Fuente Victoria mastrinkais (actualizado)

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MASTRINKAIS PREMIERE: EPISODIO I

Esta crónica arranca desde el viernes por la tarde. Recibo una llamada del bichito. Los planes eran quedar para coger la bici y luego ir a casa del
congrio porque… HABÍAN LLEGADO LAS EQUIPACIONES!!!! Que pondría ahora? Nick? Mickey?Rick? Que nervios!!!. Desechamos la idea de coger la bici y nos vamos
a casa del congrio. Llego yo primero, después Dani y por fin el bichito con las cajas. Víctor y, el ambus con visita fugaz se incorporarían después.

Se repite el ritual, el bichito saca su birra y yo sorprendo con una jugada maestra, sacando de mi chaqueta ciclista mi San Miguel. Se oye el Pschhhh y
ya podemos abrir las cajas. Los nombres vienen bien, así que la felicidad es completa. Las abrimos, nos las probamos, les damos la vuelta, las sobamos,
nos hacemos fotos con ellas, … Se reabren temas importantes como los de cuándo iba a ser el día de estreno. Están demasiado cerca, y hay demasiadas
ganas de estrenarlas, así que habría un estreno por separado y posteriormente un estreno oficial.

Víctor, Ambus y Dani, lo estrenarían en Cabo de Gata a la mañana siguiente. El resto quedaba pendiente de concretar. Congrio, en principio iba a ser en
competición el domingo, Bichito y yo no sabíamos. Teníamos la opción de Jorge el de antes y sucesor. A punto estuvimos de rajarnos. Gracias que no
lo hicimos porque lo que vino después no tiene nombre.

El comienzo de un gran día.

El sábado comienza. La oscuridad se apodera del lecho de los Montoya. Me levanto y comienzo con los quehaceres matutinos.

Me dirijo hacia el cajón de los “uniformes de combate”, lo abro, y algo brilla en su interior, es la EQUIPACIÓN OFICIAL MASTRINKAIS EDICIÓN I. Es el
maillot que algún día será objeto de deseo y de culto. Me visto y observo con admiración lo bonito que es. Sigo con mis cosas y cuando ya estoy listo,
lo de siempre, recibo la llamada de la selva y tengo que desvestirme nuevamente. Creo que hay que cambiar el orden de las cosas o ponerle una
ventanilla al culote.

Por fin salgo. Nadie sabe que voy, así que yendo por Aguadulce, llamo al bichito y al congrio, que presa de la duda a la hora de elegir, no eligió,
sábado ruta y domingo carrera. Van con más retraso que yo, así que en El Ejido nos agrupamos y subimos a Fuente Victoria, feudo del comandante.

La investidura.

El día comenzó gris a nivel del mar, pero conforme cogíamos altura, las nubes iban desapareciendo. Finalmente en Fuente Victoria lucía un cielo azul
impoluto.

Llegamos al “parking” y Jorge el de antes, Jordiman y Montse, los anfitriones, nos reciben con su habitual cordialidad. Nos bajamos de los
coches y nos saludamos. También está Pepe, preparado para hacer el casting a Mastrinkais.

El bichito se encarga de darles sus equipaciones. El de antes se la enfunda directamente, Jordiman se va para vestirse completo. Sus caras reflejan la
ilusión de vestir tan preciada prenda.

Llega el champo, que ha decidido no ir el domingo a la atalaya. Preguntamos por la salud mientras terminamos de preparar.

Mastrinkais Fashion

Comenzamos a rodar, por carretera. Vamos emocionados hablando maravillas de nuestras equipaciones y observando como Champo y Jordiman imponen un buen
ritmo de subida. Pasamos Laujar y seguimos para adelante. Previamente el comandante se había adelantado con Pepe, así que Jordiman hace de guía. Nos
da un “paseillo” que nos sirve al Congrio y a mí para evacuar líquidos.
Finalmente cogemos el buen camino y nos agrupamos con los de antes. Seguimos por carretera y perdiendo cota, la cosa promete. Por fin llegamos a una
intersección que nos indica el comandante, empieza la ruta. La montaña se llena de glamour gracias al amarillo y azul de nuestras equipaciones.

La procesión del bichito de la luz

Comenzamos una subida constante, que en poco tiempo obliga a poner el molinillo. Empiezan los primeros jadeos y las primeras gotas de sudor. El
camino es entre árboles, una maravilla. Seguimos hacia delante y el comandante me da indicaciones de cómo “explotar” los bucólicos paisajes que
nos rodean. El bichito se olvida del romanticismo del entorno cuando entramos en la zona “técnica”, comienza la penitencia del bichito, un
sendero que le hace poner pie a tierra prácticamente en cada curva. El camino a Pradillos se convierte en un pequeño calvario para él. Es Semana
Santa. El bichito protagoniza la procesión, haciendo de cristo y nosotros de feligreses detrás de él. Por reírme de él, el karma me castiga, y junto a un
pino, mi mochila del Lidl, mejor precio y calidad, dice que ya está bien de rutas y se me rompe una de las asas. Un apaño hace que podamos continuar sin
más problemas. Vamos por la zona de Castala y de ahí cogemos un camino ya conocido en otra ruta que hicimos, pero en sentido inverso. Toca subida,
pero sin batalla. Llegando a los lavaderos, me quedo impresionado con las vistas que tenemos ante nosotros. Surgen enormes bloques rocosos de entre un
colchón de nubes.

Si queréis encontrarnos, estamos en el cielo, justo detrás de las nubes, be water my friend.

Picnic en el prado.

Después de parar a hacer unas fotillos, seguimos hacia los lavaderos de mineral, y allí mismo, el comandante nos tiene preparado un lugar perfecto
para poder comer.

El cielo azul nos envuelve, el verde prado sirve de descanso para nuestros fatigados cuerpos, los árboles nos rodean oxigenando nuestros pulmones, el
sonido de la naturaleza ameniza la comida, hasta que este se ve interrumpido por los pedos del Champo, el mal de altura se apodera de él y empieza a
gasear la zona. Los animalillos corren despavoridos, los árboles adquieren una tonalidad mate y el cielo ya no parece tan azul. Ante nosotros aparece
de repente la figura desgarbada del bichito de la luz sin maillot, marcando abdominales (la envidia de cualquier gimnasio). Yo aterrorizado pienso que
está llegando el fin del mundo y que la muerte viene a pedir mi alma. Oh, que desdicha la mía!

Después de este susto de muerte, seguimos nuestro particular picnic y de ahí pasamos a la sesión fotográfica, que nuevamente se desmadró cuando, puestos
en formación, comenzamos a cantar el himno nacional mientras el champo hacía de cámara. Vamos, un cromo.

Guerra de titanes

Tras terminar ese picnic tan peculiar, comenzamos la gran subida de la jornada, ante la amenaza de los que la conocen. Prometen que será largo y
doloroso.

Dos árboles que coronan la montaña sirven de referencia visual de donde debemos ir. Queda muy lejos, muy por encima de nosotros. Comenzamos a subir
agrupados, pero sin tontear. El ritmo de subida es bueno. En un momento dado, la cabeza del grupo la formamos Jordiman, Champo y yo.

Jordiman comienza a subir el ritmo muy sutilmente. Vamos hablando. Casi sin darme cuenta, miro hacia detrás y se ha producido un pequeño corte, después
miro hacia mi izquierda y veo a Jorge concentrado con la cara apretada y colorado. Esa es la señal que da comienzo a la batalla. Se acaban las
conversaciones. El ritmo de subida se va incrementando sin disimulo. No es necesario llevar pulsómetro ni cuentakilómetros para saber que vamos casi a
fondo. Las conversaciones se acaban. Ahora toca lo que toca. Vamos los tres en paralelo, parece que vamos llaneando, Jorge aumenta el ritmo un poco más.
Ya vamos a tope, pero arriesgando por no saber lo que queda todavía, bajo un piñón e incremento un poco el ritmo, Champo se viene detrás de mí, y al poco
Jorge revienta. Yo sigo con ese ritmo un poco más, hasta que presa del cansancio recobro la cordura y levanto el pedal. Champo me pasa con un “ya
está?”. De todas formas, hablando los dos, nos dejamos de chulerías y admitimos que los dos íbamos a tope. Las consecuencias se dejan ver
enseguida, o mejor dicho, no se ven. Tenemos que esperar un buen rato, hasta que aparecen, primero Jorge, a muy poca distancia el bichito de la luz y
detrás de él todos los demás.

El resto de la subida la hacemos relajados. Champo con Jorge, detrás yo con el bichito y detrás los de antes con el Congrio, que no quiere batalla hoy
ante la cercanía de la competición del día siguiente.

El paisaje en este punto provoca que pare para hacer fotos, es impresionante. El camino va serpenteando las enormes montañas y hace que
parezcamos pequeños insectos de colores recorriendo la grandiosidad de las montañas.

Llegamos al final de la subida. Imagen curiosa la de un coche verde con una chapa en la cerradura, en un chambaillo. Paramos a hidratarnos un poco y a
echarnos unas foticos.

Dj. Congrio.

Como he dicho anteriormente, nuestro querido congrio ayer hizo labores de gregario de lujo. No quiso plantar batalla y estuvo acompañando a la cola de
pelotón, amenizando el día con la música que brotaba de los discos de sus frenos. Estuvo de lo más pintoresco. No se lo vieron los demás, pero yendo
conmigo me dice “uy, no me cambia el desviador”. Pues resulta, que en subida, sin saber como, se le había llenado el hueco, que hay junto al
desviador, de chinorros, así que tuvimos que parar para quitarlos.

Aproximación a Dos Hermanas.

Continuamos la marcha y vamos siguiendo la cuerda de la montaña. El comandante nos señala el Morrón como el punto más alto de Sierra de Gádor.
Alguna tentación hay de subirlo, pero seguimos sin hacerlo.

Paramos a hacernos más fotos en el “lago azul” y este punto, como capricho, pisamos pequeñas manchas de nieve para poder decir que la hemos tocado en
esta ruta. Pobres ilusos, todavía ajenos a lo que nos espera unos kilómetros después.

Seguimos la aproximación y paramos junto a un aljibe. Ahí decidimos que pararemos a comer justo antes de comenzar la última subida del día. Llegamos
hasta ese punto. Los demás se ponen a comer y yo a arreglar el pinchazo que acabo de ver en mi rueda delantera. Amenizo la comida con una clase maestra
de cómo inflar una rueda.

Terminan de comer y comenzamos la última subida.

Subida a Dos Hermanas. El calvario del Champo.

Comenzamos a subir y enseguida el Bichito de la Luz inicia la última batalla del día. La subida no es demasiado larga y tiene que atacar desde abajo.
Enseguida rompe el grupo. Champo y yo nos vamos con él.

Llevamos poca subida y empezamos a ver neveros en el camino. Los primeros los pasamos subidos en la bici, pero enseguida tenemos que bajarnos para
pasarlos. En este punto, Champo ya no está con nosotros. El bichito y yo no nos imaginamos lo que estaba pasando. Me paro a hacer fotos y el bichito se
va. Observo que la gente no viene, así que sigo hacia delante, y en el cruce entre Fuente Alta y Dos Hermanas me encuentro al bichito parado. La gente
sigue sin venir. Al rato, aparecen justo detrás del último nevero que tenemos delante, pero no avanzan.

Tras un rato aparecen andando, el Champo primero. La cosa no pinta bien.
Llegan hasta nosotros y Champo se sienta a descansar en el suelo. Está tocado. Los peores presagios llegan hasta nosotros. Queda demasiado cerca el
desfallecimiento que sufrió en El Ejido. Pero esta vez las circunstancias no son las mismas, estamos muy lejos. Vuelve a mis pensamientos la eterna
discusión de lo indefensos que nos hallamos en ocasiones cuando disfrutamos de este deporte.

Se toma la medicación pertinente. Está bastante tocado, pero se mantiene bien. Necesita descansar, así que nos quedamos esperando con inquietud que
todo salga bien. Pasado un rato parece que empieza a sentirse algo mejor, y finalmente nos da una alegría. Se pone en pie y comenzamos la marcha, de
pie, porque nada más empezar tenemos un nevero.

Poco antes, durante la parada, sacan unos alicates del mismo año que el tronchacadenas del bichito. Otra herramienta más para el museo de la
bicicleta. Esta gente lo recoge todo.

Infierno blanco.

Nos subimos a la bici, y otro nevero. Así se repetirá innumerables veces hasta Dos Hermanas. Los neveros cada vez son más grandes. A algunos les
calculamos bastante más de un metro de espesor.

Al principio vamos flipando. Ya hacia el final estamos deseando que acaben, ya que no vamos preparados para esto. Vamos calados hasta los huesos.

Nos hundimos hasta las rodillas. Las zapatillas se van llenando de nieve.
Los pies duelen a lo bestia, aún así no dejamos de reírnos por las numerosas caídas que se producen. Le digo al bichito que espero que las pulgas que
llevamos acarreando desde los baños la hayan palmado del frío.

Llegamos hasta Dos Hermanas y los tramos intermedios entre los neveros son caminos de barro que empiezan a decorar nuestras equipaciones.

Finalmente parece que los neveros se acaban. No se si volveremos a pisar nieve en nuestras rutas antes del verano, pero este año, si se hace bueno el
dicho de “año de nieves, año de bienes”, nos vamos a hinchar.

El gran descenso

Las rutas del comandante se caracterizan por primero subir y luego bajar, sin pérdidas de cota, o si se pierde, lo menos posible, y hoy no iba a ser
menos. 30 km. de descenso ante nosotros.

La subida ha sido grandiosa, pero el descenso ha sido brutal y heterogéneo.

De primer plato, descenso entre hielo y barro (digno estreno para nuestras equipaciones), después pista en buen estado (con algún neverillo en curva),
más bajada. Empieza a haber falta de agua para algunos. Yo le paso al bichito agua. El pobre va sequito. Yo como tengo jorobas (también llamadas
lorzas) aguanto más.

Seguimos la pista y paramos en un cruce de caminos. A derecha, la chanata, al frente Padules y a la izquierda nuestro camino.

La parada es aprovechada por los Jorges y el Champo para quitarse los calcetines totalmente empapados, escurrirlos y volvérselos a poner, previo
masaje para entrar en calor.

El sector más radical de losmastrinkais observamos la escena increpando tal acto de debilidad. En mi pierna se mezcla la sangre y el barro, y delante
nuestra las nenazas se calientan los pies. Esto es inaudito y el bichito hace sangre sobre el tema. A mi me duelen los pies una barbaridad, pero el
dolor es mi amigo. No hay lugar para la debilidad, no para LOSMASTRINKAIS.

Seguimos el descenso y un poco más adelante cambia el terreno. Ahora es una pista arreglada y con grava muy suelta. Esto hace que extreme las
precauciones en las curvas. Da la sensación de no poder inclinar demasiado la bici y por supuesto de frenar lo menos posible.

En esta zona, no se en que momento ha sido, no están con nosotros.

Congrio y yo comentamos que el bichito está intratable. Es un guerrero de la bicicleta y hoy lo está demostrando. Detrás vamos Jorge Jr., Congrio, Champo
y yo.

Decido tirar a por el bichito. Estamos en un tramo de subida – bajada.
Champo decide acompañarme en la persecución. El ritmo es alto y todavía no establecemos contacto visual. Seguimos tirando, en las bajadas, precaución.
Al rato, veo a Pepe. Ha sido víctima del ataque del bichito. Lo cogemos y seguimos a por los de antes. Cuesta unos cuantos kilómetros atraparlos. Poco
antes de esto, los de antes tienen un encuentro con un cabrón y su familia.
Para los mal pensados, el cabrón era de verdad, de los que tienen cuernos.
Se ve que estaba echado en el camino cuando llegaron los de antes a molestarlo. Finalmente nos reagrupamos y seguimos así hasta la fuente. Aquí
se recuperan líquidos y otros se expulsan.

El cortafuegos. División.

Desde la fuente surgen dos alternativas, bajada tranquila por pista o bajada por cortafuegos. Aquí se produce una división generacional. Los de antes
optan por la tranquilidad de la pista. Los más jóvenes y ávidos de sensaciones fuertes optan por el cortafuegos. Yo, que decido la tranquilidad
de la pista, me quedo rezagado para echar agua en mi botella. Cuando ya decido irme, encuentro un congrio en mi camino.

La sutil negociación del congrio me hace cambiar de idea. “Si bajas por el cortafuegos, yo me quedaré a tu lado, si te vas con los de antes, no te
vuelvo a hablar en la vida”. Así que totalmente consciente del error que estaba cometiendo, decido irme con la juventud.

Tenemos unos cuantos kilómetros de ascenso hasta llegar al cortafuegos.
Jordiman advierte que él va a ir tranquilo. Nada más lejos de la realidad.
Empieza a subir y pronto adquiere esa tonalidad rojiza que ha ido llevando en cada subida. El parón estudiantil le ha hecho estragos. Me amenaza con
que va a entrenar a lo bestia en Semana Santa para darnos cera la próxima vez que nos veamos. JAJAJA. “Tendrás los piececitos bien para ocasión?
ne-na-za.” JAJAJA.

Pues eso, que subimos a bloque Jorge y yo, Congrio y Champo detrás. El ritmo lo mantenemos hasta que el Champo coge el relevo de Jorge. Champo y yo
tiramos un poco hacia delante. Finalmente nos reagrupamos y nos preparamos para el último descenso.

El terreno se pone difícil, comienzo a tensarme, pasamos un par de toboganes y cogemos un camino lleno de piedras. Le grito al congrio, que va delante de
mí, que me confirme que eso es el cortafuegos. Él me contesta “que vaaaa, si esto es una pista en buen estado”. Trago saliva. “Quién me mandaría a mí
meterme en esto? Cagon los congrios, CONGRIOS NO, CONGRIOS NO, CONGRIOS NO!!!!”.

Iba pensando en que el bicho ya estaría tomándose una cervezica con su tapica en el jardín, con el comandante y con Pepe, comentando las jugadas de
la jornada, y yo mientras metido en este infierno.

Todavía hacían alguna que otra parada para discutir si tiraban por alguna zona aún más difícil, y yo mientras callaba y rezaba para que la decisión
que tomaran fuera la mejor para mí. Me miraba a mí mismo y pensaba “que guay estoy ahora, sin arañazos, sin heridas abiertas, sin nada roto. Este es el
momento en el que pensaré que me gustaría estar cuando ya haya caído” “Cómo será la caída? Ay madre mía, tengo que aprender a decir que no!!! CONGRIOS
NO, CONGRIOS NO, CONGRIOS NO”.

Finalmente llegamos a pie de cortafuegos. Este tenía como un pequeño giro hacia la derecha. Yo les digo de cachondeo “es por ahí, no?” (señalando el
abismo que había al lado). Se ríen contestando afirmativamente, y yo también me río. De repente veo como el Champo se tira por el abismo con el que yo
había bromeado. Se me cae el alma a los pies “no me digáis que es por ahí?” “que sí, que te hemos dicho que sí”. Trago saliva y me asomo. El champo ya
iba cual cabrilla por mitad de ese cortafuegos de piedras y matas.

El congrio se queda conmigo haciendo de niñera. Iba junto a mí, dándome instrucciones. “No frenes con el de atrás, no derrapes, no vayas tan rápido,
que pierdes el control!!!!!!!”. Al final casi le cogí el gustillo y todo, eso sí, el tufo a quemado que había en la montaña era la hostia. Los discos
estarían a 500 º C.

Terminando el cortafuegos, el congrio pincha. No había manera humana de quitarle la cubierta. Formaba parte de la llanta. Va a haber que echar en la
mochila también un martillo y un cincel.

Terminamos el descenso y por poco caemos encima de la chepa de la guiri dueña del cortijo que había donde terminaba el cortafuegos. Conseguimos
escapar de su propiedad antes que nos echara a los perros.

Ya en la carretera, echo una mirada para ver por donde hemos bajado. Madre mía!!!, si me lo cuentan no me lo creo. En las fotos no se aprecia su
pendiente real.

Un poco de carretera nos lleva hasta la selva que da al jardín del comandante. Los de antes nos reciben con alegría y los estómagos apaciguados
con sabrosas viandas regadas con fresca cerveza.

Nosotros nos damos prisa para poder acompañarlos.

AGRADECIMIENTOS

El Bichito de la Luz: Inconmensurable. Combativo hasta el último metro. Ha experimentado una subida de nivel espectacular. Temed al bicho, tiene hambre
de bicicleta.

Congrio: Un yonqui de la bicicleta. Puro vicio ciclista. No sabe decir que no a una buena ruta. El domingo tenía competición, pero a última hora se
decidió a venir. Seguro que no se arrepiente de nada. Gregario de lujo tanto en la subida como en la bajada.

Champo: Nos dio un buen susto con su bajón, una gran alegría con su recuperación. En serio, cuídate, no se debe apurar tanto.

Jordiman: Un guerrero sobre la bicicleta, un auténtico Mastrinkais. Luchó hasta vaciarse, un verdadero purasangre. Miedo me da si cumple su palabra de
entrenar.

Pepe: Protagonizó la GUERRA DE LOS PEPES. Le tenía ganas a nuestro bichito, pero este último está intratable. Espero que esto sirva de motivación para
que te vengas más veces hasta que le des guerra al bichito. Ya viste que tienes arrestos más que de sobra para acompañarnos en las megarrutas. Según
cuentan estuvo dándole mala vida al bichito hasta el último momento del descenso.

Montse y Jorge: El de antes, un diésel dando pedales, incansable. Duro rival del bichito diseñando rutas. Nos ha regalado un día memorable, muy difícil
de olvidar. Montse, muchísimas gracias por ese ramo de espárragos, el ramo de la reconciliación con mi señora.

Ya nos da apuro cada vez que vamos, por tantísima amabilidad y vuestra hospitalidad sin límites. MUCHAS GRACIAS.

Fotos Germinator

Fotos Champo

Fotos Congrio

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Perfil


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