento de la subida me vi reflejado en Eu, cuando tras un pinchazo comienza la función, “… no si queda poco para llegar a Monterrey, inflo y esprinto”. No había pasado ni una curva y lo vemos desmontando la rueda. Víctor y yo reímos. Por supuesto no llevaba cámaras, o mejor dicho, llevaba las cámaras pinchadas de otras ocasiones. De postre, infla la rueda y al sacar la bomba dobla la válvula. Se desespera, y yo me acuerdo de la Virgen del Congrio, pero él no está. Nos deja solos para que así nos hagamos mayores.
Miro a Víctor, pero no encuentro esperanza en él. Lo único que hace es reir, así que quién lo diría, pero ahí estaba el inútil de Germinator solucionando el “problema”.

Una vez acabada la actuación magistral de Eu, reanudamos la marcha. Saco mi armónica para amenizar la subida. Los demás esperan agrupados en Monterrey. Montse nos abandona en este punto y promete volver con provisiones.
Seguimos la ascensión hacia los Cerecillos. Aquí me uno al congrio para hacer un poco de piernas. Llegamos arriba y nuestra recompensa cae a chorros en forma de agua, la más rica jamás probada.

Una vez reagrupado el rebaño, reanudamos el camino en un sube y baja contínuo. El congrio y yo vamos delante, y eso hace que nos perdamos un encuentro inesperado. Enseguida llegan las noticias. Una señora jabalí y su hijo han salido al encuentro del grupo y les ha metido un buen susto. El bichito casi se echa un valls con la marrana al más puro estilo Bella y Bestia. ¿Quién es quién? Cada cual que reparta los papeles.

Realizamos una nueva parada en el cruce que nos llevará a Lagunilla Seca. Algunos, con más ganas de batalla, siguen hacia delante. Ellos sabrán la paliza que se han dado por el camino.

Cuando aparece el vagón de cola, el vagón más elegante de la ruta, continuamos la marcha. Voy en grupo con el Bichito, Dani, Alejandro y Víctor. Poco a poco se acelera el ritmo, y nuevamente nos vemos con la patata a ritmo. En un cruce, a pocos kilómetros de la Lagunilla nos espera la avanzadilla. Cachondeo, picoteo y risas mientras esperamos a los demás.

Tras mucho esperar, no podemos evitar la tentación que supone saber que Montse nos espera en Lagunilla Seca con el coche lleno de refrescos y sandía fresquita (lástima de la cerveza y la bota de vino), así que allí nos dirigimos.
Cuando llegamos, echamos un vistazo a esta curiosa formación endorreica que hace honor a su nombre. A pesar que, según cuentan, la semana pasada tenía agua, hoy no es así. Llamo a Dani, la enciclopedia del saber campestre, para que nos ilustre acerca de su origen, pero quizás afectado por el mal de altura, los dos divagamos acerca de su origen.

Resulta que, en efecto, es de origen glaciar, y tradicionalmente aprovechada para pasar la noche por los pastores que recorrían la ruta transhumante que discurre por la Cañada Real de Sierra Nevada.

Nos sentamos por allí para comer. Ya habrá tiempo de hacer turismo. Los demás van llegando, mientras nosotros comemos, bebemos, nos reímos, y a otros les empieza a oler la espalda a Varón Dandy de una manera escandalosa. Tardaré en borrar de mi cabeza la imagen de Eu recostado cual maja semidesnuda mirándome de una manera difícil de catalogar, mientras mostraba con sutileza parte de su zona “muy baja” de la espalda.

Montse y sus ayudantes van repartiendo comida y bebida a los que por allí andamos más secos que la mojama.

Laureano pilla una sandía, y a tajo parejo va repartiendo. Casi se me saltan las lágrimas cuando, en un gesto que me deja sin palabras y provoca que todavía se me ericen los pelos de mi cuerpo al recordarlo, me corta una generosa porción de esta sabrosa fruta. Cuando ya mis ojos estaban clavados en el intenso color rojo de la sandía, el señor Juez corta parte del corazón de la sandía y me lo ofrece, que jugada maestra. Los de antes derrochando talento y buenas maneras.
Saciada en parte las ganas de comer, y recuperada la presencia de espíritu, reclamo la presencia de nuestra mascota acuática y a la vez patrona del grandioso club al que tengo el honor de pertenecer, para hacer un poco de turismo por la zona. Cogemos la vereda que bordea la laguna y nos dirigimos al cerro de enfrente.

Una vez allí nos deleitamos con la grandiosidad del paisaje. La inmensa Sierra de los Filabres se extiende ante nuestros ojos con Huéneja a sus pies.
Echando la vista atrás observo la bonita estampa que conforma la serpiente multicolor recorriendo la vereda que acabo de atravesar.
Subidos en una roca nos juntamos unos cuantos que, víctimas del mal de altura, comenzamos a fotografiarnos de diversas maneras, a cual de ellas más grotesca. ¡Viva el amor!

Una vez descansados reanudamos la marcha deshaciendo parte de la subida que acabamos de hacer. Es entonces cuando nos damos cuenta realmente de las buenas pendientes que acabamos de superar. Un descenso frenético en el que curva tras curva ves juguetear a los niños por los cortafuegos.

Finalmente nos paramos en el cruce que, tras unos cinco kilómetros de subida, nos llevará hasta el Mirador de la Mosquera. Tras reagruparnos, comienza la subida. Con la promesa del último esfuerzo importante del día comenzamos a buen ritmo. Pronto vamos subiendo un grupo de nueve personas. El ritmo es bastante alto, por lo menos para mí, así que voy cerrando el grupo.

Los purasangre van por delante imponiendo su poderío, y pronto empiezan a cobrarse las primeras bajas. Yo sigo en mi sitio conformándome con seguir ahí. Veo a otro elegante ciclista, al beatle, al sevillano, al de madrid con tatuajes modernos, y alguno más. Por delante el congrio y su homólogo madrileño dan una vuelta de tuerca más y comienzan a distanciarse del grupo.

Jugando a ser ciclista, doy un salto de mi grupo y enlazo con los purasangre. Consciente de no ser digno de acompañarlos, me mantengo con ellos, con la ilusa esperanza de recuperar el aliento y encontrar ese extra de potencia que me permita jugar con “los mayores”, pero eso no ocurre. Es cuando echo de menos ese botón mágico que insinúan en la bicicleta del gran Cancellara.

Poco a poco los dejo. Mi cupo de sufrimiento está completo y levanto el pedal del acelerador, hasta que de repente me sorprende un adelantamiento por mi izquierda, es el Beatle. Ahí encuentro una nueva motivación para apretar, para jugar con los de mi clase, pero incrédulo observo cómo me cuesta trabajo seguirlo. Lleva un ritmo endiablado y los ojos inyectados en sangre, va como poseído. Intento seguirlo, pero me conformo con mantener la distancia, que no es poco, esperando iluso de mí que cediera en algún momento. El muy … llega al Mirador de la Mosquera amenazando con alcanzar a los “máquinas”.

Nueva parada en el mirador. Allí echamos un ratico y planeamos con el de tierras béticas una futura quedada en su tierra para después del verano, pendiente queda.

Miramos la hora y viendo lo tarde que es, nos acordamos de esa vida paralela que vivimos al margen del ciclismo, y de las obligaciones que ello implica, por lo que decidimos adelantarnos sin esperar al anfitrión de la Ruta.

Leve llaneo y descenso por pista hasta la carretera del Puerto de la Ragua. Salimos por encima de Bayárcal. Último duelo para el congrio que se va por delante con otro foráneo de calcetines largos. Detrás nos quedamos Beatle, Bichito, Jordiman y yo.

Al salir de Bayárcal, una llamada del amor interrumpe la persecución. Tras embriagarme de amor telefónico, y con la promesa de un cercano reencuentro, reanudo la marcha en esos últimos repechos que terminan por vaciar las piernas del poco brío que les queda.

Rápido descenso y entrada en Paterna ante los ánimos de los escasos habitantes. En la salida, una curva de herradura me permite visualizar al bichito y tras él a jordiman con un pesado pedalear. Me deslizo y pronto veo a Jordiman sufriendo en el repecho tras haber pisado algún cable pelado. Lo animo a seguirme y se pega a mi rueda. Seguimos un buen ritmo con el que terminamos la última cuesta del día. Ya solo nos queda dejarnos caer hasta Fuente Victoria, y así lo hacemos.

Cuando entro en el hoy apretado aparcamiento de los Martínez encuentro al Bichito guardando la bici. Tenemos que irnos, pero negociamos la cerveza del triunfo. Esa única cerveza con la que finalizar un día de pedales, jarra y pedal.

Nos sentamos en la terraza, jarra en mano, mientras comentamos aventuras y desventuras. Sin dejarnos engañar por las brillantes burbujas nos levantamos para irnos. El bichito reclama a Montse su pellejo. Y ahí comienzan las dificultades.

El pellejo pasea ante nuestros ojos, cargado de buen vino. Imposible la tentación de echar un buen trago entre gritos y cuentas. Parece que hoy somos duros y capaces de vencer la tentación, así que repartimos besos y apretones de manos en nuestro camino a los vehículos.

Ya junto a nuestros vehículos aparece el comandante. Felicitaciones y nuevo levantamiento de pellejo, que ya empieza a arrugarse y a pesar menos.
El vino entra en nuestros cuerpos y los gritos cada vez son más frecuentes, los gestos son más expresivos y las risas más escandalosas.

Entonces, haciendo balance, viene a mí una sencilla pregunta, ¿por qué llamarán a esta ruta la Ruta del Jamón? Traslado mi pregunta al elegante anfitrión, y nos invita a que volvamos a entrar para comprobarlo.

Me dirijo al bichito para convencerlo de “catar” el jamón. El bichito me mira con desconfianza, pero cede, así que volvemos a pasar frente a todas esas personas de las que acabábamos de despedirnos.

Cuando hacemos entrada en la cocina, un nuevo y generoso gesto de hospitalidad que parece reservado sólo a personalidades. Han cambiado el jamón, ya bastante mermado, y ya luce en el jamonero una hermosa pata de más de ocho kilogramos, según reza en su inscripción.

Empieza a silvar la cerveza. La estancia se llena de la hermosa luz dorada que proporciona este maravilloso néctar. Las jarras vuelven a estar llenas.
El jamón en su jamonero, con porte glorioso, preside la mesa. Tras él, un elegante anfitrión, cuchillo jamonero en mano, con gesto de concentración y de hacer algo grande. A un lado del jamón el bichito, al otro lado yo. Los caprichos del destino nos han ubicado en tan privilegiada posición. A la derecha del padre… bueno, del presidente, un congrio. Los demás apóstoles rodeando la mesa.
Cae una primera loncha. Es el principio. El bichito y yo nos miramos. Los dos sabemos que lo mejor está por llegar, así que timidamente vamos cogiendo lonchas, siendo generosos y dejando comer a los demás.
Recuerdo las historias del bichito con mi hermano. Los años pasan, pero las cosas no parecen cambiar. Ahí está sentado nuevamente con un Montoya, bueno dos, frente a un exquisito manjar.

El jamón va adelgazando sin que el plato llegue a mancharse. La cerveza corre y los vítores se suceden, derroche de garganta, risas y euforia desmedida. De refilón me parece reconocer la mirada desbocada del Beatle, va en modo ataque.
Nos reclaman acceso al jamón, pero el asunto está difícil. Pese a haber ingerido gran cantidad de cerveza, demostramos reflejos de gato a la hora de alcanzar las lonchas en el aire.

El comandante abandona su puesto, momento que aprovecha el bichito para coger la herramienta y asestar tres dentelladas mortales al jamón que amenazan con dejar el hueso al aire.

Después de decir innumerables veces que nos íbamos, finalmente lo hacemos. Nos levantamos, miramos el jamón preguntándonos si es viable echarlo en el coche, pero como somos gente generosa, lo dejamos en su sitio para que así los demás no tengan que llamar al Telepizza esa noche.

Salimos como otras muchas veces midiendo las dimensiones del camino que lleva al aparcamiento entre risas y cachondeo.

El bichito sale huyendo con su pellejo arrugado antes que a alguien se le ocurra algo nuevo. El beatle se para junto a nosotros y nos pone unas coplillas en su coche, lo que arranca un baile magistral de mis piernas.

Finalmente nos subimos al coche y nos vamos. Dejo al congrio en el Ejido para lo dell marisqueo, y yo voy a ver a mi señora a su trabajo. Apoteósica mi entrada vestido de ciclista con porte señorial y algo bebido, pero esa es otra historia que contar.

Ha sido un gran día mastrinkais, y pensar que a punto estuvimos de irnos. Dignas de mención las chicas de la ruta. No las conozco y no se con qué frecuencia cogen la bici, pero se portaron como jabatas devorando kilómetros y puertos sin pestañear.

No hay palabras suficientes de agradecimiento a nuestro elegante anfitrión, senador de senadores, nuestro comandante, el de antes, a Montse, al Jordiman y a todos los que han colaborado para hacer tan grande esta RUTA.

Parece que somos lo que parecemos, y somos lo que parece somos, somos LOS MASTRINKAIS.

VIVA NUESTRA PATRONA!!!
VIVA ESPAÑA!!!
VIVAN LOS MASTRINKAIS!!!

Fotos Congrio

Fotos Champo