II Expedición Mastrinkais a Marruecos, día 2 Imi-n-lfri (Demnate) – Tizi-n-Tighist

La salida de Marrakech fue puntual, a las 5, nuestro conductor Yousef, pudo esquivar todas la motos y carromatos que se cruzaron en su camino, porque el tráfico en Marruecos merece un capítulo aparte, allí si escuchas un timbre o pito de moto, mejor que te apartes, porque no van a parar ni para pedir perdón si te atropellan.

Las bicis iban cargadas en la furgoneta, todo iba bien, el camino hasta Demnate, se hizo corto, sobre todo para algunos que fueron medio durmiendo.
La verdad es que ya teníamos ganas de empezar a pedalear por aquellas montañas, en las que poco a poco nos fuimos adentrando hasta llegar al pueblo, la zona era bastante húmeda, verde de vegetación, y con bosques de pinos. En Demnate compramos pan y agua para el día, y continuamos hasta el Puente natural de Imi-n-lfri, donde nos dejó la furgoneta con nuestras bicis desmontadas. La mañana estaba húmeda, incluso había bastante niebla, lo del Puente natural, es una especie de cueva por donde cruza el agua, y han aprovechado para pasar la carretera por encima, la verdad es que no pudimos ver bien la cueva debido a la niebla.

El montaje de las bicis y las alforjas duró un rato, aliviados pudimos comprobar que todo estaba bien y no se había roto ni perdido nada, por allí pasaba alguna gente en coche, o camiones, en incluso en bici, pero todos se quedaban mirando el espectáculo de unos chalados con mallas y camisetas de colores, motando bicis y cargándolas hasta las trencas, Los MastrinKais habían aterrizado en el Atlas marroquí.

Las primeras pedaladas fueron en medio de la niebla, en un ambiente como mágico, nos cruzábamos con gente en burro, otras sobre todo mujeres recogiendo hierba de los sembrados de trigo, todo esto en una leve ascensión para ir entrando en calor, y notar que no íbamos solos, que nuestras alforjas iban con nosotros, y como pesaban las puñeteras. Tras los primeros 5 km, comienza una bajada, en la que empieza a desaparecer la niebla, y definitivamente pasamos la Puerta del Tiempo, se nos abre ante nuestros ojos un paisaje de tierra rojiza, que en contraste con los huertos y sembrados verdes, forma una vista espectacular, y como viajeros de otro tiempo, las gentes de allí nos miran sorprendidos, algunas mujeres incluso se escondían detrás de los mulos al vernos pasar, y los niños saludaban y salían a nuestro encuentro, fue un bonito comienzo para el viaje. Posteriormente ya comenzamos la primera ascensión importante, en su primera parte era además muy pedregosa, y nos costó lo nuestro acostumbrarnos al peso de las alforjas, con forme nos adentrábamos más en las montañas aparecían más pueblos, con las casas de adobe que parecían hechas para camuflarse con la tierra rojiza, nos preguntamos si sería terreno volcánico por tener ese color.
La ascensión continuaba, y cruzamos algunas aldeas de muy pocas casas, pero de cada una salían un montón de niños que nos pedían cosas, pero debido a que teníamos que optimizar el peso, no llevamos nada para darles, lo que más pedían era “stilo”, que después de unas cuantas veces, nuestro traductor francés calló en que se trataba de bolígrafos. En el último tramo de esta subida, que nos lleva hasta los 2000 mt de altitud, nos cruzamos con unos 4 o 5 furgonetas que bajaban llenas de gente, incluso en el techo, suponemos que volvían de trabajar, imaginaros sus caras al vernos.
La subida se hizo durilla, en total habíamos ascendido 1000 mt de desnivel de un tirón, nos merecíamos una comida, y es lo que hicimos en el alto.
Una bajada pedregosa, donde tuvimos el primer pinchazo de Eu, nos adentró en unos valles muy escarpados y de paisajes muy bonitos, fuimos pasando por algunos pueblos muy pequeños (Ait Tioutline), donde no se podía comprar nada, ni agua, solo vimos una construcción más o menos moderna, que resultó ser un hotel de unos alemanes según nos comentó Guillem, pero que estaba cerrado y con pinta de no haberse abierto hace bastante tiempo. Continuamos nuestro camino con un sube y baja por una pista bastante pedregosa, que iba minando las fuerzas que nos quedaban.

En las pequeñas zonas agrícolas que se veían en los pueblos, sobre todo cultivaban trigo, y las arboledas a orillas de los ríos estaban formadas por nogales.
Después de pasar por estrechamiento del río, comenzó otra subida, con bastante pendiente al principio, que fué la puntilla por lo menos para mí que iba ya justo de fuerzas, esta subida nos llevó ya al último pueblo por el que pasamos en este día, Iskad. Antes de entrar nos paramos para juntarnos, y me di cuenta que había amontonados en un lado del camino un montón de palos, de los que se utilizan para los cables de la luz, y en el pueblo no se veía ninguna farola o semejante, por lo que supuse que iban a poner la luz eléctrica en breve, esto me hizo ver el grado de aislamiento de las poblaciones que estábamos atravesando.

Al fondo se veía la última ascensión que nos faltaba, que nos llevaba a 2500 mt, y ya se estaba empezando a ir el sol, a estas alturas ya teníamos claro que hoy, para ser el primer día, iba a tocar dormir al raso, no sabíamos todavía donde, pero viendo las estrellas seguro, porque por los pueblos que estábamos pasando no había nada para dormir, y nos acordamos de algo que nos dijo Guillem, “no hará falta aislante, porque todas las noches dormiremos en hotel”, menos mal que al final echamos los aislantes.
Nos decidimos a pasar el pueblo, y de repente empezaron a aparecer niños, se lió una, que nadie quería quedarse el último, los niños nos seguían corriendo, se enganchaban de las alforjas, por donde pasábamos éramos la atracción del momento.

Comenzamos la última subida, ya cada uno con su pena, algunas rampas muy fuertes incluso andando, hasta al congrio lo vi andar unos metros, llenamos agua de un arroyo que tenía el agua muy limpia, de todas formas usamos las pastillas potabilizadoras que llevábamos. Carlos empieza a hablar con un lugareño que nos cruzamos y como nos vería el hombre, que le dijo que si nos subía con el mulo, Carlos obviamente le dijo que no, que ya llegábamos nosotros aunque fuera andando.
El atardecer dejando el valle de Iskad atrás, con sus casas de adobe colgadas en las laderas del valle, fue otro momento bastante mágico y bonito.

Por fin llegamos arriba, Diego, Congrio y Carlos, que llegaron un poco por delante nos esperaban, el sol ya se había ido, y teníamos que buscar un sitio donde dormir, buscamos un poco y encontramos un prado de césped al lado de un riachuelo, allí no había árboles ni nada, estábamos a 2500 mt de altura, y empezaba a hacer frío, cenamos el pan que nos quedaba, con embutidos, que habíamos traído bastantes, y preparamos los sacos para dormir, colocamos las alforjas en el centro y nos tumbamos alrededor, cuando vimos que un perro de algún pastor de la zona merodeaba alrededor nuestro buscando nuestra comida. Cobertura de móvil, aunque parezca mentira, había muy poca pero para mandar un mensaje te daba. Nos pusimos los plásticos por encima, ya que había bastante escarcha y se mojaban los sacos, pero hacía un poco de aire, y nos dimos cuenta que no eran muy cómodo, se volaban si no los pillabas con algo, pero estábamos muy cansados, y nos pusimos a dormir bajo un cielo espectacularmente estrellado.