II MARCHA SIERRA DE BAZA

Bueno, bueno… que sorpresa. Resulta que ni Ronda, ni la del Postero Alto, esta marcha de Baza ha sido espectacular. Ya conocíamos los paisajes de esta sierra, pero nos han metido por unos caminos… en fin le pongo un diez.

Hemos tenido que madrugar un poco y a las seis y diez ya estábamos de camino, y eso que el congrio y yo nos hemos escapada por najas de dos petardas maduritas que llegaban de marcha a esa hora y nos han mirado lascivamente, y es que la parte noble de Vila Inés tiene un peligro…
El congrio se ha tirado todo el camino bostezando y por un momento ha pretendido darme lástima con lo del virus, que si no he comido ná en tres días, pero con la cintura que me caracteriza he cambiado de tema y le he dicho ¡Venga picha no me comas el coco que estas más fuerte que mazinger zeta! Y después de completar mi labor de psicólogo de los mastrinkais llegamos a Baza, es temprano, muy temprano y desayunamos junto con los barrenderos a las afueras de Baza. Llegamos a la salida y comienza la labor social, saludamos a gente que ni conocemos. Diseñamos la táctica, es fácil, salimos los últimos y a remontar.

Por supuesto que el congrio no me hace caso y no lo veo ni en la salida, se va p´alante. El conde se queda por detrás, el hombre no soporta la marcha de la noche de antes y la bici, como no se adapte pronto le veo poco futuro.
Yo voy a medio gas hasta que me doy cuenta que Vanesa va delante de mí, acelero en una cuesta por salvar el poco orgullo que me queda y pienso “esta me pasa dentro de ná”.


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Vamos subiendo por caminos rodeados de encinas, pinares… no están en mal estado y además es tó p´arriba. Voy bien pero me cuesta coger el ritmo, dudo entre plato mediano,  molinillo o tirar para Baza y meterme en el primer bar que vea, hace sobre 32 grados. Por el camino hago amigos, si por poco vendo una cannondale y apunto dos para los mastrinkais… sigo con mi pena, con mi ritmo de pena quiero decir, pero efectivo, sin rendirme ante las figuras orondas que iban delante de mí. Como nadie me da la castaña voy relajado hasta que llego a un avituallamiento y observo que hay una camiseta amarilla y azul parada a un lado, tiene la cara mustia… es el congrio. Como no se puede retirar me espera y sigue conmigo, “con lo bien que iba sólo”, pienso.

Va mal, pero un metro delante, “con lo bien que iba sólo”. Nos alcanza un nuevo amigo,  de los granabike, Agustín y nos cuenta que estuvo en el Soplao, joder si al final voy a tener que ir, a pesar de que dice Agustin que pueden salir ampollas… ¡EN EL CULO!
Así llegamos a lo más alto esperando una temida subida de dos kilómetros que nos habían anunciado antes varios compañeros, menos mal que no estaba.

La bajada en dirección al Cortijo de Narváez, rapidísima y con grava, el congrio se para a prestarle la bomba a un chaval que había pinchado, no le da ni las gracias, yo que el congrio le hubiera dado con la bomba en la cabeza. En el último avituallamiento nos avisan ¡Ahora vienen las piedras! Y era verdad pero se podía ir bien, para decirlo yo. Luego una rambla de arena que hicimos “algunos” que nos equivocamos de camino, y unos caminillos de vuelta a Baza para adelantar a esos que me habían pasado bajando.

Pero donde siempre destacamos los mastrinkais es en nuestro medio natural… la barra de la birra. Como venía deshidratado me tuve que hincar seis o siete seguidas y la muchacha me dio permiso para servirme yo solo. Y allí antes de que saliera la paella fichamos dos figuras para los mastrinkais, saludamos a los del pedal del marmol, a los de granabike, a Vanesa (bueno a Vanesa solo la saludó el conde… el condenao). Y ya de vuelta paramos en el “Andrés” a tomarnos un café cargado Paco, Paquillo, Salvador y yo. El año que viene vuelvo, fijo.

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