CANUTO, HASTA PRONTO.

Hoy se ha ido lejos una parte de nuestro corazón. Creíamos que era una broma, pero cuando vayamos a la sede, él no estará ahí. Cuando vayamos a comer un kebab, él no estará ahí. Cuando el congrio y yo lo llamemos al ver la guadaña de cerca, él no estará ahí.

Excmo. Secretario del Honorable Club Deportivo Ciclista y Jarrista Los Mastrinkais, niño Jesús, hijo del Hombre, Mesías, simplemente Cano, ha volado hoy con destino a Madrid y de ahí a las Américas. Pese a que nosotros, su otra familia, tampoco estábamos preparados para la despedida, hemos acudido a tan triste momento.

Recojo al congrio antes de la hora de quedada y llegamos al aeropuerto los primeros. Al poco aparece Víctor con su “Harley” y los ojos pegados. La siguiente aparición, el Conserje de nuestra sede, y finalmente hace su aparición Eu con Cano. La expectación es tal que parecía el coche de la novia.

Entramos y charlamos sobre esos asuntos tan importantes que siempre nos ocupan. Cano se dirige a facturar la “mochila” que lleva. Todavía creo que solo se ha llevado bañadores y tangas. Es imposible que quepa mucho más equipaje en esa maletilla. En mi mochila El Borracho caben más cosas.

Seguimos hablando de la vida y Eu nos emociona con un gesto que nos embarga de nostalgia al recordar esos momentos tantas veces repetidos de “soltar la tortuga”. Si es que hasta sin bicis parece que estamos pedaleando.

Tenemos nuestro momento de famoseo cuando pasa junto a nosotros una concursante de Gran Hermano, aquella chica tan dulce y delicada que representó tan dignamente a nuestra tierra haciendo famosa la frase de “me suda  todo el coño”. Sí, Tatiana, aquella chica que le gusta más una “broca de carne” que a un tonto un lápiz.

Víctor se va, Eu se va, los abrazos se van sucediendo. Llegan otros que también se van, y ya se acerca el momento final. Nos salimos a la calle para despedirnos, para que la brisa de la mañana impida que derramemos lágrimas de amargura ante tan emotiva despedida.

Son solo seis meses, esperamos que sean menos. En la salida del Soplao lo buscaré. Su locura es tal que no sería descabellado verlo montar junto a nosotros. Si no lo hace, estará junto a nosotros, pedaleando en nuestro corazón.

Hasta pronto mastrinkais.

Este es el regalo que nos ha dejado Cano en el Puntal. Gracias Cano!