Subida al Puntal: Locura Mastrinkais

No hay mandamiento aún para definir otra característica que define a los Mastrinkais, la locura de sus rutas, las situaciones inesperadas que tienen que afrontar en el momento menos pensado.

Esto hace que nuestra astucia sea mucho mayor que la de cualquier otro biker. Cómo lo diría para no herir la sensibilidad de ningún lector que no entienda nuestra filosofía, somos la élite del ciclismo aficionado, las “fuerzas especiales” del MTB.

Bueno, ya que mi ego ha alcanzado la altura necesaria, voy a relataros como una rutilla sin pretensiones, unos pedales entre semana, se pueden convertir en una loca aventura.

Hoy ha sido de esos días en los que en el correo chat matutino suelto a lo tonto, “pues yo quería echar un puntalico”, el congrio, vicioso de este deporte y hambriento de ciclismo, a pesar de la gesta que protagonizaron losmastrinkais este fin de semana en el dessafio, sólo contesta “a qué hora quedamos?”. Un escalofrío recorre mi cuerpo, ese oscuro objeto de deseo. “Ya me va a llevar to jopo” pienso, y yo todavía intentando reencontrarme conmigo mismo, con mis viejas sensaciones.

En el foro de esta gran página, veo como Cano se apunta. Aunque mala bestia es, siento cierto alivio.

Llego a mi hora, algo increíble, pero el congrio y yo estamos en un momento delicado de nuestra relación, y ya sabéis, a las parientas hay que cuidarlas, así que aunque la esté mimando un poco, llego a mi hora. Cano se encarga de meternos la minutada. Me entero que el hombre de los “mil apodos censurados” nos espera en Viator, el gran Nico.

Recogemos al niño y observo que Cano y Nico llevan unas extrañas vestiduras, de color naranja, jajajaja. No digo nada que luego las ampollas les escuecen.

Vamos poco a poco marcando ritmillo y el calor sorprende a alguno que otro. Como no se informan antes de salir, pues pasa lo que pasa, que si ropa de invierno, que si no echo agua, ayyyyy, la juventud.

En las inmediaciones del Puntal les meto un susto de muerte diciéndole que ya iba tirando yo para adelante y pego un tironcillo. Se han quedado todos blancos. Era una bromilla.

Comenzamos a subir, el calor aprieta, y como no, los neomastrinkais empiezan a muerte, marcando ritmo alto.

Nico se descuelga y pone su ritmo de supervivencia, Cano sigue con un ritmo inconsciente que hace que el congrio le siga a unos metros, yo ya estoy un trozo más atrás.

El congrio enseguida pilla ritmo y pone la directa, yo mantengo la distancia y voy buscando el ritmo deseado. Poco a poco voy entrando en calor y cazo a Cano, un apretón y me quedo sólo, liderando la subida de los mortales.

Enseguida veo al congrio parado con un señor de verde, enseguida me imagino quien puede ser, es el cuñao Dani vestido de verde, que nos observaba con los prismáticos. Según dice subíamos como mi colega Alex y sus amigos en Velefique. Echamos un ratico con el cuñado y aprovechamos para reagruparnos, bueno Nico adelanta un poco.

Quedamos con el cuñao al final de la subida. Arrancamos otra vez y la paradilla hace que escuezan las piernas, así que nuevamente a pillar el ritmo. Nos cuesta más trabajo del que creíamos coger a Nico. Ya a partir de aquí, cada uno con su pellejo. El congrio inalcanzable, yo por detrás, Cano muy cerca, y Nico, más seco que la mojama, con su calvario personal, contando las piedras del camino.

Cuando llego, me encuentro al cuñao y al congrio subidos en un peñasco a la luz del atardecer, contemplando la inmensidad de la montaña, vamos, que no se por qué, pero me he acordado de la película Brokeback Mountain. Estaban tan guapos.

Nos sentamos y flipamos un ratico con las vistas. Llega Cano, y al rato Nico. Con la tontería se nos va el tiempo y nos damos cuenta que hemos apurado demasiado. Comienza la aventura.

Nos acercamos al descenso y empezamos a bajar, y a bajar, pero, problema con el que no contábamos, las recientes lluvias han dejado la bajada hecha polvo, llena de agujeros y piedras por todos lados, así que descenso lento y pegajoso. El tiempo avanza, el Sol hace tiempo que se ha escondido, no hay luces, en todos los sentidos.

Sigue el descenso, la luz es muy escasa, y de repente,…, pinchazo en mi rueda trasera, “NOOOOOOOO, AHORA NOOOOOO”, viene la asistencia en carretera (venía con la bici cuando se la compré a Diego), así que ahí estaba el congrio quitando cubierta, el Cano por otro lado y yo con la cámara nueva, gracias a ellos la cambiamos relativamente rápido.

Cano va tirando para su bici, y de repente… “MIEEEERDA”. También había pinchado y no se había dado cuenta, así que para abajo, y nuevamente el congrio cambiando cámara. Nico el pobre contemplando toda la escena.

Seguimos el descenso ya casi sin luz (Nico, el único con luces, saca sus luces) y llegamos a los baños practicamente de noche, cargamos algo de agua y nos tiramos por el asfalto. Descenso a ocuras. A pesar de ello, a velocidades de 60 Km/h, finalmente y después de casi hacer un recto en la rotonda de la autovía, poco después giramos a la izquierda y empieza un camino de locos, asfalto a oscuras, paso por casco urbano, coches, luces, aficionados que parecen salidos de Resident Evil o más bien de Torrente 2, vamos una locura. El PLAN-E hace que no dejemos de hacer MTB, tramo peligroso de enlace por carretera a toda hostia hasta enlazar con la bajada por rambla que nos llevará hasta Viator.

En este punto necesitamos la ayuda de Nico, que se pone delante y nos marca el camino. A partir de aquí el cachondeo padre, noche cerrada, la luna llena sale a nuestra izquierda, pero todavía demasiado baja.

Todo el camino concentrados en la luz de Nico, que no hacía más que mover el manillar, y nosotros con el colocón. De vez en cuando algún gritito de “Mieeeeerda”, alguno que se iba del camino, alguna confusión que otra, y venga gritos de locura “UN MONSTRUOOOO”, “AYYYYY, QUE ME VOOOOYYY”, “HE VISTO ALGO MOVEEERSEEE” , hasta que de repente veo una cosa negra que se tira para Nico.

No, no era un conejo de carne, porque esto volaba. Esquiva a Nico y se viene para mí. El murciélago va directo a mi cara y cambia de trayectoria a escasos 40 cm. No puedo evitar gritar y ponérseme los pelos de punta, jajajaja. A partir de ahí “UN MURCIELAGOOOOO” y todos gritando como nenazas, JAJAJAJAJA.

Finalmente llegamos bajo el puente de Viator. Subimos y Nico como una exhalación nos recomienda que apretemos el culo. Llegamos a la carretera y nos despedimos del gran Nico.

Nosotros nos tiramos a toda hostia hacia Almería, llegamos al Col de Torrecárdenas. Congrio y Cano suben como malas bestias. Yo me conformo con llegar. Despedimos al congrio, luego nos separamos Cano y yo.

Llego a mi casa y no puedo evitar sonreir, me llama la atención y pienso”JODER, QUE GUAPO, HOY ES DE ESOS DIAS EN LOS QUE LLEGAS CON UNA SONRISA EN LA BOCA” y pensando “ESTAMOS ZUMBAOS”.

“LARGA VIDA A LOS MASTRINKAIS”