La Peza, Sábado 19

Crónica de Germán
Describir la ruta del sábado se hace una tarea bastante difícil. Voy a intentar ser breve y conciso como siempre.

Los que allí estuvimos, asistimos, desde mi punto de vista, a una de las rutas más espectaculares de losmastrinkais. Por ello debemos estar agradecidos al inquietante lápiz del bichito, a las rutas del miércoles del jubilado y a los nueve elementos que allí nos dimos cita.

La madrugada fue de escándalo para poder estar en La Peza a las 8 de la mañana. Cano, Eu y yo avanzamos en la noche hacia nuestro destino. Llegando al lugar Eu se marca una ruta cross country con su Peugeot familiar cargado de bicicletas. Alucinamos con la aproximación hacia la Peza. Un cabrón con unos cuernazos imponentes nos da la bienvenida en el pantano de Francisco Abellán.

La aproximación.

Comenzamos la ruta con la idea en la cabeza de un comienzo relajado, un desarrollo asequible y un buen puerto al final. Nada más lejos de la realidad.

La ruta empieza con unas rampas que rápidamente nos ponen a tono. La gente va fresca y se marca un ritmo alegre, un tremendo error, que se pagará muy caro unas horas después.

Sigue habiendo un optimismo generalizado por las características de la ruta. Nadie respeta las curvas del track. La gente confía en sus fuerzas. Yo, junto con otros sabios mantenemos la cautela propia de losmastrinkais y ponemos…

El modo económico.

Los kilómetros pasan. El bichito va cantando los kilómetros, “10 kilómetros, una parte de 10, 20 kilómetros, 2 de 10”. Vamos reservando fuerzas, vamos en modo económico, guardando fuerzas, sin tirones, pedaleando con suavidad, sin dejarnos llevar por la euforia. El bichito va recordando tiempos pasados mientras recorremos una sierra en periodo de regeneración tras un devastador incendio hace casi 20 años.

Entretenidos por las historias de antes, la ruta comienza a ponerse tan bella como dura. El camino se estrecha, se hace más técnico, se encierra en un bosque, rodeado de pinos.

Nos empezamos a descojonar al ver que el modo económico es inviable en esas rampas con esas piedras, esas zanjas y esa dureza. Ni el IBP, ni ningún índice de dureza refleja el desgaste que nos provoca el tipo de terreno por el que nos movemos, así que pasamos al modo belcro.

Nico’s Show.

Podría ser un buen nombre para un garito de esos con luces brillantes, pero no, en este caso es el mejor título para el espectáculo que dio Nico.

Quizás por la altura, por la dureza del recorrido, por los efectos de alguna sustancia estupefaciente o simplemente porque está perdido de la cabeza, empezó a cantar, a gritar y a meterse en cada una de las zanjas que había por el camino. Una tras otra las iba pillando, medio cayéndose y partiéndose de risa. Se ponía a tu lado y te amenazaba con echarte del camino. Y por no hablar de la cantidad de veces que el muchachico pudo mear. Si lo pusiéramos en la Puerta Purchena, Almería tendría su propio Manneken Pis.

Primer pinchazo de Eu.

Eu se trae neumáticos lisos, así que sufre el primer pinchazo del día. El pinchazo que sufrió después no fue precisamente en sus neumáticos.

Hay que agradecer el lugar donde pinchó, bosque, riachuelo, y el camino al solecico, así que aprovechamos para comer, Guillem aprovecha para pasear a la tortuga. Reanudamos la marcha y enlazamos con la carretera. El bichito y yo conectamos el modo económico, los demás el modo competición, así que se lanzan como diablos en dirección al Embalse de Quentar. Llegando allí nos damos cuenta que estamos en…

Territorio de ciclistas.

Es increíble, pero conforme avanzamos en la ruta alucinamos todavía más con el paisaje que nos envuelve y el espectáculo es brutal cuando llegamos al Embalse de Quentar, unos paredones brutales que parecen no tener fondo. Es inevitable pararse y disfrutar de la grandiosidad del paisaje. El grueso del grupo ya ha comenzado a subir las brutales rampas que nos dirigen hacia Güejar Sierra. Unos pocos nos quedamos admirando e inmortalizando el lugar.

Comenzamos a subir y nos damos cuenta que esta zona es lugar habitual de entrenamiento de los granainos. Nos cruzamos con bastante ciclistas, tanto carreteros como montañeros. Un último rampón nos encamina Güejar Sierra, hacía la fuente de los 16 coños. Uy perdón, caños, en que estaría yo pensando…

Güejar Sierra; el comienzo del Calvario.

Nos agrupamos en la fuente de los 16+1 caños (el de llenar garrafas). Paramos a comer, hacemos balance de la ruta y analizamos el puerto que nos espera. Las rutas no son sólo números, y nos daremos cuenta más adelante. Los datos que nos da el bichito me hacen cometer el error de soltar por mi boca “nos queda un puntal”. Pocas veces he estado tan equivocado.

Seguimos comiendo y aquel lugar nos entretiene con su ritmo cotidiano y sus pequeñas curiosidades, una perra que se mete en la fuente a bañarse, la gente paseándose con sus caballos, el pallo Juan Manuel con su prole, que nos pone los pelos de punta con su presencia. Recorremos un pueblo totalmente vertical, un municipal nos bronquea por aparecer en la “avenida” principal en dirección contraria. Es curioso, pero lo miramos con incredulidad, como diciendo “pero sabrá este hombre de donde venimos, y a donde vamos. Nuestras rutas no tienen direcciones prohibidas, no tienen vallas, no tienen cadenas”, así que sin hacer mucho caso “escalamos” la rampa que nos lleva a la salida del pueblo. Llaneamos un poco y a la izquierda se abre una amenazante rampa que es el comienzo real del reto del día.

La penitencia: primera parte.

Comenzamos con unas rampas que rondan el 15 %, intentamos ir despacio, pero el tráfico nos hace pegar acelerones y salir de aquella zona estrecha lo antes posible, así que nos ponemos a 100. El puerto ha comenzado y da miedo comprobar como prácticamente en el kilómetro 1 ya va cada uno con su pena.

El bichito me advierte, “Germán, no hay descanso, no hay respiro, no hay modo económico”. Efectivamente no hubo ni un descanso en toda la subida. Tomaríamos como descanso algún pequeño trozo al 6 %.

Kilómetro 3, 4, 5. La agonía es total, a la derecha la majestuosidad de la montaña con el Veleta, el Mulhacén y el Alcazaba como espectadores. La gente va muerta. Solamente Guillem muestra buenas sensaciones. Del congrio no hablo porque era totalmente irracional como iba, haciendo ziz zag, caballitos, “me abuuurroooo”, y tu mientras agarrado al manillar, concentrado con el esfuerzo y echando pequeños vistazos a la derecha, que bonito, y que mala pinta tiene la subida a los Lavaderos de la Reína, pero esa es otra historia.

En el kilómetro 8 llegamos al final del asfalto. Ay de nosotros si esos 8 kilómetros hubieran sido con piedras, qué hubiera sido de nosotros. Hemos subido 800 metros en 8 kilómetros.

Llegan el congrio y Guillem, un servidor, el bichito, Cano, Beatle, Carlos, nos despelotamos y colgamos la ropa para que se seque lo máximo posible, comemos mientras esperamos a Nico y Eu. Hay dudas de si acaban la ruta, pero estos son mastrinkais y la retirada no es una opción, así que al rato aparece Nico, y un rato después aparece un agonizante Eu, del que nos compadecemos al no gastarle la “bromilla” de empezar a pedalear mientras está llegando. Nos estamos ablandando.

La penitencia; segunda parte.

Nos subimos a la bici y nos dirigimos hacia un pequeño sendero que va dibujando la montaña. Al principio hay pequeñas dudas, son varias las opciones, pero pronto encontramos el buen camino.

Nuevamente pecamos de optimismo “si sólo nos queda unos 300 metros de desnivel y 8 kilómetros, será suavico”. Pues no, las rampas no son tan duras, pero la dificultad del terreno hace que nuevamente se rompa el grupo.

El beatle, hecho un toro por no se qué sustancia aportada por Carlos, marca el ritmo de subida, yo lo sigo, detrás Guillem. Por detrás serpentean los demás.

Vamos cogiendo metros, pero el camino permite ciertos descansos, llanos que enlazan una rampa con otra. Unas señoras vacas nos hacen detenernos y pasar con más miedo que vergüenza. Si echas la mirada al frente se adivina el camino al fondo. Quedan dos o tres kilómetros para finalizar los 16 previstos.

Suena el móvil de Guillem, pero nosotros seguimos. Oigo un ruido y pienso “no se ha parado a cogerlo”. No se como fue, ni como lo hizo, ya que subestimamos su habilidad con el manillar, pero pasa a mi lado como una exhalación la figura alargada del bichito de la luz. A continuación adelanta al beatle, este se pega a su rueda, yo acelero y me pego a ellos. No puedo perderme este espectáculo. Comienza un…

Duelo de los de antes.

Yo los jaleo, voy retransmitiendo la etapa, mientras el bichito pone un ritmo endiablado, el beatle hace comentarios como “no, yo voy a subir a mi ritmo, ufff”, el bichito se separa un poco y grito al beatle “TIRA A POR ÉL, LO TIENES AHÍ, QUE NO SE TE ESCAPE”, el tío pega un acelerón y se acerca a él.

La llegada de un tramo algo más técnico frena el ataque del bichito, permitiendo que el beatle lo adelante y sea él el que marque el ritmo, yo hago lo propio, el bichito es engullido por las piedras, pero el espectáculo ha sido legendario. Sólo Guillem y yo hemos disfrutado de este momentazo. Gran ciclismo el de antes.

El camino de los despojos.

Van llegando los demás, la mayoría rotos por el esfuerzo. El parón hace que nos enfriemos. Yo a estas alturas ya noto el desfallecimiento provocado por la falta de “gasolina”, empieza a costarme hasta bajar. Rechazo la comida porque ya “sólo queda dejarse caer”, un nuevo error que aportará un plus de dureza a “mi ruta”.

Comenzamos a bajar, camino duro que provoca un reventón en mi rueda trasera. La flojera que experimento hace que me cueste una barbaridad cambiar el pinchazo. Gracias a la ayuda del beatle y el congrio podemos continuar sin que se nos eche la noche allí, esperando que yo cambiara el pinchazo.

Descenso entre vacas, circulando por las tierras de grandes terratenientes, ambiente ganadero.

Los kilómetros van pasando y no todo es bajada, vienen zonas de llano, falsos llanos, algún repecho y muchos de nosotros empezamos a pensar en el final de la ruta. Otros tienen fuerzas para incrementar el ritmo y atacarse en los kilómetros finales. Ya se ve La Peza, ya estamos llegando. Enlazamos con el asfalto, descenso vertiginoso que nos lleva hasta los coches. Todos tenemos un pensamiento en la cabeza, CERVEZA.

Se reúne el consejo de sabios, y se decide ir a Dólar al calmad nuestra sed.

La última etapa.

Haciendo honor al logo de nuestros maillots, nos echamos una “mano de birra” de las buenas. Los tubos van llegando, unos tras otros. Nuestras caras van cambiando conforme van pasando las rondas, venga tapas, algunos platos combinados. Un par de horas después y alguna llamada del amor nos acordamos de la familia y emprendemos el viaje de vuelta.

Para finalizar sólo decir que esta ruta bien merece la pena repetirla o por lo menos gran parte de ella. Es una pena que muchos de los nuestros no la hayan disfrutado. Ha sido una de las grandes por dureza, pero quizás de las más bonitas que hemos hecho. El sufrimiento que hemos pasado le ha dado un valor especial, y qué decir cabe de los paisajes, no sabes con qué quedarte, si con las subidas y bajadas por los bosques, la bucólica estampa del Embalse de Quentar, la dureza y a la vez espectacular subida de asfalto o el sendero de después que encierra toda la esencia del mountain bike, como dice el bichito un auténtico éxtasis.

Captura de pantalla 2009-09-19 a las 22.09.37
Captura de pantalla 2009-09-19 a las 22.09.50

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