Fuente Victoria – exploración

Crónica de Germinator
LA PRIMAVERA LLEGÓ A LOS MASTRINKAIS.

La ruta de hoy no será recordada por su dureza extrema, ni por la belleza de sus paisajes, ni tampoco por ninguna de las anécdotas que sucedieron. La ruta de hoy será recordada por un hecho sorprendente, por lo que pudo ser y no fue, también por lo que fue y no pudo ser.

El día en el que la primavera nos visita se viste de un color gris plomizo. El Excmo. Sr. Secretario me espera en la puerta de mi casa. Tras subir a nuestras amantes en la marranica, comenzamos nuestro camino rumbo a Fuente Victoria, con la intención de poner en práctica parte del recorrido propuesto para el I GRAN RETO MASTRINKAIS.

Durante el camino, la autoridad competente y yo vamos hablando de diferentes asuntos, pero sin saber como, iban llegando a mí ciertas informaciones que me hacen entrar en un estado de confusión e incredulidad. “Será cierto lo que oyen mis oídos???”. Ya lo dice el refrán, “a todo congrio le llega su San Martín”.

Llegamos escasos minutos tarde al feudo de los Martínez, no los de las magdalenas, sino los de las bicicletas y los jamones, los de las barbacoas y los terceros tiempos impagables.

La explanada llena de amigos de colores hacen que a uno se le pongan las cerdas de punta. Freno mi carro, mi acompañante y yo nos bajamos, y escucho risas sospechosas mientras nos saludamos efusivamente, y de repente…

Miro a un lado, miro a otro lado, “pero dónde está?”, las risas cada vez son más sonoras. De repente suena una frase que en el momento no somos conscientes, pero seguramente quedará para siempre en el recuerdo “El congrio… no ha venido”. Entonces surgen las dudas, “pero… entonces… salimos con la bici?… no está el congrio… por qué no nos vamos al bar?”.

Finalmente decidimos salir. Allí van el dúo “la pata del gorrino”, “los cuñaos”, Hakim de padules, el peligroso trío de “los de antes”, Jordiman, “tomatito”, la admirable compañía femenina de Montse, Ramis (que como el Guadiana desapareció para aparecer más adelante) y un servidor (si se me ha olvidado alguno, que se apunte), y no queridos lectores, no me he equivocado, el congrio no estaba, no tomó la salida de una ruta mastrinkais. Aunque lo vieron partir de su casa con su montura el día antes, allí no había ni congrio, ni montura.

Nos dirigimos a Laujar, cruzamos el pueblo y un socavón nos bloquea el paso. Aunque pienso en talar un árbol para construir un puente, finalmente decidimos dar un buen rodeo.

Dejamos la carretera y comenzamos a subir. Vamos por un terreno conocido para nosotros y rápidamente vamos cogiendo altura. Los rampones se van sucediendo. En un cruce esperamos a que vengan el comandante y Montse. Deciden tomar un atajo y nosotros seguimos el lápiz. Posteriormente nos encontraríamos con ellos en otro cruce. Allí aprovechamos para comer algo. Entran en juego los mejillones en escabeche.

Yo todavía incrédulo, miro a un lado y a otro “seguro que aparece por alguno de los caminos” “estará bien? Le habrán hecho algo?”. Ramis y Montse se dejan caer. Cano, a medio gas, y yo nos dedicamos una mirada cómplice. Los dos nos hallamos con más ganas de acompañarlos que de luchar con las duras rampas que nos llevarán a “La llamada del amor”.

Comenzamos a subir con buen ritmo, de menos a más. Cogemos el camino de asfalto roto, un camino al que David le dedica una meritoria comparativa al encontrarle semejanza con los míticos puertos del Tour de Francia, como es el Galibier. Mientras la “pata del gorrino” comentaban dichas semejanzas, Jordiman, demoledor, imponía un ritmo de subida asfixiante, por lo menos para mí. Yo me conformaba con acompañarlos.

Nos vamos acercando al final de la subida y el ritmo acaba con las conversaciones. Cuando llegamos, hacemos una pequeña parada de reagrupamiento y seguimos la marcha. A partir de aquí me quedo cerrando el grupo con Víctor y posteriormente también con Hakim de Padules, así que no puedo relatar lo que pasó en el grupo de cabeza.

Comenzamos las duras rampas que nos llevan a los pies de Nuevo Mundo. Ahí el pobre Hakim llevaba las piernas tocadillas, pero poquito a poco se llega a todos lados, así que allí, al final de esas temibles rampas, se encuentra un grupo esperándonos. Hakim ha conocido hoy el mandamiento número tres de los M3K.

A partir de aquí, el comandante sonriendo me avisa de lo que toca. Aunque la cara sur estaba pelada, la cara norte nos guardaba una sorpresa, aún más nieve que la última vez que estuve por estos lares. Los neveros se van sucediendo. Vamos atravesándolos. La nieve entra en nuestros pies y va picando cada vez más. Si el comandante supiera como llevo los pies,…

Después de un buen rato atravesando neveros conseguimos hacer el descenso sin tener que parar. Nos dejamos caer hablando de esto y de lo otro. En la zona de grava algún que otro susto al intentar disfrutar de las maravillas que nos rodean.

Parada en La Parra para decidir. La hora, el hambre y una promesa de cerveza fresca supone una tentación demasiado grande a la hora de decidir entre el camino corto y el largo, así que decidimos dejarnos caer. Llegamos a la carretera y como el comandante conocía la bajada del lápiz, nosotros nos encargamos de investigar el paso más idóneo para la carrera. Tras la llamada padre – hijo para asegurar el abastecimiento del líquido elemento M3K, vemos las dos opciones, una la más lógica, la otra más exótica nos lleva hasta el destino final, que viene a coincidir con el origen del tan esperado y deseado tercer tiempo.

Allí nos reciben con honores propios de la realeza, pues es un lujo bajarse de la bicicleta y encontrarte a escasos cinco metros una mesa cargada de manjares y cerveza rozando el punto de congelación, que junto con la hambruna que experimentaba, se convierte en una experiencia religiosa.

El talento brilló en el tercer tiempo. La ausencia del Presi estaba justificada por los deberes familiares. El Beatle se puso en cabeza y puso un ritmo demoledor y con la mirada de Chicho terremoto comenzó a dar lances de maestría, mientras los platos no dejaban de pasar ante nuestros ojos. Georgie Dann seguía el ritmo mientras aseguraba que la carne tuviera el punto correcto. La birra no dejaba de correr, hasta que la lluvia hizo aparición, pero allí no había quien nos parara. Finamente, doblados como alcayatas dimos de mano.

Como dije al principio, ruta atípica por una ausencia muy significativa. Ausencia que dio mucho juego, ya que no sabía que existían tantos chistes de congrios.

Para terminar, propongo el 20 de marzo como el día de la patrona en el calendario mastrinkais, el día de la Virgen del Congrio.

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Quiero mandar un mensaje de tranquilidad a todos los hermanos. La Virgen del Congrio parece estar en buen estado. Y digo parece porque realmente no sabemos las consecuencias que tendrá a largo plazo la entrada del Congrio en el selecto club de …

“Y yo voy a hacer, y yo voy a hacer,…, lo que diga mi mujer”