“El Gordo y el Flaco” Orienta Bike – Celín

Hoy suena el despertador demasiado temprano, sobre todo para el día que es. No suelo salir en bici los domingos. Me gusta descansar, es el día del Señor y sobre todo de la Señora. Hay ocasiones especiales y hoy es una de ellas.

Los amigos de LDUU han organizado una Orienta Bike, al igual que hicieron mis M3K hace unas semanas. Días antes nos enteramos que han tenido problemas para poder organizarla, pero finalmente se lleva a cabo.

Al salir de mi casa me encuentro la sombra de un congrio en modo espera. Nos subimos en el coche y enlazamos en la gasolinera con los Chipitusis y el carbonero Carlos.

Llegamos inusulmente temprano a Dalías. El día se muestra amenazante. Las nubes están bajas y no dejan ver las cimas de las montañas que nos rodean. Después de echar un cafelillo y depositar las correspondientes tortugas nos ponemos en camino. Los chipitusis nos da unos cuantos paseos hasta llegar al lugar de quedada.

El aparcamiento está cubierto de coches, bicis y ciclistas, todo un espectáculo que no deja de poner los pelos de punta a cualquier loco de este deporte. Paramos y entre risas y cachondeo vamos saludando a los conocidos mientras montamos las bicicletas y colocamos los dorsales.

Después de un rato la gente desaparece, así que nos apresuramos y salimos hacia la salida. Vamos subiendo por unas rampas que rápidamente nos hacen entrar en calor. A uno de los participantes le juega una mala jugada las calas y se cae delante nuestra en una zona en la que el suelo de cemento está cubierto de piedras. Finalmente llegamos, y ahí tenemos a la organización explicándonos las instrucciones del “juego”. El rollete es muy guapo, me siento contagiado por el “nervio” del congrio y tengo hambre de bici.

Sale la primera pareja tranquilamente. Dos minutos después Gastón y Eugenio como balas. Al congrio le comento que la parte de arriba tiene que ser llana por la velocidad que llevan los “bichos”. Ya nos toca, emoción, intriga, dolor de barriga, “4, 3, 2, 1, …”, una cachonda de mallas azules nos da la salida y partimos a ritmo Germinator.

Cogemos altura muy rápido. Los desniveles son bastante buenos, la pista en muy buen estado y vamos cogiendo ritmo. Llevo el mapa en un portamapas artesano y consigo ubicarme fácilmente. Nos vamos acercando a la baliza 8. Sale una pequeña vereda a nuestra izquierda. Subimos por ella y picamos.

Seguimos por la pista a buen ritmo. Vamos a por nuestra baliza – cruz número 9. Llegamos entre una espesa niebla a un cruce. Desde allí nos orientamos y decidimos meternos en un pequeño bosque de pinos cercano. Es el sitio correcto, pero allí no encontramos nada, nos desesperamos y nos encontramos con los carboneros, pero no aparece.

Decidimos bajar la pista para ver si hay alguna vereda de acceso, pero nada. Subimos nuevamente al bosque de pinos y nos cruzamos con los ya especialistas en “orientaciones”, los de Ruescas. Nos dicen que está ahí, así que buscamos y finalmente enrabietados la encontramos. 15 minutos antes había pasado a escasos 15 metros de ella. No estaba tan difícil. Ahí hemos perdido mucho tiempo.

Ya llevamos varias parejas delante. Nos dirigimos a la baliza 6, cambiamos de pista y metemos platazo, nos cruzamos a Eugenio y Gastón de vuelta, a Juan Diego y Javi parados con una avería, a alguna pareja más y por fin llegamos al desvío que nos lleva hasta la baliza 6. La altísima humedad ha dejado en mal estado los dorsales, así que los desmontamos, además del portamapas, para guardarlos en dos de los 826 bolsillos que tienen los calzones del congrio.

Desandamos el camino y nos vamos encontrando con muchas parejas, nos voceamos y seguimos hacia la pista que nos llevará a la siguiente baliza.

Subimos por la pista y empiezo a notar un dolor importante en la rodilla izquierda, pero “no hay dolor”, así que seguimos. Al rato, Congrio ve a los Carboneros a nuestra izquierda buscando caracoles. Nosotros nos reímos pensando qué leches estarán buscando. Nos dirigimos hacia la baliza 3, que encontramos en un pequeño desvío a derecha – izquierda, picamos, y entonces nos damos cuenta de lo gañanes que somos. Los carboneros estaban buscando la baliza 5, que coincidía con esa baliza de nuestro mapa que se había destintado, además de venir indicada en un pliegue tras doblarlo, así que toca bajar otra vez.

A trochomonte damos con la vereda que nos lleva a la baliza 5. Allí hay algunas parejas. Picamos y el amigo Mengu nos salva el día cuando cede a nuestros lloriqueos “ooooooy el payico meeeeengu, no tendrás un mapica seeeeco”. Nos da su mapa y le damos “con pinzas” el nuestro, y volvemos más a trochomonte todavía hacia la pista.

En pocos metros llegamos al desvío que nos mete en la vereda que nos llevará a la polémica baliza 1. La vereda es sencillamente brutal, al estilo de LDUU. Bajada con cuidado y enseguida toboganes ascendentes, enseguida la vereda se pone en buen estado pero cubierta de barro. El congrio y yo nos rebozamos con una sonrisa de oreja a oreja y desde ese mismo lugar retamos al Soplao, esperamos con ansia el día que nos veamos allí.

Finalmente llegamos a la curva donde se halla la baliza 1. La encontramos escondida tras una piedra y aquí volvemos a liarnos. Mi cabezonería nos hace meternos en pleno río, siguiendo su curso hasta que nos vemos encajonados en una zona en la que el congrio pone freno, ya que yo iba dispuesto a seguir hasta la baliza 2 río abajo. Allí unos Peñas Negras se nos unen, y aparecen más parejas en la vereda principal, entre ellas Alejandro y David.

Volvemos a la vereda y seguimos junto a los Peñas Negras hasta la baliza 2. Llegamos al desvío correspondiente y ellos van guiando. Allí dan vueltas hasta que le digo al congrio que me deje el mapa. Les digo que tiene que estar al lado del cortijo, así que la encuentro y los llamo. Espero que con este gesto haya compensado un poco el no decirles donde estaba la baliza 1.

Vamos a por la 4. En el cruce vemos más participantes. Su ubicación nos da la pista para ir a por la 4 y la 7, así que estas caen rápidamente.

Tras picar la 7, el congrio obedece las indicaciones de “no pasar” y desandamos el camino para dirigirnos a unas rampas brutales. Más tarde nos enteraríamos, que aunque muy exigente técnicamente Alejandro y David bajaron por la vereda prohibida hablando maravillas de ella.

Nosotros comenzamos una bajada bastante técnica para mi limitada capacidad bajadora. En esa bajada tengo más de una apretura bajando de forma ortopédica, que venía a terminar siempre contra algún pino. No decido tentar a la suerte y me tiro corriendo a pie hacia abajo, hasta que enganchamos con la pista principal.

Bajamos en soledad a gran velocidad alucinados por la belleza de los paisajes. Delante de mí, el congrio me regalaba imágenes propias del youtube, pero estas en 3D, dando las curvas cruzado entre sus típicos yujus.

Pasamos la línea de salida y un poco después nos desviamos a la baliza 10. Allí nos encontramos a David, que nos explica un “extraño suceso”. Algún senderista mamonazo se ha llevado del camino la última baliza. No creo que lea esto porque tampoco creo que tenga capacidades mentales para manejar un ordenador y acceder hasta estas palabras, bueno, a no ser que alguna persona más evolucionada le encienda el “cacharro” y le descubra “un mundo nuevo”, pero quizás, viendo sus inquietudes y sus buenas ideas, no creo que necesite descubrir la necedad de sus actos. Que disfrute del monte y siga encontrándose cositas tan interesantes por ahí tiradas “que boniiiiiiiiiita la piiiiiinza”.

Aparece Morales y nos dice que tiremos a la meta, así que a eso vamos. Hablamos un ratico allí y la lluvia nos invita a volver a los aparcamientos. Llegamos y nos encontramos allí al angelical Nico, a los amigos del pueblecico, comentamos algunas jugadas, desmontamos y emprendemos el camino de vuelta a Almería.

En la puerta de mi casa, recibo la llamada de Morales para excusarse por lo del tercer tiempo. Vamos, ni hablar de excusas. Han organizado una sesión de ciclismo simplemente BESTIAL.

La climatología ha embellecido todavía más la ruta. La zona, desconocida para mí, es alucinante. No le ha faltado de nada, pista, grandes subidas, descensos vertiginosos, algunos técnicos, barro, ríos, bosques, el camino lleno de buena gente y una organización perfecta, sin fisuras.

Decir que queda pendiente echar ese tercer tiempo para celebrar esa pedazo de ruta.

No hay nota para clasificar el día, simplemente porque hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto de la bici. Bueno y sin olvidar a mi ángel de la guarda. Todo el mundo debería llevar un congrio encima cuando sale en bicicleta.