RUTA DURA Y BLANDA

FOTOS ALEJANDRO 

FOTOS CHAMPO 

Crónica según Bichito
Aunque conocía la subida y sabía de su “extrema” dureza, iba yo confiado en realizarla dignamente, es decir, sin poner pie en tierra (la vez que la hice, con el congrio y en pleno verano, solo tuve que desmontar dos veces). Los demás, ignorantes de lo que les esperaba, se afanaban en los chistecitos de primera hora, el bitel repartiendo los mazapanes entre el maillot y la mochila; Alejandro ajustando la bici de su abuela, la buena estaba malita; Eu con el resacón habitual; Champoo, tarde, perdido por Senés, y Germán, que como tenía prisa, llegó el último destacado.

Así que mientras los últimos componen las bicicletas, los mayores aprovechamos para hablar un rato con el alcalde de Velefique, Don Rafaél, que se puso a nuestra disposición una vez que se enteró de la ruta que pretendíamos llevar a cabo.
Salimos tarde y despacio, nadie se fiaba y además tenemos que parar al kilómetro a esperar al “retrasao” de Germán que no había apretado las calas, tiene cojones… Seguimos en paz hasta llegar a la cortijada, desde allí hasta la cima ¡Sálvese quién pueda! Hora y media en arrancar 7 kilómetros a la montaña. Con una pendiente máxima del 30% y una media del 15% para arriba la respiración a bocanadas, los ojos desencajados, las piernas a punto de estallar hasta que se juntaban en el camino dos piedras juntas la bici se frenaba y se detenía el movimiento, retrocedías unos metros y a pie hasta que encontrabas un sitio donde poder montar.

Si la otra vez puse pie a tierra dos veces, esta vez por lo menos veinte veces, ¿Porqué? Es que de Agosto a Enero el terreno se ha “ablandado”. A todo esto Alejandro sube como si no costara.
Llegamos a la cima, sólo hemos visto dos o tres trocillos de nieve, pinta bien, je je je… Esperamos al Champoo que ha reventado la cámara, rajado la cubierta y “nosecuantas” desgracias. Tenemos caras de satisfacción ya está hecho el esfuerzo, a partir de aquí a disfrutar…

Bajamos por una senda, que lleva a la cuerda, está con nieve. Es lógico, pensamos, es la parte más alta de la ruta. Salimos a la cuerda donde veinte centímetros de nieve hacen dificultoso los doscientos metros. Ya nos damos cuenta que la vuelta no podrá ser por arriba, se tacha esa opción. Hay que bajar entre pinos hasta la pista que tenemos a 1600 metros de altitud, está muy nevado, algunas placas de hielo, el Germán baja como si llevara un patinete dándose impulso con una pierna ¡Cuesta un huevo, BAJAR!
Y ahora viene lo bueno, la pista está blanda, húmeda, nevada a tramos equitativos ¡Diosss si no podemos quitar el plato pequeño y el piñón grande! Y así vamos arrastrándonos durante casi quince kilómetros sin poder ir a más de seis o siete por hora ¡Y ESTA ERA LA PARTE FÁCIL!

A mí me desgasta más que una lima, a todo esto hace un día espléndido, y como la palabra “velcro” se queda pequeña para designar ese tipo de suelo nos comemos el tarro en asignar otro calificativo, que si arena de playa, que si almohadilla, que si blandiblup… yo lo llamaría lengua de cabra.
Y como ya llevamos cuatro horas y no hemos cubierto ni treinta kilómetros toca el “explotío” de Eu en el tramo de subida hasta la carretera , menos mal que no era mucho, menos mal que no le dejamos sólo y menos mal que se recuperó (al principio subía como una moto).

Decidimos volver por la cara sur, porque por la ruta inicial a este ritmo necesitamos cuatro días. Bajamos por la pista que lleva a Castro, una pista muy “disfurtona”, hasta para mí, carretera y llegamos al cruce con la que sube a Velefique. “Alguien” dice que quedan dos kilómetros llanos, a mí me “parecen” seis y subiendo. Son las cinco de la tarde y sólo hemos hecho 64 kilómetros, los bares están cerrados y no podemos celebrar la hazaña. ¿Qué no? Vamos que fuimos escudriñando bares hasta encontrar uno abierto en Rioja…

Crónica según Germinator /Velefique, más allá del velcro/
A nuestra patrona.

Para mí la primera salida del año. Tenía muchas ganas de bici, así que no había escusas, no había pereza. Tenía ganas de pedalear, pero más aún quedar con mis hermanos de bici-o.

Un mal cálculo de tiempo (que lejos está Velefique!!!) hace que tenga que pegarme las curvas a dos ruedas. Finalmente llego, y la estampa que me encuentro no me extraña nada, reunión de autoridades. Nuestro excmo. presidente entablando relaciones diplomáticas con la más alta autoridad del lugar, el excmo. alcalde de Velefique, escoltados por Alejandro, el Beatle y Eu. El Champu aparece en ese momento y se une al grupo.

Para calentar las piernas las primeras rampas del Alto de Velefique, no está mal, empezamos sin tonterías, primeras paradas para cambio de ropa. Hace más temperatura de la que esperamos, incluso medio luce el Sol. Primero problemas tecnológicos, parece que va a haber cambio de planes con la ruta ya que no se ha grabado completamente en los GPS, no importa, llevamos a un autóctono y al maestro del lápiz que conoce la Sierra de los Filabres como la palma de su mano.

Nos desviamos del asfalto ante las advertencias del bichito. Nos tiene preparada una sorpresa brutal, vamos por camino y de repente nos avisa, ya se han acabado las risas, las conversaciones. Lo que vino a continuación no tiene nombre. No se si hemos subido rampas de mayor porcentaje, que si la bestia, que si esta, que si la otra, pero esta tenía de especial un detalle, la distancia. No se cuantos kilómetros fueron, pero a algunos de nosotros le obligó a poner pie a tierra, otros se quedaron sin desarrollo, otro andaba sustituyendo al ausente congrio pareciendo que aquello no costaba, y yo personalmente me pase todo el rato preguntándome si había casetes con piñones mayores de 32 dientes, ya que muchas de las rampas las pasé a base de golpes de riñón.

Esta subida minó bastante las fuerzas del grupo e hizo recordar los excesos navideños. El champú asustó un poco con un pequeño bajón, pero lo controló perfectamente. Conforme subíamos, la montaña nos empezó a suspirar con una pequeña brisa helada que nos mosqueó un poco, pero sólo resultaría un farol.

Llegamos al final de esta terrible subida, paramos a comer y poco después reventón de Champú. Una vez en el inicio del descenso, conocido por algunos, resultó desconocido para todos. Lo que parecía un descenso habitual se convirtió en una prueba de equilibrio entre hielo y nieve. Pasabas por encima de nieve, la bici se iba de delante, de detrás, de todos lados, pasabas por placas de hielo, a través de las cuales veías el agua circular, y primer leve contacto con barro.

Seguimos hacia un cortafuegos y tras una reforestación del champú, enganchamos con un nuevo camino que inicia otro de los platos fuertes del día. Comenzamos una ligera subida en dirección al Calar Alto. La lógica diría que por la inclinación y el tipo de terreno el camino sería de fácil rodar, pero se convirtió en una trampa mortal. Kilómetros y más kilómetros de cambios de ritmo, de ejercicios de equilibrio y de velcro. Bueno, de velcro no. Es eso que hay después del velcro. El bichito lo denominó almohadilla, Eu creo que lo llamó arenas movedizas. No fue tan salvaje como el barro del brujo, pero un escalón por debajo. No todo fue sufrimiento. Hubo paisajes que admirar, una cabra que se lanzaba al vacío, y tres jabalíes que campaban a sus anchas por aquellas tierras.

Este castigo debilitó el ánimo de algunos que desesperaban por encontrar una salida a aquel sufrimiento. El beatle no me decía nada sobre mi nueva Love Lotion. El agua escaseaba y algunos estámagos estaban al límite. Por GPS se buscó un camino de escape hacia la carretera, pero la montaña no nos dejaría salir sin darnos una última sorpresa. El camino hacia la carretera se inicia con un barrizal que da a una zona pedregosa, cruzando cursos de agua de deshielo y rampas infernales. En este punto nos hayamos todos desperdigados, cada uno con su miseria.

Finalmente llegamos a la carretera. Alejandro y yo llegamos y no esperamos a nadie. Directamente a comer y beber algo. Los demás van llegando y se van uniendo al avituallamiento. Nos cambiamos de ropa nuevamente y tras descansar un poco y discutir como llegar a Velefique se decide tirar hacia Olula de Castro, parando antes en una fuente cuyo nombre no recuerdo. En este punto soy objeto del ingenioso humor de mis compañeros de viaje ante el nuevo look que luzco, pero ande yo caliente…

Descenso de asfalto en el que el champú nos da un susto de muerte con una salida de la carretera a 60 km/ h. Para haberse matado.

A continuación cogemos pista, con algo de velcro, nueva pérdida de cota y enganchamos con la carretera que nos llevará a Castro de Filabres. Pero antes hay que subir unos pocos kilómetros de puerto en los que se anima un poco el ritmo. La carretera es excelente y los paisajes son brutales. Coronamos y el Champú descubre un nuevo pinchazo. Se empeña en continuar, dándole algo de aire. Comenzamos el descenso, llegamos a Castro y de ahí nos lanzamos al cruce que finalmente nos llevará de vuelta a Velefique.

En el cruce relentizamos esperando a Champú. Cuando lo vemos aparecer, los demás seguimos y el bueno de Alejandro se queda con él para cambiar finalmente la cámara. Los demás nos entregamos a una lucha encarnizada hasta llegar a Velefique. Finalmente nos quedamos el beatle y yo. El mamonazo iba tirando como un endemoniado, cumpliendo su amenaza de no quitar el plato grande. Yo iba detrás acojonado. Finalmente decidimos tirar la toalla casi al mismo tiempo, llegando a las rampas de acceso al pueblo. Llegamos a arriba “pa habernos matao”.

Vamos recogiendo y echando los bártulos en el coche. Las Malvinas nos fallan para el tercer tiempo, el Restaurante Alfaro también. Son las 5 de la tarde y mis obligaciones me hacen desyistir. Si Eu y los de antes echaron el tercer tiempo, que ellos continúen este relato. Por mí poco queda que decir, simplemente que el bichito nuevamente sorprendió con un rutón, la montaña lucía con una de esas estampas que te hace flipar, el tiempo acompañó en todo momento, como siempre excelente compañía, aunque se echó en falta compartir este rutón con todos los demás, y en especial como he dicho al principio, a nuestra querida patrona.