Vía de la Plata, Jueves 9 de Abril (1/3)

Aquí os dejo los hechos acontecidos durante nuestro viaje por la Vía de la Plata. Ya aviso que es un tostón de ladrillo por que he puesto las cosas tipo esquema ya que la palabra no está entre mis habilidades, así que, avisados quedan.

Son las 4 de la mañana y suena el despertador. Por desgracia no me encuentro con una bella mujer al lado, como Germán o Alejandro, (los demás se ve que dormís en el sofá por que no habéis dicho nada) así que, aunque cansado, desayuno y cojo la mochila y me dirijo a casa de Ángel que está a 5 minutos de la mía.

El resto del equipaje, bici y alforjas, las dejamos ya cargadas en el coche del padre de Ángel el día anterior, no sin antes pesarlo todo. Yo 70 kg, la bici y las alforjas 20 kg y la mochila 5 kg. No pesé la bici sola para sacar el peso del equipaje, pero calculo que unos 10 u 11 kg así que unos 15 kg de equipaje.

Llego al punto de partida puntual y al momento llega Ángel. No podemos dejar escapar una sonrisa que expresa nuestra alegría por que por fin comienza el viaje!. Cogemos el coche y vamos a por José. En las calles solo se ven a los jóvenes que se recogen de la noche de fiesta. Germán, estabas tu por ahí, no?

Por suerte, Ángel se da cuenta de que no ha cogido el casco cuando aún estamos en Almería y pasamos a por él.

Y sin más, nos dirigimos a Sevilla. José se pide el asiento de atrás y casi va durmiendo todo el camino. Yo intento no dormirme y voy calentándole la cabeza a Ángel para que tampoco se duerma.

Al fin, después de una parada en Aguadulce (Sevilla) para desayunar, llegamos al parking de un supermercado donde dejaríamos el coche. Sacamos las bicis y las alforjas y… empieza el camino!

Nos dirigimos sin muchos problemas hasta el inicio “oficial”, la Giralda donde la gente revolotea de un lugar a otro entre las engalanadas calles de Sevilla, luego la Torre del Oro. Vamos dejando Sevilla y nuestra primera parada fue Santiponce donde Ángel casi se olvida de enseñarnos el anfiteatro, que aunque estaba cerrado y lo estaban rehabilitando, merecía la pena verlo aunque sea desde fuera. Continuamos y saliendo de Santiponce nos pasa una pareja que va haciendo también el camino y nos saluda. A Ángel y a mi nos da la sensación de que eran franceses y así los llamaríamos, cariñosamente, durante los demás días a pesar de que luego nos dijeran que eran de Pamplona.

Empezamos a rodar por una pista con cultivos a los lados y suaves pendientes y al poco nos encontramos con la primera dificultad del camino, un arroyo (Arroyo de los Molinos) que tenemos que cruzar pero que se ve bastante profundo. Nos desviamos unos metros a la izquierda, bordeándolo, para ver si podemos cruzar por otro lado pero no encontramos nada y volvemos decididos a mojarnos. Pero nos cruzamos otra vez con “Los Franceses” que lo iban a intentar por un lado que había un estrecho tronco y una cuerda para agarrarse. Entre risas y bromas logramos pasar todos sin caernos al agua y continuamos el camino.

Llegamos a Guillena y hacemos la primera parada para comer y a la vez, recibimos la llamada de nuestro buen amigo Jorge “el comandante”, deseoso de saber cómo va nuestra aventura. Terminamos de comer y nos acercamos a una tienda próxima para que nos sellaran. “La Tienda de María, Alimentación y Carnicería” donde sus dependientas se pusieron muy contentas por que nunca había sellado a ningún peregrino.

Continuamos y llegan las primeras averías. La bici de José pierde un tornillo de un pedal y una de sus cremalleras de las alforjas se sale pero lo solucionamos rápidamente.

Poco a poco nos vamos adentrando en la dehesa sevillana y vamos rodando por un bosque de encinas que no parece tener fin. El camino se pone más divertido aunque un poco más duro así que hacemos algunas paradas para descansar y hacer algunas fotos. Llegamos a Castiblanco de los Arroyos y paramos a tomar algo en un bar que está en frente de la iglesia. Hay bastante movimiento ya que está a punto de salir la procesión. Un vecino del pueblo, quizás un poco contento, hace gala de sus dotes de cantante en el bar durante un buen rato y Ángel y yo aprovechamos para que el cura nos selle. Pero, éste, de muy mala gana, nos dice que no tiene tiempo ahora … pero finalmente accede. Aún en el bar hacemos bromas sobre lo fuerte que debe estar el que de las campanadas por que llevan sonando casi 10 minutos sin parar.

Retomamos el camino, esta vez por una carretera asfaltada pero muy poco transitada pero que no deja de mostrarnos un paisaje como el que llevábamos hasta ahora. Extensas fincas donde podemos ver en semilibertad a caballos, toros mansos, vacas, etc. A los pocos kilómetros dejamos la carretera para coger una pista a derechas que nos adentra aún más en este bosque de encinas mostrándonos su interior donde abunda la vegetación, el agua y los animales en libertad. El camino se va estrechando cada vez más y a la vez haciéndose más bonito hasta que llegamos a los pies del Monte del Calvario. Imaginad el por qué del nombre. Ángel y yo aún no lo sabíamos, pero íbamos con la idea de subirlo encima de la bici… que ilusos. Hay que subir 200 metros de desnivel por un camino que sube directo por la montaña, tipo cortafuegos, y obviamente nos toca subir a pie. Una vez arriba ya solo nos queda bajar lo mismo que hemos subido pero por la otra cara para llegar a Almaden de la Plata donde pasaríamos la primera noche.

No tardamos en encontrar el albergue, aunque ya casi es de noche. Hay que llamar a “Manuela” y José se encarga de hacerlo, y habla con ella como si la conociera de toda la vida, “Manuela? si, mira, que ya hemos llegado” jajajaja. El albergue está muy bien, limpio y es muy grande. Hay unos 35 peregrinos esta noche aunque solo ocupamos 2 habitaciones de las 4 que me pareció contar. En el albergue ya estaban nuestros amigos, los franceses, y otras 3 bicis, las de 2 chicos y una chica que veríamos más veces durante el viaje. Una guiri quiere quitarle la cama a Jose, pero todo queda en un mal entendido.

A irnos a cenar me doy cuenta de que no me he llevado un adaptador que le hace falta al cargador de mi teléfono, mala cosa, por que ya necesito cargarlo. Por suerte, en el bar donde cenamos encontré un trozo de cable que me sirvió durante los tres días para cargar el móvil.

Aquí podéis ver todas las fotos: Todas las fotos

Y aquí una selección

ibp


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Continuará…