SÁBADO 21 DE FEBRERO – VUELTA A SIERRA ALHAMILLA

VUELTA A SIERRA ALHAMILLA: LA RESISTENCIA

Esta crónica pretende narrar los acontecimientos acaecidos durante una ruta en bicicleta de montaña, protagonizada por un grupo de aficionados un sábado cualquiera.

Esta historia también es una historia de evolución. Una evolución ciclista que queda patente cada semana.

Cuando montamos en la bicicleta, llega un momento en que haces balance de lo que haces ahora, y de lo que hacías antes. Lo que antes era una proeza, ahora es un entrenamiento rutinario. Lo que antes era inalcanzable, ahora no lo es. En ocasiones, y en un exceso de optimismo, te crees invencible, quizás por un exceso de adrenalina en sangre o por que tu cuerpo se haya anestesiado por las endorfinas, cuando llevas 100 kilómetros de ruta y 3000 m. de desnivel acumulado y miras hacia un puerto de rampas asesinas y piensas en atacarlo, y vencerlo con una sonrisa en la cara. Cuando llega ese momento hay que pararse a pensar qué esta pasando.

Eso que está pasando se llama evolución. Ves que ahora puedes ir con los que antes no podías seguir. Te comparas contigo mismo y ves que las rampas que antes te sacaban el corazón por la boca, ahora te permiten ir hablando tranquilamente con tu compañero de fatigas. Y sobre todo, que cuando llega ese momento de fatiga máxima, tu cuerpo se convierte en una máquina. Eres capaz de controlarlo. No llegas a entrar en barrena. Te vale con bajarlo de revoluciones un poco y ya vuelve a estar cargado para otra batalla, como si nada.

Todo esto lo digo porque hemos entrado en un nivel inexplorado nunca por mí. Me sucedió una cosa curiosa la noche antes de hacer esta ruta, y es que tras verla en el mapa, pensaba que era una locura. Ir hasta Níjar por un terreno rompepiernas, después subir a Huebro y de ahí al Colativí, y luego volver hasta Almería. El caso es que por la distancia prevista parecía posible, ya que esos datos los hemos manejado semanas atrás, pero no se, quizás las piernas vayan por un lado y la razón por otra.

REUNIÓN

El lugar de quedada, Villa Inés. Llego y ya están allí Jorge el de Antes, Alejandro, Ángel y mi Congrio que me da sus buenos días habituales “CAGO EN TO GERMÁN, HAS LLEGADO 48 SEGUNDOS 22 DÉCIMAS TARDE. ESTO ES INCREIBLE, ME VA A DAR ALGO”. Menos mal que hace deporte y todo eso, porque si no un día le va a dar un ataque al coralino con los disgustos que pilla.

En ese momento pasan dispersos un grupo de bikers, parándose a escasos 20 metros de nosotros. Uno de ellos incluso nos saluda con nuestro grito de guerra “MASTRINKAIS”. El congrio y yo nos miramos incrédulos. Me sorprende que nos reconozcan por la calle. Uno de ellos me saca de mis pensamientos al pasar junto a mi portando la máquina que estoy pensando comprarme en breve. Aviso al congrio y le digo que me acompañe. Me dirijo hacia ellos y entablamos conversación mientras aparece el rezagado, el culpable de estas rutas impropias de un ser racional, nuestro carismático Bichito de la luz, o Bichi para el comandante, el de antes.

Aparece el Bichito y emprendemos la marcha. Villa Inés, Viator, campamento militar, y van pasando los kilómetros. Es sábado por la mañana. Sabemos cuando salimos, pero no sabemos cuando volveremos. MASTRINKAIS.

EL MURO

Después de unos kilómetros de rodaje, paralelos a la autovia dirección Níjar, nos adentramos hacia las montañas a la altura de Vega Cañada aproximadamente. Allí observamos los paisajes totalmente antropizados sin ningún tipo de control. Paisajes tratados con el mayor de los desprecios, sin ninguna ética, ni moral, y con el único fin del beneficio de unos pocos ante la pasividad de otros. Pero bueno, ese es otro tema.

El caso es que el Congrio se desvía del camino trazado. Cosa normal en este laberinto de caminos que recorremos. La teoría de “todos los caminos llevan a Roma” se rompe en este caso cuando, tras subir durante un rato, nos damos de bruces contra “THE WALL”, y no el de Pink Floid, sino el de los invernaderos que se hayan sobre los caminos que marca el GPS, y sobre todo la gran valla que prohíbe el acceso a esos caminos que pertenecen al ejército. Sin ánimo de ofender a nadie, pues cada cual que piense como quiera, pero no podemos evitar sentir frustración ante las limitaciones que un biker se encuentra en la montaña; que si cazadores, que si prohibiciones de acceso, que si cables de acero en mitad de caminos, que si clavos saliendo del suelo, vallas militares, invernaderos, y un sinfín de obstáculos. Sólo cabe decir “NO NOS PARARÁN”, así que buscamos ruta alternativa. Cruzamos pegados a la valla para acceder a una rambla. Antes tenemos que pasar una valla de alambre de espino (si si, como las de las películas de la segunda guerra mundial). Pudo ser la causante del atrapamiento de un bichito con camelback. Hubo que desengancharlo. Si no posiblemente se hubiera quedado allí y hubiera perecido, pero nosotros… “NUNCA DEJAMOS A UN HOMBRE ATRÁS” (aunque a veces lo dejemos un poquillo atrás para acojonarlo).

Reanudamos la marcha entre la confusión para encontrar el camino correcto. Finalmente lo hacemos y seguimos con la ruta marcada.

DJ. GERMINATOR

Tengo que dedicarme unas palabras a mí mismo, ya que fui protagonista de una de las anécdotas de la jornada.

Como todos sabréis, mi montura habitual está un poco herida, así que, coincidiendo que tengo en mi casa la jaca del Montoya mayor, aprovecho y la utilizo para esta ruta.

No se que pasa, pero cada vez que la cojo le pasa algo, así que en esta ocasión no se qué puede ser pero va sonando todo el rato, un ruido más propio de una Top Bike del carrefour de 10 años de antigüedad abandonada en el terrado de un cortijo de la serranía almeriense, que de una Trek de casi 2400 euros.

Tengo que agradecer la paciencia de cada uno de los integrantes de la marcha, porque se que en ocasiones pensaron en darme un golpe, quitarme la bici y echársela a los perros.

También he de decir que a lo largo de la ruta, el ruido fue disminuyendo, ya sobre el kilómetro 100 no se oía.

“Así que ya sabéis chicos, este ha sido nuestro briconsejo de esta semana. Cuando suenen las piezas de vuestra bici, machacarla dando pedales, hasta que la fricción de las piezas fundan el metal y todo vuelva a su sitio”.

También comentar que el cuentakilómetros tampoco iba, así que posiblemente esta sea mi última crónica. Cuando le devuelva la bici a mi hermano me va a partir las piernas para que no vuelva a montar en bici.

“ADIOS CON EL CORAZÓN”

Tras dos horas de ruta, nos abandonan dos integrantes de la marcha, nuestro querido comandante, y Alejandro. No se como habrá acabado tu asunto comandante, espero que bien, y si no, espero que haya sido la mejor opción. Suerte.

Nos da pena que nos abandonen, pero hoy no podía ser para ellos. Así que nosotros seguimos adelante. Vamos por caminos rodeados de montañas. Montañas que subimos, montañas que bajamos, la definición perfecta de rompepiernas. El paisaje es árido, pero hermoso. No puedo evitar contemplar todo lo que nos rodea. Quedan muchos kilómetros. Todavía no ha llegado el momento de agachar la cabeza y apretar los dientes.

“CAMPOS DE NíJAR”

Ya nos movemos por los Campos de Nijar. Nos dirigimos a la vía de servicio de la autovía. Campohermoso se divisa al frente. Alcanzamos la vía y nos dirigimos a Níjar. Ya pica el hambre, así que propongo parar en la plaza del pueblo. Es un día soleado, hace calor, nos quitamos ropa y paramos a comer.

Cada ruta sorprende por sus características, por sus paisajes, por sus datos técnicos, pero también… por sus menús. En este caso mi señora me ha echado en la bolsa un tupperware con carne de membrillo, con su tenedor y todo. Si eso no es una mujer que me cuida, que venga Dios y lo vea. Además parece que lo de echarme lastre lo hace para que entrene más y me ponga más fuerte. Prefiero pensarlo así.

EL MUNDO AL REVÉS.

Otra de las anécdotas de la jornada, la ha protagonizado el bichito de la luz. En una de las muchas conversaciones, llegando a Níjar, me pregunta el amigo congrio. “Has visto como lleva Pepe el GPS, lo lees bien?” Yo me asomo y compruebo que la nitidez de los caracteres era la correcta, y contesto “sí, se ve bien”. El congrio me insta a que vuelva a comprobarlo, y es cuando de repente una carcajada sonora sale desde mis adentros. El maquinón llevaba el GPS puesto al revés. Vamos, que menos mal que no ha ido el marcando el camino, que si no lo mismo acabamos en Burgos.

SIEMPRE HACIA ARRIBA

Ya hemos cargado las piernas de electrólitos. Ya estamos preparados. Llegamos al terreno que me gusta, a las subidas imposibles. Carreteras que son la tinta que escriben la épica de nuestras historias.

Comenzamos a subir, todavía en Níjar y ya vamos con el molinillo. Salimos de Níjar y la carretera empieza a caracolear. Ese es el momento en el que empieza el juego, la diversión. Siento que las piernas van finas, van solas. La cadencia es la correcta. Esa es la señal. Sin querer, empiezo a despegarme del grupo, pero no pasa nada. Es entonces cuando tengo que provocar a la Bestia. Me giro, miro hacía atrás y …”Congrio, miraaaa” “¿Qué pasa?” “Miraaaa, voy delante tuya” “¿Y que? Déjame en paz” “¿Queeeeeé, te gusta mirarme el culito?”. A pesar de la tardanza, eso es suficiente. Mete hierro y viene como una bestia, detrás Ángel. Marcamos ritmo de subida. Este tío es una máquina, me gusta ser su sparring, pero ya se lo he dicho. El día que gane algo, espero estar entre sus agradecimientos. Después de un rato manteniendo un buen ritmo, y aunque me encontraba muy bien de fuerzas, decido quedarme con el Bichito para echar un ratico y comentar como llevamos la ruta y disfrutar de ese barranco que teníamos junto a nosotros. En ocasiones, miraba hacía el bichito y me recordaba a una imagen sacada del Tour de Francia, un corredor delgado, con la piel regada por el sudor. De fondo, unas montañas enormes, con un cielo azul impoluto. Que bonitooooo!!!.

Tras pasar unos cuantos falsos llanos del 12, del 15, del 18%, llegamos a Huebro. La subida me ha parecido bastante fácil, pero todavía queda mucha ruta. Ahora nos toca el Colativí.

LA TRAMPA DEL COLATIVÍ.

Tras parar en Huebro para definir el camino a seguir, reanudamos la marcha.

Delante tenemos una rampa prácticamente inaccesible, con unos socavones de una profundidad por encima de nuestras rodillas. Subimos como podemos y finalmente cogemos el camino que nos lleva al Colativí.

Seguimos la subida ya por camino practicable, y aquí empiezan las hostilidades. Tras un rato de subida, el bichito demuestra su dureza lanzando un ataque que nos pilla a todos desprevenidos. El congrio maldice y le cuesta arrancar. Yo salgo detrás a ritmo, pero de repente veo que ese ataque no es igual que los del camino de Enix. Me surgen las dudas de si realmente “se marcaría él solo” como dice el Congrio. El caso es que tienen que pasar unos metros hasta que lo cogemos. El congrio sediento de sangre continúa el ataque. Yo lo sigo a distancia. Voy bien, pero estas situaciones me inspiran desconfianza, porque no se como regular mi esfuerzo. No se donde está el final, así que me conformo con mantener al congrio a una distancia prudencial, que no es poco. Hay momentos en los que me encuentro más sobrado y doy pequeños apretones, pero como he dicho no se qué queda, así que tras una buena subida llegamos al Colativí.

Aquí paramos para comer nuevamente y contemplar las vistas que nos rodean. Es algo inmenso. El tiempo de repente nos saca del éxtasis visual y nos avisa que bajar es la mejor opción.

DESCENSO ORGÁSMICO

Tras un terreno fácil, llegamos al inicio del descenso hasta Tabernas.

El descenso resulta impresionante, por las características del terreno y por la belleza del entorno. Las sensaciones positivas recorren tu cabeza. Piensas en todo lo que llevas recorrido, en la bajada que estás realizando, en las curvas que trazas, en los saltos que das. Tímidamente miras a tu alrededor, y no puedes evitar sonreír pensando en lo afortunado que eres por estar ahí en ese momento.

Pasamos lo que parece un asentamiento Hippy. No dejo de sorprenderme, que maravilla. Cuando me subo a la bici soy un guiri en otro país.

Venimos a dar finalmente a una rambla de Tabernas, a la que sólo le faltaba la banda sonora de “El bueno, el feo y el malo”.

A estas alturas de la película el bichito había cambiado el hambre de bici por el hambre de cocido, así que sugiere llegar hasta Almería por asfalto para ahorrar tiempo, pero el efecto embriagador que provoca el entorno que nos rodea, lo hacen cambiar de opinión, y gracias a que lo hizo, porque si no nos hubiéramos perdido un tramo memorable con delgados tramos de agua que serpenteaban a lo largo de la rambla.

Es aquí donde se trama un ataque alpino al puntal, pero la idea queda frustrada por dos motivos, uno la posible falta de horas de Sol, y la otra los deberes familiares, así que decidimos guiarnos por la cordura y seguir el camino establecido.

DE POSTRE, VIENTO

Lo dicho, una vez que cogemos la vía de servicio, nos encontramos con una desagradable sorpresa. Después de casi 100 kilómetros en la piernas, nos sopla el viento de cara.

Decidimos poner un buen ritmo de llaneo y haciendo de escudo para los que van detrás. Acabamos yendo en parejas. Y ya entrando en la zona de Rioja, se impone un ritmo tranquilo, el suficiente para llevarnos tranquilamente a casa sin arriesgar.

COL DE TORRECÁRDENAS

Llegamos finalmente a Villa Inés, despedimos al Bichito, que ni frena en la curva. Creo que ya le llegaba el olor de la comida caliente. Seguimos Ángel, Congrio y yo. Ángel declina la invitación de subir el último repecho de la jornada. Son ya 9 horas fuera de la casa con la bicicletica de los cojones, así que decide escabullirse por los callejones previos al espantoso “COL DE TORRECÁRDENAS”.

Quedamos el Congrio y yo. Nos acercamos a la subida. Mi idea es ir subiendo poco a poco y quizás aumentar el ritmo progresivamente, pero el Congrio me hace cambiar de planes, cuando en una situación de atasco, me “invita” a pasar primero. Ese es el momento en el que meto hierro y emprendo un ataque de los que no tienen sentido que yo haga, al estilo de un escalador puro. Por supuesto sabía que a ese ritmo duraría media cuesta, pero me divierte tanto gastarle esas bromillas al congrio.

La situación era yo subiendo a toda hostia, las piernas echando humo, el congrio insultándome detrás, gritando y jadeando como una perra viciosa, acompañado del sonido de los latigazos de la cadena al cambiar. Finalmente me pasa, por supuesto poniéndome verde, y yo descojonado de la risa, bajo el ritmo. El se queda tranquilo, me acerco sigilosamente otra vez y ya llegando al final, lo vuelvo a pasar “Eso no valeeeee” “Nananana, nananana, he llegado primero”, y así acabamos despidiéndonos con un dulce KETEDEN hasta la próxima aventura ciclista.

ibp

Ya sé que se espera la ruta de este sábado… pues nada una rutilla de cien kilómetros, rompepiernas, como Ronda. Joder, esta preparación me va a matar, como no llegue pronto… Subidas, bajadas, ramblas, barro… pa to er día.

El sábado a las 8:30, semáforo de Villa Inés. No espero a nadie. ¡Ni a Germán!

P.D. No hace falta coche. Tampoco se sabe si se completará la ruta. (No digo más.)


Ruta en bici 123638 – powered by Bikemap