II Expedición Mastrinkais a Marruecos, prólogo

Llevábamos tiempo dándole vueltas al tema de hacer “algo grande”, hasta que, sin duda, hubo alguien que puso la chispa adecuada para que el sueño de hacer un viaje en bici de tales características, comenzara “a rodar” en serio. Y no contento con solo eso, Guillem cogió las riendas organizativas de tal evento, desde buscar mapas GPS, hablando con medio mundo(literalmente) en diversos idiomas, hasta encontrar una alarma para la bici en china por 6,00€. Buscando vuelos, albergues que “miedo me dan”, Gites D’etape, caminos que no aparecían en ninguna parte, mulas que se alquilan para subir montañas, rutas alternativas por si los buitres nos acechaban…. le falto ponernos a hacer un cursillo a distancia de Bereber para entendernos con los lugareños de Marruecos.

Tal ha sido su labor organizativa que ha todos nos temblaron un poco las piernas cuando conocimos la noticia de su no asistencia. Sin duda todos queremos y entendemos que ha merecido la pena, así como deseamos que todo salga como tiene que salir. Pero Guillem, no te preocupes, este solo ha sido el primer viaje LMT, habrá mas….

Sin duda ha sido un viaje al mas puro estilo Losmastrinkais, el cual sin duda se relatará en las siguientes crónicas. No faltaron las cuestas imposibles, las comilonas sin propósito alguno, las carcajadas sin sentido, los baños repetidos en diferentes ríos, ascensos a los puntos mas altos de la zona…… vamos un poco de todo.

Por ello, el motivo de este prologo es plasmar aquí un poco de “El otro viaje”. Ese que cada uno hemos vivido a nuestra manera, aunque ha estado menos visible. Ese que te introduce en un país totalmente opuesto al tuyo. Ese que te saca de tu tranquilidad habitual de cosas conocidas, con gente conocida, en situaciones conocidas…
Volviendo a repetir que cada uno lo habrá vivido con su visión particular, El marruecos que hemos conocido, no es el país de las Kasbas de lujo, llenos de alfombras y cojines. Tampoco es el país donde pasas todo el día tomando te de menta, viendo a multitud de bailarinas haciendo la danza del vientre. No es un lugar en el que paseas en Camello visitando oasis imposibles.

Hemos recorrido un Marruecos de un nivel económico y social, muy por debajo de cualquier país del “primer mundo”, con pueblos donde los vehículos son mulas,en los que se vive de la agricultura(sin maquinas ni invernaderos),se fabrican las casas con adobe(una mezcla de barro, piedras y paja) y donde llega la electricidad a duras penas.
Sus gentes elaboran el pan a diario en sus casas, su horario de trabajo suele ser de sol a sol, no conocen los frigoríficos, lavadoras, calentadores, etc.
Lugares donde no existen leyes escritas, papeleos ni colas en ventanillas. Todo se negocia y los notarios son un simple apretón de manos y un acuerdo verbal.
Un sitio donde las situaciones cotidianas, para nosotros son continuos coqueteos con el peligro. Por ejemplo comer, conducir, cruzar las calles, beber agua…..

Hemos encontrado pueblos nómadas, según nuestras deducciones, pastores que aparecían en cualquier cerro como de la nada y como no, a otros viajeros en condiciones similares a las nuestras. Que pensarían los marroquíes al vernos con nuestros ropajes, las bicicletas cargadas de bultos y chupando sin descanso de un tubo azul que sale de la mochila?
Los paisajes que hemos transitado han sido bastos, totalmente naturales, sin carreteras ni carteles. El silencio a veces parecía ser infinito. Casi siempre hemos estado por encima de los 2000 metros de altitud, pero el Atlas nos ofrecía alturas de mas de 4000 metros, lo cual a nosotros no dejaba de impresionarnos.

Para ir terminando, solo decir que aunque somos distintos en muchas costumbres, la hospitalidad y amabilidad de este pueblo es impresionante, todo el mundo te saludaba con una sonrisa y te despedía con gratitud, siendo capaces de alojarte en su casa a las diez de la noche o de compartir contigo el ultimo pan que tienen.

Si, ha sido un viaje para desconectar, paro no tener prisa, para no mirar la hora y para reflexionar.
Espero que también nos haya servido para valorar las cosas, para descubrir que no todos somos iguales y ser un poco mejores.
Ahora toca volver a las cosas cotidianas, retomar lo que habíamos dejado a medias y comprobar que los problemas siguen ahí, que no se han esfumado….. o tal vez si?