LA VERDADERA HISTORIA DE LOS MASTRINKAIS. PRÓLOGO.

HISTORIA
Hoy es un día grande en la vida de uno. Cuando ya no creía en mis posibilidades ha ocurrido el milagro. Hoy por fin he vencido a la piedra.
Fue la primera ruta que hice desde mi reciente incorporación al mountain bike y nunca pude con ella. Hubo muchos intentos. Hubo días malos en los que mucho antes de llegar a ella puse pie en tierra, y días de ilusión en los que me acercaba poco a poco hasta chocar de lleno con aquél muro imposible.
Hoy sí. Con mucho esfuerzo, pero sí.
Ya he salido de casa con una fuerte determinación, hoy tenía que ser. En Pechina me suena el móvil, es JordiMan, no se qué de unas azafatas para la Vuelta, hablo con él, pero sin atención, mi mente estaba en la piedra. Cuando he comenzado la cuesta iba sorprendentemente bien, casi sin esfuerzo y en los sitios donde tantas veces había caído, pasaba alegremente. Pero quedaba la piedra. Miro el Gps, pendiente del 18% y suelo roto, me falta el aire, estoy bañado en sudor y sigo los surcos buenos. Ya llego a ella y acelero con todas mis ganas, me duele el pecho, atravieso la piedra, el tiempo se para y no sé si voy a caer bien. La bici sigue rodando pero hay otras piedras menores, no de tanta categoría. Me concentro y me digo: ¡Joder, Pepe, no la cagues ahora que ya está hecho! Paso la curva de la arena y ya sé que voy a subir a Los Baños sin poner pie en tierra. Por fin.
Por fin soy un Mastrinkais.
(En Andalú de barrio significa: “los que ligan fuertemente una cosa”. Ya sé que muchos de vosotros pensabais que se trataba de alguna de sus otras acepciones como “los que más hacen el acto sexual” ó “los que más bebidas alcohólicas ingieren” ó “los que más comisiones cogen en negocios dudosos”. Mal pensados.)
Seguirá…