UNA DISPARATADA VUELTA POR EL CAMINO DE ENIX

La leyenda de los mastrinkais está labrada de grandes aventuras, de salidas de cientos de kilómetros, de esfuerzos continuos, de conquistas de nuevos caminos… pero también de rocambolescas historias.
Todo lo que ha pasado esta tarde es verídico… pero la cosa empezó por la mañana. Sí en el desayuno del club, porque en este club se quedan todas las mañanas para desayunar (para no perder tiempo durante las salidas). Esta mañana éramos tres, unos con hora libre, otros con poco trabajo y alguno que por lo visto ¡nunca trabaja! Germinator quería salir esta tarde temprano, el congrio el pobre esta con la “depre”, por lo de la lesión, y yo creía que tenía una importante reunión de trabajo esta tarde, total que no había salida.
Pero cuando llego a casa y me felicitan el día me doy cuenta que es día 19 y no 24 (pero en qué mundo vivo.) Total que llamo a Germinator para salir y si por poco se le atragantan los garbanzos. ”Sí, sí, a la cuatro y cuarto para hacer la vuelta del bicho, ok”.
Claro que dos días puntual, eso es abusar… así que otros 5 minutos de clavo, que se añaden a mi sumatorio mental (debo llevar como catorce horas) con la intención de cobrármelos algún día.
Total que sí la bici nueva, que si el congrio, que si vamos a pelar al ambus, que si los cuñaos parecen una secta… hasta que una frase de Germán me hiela la sangre: “Pepe ¿llevas cámaras de válvula fina?”, “No me jodas Germán que no traes cámaras por el camino de Enix”, “No si hoy no va a dar la casualidad…”
Unos cuarenta minutos más arriba, justo en el kilómetro 16, de 32, ¿Os acordáis del sendero ese que sube al cortijo abandonado que está encima de una lomilla? Pues sí, ahí dice el muy mmmm que ¡HA PINCHADO! Lo que acontece a partir de aquí hace honor al título del post.
Cuando ya todo parecía perdido me acuerdo que llevo parches (la famosa cajilla donde llevo veinte euros para invitar a cerveza). Germán ve el cielo abierto y además afirma “Buehh, si el otro día estuve toda la tarde poniendo parches”. La verdad es que cuando lo vi con tan “escasa” destreza le advertí que solo llevaba tres, pero dijo que con uno era suficiente, suficiente para cargarnos la cámara.
Tenemos que bajar ya como sea, vamos juntos, el andando y yo en bici, así que cogemos el teléfono (el suyo, porque yo no llevaba, jejeje…) y llamamos al congrio para ver lo que podía hacer y lo que hizo fue partirse de risa. Joder esto no tiene remedio, “Mira, Germán, yo bajo a toda hostia, voy a la tienda, traigo cámaras y de mientras tú sigues bajando.” Pero a los doscientos metros, el corriendo y yo en la bici, iba a mi lado y me dice “¡Qué, así vas a bajar!” Acelero más por orgullo propio que por habilidad.
En la bajada me asaltan muchas dudas, si voy muy rápido luego tendré que subir mucho, pero si voy lento se nos va a hacer de noche. Veo uno que sube “¡Ooooye llevas cámara de válvula fina!” y responde “No si yo sólo he salido a darme una vuelta”, “La mare de Deu, que eeeeeeempanao.”
Llego a Geonatural, llamo la atención y Diego me aprovisiona con dos cámaras, una bomba en condiciones y un adaptador para la válvula (¡GRACIAS!) espero que por lo menos el geminator haya pasado a pagarlas.
Subo a toda leche, pero el tetabrik tenía muy poca, y nos encontramos, gracias a Dios, a dos o tres kilómetros del Quemadero, el muchacho bajaba corriendo y dice que “atajando”, vete a saber por dónde se ha despeñado. No llega a hacerse de noche ¡Ufff! No quería sacarme el título de minero y he estado a puntito. Pero todavía faltaba una amenaza, “Pepe, mira que si nos cruzamos con el Champou que está a punto de subir”, “¡No me jodas! Y tira por las callejas, a ver qué le decimos…”

Dale, dale, dale...
Dale, dale, dale...
Así vas a arreglar tú el pinchazo...
Así vas a arreglar tú el pinchazo...