II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 5 Imesker – Msemril

¿Es posible sangrar un freno en Marruecos?

Amanece y la habitación parece un nido de orugas gigantes (como diría Germán). Tardamos un rato en recoger los sacos y el resto cosas y cuando bajo (yo acabo el ultimo), ya están las bicis fuera. Yo no hacia otra cosa que darle vueltas al tema del freno ya que era preocupante. No se si mis compañeros de ruta eran conscientes, pero era un problema muy grave. Después me enteraría de que no era el único que lo sufría en silencio.
Algunos vamos al WC, que esta en plena calle volviendo la esquina, y nos despedimos de nuestro anfitrión. Nos hacemos con el la foto de rigor y no se el resto, pero yo le noto en la cara un poco de tristeza. Seguro que no pasan muchas cosas fuera de lo común en su día a día……

No avanzamos ni 1 km. Y paramos a desayunar…. EMBUTIDOS!!!. Ya empezamos a estar un poco hartos de bocatas de salchichón de pavo del Mercadona, pero salvo unas cuantas magdalenas y los últimos trozos del bizcocho de Isa (que los comemos a cucharadas), es lo que hay. También aprovechamos para lavarnos la cara en el río, ya que por si antes no a quedado claro, la casa no tenia baño.
Emprendemos la marcha y en pocos kilómetros pasamos las primera de las gargantas que atravesaremos en el viaje. En las fotos queda claro que, aunque no son famosas como las de Dades o Todra, tienen poco que envidiarles.Vamos literalmente por un riachuelo, que no lleva mucha agua, pero que da encanto a nuestro pedalear.

Avanzamos rapido ya que continuamos descendiendo, y alcanzamos Amejgag. Cruzamos el pueblo, esquivando un montón de niños que van a la escuela y tras parar a ponernos protector solar seguimos raudos nuestro descenso. Tras otros 4 o 5 km. Paramos de nuevo. Aprovechando que tenemos un desvío a la izquierda, compramos agua en la tienda de turno. El desvío nos pone al viento en contra y aprovechando que esa mañana me encuentro bien, mis compañeros se ponen en fila de a uno tras mi estela. El grupo se rompe cuando empieza un sube y baja de esos que te calientan las piernas. El tramo ademas esta en obras con continuos cruces con camiones y maquinaria variada.

Carlos se toca con uno de esos camiones y la suerte se pone de nuestro lado ya que se le engancha un pulpo del portabultos. El desastre podría haber sido tal, que olvido por unos momentos el problema de los frenos. El pulpo, después de romperse, se había metido entre los radios (gancho incluido), y se había “enroscado” en el cassette….. imaginaos, se podía haber fastidiado el cambio, los radios, la patilla de cambio…… por no pensar que podía haber arrastrado la bici. Parece ser que los milagros existen, y girando la rueda hacia atrás sale el pulpo, quedando todo perfectamente.
Continuamos sin explicarnos como no ha pasado nada y llegamos al valle de las rosas y a Bou Tharar. Compramos algunos víveres mas y nos damos cuenta de que la zona empieza a ser bastante turística. Aprovechamos para llamar a la familia y también por primera vez al guía del viaje, que por suerte tiene buenas noticias. Ademas nos intenta convencer de que vamos a buen ritmo y dentro de lo planeado.

De pronto el camino se transforma en un pequeño desierto.Desaparecen casi cualquier rastro de verde y nos rodean las piedras y las dunas. De pronto Paco nos informa de que estamos fuera del track y tras estudiar el terreno y dejar varias tortugas por la zona, decidimos, sin que sirva de precedente, seguir desobedeciendo al lápiz. Por suerte teníamos razón y al rato volvemos al camino marcado. Finalmente llegamos al famoso Valle del Dades, al mismo tiempo que cogemos asfalto, que ya no nos abandonaría hasta el final del día.

Como había pensado, mi “problemilla” mecánico estaba pasando casi desapercibido, gracias al terreno principalmente ascendente.Excepto para nuestro Congrio del alma, que no paraba de recordarme que tuviera cuidado. Pero no todos los días seria así…..
Los hoteles se suceden, a la par que unas impresionantes formaciones rocosas en las laderas de las montañas, que dan forma al valle.La carretera es un sube y baja constante pero siempre picando hacia arriba. Decidimos parar a comer en un rincón cercano al río y venimos a elegir un camino por donde pasa continuamente una mula cargada de estiércol, para amenizar la comida. Su dueño, después de querer cambiarnos la mula por una bici (en broma claro!), nos informa del precio del animal, tan fundamental en este país. Nos dice que unos 1.200,00 €.Impresionante.
Superamos la tentación de echar una siesta y volvemos al pedaleo.Ya entrando en la garganta en si, aparecen las famosas rampas del Dades. Nos toca subirlas y son tan duras como parecen en las fotos. Una pena que el principal recuerdo del sitio sea la cantidad de CO2 que emitían los camiones que nos adelantaron. A mi, por lo menos 4.

Continua el sube y baja, que va dinamitando las fuerzas de casi todos, hasta el ultimo puerto del día.
Este es algo mas serio (quiero recordar 6km.), y yo decido quedarme con EU que se queda un poco. Es bastante constante y el piso es de asfalto, así poquito a poco van cayendo los kilómetros. Como curiosidad, decir que pasamos junto a un campito de fútbol, pintado en una explanada que debía tener un desnivel, no menos del 5%. Alli seguro que los pases con efecto deben salir de miedo. Alcanzando ya mas de la mitad del puerto, nos cruzamos con un coche, seguramente alquilado y conducido por una pareja de vacaciones, y al acercarse a nosotros baja la ventanilla y en el lenguaje internacional de los signos nos hace un gesto diciendo: “madre mía lo que os queda todavía!!”. Esto hace a EU pasar un momento de crisis, pero como no podía ser de otra forma, se rehace y alcanzamos la cima.

Allí están esperándonos el resto de compañeros, en una especie de mirador natural, que proporciona unas vistas impresionantes de un meandro gigantesco.La carretera circula por dicho meandro, a una altura que da casi miedo mirar hacia abajo y parece estar tallada en la montaña.
El descenso es rápido, aunque vuelvo a recordar lo peligroso de no tener freno, y nos deja ya a las puertas de Msemrir, pueblo donde pernoctaríamos esa noche.

Llegamos y tras hacer una inspección del pueblo solo hay dos opciones.Uno de ellos parece estar lleno!!??. Un guía marroquí, nos dice que esta por llegar una expedición de ciclistas. Lógicamente, le preguntamos que de donde son y nos dice que mitad Checos y la otra mitad Eslovacos. Lógicamente vamos a la opción b, un hostal que quedara en la historia de Los Mastrinkais para la eternidad, como el HOTEL 5 BOMBILLAS.

De entrada conseguimos un buen precio, y a Eu y a mi, que subimos a darle el visto bueno, no nos parece mal.Mas tarde nos iríamos dando cuenta de las carencias del lugar. Después de hacer filigranas para ducharnos y lavar algo de ropa, decidimos ir a comprar comida y bebida para el día siguiente. En ello estamos, cuando pasamos por la puerta del otro hostal y vemos que el grupo de Checos/Eslovacos es muy grande, ademas de llevar un montón de coches de apoyo. Nos planteamos pedirles ayuda con el freno y Paco insiste (menos mal….).

Después de explicarles (en ingles) el problema, nos dicen que esperemos “al doctor”.Este sale de la ducha en calzoncillos, y debía medir 1,90 X 2,00 mas o menos. Después de vestirse, uno de su grupo hace las veces de traductor. No se que idioma hablaban, pero es totalmente incomprensible para nosotros. Parece que tiene herramientas, así que nos envían a por “la enferma”. Lo que parecía una utopía, se convierte en realidad, consiguiendo dejar el freno como nuevo, librándonos así de algo, que hubiera sido un autentico problema y que quizás hasta ese momento no habíamos valorado como se merecía. Sin duda hubiera el resto del viaje hubiera sido distinto….

Siento una gran impotencia por no saber como agradecer la ayuda y lo primero que se me ocurre en ingles es “you saved my life”.
Volvimos a nuestro hostal ,pero la cena y las risas nos hacen olvidar que nos han “salvado la vida”, y pocas veces mas nos acordamos del dichoso freno durante el viaje.

Esa noche seria la primera de las risas contagiosas y de los ahogos de Dani, la noche que pase un poco de fiebre y la noche en la que nuestro viaje pudo seguir su camino. Pero no pongáis en duda que si hubiéramos tenido que hacer otro camino, hubiera sido igual de bueno.