CORTINA DE HUMO

Han pasado los días y nadie se ha atrevido a hablar de lo que ocurrió el día de autos.

Se ha creado una tensión alrededor de lo que ocurrió aquel día, disimulada levemente por la propuesta de salida para el puente de los Santos. Y pese a que tengo que volver a dejar el pico y la pala para escribir estas palabras, voy a narrar lo ocurrido aquel día… raro.

Yo me levante ansioso. Deseaba que se hiciera de día. Me levanté a las 6 de la mañana, llevé a mi churri al trabajo. Puse la música del coche a toda hostia, estaba nervioso. Iba a librar una gran batalla, con los mejores guerreros, los más entrenados, sólo faltaba uno, el gran guerrero, que iría a batallar sólo a lejanas tierras.

Se oyen tambores de guerra, es Víctor tocando al portero automático, las mallas apretadas, las armas preparadas, sudor, ansia.

Echamos nuestras armas al coche, Dani espera, Pepe viene al rato con los ojos como huevos duros. Nos dirigimos a recoger al guerrero que falta, el último de una especie, desterrado a las lejanas tierras de Cabo de Gata.

La batalla se iba a librar desde Los Albaricoques, pero Ambus hizo el primer quiebro y sorprendió al enemigo, haciéndonos salir desde el camping de Cabo de Gata, que astuto el Ambus.

Salimos del Camping, pronto llegamos a la recta de Cabo de Gata, subimos al faro, increible, somos como toros, parece que vamos llaneando. De pronto tengo que parar por un pequeño detalle, mi cuentakilómetros no iba (va!!! una tontería que le puede pasar a cualquiera, había puesto la rueda delantera al revés). Nos dirigimos a la Vela Blanca, empieza lo bueno. No quiero susceptibilidades por mis palabras. Desde el principio marcamos buen ritmo Dani y yo, Bichito detrás a unos metros, detrás de él Víctor, y Ambus, Ambus, donde está Ambus? La carretera se endurece, pica para arriba, subida agobiante. Mis 93 kg. se pegan al asfalto como ventosas. Dani se separa de mi, Bichito se acerca y me pasa, queda poco, se mantienen distancias. Llegan Dani a unos metros Bichito y a pocos metros yo. Paramos a descansar, ha sido un kilómetro de fuerte subida. A los pocos minutos llega Víctor, lo jaleamos, el lo agradece con una leve sonrisa. Pasan los minutos y echamos de menos a alguien. Calculo que a los 10 minutos de llegar Dani, llega el Ambus con su porte señorial, cual esprínter en etapa alpina. Le hago una instantánea, que algún día saldrá a la luz.

Descansamos un poco y bajamos dirección San José. Aquí el ambus se tira a tumba abierta. No podemos seguirlo, es una bala. Ni siquiera la pericia del bichito sobre la bici es suficiente para cazarlo. De hecho, el muy mamón se permite el lujo de sacarnos ventaja, esconderse detrás de una piedra y asustar al bichito. Son cosas de muchachos.

Se une el grupo, el viento aprieta, hace fresco, el cielo gris plomizo amenaza una lluvia que no termina de caer, pasamos calas guapísimas, el paisaje está de puta madre. Llegamos a San José y nos desviamos nuevamente para la costa por un camino elegido por Dani, de esos tocahuevos en los que hay que bajarse un par de veces de la bici, pero bueno, tampoco voy a quejarme, la ruta en general no tiene ninguna dificultad técnica. Surge un pequeño percance, Ambus recibe una llamada telefónica, se queda atrás, Víctor va a buscarlo, yo aprovecho para desayunar en una piedra.

Proseguimos la ruta por los acantilados, muy chula, y acabamos bajando hacia Los Escullos. Paramos en el cruce de caminos. Que hacemos? Todos estamos con ánimos. Subir a la Polacra? quizás es demasiado tarde. Conservamos la ilusión de batallar. Tiramos por las minas de Rodalquilar? No estaría mal, sitio muy chulo hasta Los Albaricoques. O quizás podemos tirar por un camino que discurre desde las Presillas Bajas. De repente Ambus nos hace una sugerencia arriesgada, valiente, para hombres. Tiremos por la recta de la Michelín, por carretera, como los machos. Nos miramos con los ojos enrasados en lágrimas. Estamos emocionados. Rodemos por carretera pues. Nos acordamos de Paco durante gran parte del camino, pero aquí especialmente. Le gustaría estar aquí con nosotros.

Empezamos a rodar, primero tranquilos, pero nos quedaba mucha gasolina, mucho brío que soltar y empezamos a pegar hachazos, viento ligeramente a favor. No éramos bicis, eramos vespinillos, rodando por encima de 40 y con mtb. Dani y yo al frente, detrás ambus, bichito y Víctor.

Llegamos a Ruescas, y allí se vivió una imagen que quedará grabada a fuego en nuestras retinas para siempre. Esa imagen ya la ha colgado Bichito en el blog, ambus refrescándose. Salimos hacia el camping, con una sonrisa en la cara por el deber cumplido. Rechazamos la amable proposición de ambus a una hermosa barbacoa con sus cervezas y todo. Nos subimos en los coches y volvemos al calor de nuestros hogares.