MIÉRCOLES. MÁS VICIO

MATRINKAIS RETURN

Estoy sentado frente al ordenador y todavía no me lo puedo creer. Se me agolpan en la cabeza cada una de las grandiosas sensaciones vividas esta tarde. El concepto “increíble” alcanza un valor especial al describir la ruta que hemos hecho esta tarde el GRAN BICHITO DE LA LUZ (porque ese es el grado que ha adquirido esta tarde) y yo. El se da un 10, yo creo que se ha quedado bastante corto. Es miércoles. No es lógico hacer este tipo de rutas un miércoles. Esta ruta es de sábado, y de los buenos, pues hace muchísimo tiempo que no hacía una ruta tan guapa.

Os parecerá una exageración lo leído hasta ahora. Y en principio estaba pensado que fuera así, una exageración, pero conforme transcurría la ruta, el bicho y yo habremos dicho “que guapo” como 238 veces cada uno. Para que os hagáis una idea, estábamos flipando con la ruta en el kilómetro 14. Ya nos parecía una ruta orgásmica. Imaginaros que aún quedaba lo mejor, durante 35 kilómetros más.

Como he puesto en el post anterior, me llama cerca del mediodía para preguntarme si salía con la bici. Mi respuesta es “sí tío, sí tío, sí tío”, así que a las 4 más o menos aparezco en la calle del bichito. El ya ha metido su bici, y rápidamente meto yo la mía. Emprendemos la marcha, bla bla bla, ji ji ji, y llegamos al Minihollywood. Montamos las bicis y comenzamos a subir.

Subida a ritmo.
La subida la hemos hecho a ritmo. Al principio calentando la máquina y cogiendo metros poco a poco. Hemos ido incrementando el ritmo, lo justo para no ir a cuchillo y poder ir hablando. La tarde estaba inmensa, nubes espectaculares hacían que se formaran imágenes pintorescas. Esto provoca que haga una parada para hacer un par de fotos. Bebo algo de agua, y pienso “ahora le pillo un poco más adelante”. Esa breve parada que calculo que no habrá llegado a los tres minutos le sirve al bichito para elaborar un ataque tremendo. Aumenta el ritmo. Parte desde los 800 metros de altitud, según me contaría más adelante. Se marca como objetivo llegar a los 1000 metros.

Yo, ajeno a la estrategia, comienzo a tirar fuerte para cazarlo en breve. Voy subiendo a un ritmo que parece falso llano. Al poco rato este esfuerzo empieza a pesar, sobre todo psicológicamente cuando no consigo contactar visualmente con el bichito. Me pongo serio y empiezo a subir fuerte, pero esta vez concentrado, sin tonterías, y regulando. Consigo verlo, no me cebo. Los esfuerzos anteriores pueden pesar más adelante. Establezco puntos de referencia para ver si me estoy acercando o tengo que incrementar el ritmo. Voy arañando segundos. él mira para atrás y aprieta. Yo sigo acercándome. La “zona técnica” le hace perder un tiempo precioso y ya estoy muy cerca. Prácticamente lo he alcanzado y se sube sobre la bicicleta para esprintar. Todavía no había llegado a los 1000 metros. Yo con ritmo firme y constante me acerco cada vez más. A pocos metros comienza a increparme y prácticamente a amenazarme que como lo coja me raja. Buena estrategia. Consigue sus mil metros y elogios por mi parte. Ha subido con un par.

A partir de ahí, tomo yo el relevo de la subida. Pongo un ritmo llevadero. Miro el reloj. El otro día le estimé que él era capaz de subir en 1 hora 30 minutos. Así que me pongo a trabajar como su gregario, poniéndole un ritmo de subida alto para así poder llegar en ese tiempo. él va bien, pero los dos somos conscientes que las últimas rampas se hacen pesadas como llegues muy pasado, así que seguimos regulando el ritmo. Ya en este punto los paisajes son totalmente irreales. Parece una subida de estas que ves con admiración en la tele. Parece una subida sacada, según el bichito, de una etapa del Giro de Italia. La lluvia, ligera, nos golpea en la cara, el suelo mojado, rodeados de un color verde intenso.

En una curva a izquierdas, dirigimos nuestras miradas al sur. Quedamos embobados al contemplar como el Sol brilla sobre Cabo de Gata. Como Almería disfruta de un Sol primaveral, y nosotros de unas nubes gris plomo que nos regala este baño de ilusiones y sueños ciclistas.

El reloj sigue corriendo impasible y llegan las últimas curvas, un par de minutos para el objetivo. Empiezo a gritarle, que lo meta todo, que ya no queda nada. Aprieta como un león, le hago una foto y lo dejo pasar. Voy detrás de él gritándole que esprinte. Sólo quedan segundos. Según su reloj llega en 1 hora 30 minutos 30 segundos. Según el mío en 1 hora 29 minutos 45 segundos. Objetivo conseguido.

El bichito te da sorpresas, sorpresas te da el bichito…
Desde aquí, la pregunta que lo cambia todo. El cambio de planes que determina el valor de una tarde. “que te parece, si en vez de bajar por los góngora, bajamos por otro camino que hay más adelante?”. Yo, dócil como un fiel animal de compañía le respondo “vale”.

Continuamos la marcha, hablando maravillas de la subida que acabamos de realizar. Ahora la vista se dirige al norte. Quedamos maravillados por la grandiosidad del paisaje. El agua corre por nuestras caras, que no dejan en ningún momento de esbozar una ligera sonrisa. Estamos disfrutando con la ilusión de un niño esta tarde llena de sorpresas agradables. El sitio, el ambiente y el contexto perfecto. Sólo se oye el ensordecedor silencio de la montaña, y de sus habitantes, que salen a nuestro camino, asombrados por esta visitan tan inesperada.

La bajada perfecta
Llegamos al lugar indicado para la bajada, unos metros después de los Góngora. Una valla nos impide el paso. El bichito utiliza su pase especial para acceder a este coto privado de caza.

El bichito ya había hablado de la bajado sobre mojado por los Góngora, diciendo que era una maravilla. Pues simplemente alucinante. Había llovido, el terreno ya no estaba suelto, así que bajada de ensueño para los que no dominamos el descenso. El bicho y yo nos mirábamos sin poder creerlo. Desde mi punto de vista mejor bajada que la de los Góngora.

Cuantas veces hemos mencionado en este punto al Congrio. Como hubiera disfrutado en esta bajada, sobre todo con el tramo que nos hemos ido encontrado más abajo, que era un poco más difícil. Lugar donde el bicho por un descuido, y en parado ha hincado la bici de delante y ha tenido un pequeño traspiés.

Exploración Mastrinkais.
A partir de la parte final de la bajada, han comenzado las divergencias en el GPS. Acostumbrados a que sea el Congrio el que nos guía con esa capacidad que tiene de ir vigilando las piedras del camino y las líneas de la pantalla, íbamos cogiendo caminos equivocados.

Los caminos buenos no lo parecían. íbamos por “no caminos”. Caminos, que estoy seguro, no han sido recorridos hace mucho tiempo, cubiertos totalmente por vegetación. Nos hemos llegado a ver pasando por tramos de vegetación que nos llegaba al pecho.

Seguíamos perdiendo cota, como le gusta sólo a un sector de la gente de antes, y las divergencias continuaban. Nos encontrábamos caminos rotos por la mano del hombre, que nos hacían bajarnos y continuar más adelante. Caminos que nos hacían dudar de su corrección. Hemos llegado a caminos enterrados por campos de cultivo, caminos alternativos a otros cubiertos por olivares. Finalmente nos hemos visto sin camino, con el Sol bajando lentamente hacia su letargo nocturno. Yo miraba el reloj y calculaba unos 45 minutos de luz. En este momento tenías la sensación que no había ruta de escape, ruta alternativa. Nos habíamos alejado mucho hacia el levante. Los molinos de Turrillas se veían demasiado cerca. Un cordón montañoso que había junto a nosotros seguía despertando la admiración en mí. A riesgo de quedar empalagoso, todo, todo lo que nos rodeaba era preciso, de ensueño, prados verdes, montañas curiosas, vamos, una maravilla.

Finalmente, ubicados en el “sin camino”, divisamos un camino al fondo. El bicho dice que no queda lejos en el GPS. Un error u otro “sin camino” en nuestro camino quizás mine nuestra moral, pero nuestro espíritu Mastrinkais, nos hace reír en vez de flaquear, así que nos dirigimos campo a través hacia el camino. Lo cogemos, no antes sin el bicho darle un cabezazo a un hierro que sobresalía de la pared de un cortijo. Gracias al casco.

Cogemos el camino y comenzamos otra zona alucinante, de toboganes, sube y baja a buen ritmo, y el Sol que sigue bajando. Nosotros apretamos y finalmente accedemos a la Rambla de Tabernas. Nos mosqueamos cuando la abandonamos, pero la volvemos a coger más adelante. Una cadena casi rompe de golpe las maravillas de esta ruta.

El final
Finalmente accedemos a la parte que menos gusta, pero que se pasa rápidamente gracias al buen sabor de boca que traemos, y a las miradas nostálgicas hacia el Puntal. Llegamos al Minihollywood, y tras frenar la bici, casi se me saltan las lágrimas cuando le digo al Bicho, “vaya pedazo de ruta que te has marcado, perfecta”. Son solo 50 kilómetros, pero intensos como nunca, completos como rutas de 100. Ha habido de todo, encima exploración y caminos nuevos.

Apuntes
Ruta: Mastrinkais total. Subida a buen ritmo, climatología con tintes televisivos, algo de frío, bajada alucinante, exploración inquietante pero genial, ruta PERFECTA.

El bichito de la luz: Se ha superado. Creía que lo llevaba preparado, pero su talante aventurero nos ha hecho disfrutar a los dos de una tarde de fábula. Su nota es superior a un diez, su lápiz, de oro de 24 kilates.

Un servidor: Todavía flipando. No miento si digo que hoy ha sido de esos días en los que te das cuenta de por qué te gusta tanto este deporte y por qué estás tan enganchado.

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Ruta en bici 141894 – powered by Bikemap 

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Hoy me he levantado, siendo el tercer día de la semana. No se como, pero hoy también tengo ganas de montar en bici. Me planteo hacer algo yo solo, pero de repente suena mi móvil. Es el bichito de la luz.

Me hace una propuesta irrechazable. Salida en vehículo hasta el Minihollywood, Subida al Puntal, bajada por los Góngora y rambleo por Tabernas para completar. Nos quitamos la hora y pico de llaneo para así hacer más intensa la ruta, vamos una gozada.

Yo he quedado con el bicho a las 4 de la tarde en Villa Inés.

Intesesados ponerlo aquí.