Granada – Almería

EN BUSCA DEL LÍMITE.

No se por qué lo hice, quizás por esa responsabilidad que supone ser un mastrinkais. Es viernes por la mañana, tengo conciencia de donde estoy, la cama está más cómoda que nunca, y pienso, por qué he de ir. Mañana a estahora estaré echando de menos la comodidad de mi hogar, por qué.

Pasa el día de trabajo, y mientras hago cosas, un pensamiento de base, la bicicleta, la montaña, los frikis. Estoy nervioso, tengo ganas de que den las 3, y como siempre, a la carrera, comer e ir a la estación de autobuses. Nadie me espera, sólo un congrio.

La gente me mira, “dónde irá?”. La mochila es casi más grande que yo, ahora parece no pesar, la ilusión tira de mí. Llego a la estación de autobuses y Diego flipa con mi presencia. Subimos al autobús. Voy con los dos promotores de esta locura, qué nos tendrán preparado?

Llegamos a Granada, calor sofocante, montamos y congrio con su gps nos lleva a la estación de tren, y toca esperar, a Eu, Guille y Carlos Cano (el del serrucho).

A las 8 y algunos minutos llegan los ferroviarios, nosotros ya estamos cambiados, inminente la llegada de Pako Lapierre (será una de las últimas veces que lo nombremos de esa manera).

Por fin llegan los últimos, y… SORPRESON, otro friki más que no estaba previsto, el rojillo del Cano. El buen rollo flotaba en el ambiente, foticos de familia y comienzan las primeras pedaladas hacía un futuro incierto, hacia un terreno desconocido, hacia la aventura.

Pacto de no agresión antes de subirse a las bicis. El pacto dura lo que tarda en recorrer la cadena la distancia que hay desde el piñón grande al pequeño. Los Geos con su habitual agresividad empiezan a poner a prueba el nombre de los mastrinkais, pequeños juegos de cambio de ritmo amenizan las
primeras pedaladas de este gran fin de semana.

Salimos hacia Alfacar, y ya empezamos a subir por carretera, a buen ritmo, superior al que deberíamos llevar con la carga que portábamos. Cuestas imposibles en Alfacar, seguimos subiendo, atardecer de colores sobre Granada, y nosotros pedaleando hacia la oscuridad, tocamos piedra y polvo y nos adentramos en la montaña, la luz es escasa, se ven las primeras luciérnagas. Va refrescando el ambiente, se podría decir que incluso hacía fresco, un tráfico impensable en la pista que nos lleva a nuestro destino. Quizás estuviéramos en alguna ruta “de colores”.

La primera etapa se salda con una subida más exigente de lo esperado, ritmo alto, más del esperado, Pako Lapierre y yo probando piernas, quizás más de lo debido, y algún problema técnico como las alforjas de Tinky Winky (uséase Eu), ah!, se me olvidaba, y el ataque asesino que me hizo el congrio con su alforja voladora, que saltó en un descenso vertiginoso, que conseguí esquivar a pesar de disponer sólo de la miserable luz que desprendía mi frontal.

La tecnología casi nos gasta una mala pasada cuando íbamos a confiar en ella y plantar el campamento en un anchurón del camino. Gracias a que probamos a seguir un poco más y encontrar definitivamente el área recreativa, sin antes regalarme Diego y Eu material para poder escribir, cuando en plena curva, a 3 por hora, Diego se le echa encima a Eu y caen los dos ante mis pies
(Morales, saca tus propias conclusiones, jajajajaja) o será quizás algún ritual de los geos?, no se, no acabo de entenderlo.

Llegamos, buscamos hueco (no había nadie), nos abrigamos los gays, los machos como cano, diego y alguno más con sus manguicas cortas. Tanto para los geos, vaya pedazo de cena se marcaron a base de chorizaco, lomico y demás derivados del marrano.
Algunos no nos quitamos ni los culotes, nos abrigamos y al saco. Podría pensarse que aquí acaba el día, pero realmente la noche fue tan movida que no se donde acaba y empieza el siguiente día.

La noche nos depara cachondeo hasta que empieza a dominar el silencio, roto en alguna ocasión por la suave carcajada del rojillo y alguna ventosidad que otra, que al final el que se lo tiraba se lo comía (teoría de Eu del peo en el saco). En el silencio nocturno, se empieza a oir algo, no puede ser, es que ha venido el bichito? No puede ser. Alguien pregunta “quién es?” otro contesta “es Diego” “joder!”, por supuesto Diego al verse acusado contesta “YO NO SOY” “quién es?” “Carlos Cano” “La madre que lo parió”, RACARACARACARACA, venga serrucho, acompañado del sónar de algún submarino cercano. En ese momento me acuerdo de mi camita, de mi silenciosa esposa, y
de la noche de perros que me espera.

Siesta tras siesta (20 minutos durmiendo, 5 despierto), Cano me advierte de una presencia cercana. Nos encogemos en nuestros sacos y le digo que alumbre. Unos pedazos de bichos a escasos metros nuestra. Eran dos o tres ciervos que nos miraban curiosos. Yo, consciente de mi puesto en la cadena
trófica intento intimidarlos con gritos pastoriles, pero ellos sólo me miran con curiosidad, y pienso, no puede ser, deberíais temerme. En ese momento caigo en la cuenta que somos 8 gusanos gigantes tumbados en el suelo y que emiten sonidos extraños, así que los ciervos siguen a su bola, hasta que
pasamos de ellos. A lo largo de la noche se les seguiría escuchando, pero creo que pasábamos los unos de los otros. Además, me puteaban más las hormigas que se me estaban metiendo por el oído.

Son las 7:20 h., abro los ojos, veo a todos fritos, hago unas foticos graciosas, y empiezo a gritarles que se levanten y empiezan a desperezarse, el Sol ya asoma. Algo, pero muy poco de higiene, preparativos y salida. Son algo más de las 9 de la mañana y ya empezamos a rodar. En días de San
Fermines vemos vacas por el camino, que para algunos suponen un motivo para detenerse. No recuerdo los nombres de los sitios, pero sitios alucinantes, y de repente, empiezan los problemas técnicos. Las alforjas de Eu siguen dando la lata.

Salimos hacia terrenos polvorientos en los que los paisanos nos increpan acerca de nuestro destino. El terreno se hace más abrupto y entramos en una bajada algo técnica. Yo me adelanto para irme con Carlos Cano, Congrio se queda con Eu. En ese tramo veo caer a Carlos Cano, caída tonta, pero
inevitable con la inestabilidad de las bicis cargadas. Se va parando e intentando hacer chapuzas para que aguanten, pero la cosa se hace imposible, así que finalmente al fresquito de un río se reparten el contenido de las alforjas, y Eu queda libre de su carga.

Curioso el encuentro en el Puerto de la Mora con el hombre que quería echarse amigos. El pobre intentaba explicar al personal el camino, cuando todos iban cargados con GPS. Todos le decían que no hacía falta, pero el hombre insistía. Yo por detrás le ofrecí mi comprensión, que por poco me
cuesta quedarme realmente allí con él para que me explicara por donde debía tirar para encontrar a mis compañeros. Acabé con un “me voy que me dejan”.

Ya vamos hacia Guadix, mucho calor. No hay agua, ni aquarius que apague el fuego que tenemos dentro. Llegamos a Guadix, y por recomendación de… ahora ya a esta altura sí puedo decirlo… de PAKO EL DROGAS (Sí, ESE ES TU NUEVO NOMBRE A PARTIR DE AHORA, QUE LO SEPAS!!!!), comemos de puta madre en un sitio. Quedaron platos que no hubo que fregarlos. Compra inteligente en el Día, lo normal, un melón, un chorro de latas de cerveza, latas de sardinas y
atún, carga que duró hasta la Fuente de La Parra, y parte de ella hasta nuestras casas.

Eu tira delante a todo guiñapo. Al rato salimos detrás. Hubo momento que creíamos que había tirado por otro lado, vaya ritmo!!! Y parece que iba mal. Pakito se ve que los cuida bien con las pastillitas de la alegría.

Ahora vamos hacia Jeres del Marquesado, vaya rectaca!!! Aquello no tenía fin. Me paro a reubicar la carga que no dejaba de clavárseme en la espalda, y sólo, nuevamente me enfrento a la recta, que parecía no tener fin.

Finalmente llegamos a Jeres del Marquesado y acabamos tirados por las aceras como despojos humanos. Aquí se produce la primera división, algunos tiran por la vía “fácil”, hacía la Calahorra vía Puerto de la Ragua. Otros nos adentramos en el corazón de la sierra. Seguimos la dirección que nos lleva al Postero Alto. Ritmo exigente el que impone Cano, los demás nos limitamos a seguirlo, el que puede. Pone en práctica sus sesiones de entrenamiento secreto. El congrio, como en otras ocasiones me increpa por la osadía de estos geos. Yo me limito a decirle que espere a que la droga deje de hacer efecto.

Pasan los kilómetros, llegamos a las inmediaciones del Postero Alto. El Sol abrasador, las sensaciones pésimas. Mi cuerpo empieza a probar el amargo sabor de la deshidratación y la desnutrición. La debilidad física y mental me invade, las dudas me asaltan. No se que hago ahí, no se en qué momento he dejado de divertirme y he empezado a sufrir, pedalada tras pedalada. Todo
molesta, la mochila se clava, se va hacia el lado derecho, me desequilibra, me desconcentra y me cabreo. Cuando todo molesta, es que no vas bien.

Mi ángel de la guarda se queda junto a mí. Saca de su mochila sus archiconocidos dátiles. Me obliga a comérmelos todos, frutos secos, bebo, me subo en la bici y comienzo a pedalear. Como por arte de magia, comienzo a pedalear con más ritmo, y manteniendo la cordura aumento el ritmo, en parte para avanzar, en parte como agradecimiento a ese pesado de los cojones que nunca te falla ni se va de tu lado, y mira que molesta, pero no se va.

Nos reagrupamos con los geocracks y nuevamente comemos. Ya me voy encontrando mucho mejor, pero no me fío, estoy en un punto delicado, como y gasto. Estoy en ese punto en el que puedes pasar de la euforia al hundimiento en cuestión de metros, así que regulamos, y más nos vale, porque
lo que vino a continuación me recordó a aquella eterna ruta que quedará grabada en mi cabeza y en la del bicho, aquella que no parecía tener fin, aquella doble de Sierra Nevada.

El congrio auguraba 2 o 3 valles por atravesar. Finalmente creo que fueron 8 valles, y largos, muy largos. Echamos toda la tarde en ese paisaje tan fantástico como terrorífico, tan bello como duro. Pako el drogas y el rojillo lloraban por una fuente, que finalmente encontramos. Poco antes Carlos Cano ha tirado delante. Luego nos contaría que hizo la táctica de “me salto el avituallamiento, ellos seguro que paran”. Parada en la fuente, se acaba el día, y en radio tour llegan malas noticias. Eu va mal, piensa en llamar para que lo recojan, se escuchan rumores de retirada en el sector de los geos, el congrio enloquece, pero yo mantengo la calma y hago que él también la tenga.

Seguimos en la pista sin fin. Si cogíamos 100 metros hacía arriba, los perdíamos poco después, hasta que finalmente enlazamos con el Puerto de la Ragua, hacia la mitad del mismo, así que entramos en una condiciones penosas en la carretera. Primero, Carlos Cano, detrás el congrio, detrás el drogas, a poca distancia yo, y cano, tal y como preveía cae presa del cansancio. Ya voy con el piloto automático. No puedo ir ni más rápido, ni mas lento, cualquiera de las opciones me viene mal.

No dejo de levantarme sobre la bici, de retorcerme, me siento, la mochila me hunde hacia abajo. Me acerco a Pako. Vamos a fondo, y cuando finalmente decido tirar la toalla, con ella en alto para arrojarla, quedo perplejo al ver como Pako deja a medias una pedalada y pone pie a tierra, increíble,
desde la cuesta de la ermita de Ronda no vi nada igual. Recojo mi toalla y tiro hacia delante. El congrio ya ha pillado a Carlos Cano, y ahora me toca a mí. Lo alcanzo y sigo hacia delante. Veo el final del puerto, lo que me da ese golpe de moral para tirar un poco más. Los que esperan me vocean y jamás me he alegrado tanto de oir sus voces, me indican que ha acabado la tortura, por hoy.

Paro mi bici, me abrigo y mientras van llegando Carlos Cano, el drogas, y el rojillo. Reunión del consejo de sabios en la que se decide cambiar de planes y bajar hacia la Posada de los Arrieros. Descenso nocturno con espectadoras inesperadas, esas pedazo de vacas que algún susto nos da en alguna que otra curva.

Veo pequeñas manchas oscuras en la carretera, piso una y noto como salpica, “uy un charquito”. Veo como el congrio pierde velocidad y reniega, no me extraño por ello, es lo habitual, pero me parto el pecho cuando me dice que alguien que iba delante suya ha pisado una mierda de vaca (uséase manchas oscuras en la carretera) y le ha salpicado a la cara. Estos geos no saben que hacer para machacarnos.

Finalmente llegamos a la posada. No nos podemos creer que vayamos a dormir en blandito, y que vayamos a comer caliente, así que a la carrera cenamos (consomé, macarrones y albóndigas con patatas), después nos duchamos en plan fakir. Son casi las 12 de la noche, así que rápidamente nos metemos en los sacos. Un poco burros a la hora de distribuirnos. Cachondeito antes de dormir, y esta vez no se oyó ni el gato.

Son casi las 8 de la mañana y abro los ojos, el drogas no está a mi lado, ya se ha levantado. Yo como puedo me bajo de la litera y me voy al salón, a ver los San Fermines, el drogas está sobando en el sofá vestido de ciclista, incluidas botas. Veo el encierro mientras la gente se levanta, nos pegamos un pedazo de desayuno brutal y comentamos la estrategia para el último día, el que nos llevará a nuestros hogares.

Salimos como siempre a más de las 9, dirección Laujar. Nos pegamos un descenso en plan moteros. El congrio, Diego y yo vamos trazando las curvas de lado a lado y poniendo a prueba los frenos de la bici. Finalmente llegamos a la fuente de Laujar y recargamos los camelback ante las miradas
curiosas de los “carreteros” que allí estaban, sobre todo flipando con la estampa de Pako el drogas haciendo honor a su nombre, allí acurrucado en una escaleras, medio escondido, su cacharrico de cristal, sus polvos mágicos, su papel albal, haciéndose sus potingues. El Dr. Ferrari de los Geos.

Salimos hacia Fuente Victoria, estamos en territorio del comandante, echamos la vista hacia su feudo cuando pasamos por el puente. Que pena no haber coincidido allí para habernos marcado una rutica juntos, aunque quizás no era tan buena idea yendo nosotros en las condiciones que íbamos.

Eu decide no subir a Nuevo Mundo y tirar por la ruta “fácil” (y un cojón, al cabrón le quedaba todavía tralla para arriba y de postre subida de 9 km. A Ohanes). Los demás vamos hacia Nuevo Mundo. Nuevamente el sector radical de los geos ataca desde el principio. Se van y yo me quedo con mi pena, empiezo a encontrarme mal. Espero la llegada de la fuente de la parra antes de tiempo, y no llega. Para colmo voy pinchado, perdiendo aire poco a poco. Tengo que hacer un alto a la sombra de un pino a beber algo, siguen pasando kilómetros, y la fuente que no llega. Finalmente llego y todos esperan allí, refrescando las cervecicas y el melón. Nos hinchamos de comer y de beber, cargamos de agua a tope. No hay más agua hasta el Marchal.

Van saliendo los demás, el congrio se queda conmigo mientras termino y comenzamos la subida, de menos a más, cogiendo ritmo poco a poco, son aproximadamente las 1 del mediodía, y el calor ahoga. Cada poco rato tenemos que parar para echarle aire a la rueda, hasta que finalmente llegamos al famoso cruce de caminos. Allí nos esperan los demás. Pienso en arreglar el pinchazo, pero no tengo ganas y decido hacerlo al final del puerto.

Casi sin descanso para nosotros comenzamos a subir neuvamente. Muy pronto comienza a ponerse un ritmo demoledor. Yo los dejo ir, el congrio se va hacia delante y los caza, yo espero. Pronto se empiezan a descolgar, Cano el primero, lo paso y me quedo sólo. Delante va el drogas, me voy acercando. De repente oigo detrás una bici, pienso que es Cano, el rojillo, pero no, es Carlos Cano. Vaya forma de subir, y parecía que iba paseando. Los dos nos vamos acercando a pako. Ya voy con él, dispuesto a pegarle el hachazo en el mismo sitio que la otra vez, y cuando estoy ahí esperando el momento miro hacia abajo. La rueda va casi vacía, así que ahí se acaba la película. Me paro, echo aire y tiro sólo hacia delante.

Llegamos al final, que alegría, y que calor, son casi las 3 de la tarde. Casi no había sombra donde cobijarse. El cansancio y el calor era tal, que tuve que cambiar la cámara por capítulos, desmontaba, me iba a comer, montaba,…

Desde aquí comenzamos un “descenso” (se tiende a bajar pero había que pedalear) que se hace exigente debido al ritmo que imponen los geos, capitaneados por Diego y su caballo loco. Después de un buen rato, el ritmo se suaviza algo, pero vuelve a incrementar al tener el primer contacto visual con los molinos de Felix. Las ganas de llegar imponen un ritmo frenético, sólo detenido por una alforja voladora del congrio.

Llegada a los molinos y ataque traicionero de Cano al Congrio. Lo pilla despistado y a distancia y en un último repecho lo deja tirado. El congrio empieza fuerte, pero no puede. Todos jalean este acto vil y rastrero. Pobreticos, tienen que hacerlo así de esa manera. Cano nos ha enseñado las evoluciones del entrenamiento aconsejado por su hermana. Como pongamos nosotros al bicho a trabajar os vais a cagal.

Parada refrescante en la fuente del Marchal, y descenso hasta el cruce de Enix. Allí nos despedimos de esos grandes del ciclismo pachanguero, esos cano, ese rojillo y ese drogas.

Guille, Diego, Congrio y yo seguimos hacia la temible cuesta de Enix. Antes hacemos una parada en la plaza a echar un cocacola que nos da la vida. Rellenamos el agua perdida en la fuente ante la advertencia de unos personajes que nos avisaba que el agua olía a gasoil.

Tan asustados íbamos de las cuestas, que al final no nos pareció para tanto y subimos a buen ritmo. Por supuesto el congrio parecía que iba llaneando. Detrás llegué yo y le dije, temiendo la bajada de piedras, que iba adelantando camino. Él, sabiamente, me quitó aire de la rueda delantera, lo que creo que permitió que bajara sin ningún problema y a buen ritmo. Nos agrupamos en la presa, Guille iba “semipinchado”. Finalmente llegamos final de la bajada, en el puentecillo del quemadero celebramos nuestra victoria.

De repente el cansancio desaparece y siento esa sensación que no se puede explicar, esa sensación de placidez, de haber hecho algo grande en mi pequeño mundo. Para algunos una locura, para otros algo incomprensible, para algún scottish poca cosa, pero en mi mundo algo grande. Sobre todo me alegro de haber compartido la gloria de estos días con gente con tanta clase, tanto ciclista como humana.

Anecdótico el lunes por la mañana. Estoy parado en un semáforo, miro hacia mi derecha y veo un par de bicicletas cargadas con alforjas con dos personajes al lado, y pienso, dónde irán los colgados estos, y a pesar de todo los envidio. Al final van a tener razón los que piensan que no somos normales, que estamos medio locos, y si es así, que viva la locura y sus locos.

Fotos de Germán

Fotos de Diego

Fotos Congrio día 1

Fotos Congrio día 2

Fotos Congrio día 3

Fotos de Guille

DATOS DE LOS 3 DÍAS ACUMULADO
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PRIMER DÍA
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SEGUNDO DÍA
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TERCER DÍA
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