30 DE NOVIEMBRE DE 2008. LA ÉPICA.

SIN MIEDO AL BRUJO

Seguramente nos acordaremos de muchas salidas, marchas, quedadas y demás gaitas, pero que se den las condiciones de esta, no sé…

Toda la noche lloviendo, me levanto, desayuno y me empapo metiendo la bici en el coche, voy a recoger al congrio a las seis y media, así comenzaba el día. La cosa prometía.

En el 21 el cafelito en común, jiji, jaja y el Germán que siguiendo la costumbre, que pronto se convertirá en ley, mete quince minutos de clavo (esta vez se le ha olvidado el casco, al muchacho, ¿Dónde iría?) Yo por el camino iba pensado “no tenía ni que haber echado la bici” y como llevaba en el pensamiento ni siquiera salir, estaba tan tranquilo. Me apuesto con el congrio que a partir de Puerto Lumbreras estaba nevado, no quiere y se ahorra veinte pavos. Pero cuando estamos entrando en Velez Blanco caen copos de nieve y nos entre la risa tonta.

Recogemos el dorsal, también el del ambus (esto posteriormente tendrá su importancia.)

Otro café en el pueblo (para que el congrio haga sus necesidades, porque barato sí que sale) y como se estaba tan a gusto y calentito, y la camarera estaba tan buena me daban ganas, serias, de quedarme allí. Lástima que no hubiera algún viejecillo jugando al dominó.

Como deja de nevar, momentáneamente, decido echarme p´alante y salir.

De seguida pongo el intermitente y me pasa hasta el coche escoba, pero me quedo en paz, había decidido no molestar a nadie en la carrera. Bajando la cuesta hay una plaga de pinchados y no llevamos ni tres kilómetros, al primero que veo es al Germán y el siguiente a Dani el cuñao de su hermano Manolo, es que esa familia…

Claro que en las primeras cuestas del pueblo, las más duras, empiezo a pasar a bastante gente y no me bajo de la bici hasta las piedras del sendero.

Me voy animando y bajo bastante bien a la rambla y aquí empieza la verdad.

Acontecimientos de polstergeist, será el frío que me ha anulado los sentidos. De pronto de entre unos árboles sale el piernas: “Hola bicho, ¿que haces aquí?” Y yo: “¿De donde sales? “Ná que nos hemos equivocado de camino”. Joder se ha equivocado, pero a su favor. Vamos diez o doce juntos por la rambla, venga nevar, el agua caía por el casco, yo tiro con cuatro más y nos vamos. Ya no va nadie por detrás y la rambla está bien se había hecho un caminillo por donde pasar. En la parte alta de la rambla la situación es la siguiente; silencio, esfuerzo, copos, pinos… Hasta que llegamos al camino, yo dejo a mis compañeros, no paro y sigo adelante. El camino está embarrado y claro costaba un poco más subir, la cadena patinaba a veces y las calas entraban cuando querían.

Llego al avituallamiento, al primero… y al último y me encuentro diez o doce parados, a Dani el cuñao ¿otra vez? y entre ellos ¡AL PIERNAS! Me quedo blanco, mejor dicho ya iba blanco. Un acuarius y adelante, los dejo en el puesto.

El camino a partir de aquí está nevado y hay que ir por un surco que ha dejado un todoterreno ¡Y no salirse del surco! La bajada da gusto pero salpica mucho barro y me salta en todas partes, pero el barro de las gafas es lo peor. Cada vez nieva más. Cuando de pronto veo delante algunos de los que he dejado en el avituallamiento. La vedad, me importa poco, ya sólo pensaba en la supervivencia.

Voy mejorando, pero ¡sorpresa! Una rambla sorpresa, a andar y después… EL BARRO. Los pegotes de barro atascaban la rueda delantera y no se podía ir encima de ella, ni andar con ella y tampoco podía llevarla encima, pesaba tres quintales. El Germán dice que la llevó a pulso, este sí que está fuerte.

Acaba el barro y hay ¡Un camión llevándose bicicletas! La gente se retiraba por docenas a ocho kilómetros de la meta. Vamos llegando al pueblo y cada vez nieva más fuerte, y ya llego a la meta, me doy cuenta de que ha sido un día grande.

De lo que viene después, lo mejor, que lo ponga Germán, el Congrio, Dani o Victor. Capel no, que se lo perdió.