Carboneras, playa y montaña, el reportaje

EN CARBONERAS TAMBIÉN SALEN EN BICI

Son las 6 de la mañana. La juventud se divierte en las calles, yo me levanto. Hace 2 horas y media que me acosté. Yo también soy joven.

Voy a toda hostia. He quedado a las 6 y media con los geos y un congrio. Sólo tengo que vestirme. Mi mujer me ha preparado la “maletita” para irme a mi “curro” del sábado.

Está empezando a romper el día, hace fresco. El viento avisa que hoy va a soplar fuerte. Llego a GEONATURAL, y hay luces dentro, que no quiere decir que la gente que había dentro las tuviera.

Diego a toda prisa, preparando material, Guille y yo metiendo mi bici. El congrio llega al poco y flipa al ver que he llegado antes que él.

Llega Niko con el Team Manager. Todos se mueven de aquí para allá. Hay nerviosismo en el ambiente.

El “rojillo” no llega y el “efecto monchito” hace su aparición en escena. El congrio se retuerce de aquí para allá desesperadamente, buscando consuelo entre los que estábamos allí. “Y el Cano, donde está el Cano? yo me iba con el Cano, el Cano, el Cano”. Yo mentalmente le contesto “Nene, como no te portes bien, hoy no habrá demarrajes ni nada”.

Finalmente aparece Cano, más con pinta de irnos a hacer botellón, que de montar en bici. Eu ni aparece. Se haya en periodo de recuperación después de una sesión de pelotasos infernales. Desde aquí, feliz cumpleaños Eu, sigue así. Algún día serás duro y podrás montar borracho en bici.

Por fin salimos. Paramos en una gasolinera y nos encontramos a unos colgaos de esos que salen en bici de montaña. Vaya! si vienen a la QUEDADA.

Llegamos y comienzo a flipar con el poder de convocatoria de los amigos de Carboneras. El paseo marítimo es un espectáculo. Todo lleno de bicicletas, gente montándolas, gente calentando, equipaciones de todos los rincones de la provincia, alguna de los 101, algún que otro infiltrado de los Geos. Nos vamos agrupando para la foto de familia. Risas, cachondeo y mucho colgao de este deporte que tanto nos apasiona. Empiezas a darte cuenta que ha merecido la pena levantarse tan temprano. Comienza la fiesta.

Empezamos a rodar por el paseo de Carboneras. No hace viento. Día espléndido para ir en burra. Los GEOS rodando juntitos y felices, parecen ajenos a la próxima absorción de su club por parte de los míticos MASTRINKAIS.

Comienza un primer repecho en carretera y se empieza a estirar el grupo. Hay una gente con muy mala pinta delante nuestra. Gente muuuuuy morena, y no tiene pinta que sea de pasear el palmito por la playa en busca de conejos de carne.

El ritmo es bastante bueno y yo aviso al congrio que parece que hoy no es un buen día para dar el espectáculo. Sobre la marcha. Vamos rodando en grupo, Champo desespera viendo el brillo que luce mi montura. No entiende que mi Score es una Mastrinbike.

Pisamos polvo y piedra. Un grupo cercano a los 50 “guerreros” cubriendo el camino en su totalidad. Vienen a mí recuerdos de Ronda. Aunque vamos hablando, la concentración es máxima, un mal paso y al suelo. Hasta que ocurre. De repente, no lo veo, pero alguien vuela por los aires. Es Niko. Al pobre se le descontrola el caballo loco que lleva y sale por delante de la bici, probando la maravillosa textura de las piedras del camino.

Tras comprobar que todo está bien, seguimos para delante. Vamos haciendo kilómetros dirección Agua Amarga. Parada en un olivazo de la hostia, y foto de familia. Champo, en periodo de recuperación nos abandona en este punto.

Llegamos a Agua Amarga. Primera rampa, bastante dura. Los “morenos” en cabeza, detrás nosotros, Congrio, Cano y yo. Rápidamente me doy cuenta que la vida nocturna y el amor hacen que te pique las piernas cuando el camino mira hacia el cielo.

Hay que bajarse de la bici cuando llega la roca, los jadeos se intensifican. Llegamos a una vereda de los que le gustan al bichito y empezamos a culebrear. Cano y yo seguimos por un camino que no es, pero que engancha enseguida con el bueno. La zona técnica hace que empiece a liar pelota detrás, así que dejo pasar a algunos, y yo solico con mi pena.

Llegamos a Cala Enmedio y parada para reagruparnos. Continuamos, y esta vez salgo por atrás para no entorpecer. Llegamos a una zona muy divertida de veredilla que desemboca en la rambla que da a la Cala del Plomo. Nueva parada para reagruparse y hacer fotos.

El incidente

Aquí sucede un pequeño gran incidente que nos hace ver que en la Viña del Señor hay de todo, bueno y malo, listos que parecen tontos, y tontos que parecen listos.

Los que practicamos este deporte, aparte de disfrutar con compadreo, con el esfuerzo, con la superación personal, con los datos que arrojan los aparatos que portamos, con las “estrategias” para darle cera a ese amigo que pedalea junto a ti, de la velocidad de las bajadas, y de todo lo demás, también disfrutamos del entorno que nos rodea, del cielo azul, de las montañas, de los cursos de agua, tanto con agua como sin ella.

El hecho que simplemente tiremos el papel de una barrita energética o de un gel o cualquier cosa que no pertenezca al entorno que “visitamos”, aunque parezca una minucia, significa mucho, muchísimo. Es una gran falta de respeto. Tenemos unas mochilas muy bonicas, con muchos bolsillitos para meter cositas. Y una de esas cositas puede ser ese papel que tanto nos molesta.

Algunas personas mantenemos resquicios de nuestra niñez. Como rasgo común, montar en bici, pero otros conservan la insensatez del niño, la vergüenza que experimentan cuando una persona sensata les llama la atención, y la tozudez de no dar marcha atrás cuando ven el error que han cometido.

Voy a acabar con este asunto que está enturbiando esta crónica que pretende narrar un día muy grande de bicicleta.

(…continuamos)

Después de un rato continuamos la marcha. No tengo bien el estómago y las contínuas paradas me hacen ir muy incómodo. Voy cerrando el grupo y sin ritmo. Comenzamos a subir por la rambla, conversación por aquí, conversación por allá, alguna parada que otra, hasta enganchar con el asfalto. Nos lanzamos en la bajada para terminar adentrándonos en, literalmente, un río de arena.

La experiencia nos dice que cuando ves el perfil de una etapa, aunque te parezca sencillo, no debes confiarte, hay bajadas que te ponen las pulsaciones como si fueras subiendo, hay llanos que se hacen a velocidad de subida, y hay terrenos en los que es muy difícil conseguir un ritmo constante. Voy con Víctor hablando de la vida, así que esos kilómetros se hacen más llevaderos.

Nos reagrupamos y llega un nuevo avituallamiento. La gente no lo sabe, pero en mi mochila hay una sorpresa. La gente me había preguntado anteriormente “qué coño llevaba en la mochila?” “Si la mochila va apretá es porque tiene que ir apretá”. Todos con sus barritas, sus geles, sus electrolitos en bolsa. Los miro, me acuerdo del bicho, de sus gazpachos, de sus birricas en el Puntal. Esta gente no entiende de nutrición. Caras de sorpresa, comentarios surgen cuando de mi pequeño Camelback saco mi tupperware con su carne de membrillo, y su tenedorcico para comérmelo sin mancharme las manos. Me acuerdo de mi señora, no me la merezco. Sabe que a un campeón hay que alimentarlo como se merece.

Seguimos y miro el cuentakilómetros. Según el perfil, no debe quedar mucho para la temida BESTIA.

Se van dando señales, la gente no habla tanto, el ritmo se incrementa. Se produce un corte. Llevo toda la ruta sin ritmo, me centro, pedaleo un poco. Vamos cerrando el grupo. El congrio va con nosotros. Lo miro, pobretico, le estamos dando el día. Hasta se le ha pasado el “efecto monchito”. Está apagado, mustio, marchito.

Me da penilla, así que me dirijo a él y le digo “venga chaval, vamos a jugar un poquito, sígueme”. Pego un tirón y buscamos enganchar con el grupo delantero. Los mastrinkais vamos hacia delante, comienza el juego.

Rápidamente conectamos con el grupo. Con suavidad, vamos silenciosamente hasta los Geos. Intentan juegos sucios para pararnos, pero vamos deslizándonos entre ellos. Vamos por la Cueva del Pájaro, y vamos estirados. El juego de Ronda se repite. Tienen a un infiltrado en la cabeza del pelotón. Es el piernas. Va solo, el ritmo es alto, pego otro tironcillo con el piernas en la mirilla, el congrio detrás mía al abrigo de su gregario.

Ya estamos con el piernas, quedan pocos delante. El piernas se descuelga un poco y yo pego otro tironcillo para pillar a la cabeza. Al poco llega el congrio. Nuevamente la estrategia de los GEOS en entredicho. Pez grande se como a pez chico. Mastrinkais absorbe a los Geos. Selección natural, la naturaleza es sabia y se abre camino.

Somos 10, nosotros cerramos el grupo. Miro hacia delante, son los “morenos”, muy malas pintas. Están los del Martínez Oliver. Vaya pinta que tienen!!! Miro si hay posibilidad de subir a la cabeza. El grupo va muy compacto y sin fisuras, así que habrá que quedarse detrás a esperar ver que pasa.

El ritmo es bueno, pero no lo suficiente para el trabajito que quería prepararle al congrio, así que por lo menos estaremos bien situados para afrontar LA BESTIA.

Los kilómetros pasan y por los cálculos que hago, tenemos que estar muy cerca. Sobresalto a izquierdas al ver una rampa. No es. De repente, a derechas, un monstruo, se empiezan a oír chasquidos de cadena. La rambla se llena de molinillos. Giro por la parte de dentro de la curva con lo que entramos bien situados. Comienzo rápido, para pillar metros, distanciarnos y poder hacer nuestra propia subida.

El congrio se me acerca. Delante hay muy pocos, “los morenos”. Se distancian poco a poco, el congrio me pasa, ahora le toca a él. Yo bastante tengo con hacer la subida encima de la bici.

Miro atrás, los primeros se retuercen, los demás han renunciado a ir subidos en la bici, y arrastran su montura por el camino. Vamos escalando una bestia. Mi cuentakilómetros baja a 4, así que decido bajarme y seguir andando. Compruebo que no me he equivocado cuando miro como el congrio se retuerce delante de mí subido en la bici, y manteniendo los 30 o 40 metros que me saca.

En una curva a izquierda me subo en la bici y comienzo a tirar, bajo algún piñón, voy sudando y me encuentro bien. Pienso en ir a enlazar con el congrio, acelero un poco, de repente en una curva a derecha veo como ha llegado el final de la subida, que lástima, no había que reservar nada. Nos hubiera hecho falta un par de kilómetros o tres más.

La gente va llegando, y nos reagrupamos. Aprovecho para llamar a mi mujer. Tengo que contarle que el membrillo que me ha echado en el tupperware, el que miraba la gente con estupor, es queroseno para mis piernas, que he conseguido subir con “los morenos” y con los congrios, y que me ha faltado subida.

Partimos nuevamente por una zona de veredilla, bajando, y luego subiendo. Llega una nueva batalla, pero a mí me pilla mal situado, y esa no la puedo ver, pero nuestro congrio estaría allí, dejándonos en buen lugar, acrecentando y confirmando la leyenda de losmastrinkais. Víctor, Cano y yo por detrás seguimos hablando de la vida.

Entre charla y charla, le pego un tirón a Cano, me responde y sigue hacia delante. Jajajaja, el “rojillo” no va a desentonar nada como mastrinkais. Nos reagrupamos al final.

Iniciamos el descenso, Víctor y yo tranquilos, como sabéis, hablando de la vida. Llegamos a la fuente, repostamos los últimos y salimos. Salgo con la caraja, al lado otra oveja descarriá, nos tiramos carretera abajo, con desconfianza. No dejo de mirar atrás. Mi acompañante baja lento, tampoco se fía. No veo a Víctor, seguimos bajando, doy una curva que me permite ver un kilómetro por delante, y veo que no hay bicis. Miro atrás y veo que mi acompañante está parado también. Preguntamos y nos dicen que hay que volver a subir.

Cuando voy subiendo veo un mastrinkais tiraillo en la rambla que va por debajo, es Víctor flipando y preguntándonos qué hacemos allí arriba. Llegamos nuevamente al cruce y nos tiramos por la rambla. Vamos los tres juntico solos, aventura, supervivencia, que chulo.

Preguntamos a un autóctono si sabe el camino. Nos avisa que la rambla que llevamos viene a morir en la playa y sin salida, así que Víctor, en una exhibición de orientación nos encuentra el camino. Llegamos al gran túnel. Voy yo primero, sin luz, detrás Víctor que si lleva su frontal. Voy avanzando y me iba a parar para que llegara Víctor, pero la sensación estaba guapa. Iba flotando en el túnel. Finalmente agradezco el resplandor de la cabeza de Víctor.

Salimos del túnel y emprendemos una bajada algo técnica, que me da algún sustillo. Hay que bajarse en algunos tramos. Finalmente llegamos a la playa, y veo por primera vez el archiconocido Hotel del Algarrobico.

Vamos los tres solos por la playa. Aunque nos hemos quedado tirados, yo voy disfrutando. La situación es pintoresca. Empezamos a ver civilización, poco a poco, primero varios conejos de carne diseminados por las solitarias playas, vemos una moto de la organización que nos espera, seguimos en dirección Carboneras, carretera, viento en contra, y enganchamos con el paseo marítimo, paseo triunfal.

Vemos ciclistas al fondo, hay fiesta, y nosotros de paseo. Por fin llegamos. Los geos están con el congrio sentados en el paseo marítimo como lagartos al Sol. Yo llego que ni saludar, que sed, que hambre. Nos vamos a por las cosicas que han preparado los amigos de Carboneras. Peazo de bocata de jamón, cervecicas, refrescos, lo que quisiéramos, vamos, alucinante. Te sientes raro. Ha sido una GRAN QUEDADA con todos esos locos del MTB que hay dispersos por Almería.

Agradecimientos

Agradecer a todos los amigos del CDC Carboneras su invitación. Agradecidos de todo corazón por su hospitalidad. Felicitarlos por las atenciones que hemos recibido y por la ruta que nos han diseñado. Han conseguido sorprendernos. Muchas gracias de todo corazón. Aunque el esfuerzo viene de parte de todos, permitidme mencionar a Coke, personaje que era la primera vez que veía. Un tío que parece derrochar talento tanto dentro como fuera de la bicicleta. Sin olvidar el talento y don de gentes del amigo Carlos, que parece ser que vamos a tener el placer de disfrutar más a menudo. Simplemente os digo una cosa “hay que quedar más”.

Epílogo

Se echó de menos al resto del personal, al bichito en su versión DH, al Pakillo L y su furia contenida, al resacoso Eu, al Red Ambus y a los otros grandes capos del pelotón, a nuestro cuñao Dani y las malas bestias David y Alejandro, al incansable y clásico Beatle. Y mis jorges?, que os digo de mis jorges. Llevaba una fotillo de ellos en mi bicicleta, con sus mallicas, tan guapos. Seguro que se me olvida alguien, pero también lo echamos de menos. Jajajaja.

Aprovecho para saludar a Capel el Grande. Poco a poco, primero gateando, luego andando, luego bici con ruedecillas, luego se las quitaremos. Rodaremos un poquito, y pronto le daremos cera a la montaña.

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Fotos de Congrio

Fotos de C.D.C. Carboneras
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