UN DIA EN LA TIERRA DE LA “MALA FOLLÁ”

Hoy, y sin que sirva de precedente, os voy a relatar la crónica de lo acontecido el pasado Domingo en Deifontes, Trofeo Atalaya, 7ª edición.

Sin ánimo de competir con Germán en sus estupendas crónicas, hoy tengo tiempo, y estoy aburrido, ¡qué leche!. Por ello, voy a dedicar este valioso tiempo a las siguientes palabras, las cuales deben quedar en la biblioteca de los Mastrinkais.

Todo comienza el domingo. Son las 5 de la mañana. Suena el despertador. A mi lado yace una bella mujer (más bella de que la de Germán, jejeje). Me levanto de la piltra, no sin antes, con el aturdimiento, recapacitar sobre quién soy, qué hago aquí, a dónde carajo voy…

Mientras me dirijo al excusado, me sostengo en pie gracias a las paredes. Una vez allí me desahogo, sólo en parte, siento que aún tengo algo de lastre dentro de mí, pero no había tiempo para más; debía vestirme y coger los bártulos necesarios para la expedición de hoy. No desayuno, porque no tengo cuerpo para ello, pero si lo hubiera hecho, quizás hubiera metido la taza de leche en la lavadora y las tostadas en el lavavajillas. Una vez vestido y con la “jaca” a punto, me dirijo a por el coche y a por mi acompañante, el Congrio (a ver sí alguien me explica lo del mote…). A la salida del garaje, ya me está esperando. Un mastrinkais de este calibre no debe llegar nunca tarde, pero llego a pensar que quizás haya pasado la noche durmiendo en la puerta de mi casa, para no quedarse en tierra.

En fin, una vez unidos jacas y jinetes, partimos hacia nuestro destino. Por el camino, para no dormirnos, sobre todo el conductor, vamos charlando sobre temas como la bici, el ciclista, los viajes en bici, la ropa del ciclista… y ¡¡¡la madre que parió al ciclista!!!

El viaje nos parece corto, y casi sin darnos cuenta, ya hemos llegado a Deifontes City (en inglés, Bad Fucked City). A la entrada al pueblo huelen a bici, y cuando ven un coche acercarse, le indican el lugar donde deben dirigirse para iniciar la carrera. Hace bastante rasca, unos 6 grados, acaba de amanecer y somos de los primeros en llegar. Nos dirigimos a por los dorsales, nos dan bolsa con algún obsequio y tickets para la paella de después. Yo aprovecho para desayunar algo antes de acicalar las bicis.

Nos ponemos a calentar por las calles del pueblo, y digo calentar porque no hay un puñetero llano, “¡to pa’rriba, ahí va la ostia!”. Comenzamos a fijarnos en las monturas del resto de participantes, y sin estar nada mal las nuestras, nos invade la sensación de que 2 intrusos almerienses se han colado en la prueba olímpica de MTB. Se me pasa por la cabeza “aporrear” al primero que pase, coger su bici, subirla al coche, y amortizar nuestro madrugón y viaje de hoy.

Por fin llega la hora, estamos en la línea de salida, numerosa participación para una prueba organizada por un pequeño pueblo como este. La tradición granadina se hace notar y siempre responde a estas pruebas. Me da por pensar en pruebas como la Sierra Alhamilla Xtrem…, no tengo más que decir…

Nos ponemos en marcha, se escuchan los chasquidos de los pedales automáticos, cerca de 300 bicicleteros comienzan una jornada que promete emociones fuertes. A los pocos metros, a la salida del pueblo, un tracto-carro invade el camino de paso. Primera dificultad, subir un “balate” con la bici a cuestas para sortearlo. Alguno, después del incidente, se queja de la organización en las pruebas que se celebran en el sur. Asturiano tenía que ser…¡¡vete para tu tierra a ordeñar vacas…!!. En fin, esta es la única dificultad técnica del día, el resto del camino tiene buen firme, y los caminos y la vereda son bastante seguras, hasta el Bichito las podría haber hecho.

Esto ya empieza a subir. Se nos quita el frío de repente y pronto comenzamos a decir una de las frases que nos acompañarán durante toda la travesía: ¡ ostia, que guapo!. En este punto inicial de carrera, seguro que ya había alguno llegando al km 10, metiendo plato grande. Con razón luego hacen un tiempo total de 2h15min, y una media de unos 25km/h, ¿será cosa de los espaguetis o quizás del doping, o quizás que entrenan un día si y otro también, mientras se dopan? ¿son de este planeta?.

Bueno…nosotros a lo nuestro, a admirar la belleza de estos lugares y a charlar durante el recorrido para hacer las subidas más amenas. Os aseguro que Congrio iba mejor que bien, aunque se queje de que llevaba las pulsaciones por las nubes, y eso que había salido el día anterior. Se queja por quejarse…si es que tiene menos vergüenza que un gato en una matanza…jejeje. En las bajadas no había forma de pillarlo, y eso que en alguna bajamos a 60km/h. Es curioso que a estas velocidades y con tanta gente, no viéramos ningún pinchazo ni caída. Mejor así para todos.

Los kilómetros van pasando, esto parece un Scalextric, curva tras curva, subida tras bajada, ciclista va y ciclista viene. ¡Qué gozada! Un placer para los sentidos. Además, nos vigilan las zonas altas de Sierra Arana, más en concreto unas moles calizas verticales, que se asemejan a algunas montañas de los Alpes.

En los avituallamientos paramos sin prisa pero sin pausa, queremos seguir disfrutando cuanto antes. Unas isotónicas y unos plátanos para seguir la marcha. En una de estas paradas, una chica de la organización, nos mete prisa para que lleguemos a meta. Según ella, nos esperan un par de negras para darnos unos masajes. ¡!Esto si que es motivación para un deportista!!

Durante el trayecto, Congrio siente que su rueda de atrás pierde aire. Le da unos bufidos con la “inflaita” (denominación gaditana de bombín). Unos kilómetros más adelante repetimos “operación bufido”, vuelve a perder aire. Curiosamente, y quizás por la ley del jodido Murphy, una vez llegamos a Almería, la rueda está impoluta.¿¿?? Así es Murphy…

Comentar, que una de las chicas participantes nos adelantaba siempre que estabamos parados, y luego volvíamos a recuperarle terreno en las cuestas arriba. Llegó a comentarnos que ella no para nunca. Ya lleva líquido y sólido para autoabastecerse. Quedó tercera en la prueba de féminas, y llegó poco después que nosotros. ¡¡Cómo le gustaría a Congrio una dama de estas características para sus “salidas” en bici!!…Sin acritud ninguna…

Va pasando el tiempo y nos resignamos a saber que queda poco para el final. Si esta prueba tuviera unos 100 km mastrinkeros, sería una de las pruebas preferidas del calendario ciclista, os lo aseguro. Llegamos a la parte más deseada, la vereda. Cuesta abajo a relativa alta velocidad, prados de hierba sobre nuestras ruedas, arbolillos y arbustos para decorar el paisaje (y para dejarse los piños en caso de caída…), ondulaciones en el firme para dar algún saltillo, y algunas curvas con peralte para simular a los moteros. Alucinante bajada, que se nos hace corta (pensaba en subir de nuevo para volver a bajarla…). La vereda acaba en la carretera local. Quedan sólo 4 km, y como el asfalto no está hecho para el “montan biking”, propongo a Congrio un último esfuerzo, para hacer este tramo más entretenido. Se divisa más adelante un corredor…¡a por él! Relevo tras relevo, le damos alcance. Se nos pega como una lapa y no hay forma de deshacerse de él. Llegamos a los 40km/h y ahí seguimos los 3. Sólo Congrio y yo damos relevos. El otro chupa rueda mientras habla por teléfono con su mujer para ver que hay de comer…Se trata de un tipo de unos 50 años, que al llegar al pueblo nos da las gracias por haberle llevado ¿¿?? La experiencia es un grado…

Afrontamos ya la recta de meta, cuesta arriba para variar. Repecho de un 10% de desnivel, miles de aficionados eufóricos, animadoras con minifalda y pompones, máximas autoridades nacionales e internacionales, presidentes del COE Y COI, Príncipes de Asturias, el mismísimo Obama, el concejal de Deportes del Ayto. Deifontes…¡ joder que me estoy emocionando yo sólo!. En fin, que nos aplauden unos cuantos deifonteños y Congrio y yo entramos a meta cogiditos de la mano como buenos hermanos.

3h 30 min de placer sobre el sillín (tija más sillín se entiende). Acto seguido nos vamos hacia la zona de recuperación…la barra de bar improvisada allí mismo. Cerveza para mí y tapas para los dos (tocino con habas, salchichón y mortadela, etc…). ¡¡Esto si que son barritas energéticas ibéricas!!

Nos juntamos, al rato, con un amigo mío que también había participado. Por su tono y habla característica se llega fácilmente a la deducción de que es de Graná…más burros que un “arao”…. No haciendo fama a la mala follá que caracteriza al homo-granainus, nos trae un refrigerio para afrontar el calor que hacía. Se acerca la hora del arroz. La cola para llegar ante tan preciado trofeo es bastante larga. Mientras tanto, prestamos atención al sorteo de regalos que se estaba celebrando. Como de costumbre, no nos toca nada, ni siquiera un fin de semana en alojamiento rural para 10 personas…cago en to lo que se menea…. Pues nada, llegamos a la paella, sartén de aproximadamente 1 m de alto por 3 de diámetro para alimentar al gentío. Congrio no llega a terminar su plato, yo me como el mío y el granaíno se come 2 platos y mira de reojo al de Congrio. ¡Qué animal! Hay que decir que Congrio se habìa comido antes 2 platos de habas con tocino, así… como el que no quiere la cosa…

Decidimos sobre las 15h, volver a “territorio legañoso” (envidia que nos tienen “los mala follá”). La vuelta también se nos hace amena, debido a la conversación, mientras aseguramos que volveremos el año que viene.

Debemos aclarar que en esta inhóspita tierra, organizan carreras de MTB con participación masiva. La subsodicha prueba ya va por la 7º edición, y hay un montón más de estas características que ya se han celebrado o se van a celebrar.

Desde aquí animo a que organicemos nosotros mismos una carrera por Padules y alrededores, aprovechando que “tenemos enchufe”, y de esta manera dar más renombre internacional a LOS MASTRINKAIS.

Espero que os haya metido en escena esta crónica, aunque seguro que Germán lo hubiera hecho mejor.

Este año sólo hemos sido 2, pero a ver si el año que viene podemos ir todos, y así lucir esas vestimentas amarillas, que a partir de ahora identifican a una raza humana, o aparentemente humana: LOS MASTRINKAIS (¡coño, esto parece una secta!)