Un puntalico, nevando y de noche

LA CRÓNICA: UN PASEO POR EL INFIERNO

Tengo llagas en la boca, un bulto en el vasto interno de la pierna derecha, las piernas condolidas y una sensación generalizada en todo mi cuerpo de haber sufrido un castigo sobrehumano.

No tenía que hacer nada por la tarde, el congrio tenía el cartel de “Libre”. El fisio le ha recetado estopa para lo de la rodilla. Hablamos, yo estoy en el trabajo, miro a mi izquierda y a través del ventanal, viento, lluvia y frío polar. Es el día perfecto para coger la bici.

Quedamos a las 16:00 en Villa Inés. Desde la primera pedalada me doy cuenta que hoy no es mi día. Voy en pantalón corto y noto que voy atascado, de ritmo, de ropa. No voy suelto. Llego a Villa Inés tarde y salimos hacia… las nubes.

El congrio ha vuelto y va con el “nervio”, va con ganas, yo, sigo atascado. Sin decirle nada voy pensando, será la panzá de comer, será el frío, será el peso de la mochila, será será, pero cada pedalada era un esfuerzo, y vamos por Viator.

A la altura de Rioja aproximadamente el Champú (que no es por llamarte Champú, este maldito windows que me corrige automaticamente) nos pita. Va hacía donde nosotros vamos, pero en su 4×4, con su calefacción y en compañía de un amigo.

El viento sopla en contra y eso hace que a la altura de la vía de servicio de Tabernas le diga al congrio “voy como si llevara ya medio puerto encima”. Miro a mi derecha y veo… no veo las antenas, las tapan las nubes.

Llegamos al Minihollywood pensando “que pensará el que curre aquí al vernos pasar?”. De hecho, será casualidad, pero no nos cruzamos con ningún ciclista. Estos almerienses no están acostumbrados al frío. Tiene que ser eso.

Cuando comenzamos la subida, por supuesto con el viento en contra, el cúmulo de sensaciones que experimentaba no presagiaban nada bueno, y eso provocó que pensara en la retirada, pero una palabra retumbaba en mi cabeza “MASTRINKAIS!!!”, así que solo quedaba una opción, avanzar. El congrio me sorprende con “hoy lo hacemos como tu quieras. El punto de cordura lo debes poner tu”. Eso me reconforta, pero más tarde me preocuparía al comprobar que soy víctima de la misma enfermedad mental que afecta al congrio.

Subimos a un ritmo lento. Tenemos que poner el molinillo donde normalmente pasamos sin problemas con el plato mediano. Seguimos avanzando y las nubes hacen que a las 5 y media predomine la oscuridad

Seguimos subiendo y el congrio me ofrece dátiles. No quiero separar las manos del manillar, pero por no oirlo los cojo, y fue un acierto. De repente me dí cuenta que iba adormecido como en una nube. Noto como espabilo y eso provocó una pequeña aceleración en mi ritmo.

Sigue oscureciendo y no nos sorprende. Por los cálculos que llevábamos, haríamos cumbre de noche. Llegamos a la zona arbolada y la luz es ya muy escasa, el frío intenso, aproximadamente unos 4-5 ºC. Los pies hace tiempo que los llevábamos rígidos como piedras, los dedos insensibles, y el congrio pierde el juego de la articulación del tobillo. Nos damos cuenta en ese momento que estamos más rígidos que un “Playmobil”.

Vamos de lado a lado, el congrio tropieza, yo tropiezo, el viento aparece caprichosamente, y cuando la hace bandea nuestras bicicletas. Se cierne la noche, el congrio enciende la luz.

En una curva aparecen unas luces de coche. Quedamos perplejos. “Quién coño puede ser???” (y lo preguntan dos personas que están allí en bicicleta). Pues no puede ser otro si no que un vehículo mastrinkais. Nos paramos con el champú y nos avisa de lo que nos espera. Ventisca, nieve, hielo, la entrada al Infierno. Nos hace unas fotos, y seguimos hacia delante.

Un haz de luz salpicado de minúsculas gotas de lluvia sigue una trayectoria ascendente desafiando a la montaña. La temperatura sigue bajando y aparece la nieve en la carretera. Primero un poquito y luego todo el ancho cubierto, excepto las rodadas del 4×4.

Seguimos hacia arriba y comienzan las complicaciones. El terreno se pone duro, y las rodadas no siempre van por la parte buena, así que comienzan los resbalones, los “pie a tierra”, las maldiciones. El congrio me increpa para que me cambie de guantes, el dolor era inaguantable, pero pienso que parar es peor, hay que resistir y esa palabra que sigue retumbando en mi cabeza “MASTRINKAIS!!!!”.

Caigo, y me vuelvo a subir, vuelvo a caer y me vuelvo a subir. Cada vez era más difícil subirse en la bici. Me movía a una velocidad muy lenta. El frío hacía que no me respondiera el cuerpo y hacía falta habilidad para mantener el equilibrio y arrancar.

Tropiezo y de repente un dolor espantoso. Me acabo de golpear la pierna derecha contra el manillar. Me paro, jadeo y levanto la mirada, el infierno ante mis ojos. El haz de luz en primer plano, detrás la niebla, la oscuridad y el blanco de la nieve. Todo acompañado de los rujidos del viento contra los árboles y de los “YUJUS” del congrio. Te preguntas si debes estar ahí, si no has sobrepasado el límite, pero ya hace mucho tiempo que sobrepasamos el punto de no retorno.

Nos marcamos como meta llegar al cruce del cambio de vertiente, y aunque no lo vimos porque nuestra visibilidad era de unos 5 metros, llegamos hasta él. Una curva nos hace patinar y nos paramos. Las huellas del 4×4 ya se hayan llenas de nieve y no podemos seguir. Le digo al congrio que nos damos la vuelta.

Tenemos que cambiarnos de ropa, y eso se convierte en una odisea cuando te cae la nieve encima, cuando el viento y el frío bloquean tus movimientos. La escena es dantesca. Me bajo de la bici y experimento un pequeño mareo. No le digo nada al congrio para que no me de la lata. Me quito los guantes, el dolor es insoportable, saco ropa seca, pero me la tengo que poner encima de la mojada. Intento colocarme los guantes secos, pero tengo las manos hinchadas y no puedo, así que tengo que pedirle al congrio que me los ponga. Mi chubasquero se rompe y entre peleas el congrio me da el suyo. Quiero ponerme las mallas largas, pero no puedo quitarme las botas, así que decido hacer el descenso en pantalones cortos.

El congrio me da unos dátiles duros como peñones del frío, el camelback no me da agua, me sacudos los mocos de la nariz y comenzamos el descenso. El congrio ya ha llamado, Eu no puede, así que Cano viene a rescatarnos. Quedamos con él en el Minihollywood.

Mi sensación bajando es como cuando juegas a un videojuego y ves como a tu muñeco le va bajando la barra de energía y ves que va a morir. Quería bajar de cota, así que me dejo caer rápido, con los intermitentes reflejos del haz de luz del congrio.

Bajamos a una velocidad totalmente ilógica para la visibilidad que había. Íbamos lanzados, pasando nieve, baches, gravilla, piedras en el camino. La concentración era máxima hasta que de vez en cuando se escuchaban los “YUJUS” del congrio.

En una maldita curva el congrio cae al suelo. Se me ponen los pelos de punta. Gracias a Dios, el cabronazo tiene estilo hasta para caer. Él supercontento porque ha caído con la rodilla buena. Hasta entonces pensaba que era un congrio de aguas frías. Ahora pienso que es un congrio de goma de aguas frías.

Seguimos el descenso kamikaze y de repente nos damos cuenta que hemos salido del infierno, cuando vemos al mismísimo Dios, al Santísimo Padre. Una furgoneta en mitad de una curva, en mitad de la noche. Casi lloro cuando reconozco la furgoneta del Cano. Además con su pelo largo y todo, digo “ES EL DEL VÍDEO, EL NIÑO JESÚS, ES EL HIJO DE DIOS”. Sus cojones no nos han esperado en el Minihollywood. Jugándose el pellejo ha subido hasta que se ha encontrado un peñón en mitad del camino.

Entre alegría y risas desmontamos y nos subimos en la furgoneta. “A este tío nos lo follamos” pensamos cuando entramos en el coche y comprobamos que tiene la calefacción preparada y todo. Aún así tardé unos quince minutos en recuperar mi presencia de espíritu.

Llegamos a Geonatural y allí están Niko y Diego. Comentamos las jugadas y ya vuelta a la casa a pegarse una ducha caliente.

Cano, gracias tío, muchas gracias. Creo que no eres consciente de lo agradecidos que estamos.

Congrio, mi ángel de la guarda, como siempre muchas gracias.

Y aún todavía esa maldita voz que retumba en mi cabeza “MASTRINKAIS, MASTRINKAIS, MASTRINKAIS”

Nos vemos en la siguiente locura.

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Mira que te lo dije, Germán! el punto de cordura tienes que ponerlo tu… pero no debió oírme

Bueno, ya pondrá una crónica o no,

Muchas gracias al Señor Secretario y a Champo que se ofreció a recogernos si era necesario

PD, hacía un pelín de frío, ventisca y estaba todo muy oscuro como para sacar fotos o vídeo. Solo tengo esto (no nieva tanto, es que la foto no ha salido bien):

Fotos Congrio

Fotos Champo