DIA DEL SEÑOR, DIA DE CRONICAS

Hoy sábado, los miembros de esta parroquia nos hemos dividido para realizar distintas rutas.

A qué se debe esta situación? Pues sencillamente a que el Pater Congrio lo tenemos malito de la pierna. Ya se lo avisamos avisado al Pater Congrio, “Pater Congrio, Pater Congrio, no se vaya usted a hacer doscientos y pico kilómetros en dos días con una tendinitis aquiliana, que eso no esta bien y usted tiene ya una edad”. Así que dicho y hecho, tenemos al Pater en la casa haciendo reposo, y cuál es la consecuencia? Pues que los fieles se les ha desperdigado.

Que yo conozca, se han realizado tres rutas.

Los dos catequistas mayores de nuestra congregación, el Bichito de la luz, y Jorge el de antes, se han llevado cada uno a sus muchachos. Desconozco a quién Jorge, pero él ha estado de jornadas de convivencia en las verdes montañas de Fuente Victoria. El Bichito ha estado predicando “la palabra” al monaguillo Alejandro por las áridas tierras del Desierto de Tabernas, y un servidor ha estado con los cuñados en un ataque alpino al subestimado Puntal.

A las 8:30 de la mañana se dirigen los fieles al lugar de reunión. Voy bien de tiempo. El haber llevado a mi mujer a trabajar a las 6:30 ha influido en mi puntualidad. De repente veo un biker de color verde que sale de un cruce delante de mí. Tiro detrás de él, supongo que es Victor. El día antes la ruta no estaba programada, yo no sabía nada, y en el Willy ya me informó que habíamos quedado Dani, Pepe, Alejandro, él y yo.

Finalmente lo cazo el Alto de las Lomas, y vamos hasta la rotonda de Torrecárdenas, a esperar a Dani. El mismo aparece al rato con la cara apretada después de coronar el Col de la Avenida del Mediterráneo. Nos damos unos besicos y debatimos acerca de la ruta que vamos a hacer, ya que el viento sopla ligeramente. Tras una propuesta inicial “un poco floja” de subir a los Baños, prevalece la idea posterior de subir al Puntal.

Bajamos a la Villa Noble a ver si vemos al Bichito. Paramos en el semáforo. Dani lo llama y resulta que llevaban ya un rato pedaleando él y Alejandro. Iban ya por Rioja, así que los damos por perdidos. Ellos van a realizar una ruta de las de jornada completa. Nosotros hoy vamos a echar media jornada, es decir, comer en casa a una hora decente.

No voy a extenderme demasiado en las anécdotas de la jornada, ya que no ha sido una ruta compartida por todos, pero os diré que he sacado algunas conclusiones de la misma.

Hemos comenzado a buen ritmo, siempre con prudencia y temiendo al viento. Hemos estado rodando muy a gusto hasta que hemos cogido la vía de servicio de la autovía dirección Tabernas. Ahí el viento nos ha enseñado lo “divertido” que es pedalear cuesta abajo como si estuvieras subiendo un puerto. Nos hemos agazapado, vamos, que nos ha faltado ir pedaleando y chupándole la almorrana al de delante. Aquí yo he regalado la fascinante cualidad que aporta mi fachada de no se cuantos metros cuadrados, para que los cuñadillos, más menudillos ellos, fueran un poco mejor.

Finalmente hemos llegado al Mini Hollywood y los frioleros de los cuñados se han quitado ropilla. Yo ya sabía que hoy era un buen día para sudar, así que yo simplemente los espero. Se marca tiempo para hacernos una idea de las burradas de tiempos que había puesto el Champo en la página en su subida al Puntal. Aún así hemos decidido no subir a muerte. Firmamos un pacto de no agresión por lo menos hasta la mitad.

Comenzamos a subir. Yo hace tiempo que no cojo la bici, de hecho no confío mucho en el aguante de mi próximamente reemplazada montura. Y a los pocos metros comienza a darme problemas, empieza a cambiar a plato chico, de ahí a plato grande, vamos, una delicia. Me bajo (primera parada), le bloqueo el amortiguador y sigo adelante, a pillar a los cuñados.

Voy subiendo cómodo, así que me lo tomo con un poco de calma, me paro y saco la cámara (segunda parada). Estos siguen, y me doy cuenta que voy bien, pero es una putada eso de parar en mitad de la subida, coger otra vez el ritmo de cadencia y cazar a los que se han ido, pero bueno, llevamos poca subida.

Seguimos subiendo y las vistas cada vez se hacen más bonitas. Voy haciendo fotillos, y subiendo. De repente suena el móvil, es la llamada del amor. Esta parada sí es de las buenas. Echamos un ratico mi mujer y yo, después aprovecho para echar una meaica y para arriba. A estos ni los veo, así que empiezo a tirar.

Enseguida veo un coche aparecer por detrás. Me da caza, me hacen pararme a un lado para adelantarme y 100 metros después los veo parados porque tenían una “piedrecita” en el camino “Claro, como tu vas en bici, pues no te molesta, ya podías parar a ayudarnos” me dice uno “Ya, pero a mí me cuesta sudar un rato” le contesto yo, y sigo. “Encima que me habéis hecho parar dos veces, os voy a ayudar con la piedrecita” y pienso “El Puntal, no es lugar para coches”.

Al cabo del rato veo a los cuñaos zigzagueando por encima de mí. Aprieto un poco y finalmente los pillo. Vamos un poco juntos y termina el periodo de tregua.

Empiezo a tirar un poco, vamos juntos, pero al poco rato, Víctor se desentiende de historias y prefiere subir tranquilamente. El día está claro, la temperatura es alta y, lo más importante, hemos subestimado esta ruta, como cuando hablamos de ella. Nos parece algo muy Light y algunos que están leyendo esto, saben de lo que hablo.

No hemos comido nada, simplemente lo que desayunamos, en mi caso a las 7 de la mañana. Así que noto como voy subiendo, a buen ritmo, y con el estómago vacío.

Dani sigue detrás de mí. Tras un rato, veo como comienza a descolgarse. Sigo hacia arriba, con prudencia, pero a ritmo.

Transcurridos unos kilómetros echo la mirada atrás y no veo a Dani. Hemos entrado en la zona de los pinos y el contacto visual desaparece, aunque realmente no va tan lejos.

Comienzo a tener una sensación rara. Veo como con más intensidad las piedras del camino, y una sensación de vacío en el estómago me invade. Será la luz de reserva? No estoy seguro, así que decido bajar el ritmo. Una pájara aquí sería una faena de las buenas.

Tengo hambre, quiero comer, pero ya queda poco para llegar. Echo la mirada atrás y veo a Dani no demasiado lejos. Seguimos pedaleando, y la sensación de hambre no me abandona, así que tras oler el final de la subida, decido pegar un tironcillo, miro al frente y aumento el ritmo.

Por fin veo el pico de las antenas, sigo zigzagueando. Ya llega el final, un poquito más. Hace calor, tengo sed, y sobre todo mucha hambre, y mis reservas energéticas empiezan a estar justas. Como he dicho anteriormente, me doy cuenta que hemos subestimado nuevamente a este puerto. El Proyecto Puntal que estamos maquinando algunos de nosotros hay que tomárselo con ciertas reservas. A estas alturas tengo ganas de llegar y tomarme mis provisiones.

Finalmente llego 1 hora 29 minutos después. Me siento, suspiro, me tomo mis cosicas y aparecen dos ciclistas por mi derecha, procedentes y con destino a Turrillas.

Hablamos un ratico, nos deseamos suerte y tiran para abajo. Al cabo de unos minutillos llegan Dani y Víctor. Víctor parece más entero, pero el pobre de Dani viene con un pajarón pa habernos matao. Que penica traía en su rostro. No puedo evitar la tentación de fotografiarlo. Mira que somos morbosa la gente!

Nos comemos todo lo que llevamos. El agua es escasa, acabamos con ella, así que tras un rato bajamos con la motivación de echar un refrigerio en el bar de los Baños.

Es aquí cuando comienza mi calvario personal. Pendientes descendentes de infarto, terreno dificultoso. Todo esto, junto con mis pocas dotes para bajar, y con una bici con la horquilla delantera totalmente hundida por falta de aire, cosa que motiva que la posición sea totalmente “anti bajada”, y los neumáticos que prácticamente parecen unos slicks de lo desgastados que van, ha hecho que vaya penando de lo lindo. Vamos, que ahora les ha tocado esperar a los cuñados. Yo iba sintiendo cada piedra del camino en mis muñecas. Las manos me ardían y los brazos los llevaba más tensos que Marco en Sorpresa Sorpresa.

Al fin hemos llegado a la zona de pista. Aún así, y debido al desgaste de los neumáticos, tenía que ir con cuidado en las curvas.

Finalmente, con alegría, llego al bar de los Baños. Estos se van al bar y yo me acerco a la fuente caliente, simplemente a tocar el agua y a echar un buchecillo. Cojo y me voy para el Bar ante las curiosas miradas de los “turistas” del lugar.

A la hora de pedir siento la tentación de cambiar el Aquarius por el vino de Albondón y una tapica de carne al ajillo, pero Víctor me advierte que si hago eso, puedo abrir la veda dentro de mi estómago. Posiblemente hubiera bajado pegándole bocados a ellos, así que me porto bien y me pillo el aquarius. Nos tomamos los refrescos pensando en la posibilidad de organizar un día una paellita allí tras una ruta con final en los Baños. Habrá que hablarlo.

Decidimos bajar por carretera. Esta idea me viene genial para la situación que llevaba con mi bicicleta.

La bajada resulta divertida, incluso me pego el gustazo de acercarme a una furgonetilla y pegarle un adelantamiento por dentro en una curva. Lo he llevado un rato detrás, incluso le he sacado distancia, pero ya en la zona de recta él ha hecho de las suyas. Espero a los niños, y veo a Víctor, con cara de Spinning que se dirige a mí. Por supuesto me recuerda que él hace Spinning, mucho cuidadito, eh? Mucho cuidadito, que muerde.

Llegamos abajo y comienza el llano, por supuesto, como no, con viento en contra, así que a rodar en grupo, y nuevamente “Niños!!! Cogerse de la almorrana del de delante”, y así hemos llegado hasta Villa Inés, preparándonos mentalmente para subir el temible “ALTO DE TORRECARDENAS”. Ahí nos ha salido humillo de las piernas, y ya mientras dejábamos de jadear, nos hemos despedido con muchas ganicas de llegar, jincharnos de comer y beber, y hacerle sangre al sofá.

Y con esto y un bizcocho… que los demás cuenten que les pasó a partir de las ocho.

Nota: Desde aquí mi respecto a la institución de la Iglesia Católica. Toda semejanza hacia tal institución es pura coincidencia.