1ª Expedición Mastrinkais a Marruecos, Los de Antes

Crónica de Jorge el de Antes

Capítulo 1 (Almería-Imilchil)
Me costó trabajo decidirme, le tenía respeto a esta aventura (la comida, la higiene, el viaje tan largo, mi edad……) pero mi amigo Chema, sin coaccionar pero con una leve presión y sus comentarios de viajes anteriores, terminó animándome, se lo agradeceré siempre.
Después de intercambiar varios mailes y conversaciones también se apuntan Jose (Beatel), Pili y “AntoñitoBike” quedamos en Marrakech el sábado 27 de marzo.

Antonio, Jose y yo viajamos en coche vía Algeciras-Tánger y Pili y Chema lo hacen en avión desde Madrid.
El viaje en coche, aunque largo, merece la pena porque sirvió para ir estrechando los lazos mínimos que se necesitan para convivir 7 días y algunos de nosotros no nos conocíamos, además estábamos predispuestos a pasarlo bien por lo que durante el trayecto fue fácil hacer chistes y reírnos con frecuencia.

Jose se había encargado, con una terrible eficacia de los billetes de barco y de la reserva de hotel en Tánger, allí llegamos con ganas de cenar y meternos en la cama ya que el día siguiente deberíamos de bajar a Marrakech (casi 700 km), así que tras pasar la frontera Marroquí con la habilidad de Jose para “negociar” los trámites aduaneros (nos reímos durante y después de ellos) nos dirigimos al hotel y a un pequeño restaurante satisfaciendo así nuestras dos necesidades importantes del momento.

La estancia de 36 horas de “turismo” en Marrakech fue muy instructiva y preludio de los días que vamos a pasar en el campo marroquí con nuestras bicis. Visitamos el zoco y la medina tanto de noche como de día y paseamos por las calles de Marrakech donde el aparente caos circulatorio de peatones, bicicletas, motos, coches de caballos, asnos (con y sin remolque), coches, taxis…… no lo es tanto, todo es cuestión de pillarle el truquillo, yo lo definiría como una anarquía que funciona, las normas internacionales aquí no funcionan y si lo hacen cosas como:
“por aquí se cabe por aquí pasamos”
“Si toco el pito el obstáculo más pequeño (peatón, bici, moto, etc) se aparta luego no tengo que tocar el freno”
“si tengo dudas nos miramos (conductor y peatón) y con gestos nos decimos por donde hemos de pasar pero sin frenar, como mucho disminuir la velocidad”
“para girar pongo intermitencia( si me acuerdo y si me funciona) y me paro en medio de la calzada hasta que dejen de pasar vehículos”
Esta anarquía, que funciona, se vive especialmente en la medina donde olores intensos, agradables y desagradables, a comida y a perfume, a humanidad y a “turistas” se mezclan con los transeúntes de todas las procedencias, los paisanos del lugar y sus bicicletas, motos y asnos una enorme aglomeración de personas que se mueven como un rio, UNA ANARQUIA QUE FUNCIONA, si le pillas el truquillo, pero que te obliga a ser extremadamente cauteloso ya que un fallo te puede costar un disgusto grande y pasa con cierta frecuencia.

Durante estas 36 horas realizamos dos cenas (una de ellas abundante en cerveza por última vez hasta regresar a Marrakech, 7 días después) y una comida locales que Jose no supera y cuando el lunes a las dos de la tarde y después de 600 KM de land-rover por carreteras de montaña marroquíes , bajamos nuestras bicis y nos ponemos a pedalear, el pobre Beatel entre retortijones y viajes a los matorrales, se las veía y se las deseaba para hacer los 55 km de la primera ruta con un pequeño puerto de montaña asfaltado pero sin trafico (no vimos ni un vehículo) y sin ninguna población ni aldea excepto un pequeño “café” (ya veréis lo que es un “café” en el Marruecos profundo, aunque os adelanto que es un “lugar” generalmente de barro y cañas donde se puede vender coca-cola, té y poco o nada mas) en el que nos comimos nuestro primer “bocadillo” que previamente la organización había gestionado, de no haber sido así sinceramente no creo que hubiésemos podido comer. Tras el bocadillo y el ascenso al puerto iniciamos el descenso que tras una parada junto al lago que provocó hace siglos las lagrimas de unos enamorados cuyas familias no se pusieron de acuerdo para la boda (eso cuenta la leyenda) y una maravillosa puesta de sol y salida de luna nos deja en nuestro primer destino: Imilchil a unos 2300 m sobre el nivel del mar.

Jose se ducha y se mete en la cama con fuertes dolores de estomago y un proyecto de almorrana de tanto visitar matorrales, la deliciosa pero escasa cena ni la olió, lo de deliciosa es por hacer literatura, ya que realmente lo único delicioso fue ir tomando contacto con la terminología culinaria de la zona (Jarira y pollo con arroz blanco).Entre canticos desde los altavoces del minarete del pueblo llamando a la oración nos empiltramos que a la mañana siguiente antes de amanecer ya debíamos estar pedaleando.

Capítulo 2 Imichil-Tamta
Es nuestro primer despertar en el Marruecos profundo, lo hacemos sin luz solar y Pepe Beatel ya se apuntaba como minero (por sus excursiones nocturnas al baño y sus medicaciones, vaya mala suerte) nos sentamos a desayunar, zumo de naranja y pan redondo con aceite para mi, te, café con leche, mantequilla y mermelada para todos los demás excepto para el minero que desayunó mentalmente, es decir ayunó.

Salimos a coger las bicis y me impresiono por primera vez con los niños de la zona, en esta ocasión niñas, mientras pongo a punto mi bici observo como dos niñas de unos 10 o 12 años y con el velo en la cabeza me miran dulcemente pero con poca expresividad y muchísima curiosidad, me impresiona su belleza y el color de su piel (no excesivamente oscura) también su forma de mirar, me pregunto cuánto tiempo les durará esa belleza en estos parajes castigados por la forma de vida y la climatología y me respondo intuitivamente y a mi mismo: no más de otros 8 años. Creo no equivocarme mucho en esta apreciación, en los días sucesivos veía a niñas realizando labores agrícolas bajo el sol, acarreando hierba y leña en posición alcayata, transportando a sus espaldas a hermanos de entre 1 y 3 años y por supuesto nunca he visto a una mujer (en esta parte de Marruecos) que superase esa edad (20 años) y conservase la belleza.

Una vez despedidos de las niñas y de esta primera impresión, me monto en la bici y me quedo en cola con Antonio pedaleando muy despacio junto al rio y las pequeñas huertas familiares en las que se basa, junto al pastoreo, la mayor parte de la economía de supervivencia de esta zona, así recorremos unos 30 km de ligero ascenso y nos vamos encontrando con los primeros, y cada vez más abundantes, asnos enanos que utilizan para acarrear hierbas, productos agrícolas , aperos de labranza y cualquier cosa que haya que mover de lugar a otro y no lo hayan hecho las niñas o las mujeres. Nos detenemos en una aldea de barro y paja (literalmente) íntegramente, no había otro tipo de construcción, ya habíamos visto esto en Imilchil, pero allí había algún ladrillo que otro e incluso un minarete de materiales mas occidentales, nueva impresión por la arquitectura muy parecida a la nuestra de cabo de gata (mucho mas en el interior con alfangías de chopo y palmera y cañizos para soportar la cubierta). Aquí hacemos una parada para tomar té con hierba buena y alguna cocacola que otra, yo ni una cosa ni la otra, soy hipertenso. Vemos enterramientos (dos piedras en la cabeza y una en los pies indican que bajo ellas hay un cadáver), abandonamos la aldea observando cómo las mujeres lavan en el rio y seguimos subiendo, muy poco a poco sin grandes pendientes, pero ya desde hace bastantes kilómetros sobre tierra, hasta alcanzar el punto más alto de toda la ruta (unos 2.800 m) este tramo ya lo hago más alegre y paso a casi todos los ciclistas para coronar y después de caminar unos 200 m hasta la cima disfrutar muy especialmente de unas vistas inmensas, espectaculares, allí pasamos unos 20 minutos de autentico disfrute, la pregunta que cada vez que veía a Pepe hacía era clara: ¿Cómo va eso Pepe? él con resignación y un espíritu excepcional no podía mentir y se declaraba minero casi seguro para la noche siguiente.

Una suave bajada nos conduce a nuestro punto de destino del dia: Tamta, después de 137 km todavía tenía ganas de picarme y esprinté junto con Antoñitobike con la intención de “ganar la etapa” no pudo ser Jose Jorge (nuestro amigo canario) estaba fuerte y llegó en cabeza a un coqueto y agradable hotelito donde nos asignaron un habitáculo para 4 personas, por la noche y después de cenar en una jaima nos reímos a pierna suelta durante bastantes minutos, casi todas las risas fueron a costa del minero. Tengo que decir que ese día Beatel aprendió a limpiar y engrasar la bici y estaba él satisfecho y la bici súper limpia.

Durante esta etapa pasamos un par de aldeas y ya nos rodeaban los niños entre carreras y gritos de Salam salam, bonjour bonjour y bombón, done moi bombón, algunos te señalaban sus pies pidiendo un calzado, pero el tema niños merece comentarios aparte.

Capitulo 3 Tamta-Tinerhir
Etapa de transición de solo 35 km y casi todo de bajada, un paseo para disfrutar del entorno y una larga parada en la garganta del Toudra (creo que se escribe asi), esta garganta es famosa además de por su belleza y espectacularidad por que la frecuentan los escaladores, de hecho vimos en plena acción a varios de ellos, esas paredes deben ser su sueño.

Aquí los turistas occidentales se mezclaban con los del país que visitan la zona y con los lugareños que intentan vender sus productos artesanales y otra vez los niños que te atosigan ofreciéndote caballitos, sillones y otras manualidades hechas con hojas de caña (creo).

Llegamos a Tinerhir y un poco antes vemos los primeros camellos y turbantes, solo para turistas, una vez en el pueblo y tras el ya consabido bocadillo de huevo con “mortadela” nos damos una vuelta por el pueblo de barro abandonado y visitamos su Madraza (escuela islámica) reconstruida y que tenía la misma estructura que una que visitamos en Marrakech pero muchísimo más pobre, allí aprendimos como vivían los estudiantes religiosos y nos paseamos por la huerta del pueblo entre asnos, mujeres, niñas y algún que otro varón, cuando llegamos al pueblo para cenar el barça ya había empatado a 2 jejejejejeje.

Capítulo 4 Tinerhir-Baha
La más espectacular de las rutas, sus 113 km y sus puertos la hacen sin duda la ruta más interesante desde el punto de vista ciclista y quizás también desde el punto de vista de paisajes.
Una etapa larga y con desnivel exige un buen madrugón, así que la organización nos cita a las 4.30 de la madrugada para desayunar y comenzar a pedalear, de no ser por una avería de última hora en una de nuestras bicis hubiésemos empezado a pedalear sin luz solar, lo hicimos muy poco después de los primeros rayos, abandonamos la ciudad por la carretera y unos 5 o 6 km después de comenzar el pedaleo la abandonamos para coger camino de tierra.

Vamos siempre subiendo aunque muy poco a poco, me encuentro bien y al poco me pongo en la parte delantera, 5 km mas y hacemos una parada de reagrupamiento, al llegar Jose, por enésima vez, me intereso por su estado físico, ya va mejor anoche cenó casi con normalidad y en las pocas horas de sueño que tuvimos no hizo de minero ni una sola vez ¡genial!.

Reemprendemos la marcha y casi inmediatamente nos encontramos con la primera pequeña dificultad del día, un mini puerto de unos 3 km (calculo a ojo) sin demasiada pendiente pero con terreno muy irregular, ahí no me encuentro bien, trato de seguir fuerte pero me faltaban km tanto de rodaje como de puerto y como forcé en el primer km de subida tuve que aflojar casi de golpe, hasta este momento nada nuevo de paisaje ni de aldeas ni de “na de na”, solo kilómetros con muy buena temperatura. Coronamos y nuevo reagrupamiento, pequeña bajada y una subida larga y continuada con pendientes considerables que aparecían de vez en vez y casi sin avisar visualmente, el calor va apretando y cada vez me siento mejor, un poco antes de iniciar la subida nos encontramos una oruga que nos bloquea el paso, después en el grupo a esta subida la llamaríamos la subida de la oruga, Jose Angel le adelanta, arriesgando, por la derecha Jose Jorge se atranca un poco y yo miro a mi izquierda y no me lo pienso de cabeza a la rambla sin bajarme de mi montura invado la rambla y adelanto a la oruga, Jose Angel ya se me había despegado, empiezan las primeras recurvas y al tomar una de ellas de 180ª veo en la anterior a Beatel, el tío no solo se había recuperado sino que apretaba para cazarme, junto a él Jose Jorge que justo en ese momento parte la cadena, Beatel se le ofrece pero por suerte para él (estaba muy motivado después de tantos días de no poder desfogar) Jose Jorge le dice que no, que gracias, que siga. Así que decide intentar cazarme pero de la misma manera que la cabeza (Jose Angel) se separaba poco a poco de mi yo hacía lo propio con Jose.

Disfruto muchísimo esta subida, me encuentro bien y el paisaje ya ofrece algo mas, en la cima barritas, agua y nuevo reagrupamiento, ¡momento agradable!

A partir de aquí y después del descenso unos cuantos km de llaneo bajo un sol de justicia y piedras negras, muchas piedras y muy negras (basalto), paisaje árido que se rompe de tarde en tarde con un pequeño rebaño de cabras y algunas ovejas, algunos niños y muchas piedras negras, ¡menudo calorín!, pero voy cómodo y disfruto observando todo mi alrededor, algunas veces me recuerda ciertas zonas de Almeria, pero estamos cerca de 2.000 m y estos parajes en Almeria están a nivel, casi, del mar y además esto es inmenso, aquí caben “cienes” de Almerías, Pepe ya se ha recuperado y hace tiempo que se fue adelante con los fuertes mientras yo meditaba estas cosas junto a Javier, Antoñitobike y Pili.

Estamos en una zona muy bonita y bien regada por el arroyo donde las ranas croan con fuerza, sin saberlo nos paramos a escasos metros del siguiente punto de reagrupamiento, Javi y Pili continúan y yo me quedo con Antonio, el coche escoba se nos acerca nos da conversación a propósito del cambio de comportamiento de los niños de esta zona con respecto a lo que habíamos pasado (yo sinceramente solo noté que ni siquiera balbuceaban el francés) y se marcha, reemprendemos camino y efectivamente a pocos metros estaban todos esperándonos en un ¿pueblo? ¿aldea? ¿conjunto de casas?, no sabría como definirlo, allí en medio de la nada estaba este núcleo de población donde nadie padece stres y abundan las chilabas bajo el sol y unas muy buenas y largas sentadas.

A partir de aquí se incrementa mi disfrute, dejo de ser samaritano y me enfrasco en una subida larga y espectacular, voy pasando ciclistas y disfrutando tanto física como visualmente, en la penúltima curva antes de la cima decido abandonar el camino para dejar un buen “pino”.
La bajada (la bajada del Sagro) es durísima, no creo, a pesar de ser larguísima, que en ningún momento pasase de 10 km/h de velocidad, ahí solo pensaba en los m3k, me dijo Guillem que harían una parte común pero en sentido inverso, espero por ellos que este tramo no sea uno de esos comunes, no creo que se pueda subir sin poner pie a tierra y no por la pendiente, ni por las piedras (que también) sino por los escalones. Al acabarla un nuevo “café” otra vez en medio de la nada, la comida, un pequeño descanso y a seguir camino, nos quedan unos km de llano, de nuevo junto al arroyo, una pequeña subida y bajar hasta nuestras “jaimas”, esta noche dormiremos al raso protegidos por las jaimas dentro de una Kabba (antigua fortaleza medieval reconvertida en hotel). ¡bonita experiencia!, si te despiertas y tienes la mala suerte de que la luna sea llena y esté direccionada a tus ojos ya no podrás cerrarlos de nuevo (eso me pasó a mi).

Capitulo 5 Baha-Zagora
¡Menudo secarral!, de nuevo un madrugón, nos esperaba una larguísima etapa, casi los mismos km que el día anterior pero mucho más aburridos, me gustó la experiencia pero como tal, no para repetir con frecuencia, km tras km veía casi siempre lo mismo, sol, piedras negras, mas piedras negras, mas sol y un palmeral, mas sol, mas piedras y otro palmeral. ¡menudo secarral!

No sabía lo que me esperaba así que a los pocos km de iniciar la marcha decidí jugar un poco, me puse a rueda de los perseguidores y formamos un grupo de 6 o 7 ciclistas tratando de cazar a Juan, Jose Angel y Jose Jorge, primero Chema, luego Pepo, no se si alguien más, tiraban con ganas pero no conseguíamos recortar, asumo la responsabilidad y al poco me doy cuenta de que ya casi los tenemos y hablo en plural por poco ya que al mirar atrás solo ví a nuestro Beatel, hecho un campeón y casi recuperado, pasamos unos km muy divertidos y de mucha risa a pesar de que llevábamos un ritmazo.
Después de eso y como decía al principio, secarral, sol, piedras negras y algún que otro palmeral, en uno de ellos (pequeño) nos comimos el ya tradicional bocata una buena siesta y a llegar a Zagora, se trataba de comerse los km, uno, otro, uno, otro y así se llega, algunas veces con más pena que gloria, como me pasó a mi en esta ocasión, mi culote me traicionó, hacia años que no lo usaba, y no lo volveré a hacer, y no debía estar sincronizado con mi culo así que las llagas eran más que importantes, la badana estaba roja de la cantidad de sangre, lógicamente cuando los compañeros decidieron hacer la etapa más larga y llegar esa misma tarde hasta las dunas (unos 25 km mas) yo decidí quedarme en el hotel.

A la mañana siguiente todos a los coches y camino de Marrakech, un viaje largo, muy largo que no se me hizo tan pesado porque pasamos por unos sitios que aun desde el mini-bus merecía la pena conocer.
Llegada a Marrakech, cena de despedida y a la cama que mañana tenemos mas de 1000 km (sin contar las millas marinas) hasta Almería.

Anécdota con la gendarmería de tráfico, con sus risas y bromas (momento genial que nos costó 10 euros pero que se pagaron casi con gusto por lo que dio de si), llegada a Tánger y 4 horas después ( a eso de las 12 de la noche) estábamos en Aguadulce.

Un viaje de los que dejan huella, gracias a Chema por empujarme a hacerlo y a Pepe y Antoñito por haber hecho equipo de esa forma tan estupenda, a todos los demás compañeros por estar ahí.

Hasta la próxima.