DESDE EL OTRO LADO

Me ha parecido muy descriptiva la versión del ambus de la III subida al Potero Alto (para mí la segunda, cosa que tuvo bastante importancia en el posterior desarrollo de los acontecimientos). Lo que pasa es que, como siempre, barre “un poquillo” para casa. Como estáis esperando ansiosos mi versión, ahí va.

 Me ahorro el viaje, gasolinera, desayuno y demás, que fue más o menos sobre lo previsto. Llegamos a Guadix aparcamos y nos vamos a recoger los dorsales, nos quedan veinte minutos lo suficiente para coger las bicis e ir a la salida. Claro si el ambus hubiese venido vestido de ciclista. Pero no, tuvo que enseñar sus vergüenzas en mitad de la calle; que sujétame el casco, que donde he puesto los guantes, ¡Yo me voy a la salida! ¡Coño, me estas poniendo nervioso! Total que me voy a recoger las bridas para sujetar el dorsal, aparecen Victor y Dani por la salida, también el ambus, y reparto las bridas.

Me voy a la salida, me gusta ver ese ambientillo previo, es  lo mejor de las carreras, llegan los demás nos juntamos y comienzan los chistecitos y las tontás esas que se cuentan cuando no se pueden reprimir los nervios. Yo que ya he estado en mil batallas paso ampliamente, no me interesa y me concentro (salir tranquilo, rodar suelto, no dejarme llevar…), ellos lo interpretan al revés: ¡Joder es que no vas a hablar a nadie!

 Salimos. Pasan la rotonda por delante de mí, yo a lo mío voy por detrás pero enseguida los adelanto, y muy pronto cojo mi ritmo. Empiezo  sufrir el chantaje emocional del ambus, ni contesto (ya me lo había avisado el congrio). Vamos juntos hasta que Dani en un cruce se va, le digo a Victor: ¡A este no le vemos más! Y así fue.

 Llegamos al sendero y me pasa Victor y en la trialera el ambus, le veo contento, casi eufórico (se le nota), se ríe cuando me adelanta y me dice algo irónico.

 Cruzamos por dentro de Jérez, este año el primer avituallamiento estaba allí. Me saluda un colega de nevasport y me anima, casi no me da tiempo a beberme un vaso de agua cuando veo salir a Victor. Le llamo, me espera, le pregunto por el ambus y me dice, para mi asombro, que ya ha salido y que va por delante, me quedo con la boca abierta.

 Comienza el primer muro y el ambus cae, podemos ir un rato encima de la bici hasta que hay que poner pie a tierra y andando les saco unos metros.

 Ya estoy en la pista y la subida de verdad, voy bien. En alguna contracurva miro y los veo todavía pero ya muy lejos. Tiro con más fuerza, paso por el segundo avituallamiento dos vasos y ni me bajo, ni como, ni meo.

 A la raqueta entro con fuerza, hasta pongo el plato grande, sabía que estaba sacando distancia, que iba bien, que me quedaban fuerzas y que no iba a pinchar ¡Con lo que sufrí en estos diez kilómetros el año pasado!

En el cortafuegos pongo el molinillo y subo bastante trozo, me cruzo con el Dani bajando ¡Qué máquina! No lo pillo ni con una honda, pienso. Llego al refugio y como dátiles, me bajo rápido, pronto me cruzo con Victor y detrás va el Ambus, llevan mala cara pero ninguno ha desfallecido.

Ahora viene la bajada, como no es mi terreno es donde más tengo que ganar. Al principio no pedaleo y cuando viene la contrapendiente me entero de lo que vale un peine, el cuedriceps casi se me parte por la mitad, los adductores se me enganchan. ¡A que la cago! Suelto un  poco y bajo pedaleando para no dejar los músculos parados, funciona.

En el llano tiro fuerte, desde el refugio solo me han pasado dos y fue nada más empezar la bajada y  en el llano pillo a tres o cuatro, luego voy bien. Cuando vamos por encima del lago ese, se ve una curva atrás, y aparece por allí uno va como de naranja. ¿Será el ambus? Y tiro más fuerte todavía por si acaso. Pero no pude ser me habrán adelantado ciento y la madre.

 La rambla, la cuesta del pueblo, las curvillas y ya está. Dani está esperando en la meta con toda la familia y yo a dejar correr el reloj. Llega Victor más tarde, y todavía más el ambus. Llega contento, el último pero contento, cuenta su película y hasta parece que ha ganado, pero el último.

 Ni todas las tácticas perreras le han valido.

 En las perrerías, ambus, podrás ser un maestro, no lo dudo, pero compitiendo es otro cantar.

 En las competiciones nada es lo que parece, el que no habla no es que esté nervioso, es que está concentrado. El que no sube bien no es que te esté ganando, es que se está desgastando. El que no baja nada, te saca diez minutos en la bajada. Cada uno con sus cartas…, ah y es de caballeros no aprovecharse del trabajo de los demás a veces te equivocan…, y siempre llegará un momento que tengas que dar la cara.

Mi valoración; la verdad es que todos estuvimos mejor de lo que esperaba. Yo en las nubes, mejoré el resultado del año pasado de 7 horas a 4h30´. aprox.